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domingo, 31 de mayo de 2020

LA NOVIA BLANCA DE MIS SUEÑOS...



Ya que he vuelto por estos lares, ya que he aceptado volver a amarrarme a lo que los tiempos me puedan marcar a este rincón, este mi espacio donde tantas cosas dije, no he podido dejar más pasar una oportunidad que me fui dejando año tras año cuando estuve completamente dedicado a este blog.
Bien saben los que me seguían y tal vez estáis aun por ahí, que siempre intentaba engancharme al calendario y contar historias que viniesen a calzar con algo de lo que ese tiempo o periodo nos ofrecía. Hoy es Pentecostés, y Pentecostés para un andaluz resuena a marismas y a Blanca Paloma. Nunca les hablé (que recuerde) de esa fiesta tan popular de nuestro folclore y religiosidad popular porque ciertamente no he sido tocado por esa gracia que toca a los rocieros. Soy de esos que no soy rociero sin haber ido a la romería. Sí he conocido ya el lugar y a la Virgen y bueno, qué duda cabe que como en todos sitios, si te abres paso al “ruido” de lo mundano encuentras esa especial espiritualidad que debe contener un lugar donde la fe emerge de maneras tan singulares.
Es curioso que visité el Rocío en una época en que afronté ciertos achaques personales que me trastocaron un poco todo. En aquellas fechas, recuerdo que una mujer al saber como estaba me aconsejó que me encomendara a una Virgen que tenía, que no sabía cuál era, simplemente un día le llegó una imagen suya, y como representación de la Madre de Dios, le había pillado cierto apego. Me preguntó si la conocía y le dije: “si… es la Novia de Málaga, la Virgen del Rocío”. Ella ante la sorpresa de ver cómo la había identificado con tanta facilidad y saber por fin de que Virgen se trataba y donde estaba, me contestó: “ve a Málaga y pídele que te ayude…” y así obré, en el día de la Inmaculada Concepción (en que tiene cultos) bajé hasta a Málaga para rezarle a esa simpar imagen malagueña para que me echase un cable en aquel proceso.
Entonces recordé una cosa, siempre se me olvidaba cada Pentecostés una cosa: hablar de los rocíos que a mi me gustan, que son las vírgenes del Rocío que salen en Semana Santa. Por lo menos, recuerdo que cada Pentecostés se me olvidaba que quería contarles, pues como lo hacia antes, algo de la Virgen del Rocío de Málaga. Esto me hizo meditar, estas circunstancias para mi no suelen ser casualidad. ¿Se quedó la Virgen blanca de San Lázaro esperando que la mostrase al mundo desde mi casa? A alguien de confianza que le conté estos sentimientos me dijo: pues hazla. Pero me negué, el blog estaba cerrado, el blog era historia… pero he vuelto. ¿Me ayudó la Virgen? De las zancadillas se aprende para volver a levantarse. Aquello me hizo cambiar, quizás fue el tiempo, pero aquel bache de la vida me hizo levantar la mirada desde nuevas perspectivas… o tal vez es la edad. Quien sabe, pero sin esperármelo he vuelto, negándome a mí mismo engancharme a esto, a un calendario, a una obligación, a el blog antes que lo demás. Pero tal vez se la debía y renunciaré a mis deseos, y aunque con gusto, y les hablaré lo que sea de la Virgen del Rocío, la que es la “Novia de Málaga”.
Ya la había conocido en persona con anterioridad, en mi primera visita capillita a Málaga en 2013 y en la pasada magna mariana de 2018 la conocí sobre su simpar trono. No hay que decir que Rocío me eligió, y la Novia ya es especial para mí, que cuando la vi venir en su inmaculado blanco me traspasó, y aun habiendo visto antes ya el trono más grande de Málaga, el suyo, el trabajo de sus hombres de trono me atrapó, me sumergió en una burbuja de aquella tarde noche que fue bien blanca (recordaré siempre que vi al Madrid ganar la 13ª copa de Europa en la Alameda de Málaga entre tronos de palio surcando la ciudad).


No hay que decir que la Virgen del Rocío llama la atención nada más verla. Esta imagen es especial y su estilo es único, su estilo es Ella misma en sí. Recuerdo que esta sensación la viví cuando la conocí allá por los años noventa cuando mi amigo Alfonso Piñero me dejó una revista de “La Saeta” de finales de los ochenta. En aquellos apasionantes momentos (o que ahora los recuerdo con pasión) de mi vida, cuando todo costaba tanto conseguirlo, ojeaba esa revista como hacían y hacen muchos, deleitándome con las fotografías. Poco leería, entonces lo que me atrapaba (como a la mayoría) eran las fotos y me encontré en su apartado correspondiente ese palio y manto blanco y sobre todo como era representada su iconografía. La Virgen de la mantilla, me decía aquella mujer. Y es que era y es uno de sus sellos más inconfundibles: su forma de vestirla y presentarla. Una mantilla blanca sobre el pelo natural y un nimbo de estrellas. Creo que nunca ha lucido esta imagen una corona (aunque si hay una foto antigua con corona), siempre han respetado que el nimbo es su seña de identidad (que incluso al ser coronada canónicamente fue con nimbo y no corona) a lo que hay que añadir que siempre va vestida de blanco que la simiente del pueblo no fue ajena a esta característica que rápidamente la bautizó como “La Novia de Málaga”.
Ella era una imagen que reía detrás de un cristo caído. ¿Por qué no llora? Me preguntaba con mi edad infantil. Y es que la Virgen del Rocío es sin duda una virgen de gloria tras un cristo pasionista. Su iconografía la verían más apropiada dentro de los estereotipos cofrades tras una Entrada en Jerusalén o un Resucitado, pero no, sus cofrades la trajeron gloriosa para seguir los pasos (nunca mejor dicho) cada Martes Santo de Jesús de los Pasos en el Monte Calvario.
Los orígenes de su cofradía hay que buscarlos en los inicios del siglo XVIII cuando un grupo de hermanos fundan en la Capilla Mayor del Real Hospital de San Lázaro la “Hermandad de los Pasos de Jesús”. La hermandad cimenta sus orígenes en una antigua imagen de cristo caído atribuida a José Micael Alfaro. En 1711 fueron aprobadas sus primeras Constituciones por el obispo Fray Francisco de San José, siendo rey Felipe V. Suponiéndose que el periodo transcurrido de cinco años desde su fundación fue dedicado al culto interno y a su organización.
Pero hay que esperar hasta al año 1795, para obtener el primer documento original que haga una mención expresa de la Hermandad. A partir de entonces podemos extraer el manifiesto fervor popular que, por entonces, gozaba la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario. Los primeros años de la Hermandad fueron muy florecientes y en los que los Sumos Pontífices Benedicto XIII, Pío VII, Sixto V y Clemente XIII le concedieron numerosas indulgencias y privilegios espirituales.

