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sábado, 8 de agosto de 2020

EL INCENDIO DE LA VIRGEN DE LINAREJOS EN 1881


Hoy le daré por el gusto al amigo y compañero de faena investigadora, el linarense Andrés Padilla Cerón, volviendo a escribir algo sobre la historia devocional de la ciudad de Linares. Agosto es un mes especial en la vieja ciudad minera donde sobresale su feria de San Agustín que como en todos sitios, el covid-19 se ha cargado (menos los toros). Esa feria que se celebra bien cerca de la vieja casa donde vive la que tildó un capataz linarense ante las cámaras de la televisión: “la verdadera y única Reina de Linares” … la Virgen de Linarejos (cosas de los piques cofradieros cuando pensamos más que ensalzando nuestra devoción con graduaciones absurdas le vamos a hacer algún favor). Y es que agosto en Linares se abre con la festividad de la Virgen el dia 5.
Que se pueden esperar que se diga de la patrona del pueblo. La imagen de la Virgen de Linarejos, obra del granadino Navas Parejo tras la contienda civil de 36, se cree que puede que sea la cuarta imagen que el pueblo de Linares ha venerado como su patrona. Esta imagen vino a sustituir a la que ardió en las llamas iconoclastas de la Guerra Civil Española. Aquella efigie que se perdió, también tiene entre su historia un episodio con el fuego, pero en esta ocasión, de los que surgen sin mala intención. Sobre este hecho se ha escrito, pero si no falla mi investigación, pocos se han detenido detalladamente en el suceso.
Fue también por este mes, a finales, cuando la Virgen se encontraba lejos de su santuario, en la más antigua parroquia de la ciudad, la actual basílica de Santa María la Mayor. Seguramente en un tórrido día de verano, en las peores horas de calor, uno de los tantos cirios que ardían por la devoción de sus devotos, se volcó y provocó un incendio sobre la imagen.
Esta noticia la sabemos gracias a una comunicación enviada por el párroco D. Juan Pedro Martos el día 21 de agosto al señor obispo para informarle de lo sucedido y las acciones que querían acometer. Este documento se conserva en la sección de cofradías de Linares del Archivo Diocesano de Jaén y una fotocopia del mismo, en el Archivo Municipal de Linares[1]. Aunque este que suscribe ha leído el original, me he servido de la copia (gratis para el investigador) custodiada en Linares para escribir esta entrada y de la que me sirvo para ilustrar esta historia.

Según mi tocayo sacerdote, el suceso ocurrió en torno a las cuatro de la tarde. Nos describe que la Virgen se encontraba en un altar de cultos situado en el altar mayor, en el lado del evangelio. Una arquitectura efímera que por la descripción debía ser ciertamente suntuosa al describir un dosel y gran profusión de cera, sobre todo por la que le llevaban sus devotos deseosos de iluminar a la Virgen para que Ella los ilumine con su gracia ante el Padre, ante su hijo…
El presbítero describe y certifica al obispo la profesionalidad ejercida por los sacristanes en el montaje y cuidado del altar y las llamas de las velas. Pero al final la desdicha hizo que un cirio colocado a la derecha de la imagen cayese sobre ella. Hubo suerte de que un acólito se percatara a tiempo para que desde la sacristía saliese a apagar las llamas el cura Ramón Hernández, los sacristanes y tres devotos, que incluso podría haber afectado al suntuoso retablo mayor que realizó el conquense Diego de Briones a principios del XVIII. Aunque tristemente aquel retablo y la Virgen ardieron en 1936. Una pérdida irreparable (aunque Linares consiguiera dos retablos antiguos para sustituirlos) a la que había que añadir el retablo mayor de la iglesia de San Francisco, una obra que recientemente he podido documentar a la mano del hijo de Diego de Briones, el también tallista natural de Cuenca (afincado en Baeza, entre otras ciudades comprovincianas), D. Antonio Briones y Velasco (pero de eso espero hablar en el futuro y en el papel).
Gracias a la rápida intervención, se describe que el fuego sólo afectó a la policromía de las imágenes (Virgen y niño) por lo que informado el alcalde de la ciudad, el hermano mayor Don José Acosta y Velasco y el Sr. Vizconde de Begíjar que era el alférez, acordaron que la imagen debería de ser restaurada.