En 1860 son redactadas nuevas Constituciones que fueron aprobadas por la Reina Isabel II por Real Decreto de 18 de enero de 1861 con el título de “Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Pasos Sacramental”.
A principios de la segunda década del Siglo XX la Hermandad entra en un grave declive, sin embargo, comenzó la revitalización de la Hermandad por un grupo de hermanos, que el 5 de octubre de 1924 consiguen se constituya una Junta de Gobierno ante el Previsor y Vicario General de la Diócesis de Málaga.
En 1925 la Hermandad vuelve a recuperar el peso perdido y se convierte en una entidad pujante. También se incorpora en la recién creada Agrupación de Cofradías y en la Semana Santa de ese año realiza su salida procesional Jesús de los Pasos en el Monte Calvario en un trono bañado en oro de 22 kilates, construido por un artista que será esencial en esta historia, el valenciano Pío Mollar Franch.
Un hecho sumamente trascendental para la Hermandad fue ponerla bajo la advocación de María Santísima del Rocío. Para entonces surge el espíritu mariano por tener un titular de la Virgen consiguiendo la donación de una imagen de la Virgen Dolorosa, que fue bendecida solemnemente como María Santísima del Rocío, el 11 de noviembre de 1928. En ese año de 1928 se abriría por vez primera una puerta en la fachada lateral de San Lázaro, que facilitaría la salida de los tronos. Debido a la tardanza manifiesta con la que la Hermandad finalizaba los encargos para sacar en procesión a la imagen dolorosa, sus donantes la retiraron, con lo que la Hermandad se encontró con todo preparado menos con lo más importante, la imagen de la Virgen del Rocío.


Ante esta situación inmediatamente se encargó una talla al escultor valenciano Pío Mollar Franch, que fue bendecida con toda solemnidad el 8 de marzo de 1931, siendo sus padrinos las dos personas que costearon la realización de la imagen, D. Joaquín León Cabello, Hermano Mayor Honorario y su esposa, Doña Clotilde del Pino Ruiz, Camarera Mayor. Es significativa esta circunstancia sobre el panorama artístico religioso de aquel periodo en España. Aunque la imaginería de la llamada escuela levantina o valenciana inundó todo el territorio español (e incluso Hispanoamérica) parece que los tradicionales obradores sacros andaluces resistieron ante la avalancha que supuso aquellas artes que aun hoy se siguen comercializando con la llamada imaginería de serie de Olot, reducto (a mi parecer) de aquel periodo y escuela artística.
Pareciera que Valencia solo conquistó la provincia de Jaén, pero para su estudio hay que abrir mucho más el abanico porque pocas localidades andaluzas se libró de este arte. Así que Pío Mollar trabajó para Málaga, y la Virgen del Rocío es una de las muestras más palpables de lo que era el estilo de una imagen de “escuela valenciana”.
El Martes Santo de 1931, María Santísima del Rocío procesionó triunfalmente junto a Jesús de los Pasos en el Monte Calvario, pero en el fatídico día 12 de mayo de 1931, en los incontrolados primeros sucesos iconoclastas de la II República, las imágenes de la cofradía fueron destruidas. Como era todo tan reciente, el artista valenciano volvió a realizar una nueva talla idéntica a la que habían destrozado, pero estuvo depositada en la casa de la familia de los donantes hasta el 22 de julio de 1936. Oculta en una alacena estuvo escondida hasta que la ciudad fue tomada por las tropas de “los nacionales” en 1937. La Virgen se bendijo el 10 de abril de 1938 finalmente. La imagen hoy en día se presenta con ligeras reformas en la morfología de sus rasgos, tras una intervención de Luis Álvarez Duarte en 1992, precisamente tras las celebraciones que estos días celebra la hermandad en torno a su imagen mariana.
La hermandad siguió creciendo, enriqueciendo su patrimonio con tronos de primeras calidades. Incluso el atavío de la Virgen evolucionó que incluso se le llegó a poner tocados influidos de su esencia primitiva, aunque admito que prefiero verla con su estética esencial, con la sencillez y elegancia de la mantilla convirtiéndola en una bella novia que alaban y quieren todos los malagueños. El día 12 de septiembre de 2015 quedó de manifiesto la importancia y devoción que ha alcanzado en Málaga esta imagen cuando fue coronada canónicamente.
Virgen de la mantilla, ya la tienes si es que lo querías, a mi no me desampares novia de Málaga… esposa del Espíritu Santo…


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