En este punto viene la incógnita que han presentado aquellos que ya han tocado esta información: ¿Se restauró o se hizo una nueva talla? En la carta, (que podrán leer en la transcripción que les dejo), informan que al no haber artistas en Linares y comarca deberían llevar la imagen a Sevilla o Madrid para que fuese intervenida. Para ello solicitan permiso al palacio episcopal para poder acometer la restauración (que es lo que se insinúa en la carta), de la que reciben autorización el día 25 de agosto de 1881.
Sin duda, el siglo XIX nos ha dejado pocas pistas sobre artistas de talla religiosa en la provincia de Jaén. Descubrir el autor de las obras de aquel periodo sigue siendo un quebradero de cabeza, de hecho, solo hasta 1845 he podido encontrar a la saga ubetense de los Espantaleón aun trabajando como escultores. Para 1881, es cierto que las casas de arte levantinas (entre Cataluña y Valencia) ya podían estar trabajando para la diócesis giennense, y dentro de estos talleres, aunque no sea la zona geográfica, Madrid era una de esas ciudades donde trabajaban aquellos artistas. Hasta ahora, pocas referencias (por no decir ninguna) hemos encontrado de la escuela imaginera sevillana por estas tierras. Pero llama poderosamente la atención que se plantearan ir a Sevilla. Alguno ha escrito que la imagen (viendo las fotografías que se conservan), no dudan en afirmar que o el retoque fue una auténtica remodelación o se hizo una nueva talla. Recordemos que la restauración científica actual por entonces no existía, tratándose las intervenciones en ocasiones en completas remodelaciones que creaban una nueva visión de la imagen existente. Quien me lea recordará el suceso en Baños de la Encina con la posible restauración del San Juan local por el pintor aficionado del pueblo Pedro María Rueda en 1863.
Si al final fue así, y terminaron acudiendo a Sevilla, por aquellos días en la capital hispalense trabajaban artistas de la talla como Gabriel de Astorga, Manuel Gutiérrez Reyes o Leoncio Baglietto que recientemente se le ha adjudicado la hechura de la Virgen de la Nieves de la iglesia de Santa María la Blanca en Sevilla. Son solo nombres de quien pudo restaurar o hacer nueva la talla de la Virgen de Linarejos que pereció en 1936 y que no lo hizo en 1881 de milagro, pero nos dejó pistas de que escuela pudo restaurarla o hacerla de nuevo…



Transcripción.

"Ilustrísimo señor obispo de esta diócesis.
Profundamente afectado voy a participar a vuestra señoría Ilustrísima la desgracia que ha acontecido esta tarde como a las 4, en esta parroquia de la que, sin merecerlo, soy encargado por ausencia del cura propio.
Ntra. Sra. de Linarejos patrona de esta ciudad, se hallaba colocada en el altar mayor al lado del evangelio, con dosel y gran porción de adornos que, la piedad de los fieles había llevado allí para honrar de ese modo a su bendita patrona.
También la devoción de los fieles llevaba al mencionado altar muchas velas, exigiendo las personas devotas que luciesen al menos por todo el día. Los sacristanes colocaban dichas velas cuidando muy mucho de que no estuvieren próximas a la venerable imagen, de sus adornos, lo que ha tenido lugar de observar el que tiene la honra de dirigirse a vuestra Ilustrísima señoría muchas veces y sin ir más lejos hoy, porque allí ha celebrado el Santo sacrificio de la misa.
Pues bien, a eso de las cuatro de esta tarde uno de los acólitos que estaba cuidando de las luces de ese altar y otros en que había velas encendidas, observó que una vela grande, efecto sin duda del calor, calló ardiendo sobre la peana de la imagen; prendió fuego la ropa de la Virgen, luego a la del niño y desde allí al dosel.
Gracias a Dios que el niño estuvo listo para avisar, y de la sacristía salieron el presbítero Don Ramón Hernández, los sacristanes y tres devotos que la sazón se hallaban en la iglesia rezando; y con gran destreza pudieron apagar por completo el fuego, logrando con eso, que no pasara al retablo del altar mayor.
La mano izquierda y el lado también izquierdo de la Santa cara de la Virgen se han ennegrecido no poco, y el lado derecho del niño bastante, tanto que reclaman el que sean retocadas.
Un minuto después de la ocurrencia estaba yo en la parroquia.
Oficié al Sr. Alcalde sobre lo acaecido por ser la imagen la patrona de esta localidad, y al Hermano mayor que este año lo es el Sr. Don José Acosta y Velasco y el Sr. Vizconde de Begíjar por ser el alférez de cofradía.
Todos acudieron con una prontitud grande, todos con nosotros lamentaban la desgracia y convinieron en que no había necesidad de instruir expediente alguno en averiguación de los hechos y causas del sucedido, puesto que daban entero crédito a la velación dada por nosotros.
Se acordó inquirir si en esta población habrá quien con gran habilidad sepa retocar las imágenes la Virgen y Niño, en caso negativo, llevarlas a Sevilla o Madrid en donde puedan hacerlo.
Para sí llegase este caso pide autorización y permiso a vuestra Ilma. Señoría para que dichas imágenes sean trasladadas a uno de los puntos indicados con el expresado fin. Como las llamas no eran de fuego intenso, no han perjudicado la escultura, el barniz solamente es el que ha sufrido detrimento. Doy a V.S.Y, con satisfacción este detalle ara que le sirva de consuelo.
Dios que a V.S.Y guarde muchos años.
Linares y agosto 21 de 1881.
El párroco Juan Pedro Martos. [rúbrica]
***
Agosto 25 de 1881.
Ofíciese al comunicante manifestándole el sentimiento de tal desgracia, facultándole para que pueda procederse a la restauración de la imagen y del niño como fuere necesario y por mano perita dentro de esa localidad y caso de ser necesario trasladar la imagen a otro punto lo verificará usted de acuerdo con la autoridad local y Señores cofrades.
Lo que acordó S.S.Y. el Obispo mi Sr. De que certifico
Licenciado Fernández [rúbrica]”




[1] Archivo Municipal de Linares, cofradías, leg. 2562/011.

viernes, 24 de julio de 2020

LA COFRADÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE LA PEÑUELA


En este período de julio, mes carmelita por excelencia quiero compartir un trocito histórico en torno a la devoción a la Virgen del Carmen en la provincia de Jaén. Esto que les vengo a contar es una parte que tuve que extraer de mi trabajo dedicado a la historia y veneración a esta popular advocación mariana en la ciudad de Linares y que ya salió publicado el pasado año de 2019. Fue un extenso artículo que fue divulgado en la revista que edita el Centro de Estudios Linarenses llamada “Siete Esquinas” (pinche aquí para leerlo).
Debido a la extensión que marcan las normas de la publicación me vi obligado a aminorar el relato y contenido, decidiendo que esta parte se debía de quedar fuera al tratar asuntos relacionados directamente con Linares pero que versaban sobre hechos que encajaban, tal vez, más en la historia de La Carolina o incluso en la de Baeza.
Esta parte complementa aquel artículo insertándolo tras el punto 4 (LANGUIDECIMIENTO DE LA COFRADÍA), por lo que apenas lo he modificado de lo que escribí hasta entonces. Porque el tiempo ha pasado, y nuevos documentos han aparecido para poder completar aquel guion basado exclusivamente en fuentes directas de archivo. Por ejemplo, limitamos la antigüedad de la cofradía de Linares hasta 1742, pero en mi última “peoná” investigadora entre los protocolos notariales de Linares pude encontrar su existencia ya en 1703 en una escritura que trataba sobre unos asuntos administrativos de un juicio por los réditos de un censo de 37.400 maravedís de principal que recaía a favor de la cofradía que era regida en la administración de sus bienes y rentas por D. Luis José Pérez. También, por ejemplo, en aquel artículo verán que nos preguntábamos si en Linares existió un hospicio perteneciente al convento de carmelitas de La Peñuela. Pues he podido encontrar su origen en la generosidad de la vecina de Linares, Dª. Juana María de Cozar Higueras que donó su casa para ello, estando situada en la actual esquina entre la plaza Ramón y Cajal o del Bermejal y la calle Antón de Jaén. Esta donación la hizo bajo manda testamentaria en 1744.
El desaparecido convento de La Peñuela, estaba situado en Sierra Morena (lugar místico por donde paraba San Juan de la Cruz), donde hoy se asienta la ciudad de La Carolina. De hecho, la iglesia del convento es la actual parroquia de la Inmaculada Concepción de la antigua capital de lo que fueron las Nuevas Poblaciones de Andalucía, que serían creadas poco después de lo hechos que narraremos.
¿Y porque hablamos de la Virgen del Carmen en La Peñuela y Linares? Pues porque cuando se me planteó realizar este trabajo nos encontramos ciertos aspectos confusos que nos pudieron llevar a meter la pata. Los pocos que habían tratado esta documentación (original del Archivo Diocesano de Jaén y fotocopiado en el Archivo Municipal de Linares) los llevaban a pensar que la cofradía de la Virgen del Carmen de Linares era una cofradía que se fundó en aquel convento. Entre el manuscrito decimonónico de Federico Ramírez que dice que el terreno donde se levanta La Carolina fue expropiado a Linares (cuando fue a Baeza) y que muchos de los documentos estaban clasificados como pertenecientes a asuntos de aquel convento, era fácil caer en una narración de una historia equivocada. Pero para eso están los documentos, para examinarlos, o por lo menos hice lo que pude y tras estudiar bastante más de lo que me apetecía la historia de La Carolina y consultar con aquellos que conocieran más del tema (gracias a  Juan Manuel Patón Crespo), pues expliqué lo que a continuación leerán y que le faltó a aquel artículo. Si es cierto que el amor a aquel convento y la devoción a aquella Virgen del Carmen (que no tenía que ver nada con la de Linares) era muy patente en dos de las villas que citan en la documentación; Baños de la Encina y Linares, como he podido comprobar en la lectura de muchos testamentos durante el siglo XVII y XVIII. Como ejemplo, como ya hemos visto, la donación de una casa en el lugar más destacado de la villa para que le convento tuviese en Linares un hospicio.
Le dediqué tanto tiempo a aquella parte que no quería dejar el trabajo por perdido, y como no encuentro el lugar perfecto para publicarlo, pues lo haré en mi blog, para que el conocimiento no quede relegado en el olvido. Tal vez tenga errores, pero he decidido dejarlo tal como lo finalicé para la entrega del articulo a “Siete Esquinas”.
Prespectiba de la entrada de La Peñuela, capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Foto: Archivo Nacional de Madrid.

 
     5. LA COFRADÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE LA PEÑUELA
     Llegados a este punto, debemos abordar la cuestión de una antigua cofradía de la Virgen del Carmen ubicada en el desaparecido convento de la Peñuela. Se trata de un asunto un tanto especial puesto que puede llevar a confusión sobre si dicha cofradía estaba radicada en la misma villa de Linares o en el citado convento. Como soporte documental para tratar este asunto, contamos con un nuevo pleito desarrollado a lo largo del año 1766. Analizaremos este asunto, ya que la documentación está catalogada como de la ciudad de Linares en el Archivo Diocesano de Jaén, y por consiguiente, con su correspondiente copia en el Archivo Municipal de Linares[1].
     Para aproximarnos al tema en cuestión, habría que recordar que La Peñuela era una pequeña aldea donde se levantaba un Convento de Carmelitas Descalzos[2] en Sierra Morena, sobre los terrenos que hoy ocupan la ciudad de La Carolina. La iglesia de aquel convento es la actual parroquia de la Inmaculada Concepción de la que, a partir de 1767, fuese la capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena fundadas por Carlos III.
     En este pleito interviene el prior de la parroquia de Santa María de Linares y Miguel Sotés, vecino de Linares, que envía una misiva al obispado declarando ser el prioste[3] de la cofradía de Ntra. Sra. del Carmen sita en el Convento de Carmelitas Descalzos de La Peñuela en Sierra Morena. En su Informe, desglosa que la cofradía, con 109 años de antigüedad, venía por entonces recogiendo limosnas en Linares, hasta que, a finales del año anterior [1765], el prior de la parroquia de dicha villa, les ordenó que se abstuvieran de seguir pidiendo las limosnas y de asistir a los entierros con el gallardete y la cera. Por ello, Sotés suplicó a la máxima autoridad eclesiástica de Jaén que intercediera para que el prior los permitiese seguir con la práctica recaudatoria y asistencial en los sepelios.
    No debemos de olvidar que en la documentación que llevamos estudiada, no se cita nada de que la cofradía de la Virgen del Carmen rindiera culto a una imagen en el convento de La Peñuela, el cual se encontraba fuera del término, tanto municipal como parroquial de Linares y sí en el de Baeza. En cualquier caso y como más adelante se demostrará pensamos que no se trata de la misma cofradía con actividad en la villa de Linares entre 1745-46 según deducimos de los documentos estudiados.
    No obstante, también pudo haberse tratado de una cofradía que conviviese con la establecida en Santa María y que naciese para rendir culto a la Virgen del Carmen de La Peñuela, pero establecida en la parroquia de Linares. Es decir, como podría ser hoy una cofradía filial de la Virgen de la Cabeza o del Rocío. Pero este extremo tampoco se daba, porque según se ha indicado, Miguel Sotés deja claro que está establecida en el Convento de Carmelitas de La Peñuela. Vista la petición del prioste y el informe del prior, el obispo fray Benito Marín (obispo de Jaén entre 1750-1769) pidió se pasase la instancia al fiscal general eclesiástico «para que en vista de todo pida lo que convenga en nuestro tribunal de justicia».
     Para conocer resumidamente la parte esencial del pleito nos remitiremos a uno de los autos del proceso firmado en Jaén el 1 de septiembre de 1766 por el Licenciado, Provisor y Vicario General de la diócesis, D. Antonio Miranda. En el citado auto se narra a modo de resumen como en 1766, existía en Linares una cofradía que rinde culto a la Virgen del Carmen del convento de La Peñuela. Dicha hermandad realizaba las funciones comunes de una cofradía de aquel periodo, preocupada en recaudar fondos a través de la recogida de limosnas por la villa para el culto de la imagen de La Peñuela y para la asistencia a los hermanos en sus defunciones, aunque no administraba bienes raíces[4]. En este punto hay que recordar que la cofradía citada anteriormente en Linares entre 1745-46 si lo hacía.
     En el citado auto, se puede apreciar cómo llegó un nuevo prior a la parroquia de Linares y se interesó por la legitimidad de aquella actividad, solicitando licencias eclesiásticas aprobadas por las diócesis para poder desarrollar aquellas actividades en Linares. El prior ordenó que se cesara la práctica de la cofradía mientras no se presentara documentación que acreditara la legalidad aprobada por aquella jurisdicción. El prioste [mayordomo] de la cofradía, llamado Miguel Sotés pide la intervención del obispado para poder seguir con su cometido. Por ello, el prior de Linares (tras solicitárselo el obispado), respondió con un largo informe en el que refleja que la cofradía no tenía estatutos aprobados, ni por la parroquia de Linares ni por la diócesis.
     Además, el prior informó que desde La Peñuela se le envió un documento con una aprobación de la cofradía fechado el 14 de julio de 1657. Pero aludió que el mismo sigue siendo insuficiente para que la supuesta hermandad siguiese funcionando al estar erigida por el padre general de la orden, que era seglar, sin ninguna autoridad para aprobar hermandades. Es decir, que la cofradía estaba erigida por los frailes sin ninguna aprobación del obispado, a lo que podríamos añadir, que recaudaban dinero de Linares para invertirlo en una iglesia que no pertenecía a Linares. Por consiguiente, la clave de la cuestión es que la parroquia a la que pertenecían esos cofrades no se beneficiaba de ese dinero.
     La información aportada desde el convento de La Peñuela, fue transcrita y remitida el 15 de agosto de 1766 por el religioso carmelita descalzo D. Alonso de San José. Dicho fraile consultó en el archivo del convento y notificó de una aprobación de la cofradía en 1657 por parte de D. Diego de la Presentación, general de la orden de los religiosos descalzos de Ntra. Sra. del Carmen. Su transcripción es la siguiente:
     «A nuestros amados hermanos los vecinos de La Peñuela […] les damos licencia para que instituyan y funden la cofradía de N. Sra. del Carmen con los oficios, y requisitos que para su conservación y gobierno fuesen necesarios y para que puedan entrar en ella los vecinos de la sierra, Vilches, Baños, Linares y los demás circunvecinos y agregamos esta cofradía a la que está fundada y aprobada por nosotros en la ciudad de Baeza en nuestro colegio de San Basilio, para que puedan gozar todas las gracias, indulgencias y privilegios, sacrificios, oraciones, vigilias, ayunos, disciplinas y demás obras penitenciales, de que hacemos, cuanto es de nuestra parte, participantes a los cofrades de la ciudad de Baeza, con tal que guarden los institutos y ordenaciones de dicha cofradía; y damos así mismo licencia para que el día de Ntra. Sra. del Carmen, que es a diez y seis del mes de julio, o en otro de los inmediatos, que fuere de la mayor comodidad puedan celebrar su fiesta, y hacer procesión y lo mismo podrán hacer en otras festividades…».
     Estas ordenanzas fueron selladas con «el sello de nuestro oficio» y refrendadas por el secretario carmelita fray Pedro de San Pablo en Sabiote el 14 de julio de 1657. Esto quiere decir, que la cofradía es creada por la orden carmelita y se funda para establecerse en el convento de La Peñuela, para sus pocos habitantes y con vistas a que pudiesen entrar como cofrades, vecinos de los pueblos con los que lindaba su término, pero dejando muy claro que queda agregada a la cofradía de Baeza.
     Siguiendo con el estudio del pleito, en el mismo encontramos que desde el palacio episcopal se le requiere al prior que le pida al prioste, D. Miguel Sotés, que le entregue los estatutos, obviamente, aprobados por aquella jurisdicción eclesiástica. El prioste Sotés no los pudo presentar, ya que no los tenían y añadió que solo tenían a modo de inventario:
«Siete libras de cera; dos libros de acuerdos, una cuerda de cáñamo para el uso de traer los toros que la devoción de los fieles ha dado a Ntra. Sra. y cual presente no hay maravedíes algunos de limosnas en su poder, porque ha[ce] casi cerca de un año que de orden del prior de esta parroquia se cesó en pedir, y por la misma razón no se ha hecho asistencia a ningún entierro de hermano que ha muerto, ni menos se ha hecho en dicha iglesia parroquial oficio ni misa alguna por dichos hermanos difuntos por razón de haber cesado dichas limosnas». Sin duda, significativa la donación de los devotos de toros al convento.
     Visto esto, el prior ordenó a Miguel Sotes «se haga inventario de los bienes que entregase dicho prioste pieza por pieza, con distinción y claridad, para cuyo efecto se nombra por depositario de dichos bienes a D. Fernando Joseph Martínez vecino de la villa [de Linares]».
     El inventario presentado y entregado al prior por Miguel Sotes el día 10 de septiembre de 1766 se componía de:
     «Un arca de madera de pino nueva, como de cinco cuartas de largo y media vara de ancho, con su cerraja y llave. Siete libras de cera en toral. Un estandarte nuevo de damasco blanco con una imagen de Ntra. Sra. del Carmen en medio y una cruz dorada para lo alto, con su vara de palo. Un libro de folio entero en el que están escritos varios cabildos y juntas todo el escrito. Otro libro de folio entero, forrado en badana encarnado en el que está empezado a escribir varios acuerdos y cuentas tomadas a D. Manuel de la Cueva, tesorero de las limosnas de dicha cofradía. Una cuerda de cáñamo, y a mediada de treinta varas de largo poco más o menos y de lo recio de una muñeca que servía para lidiar los toros que los fieles dan a dicha cofradía. Se previene y nota que, aunque esta cofradía se le hizo a Ntra. Sra. del Carmen, un manto de tela de plata este se entregó al Prior del convento de La Peñuela y es el que tiene su majestad puesto en dicho convento por lo que desde que se hizo esta en dicho convento».
     El informe elaborado por el prior de Linares, D. Juan Luis García de Robles es muy rico en detalles y se puede extraer que deja claro que el convento de La Peñuela donde esta cofradía realizaba sus cultos, estaba en el término de Baeza. Que los cofrades pagaban de limosna seis reales al año y que pedían las limosnas por las calles haciendo sonar un tambor. Conocemos este detalle del tambor, al permitirles un año seguir con la recaudación mientras se presentaban las nuevas constituciones.
     El prior, tras tomar referencia sobre este grupo de cofrades, comunica que es cierta la fundación en el convento de La Peñuela, tal como cita el informe que le envían los frailes carmelitas. En su información, el prior sigue indicando que la actividad de la misma duró algún tiempo pero que después vino en decadencia, juntándose no más de seis u ocho personas para seguir celebrando la función, volviendo a retomar más esplendor como para alcanzar una cifra cercana a los seiscientos cofrades. Tal vez este auge fuese promovido por los devotos de Linares lo que hizo que pareciese una cofradía de la localidad.
     Ante esta recaudación, el prior informó que pronto surgieron controversias entre los hermanos a la hora de gestionar los fondos económicos de la cofradía, ya que varios se quejaban al prior de que aun con todos los gastos de la cofradía «sobraban muchos maravedíes de los que alguno han dado al convento más de cien ducados de limosna, deseando saber la legítima distribución». Este fue el motivo esencial para que el prior pidiese la documentación a la cofradía, ya que de lo contrario «la cofradía o congregación con gastos tan crecidos no subsistiría mayormente no teniendo bienes raíces». Con esto podemos seguir desestimando que la cofradía de Linares que hemos estudiado entre los años 1745-46 sea esta. El motivo principal, es que aquella sí contaba con bienes raíces y esta de La Peñuela no, argumento que exponía el prior, que no se podía explicar cómo podían gestionar tales cantidades de dinero con tan solo las limosnas y no con la administración de bienes raíces.
     Además de la recolecta de limosnas que hacían cuatro cobradores con dos cuadrantes, también cita que sobre los años de 1756 o 1757 «que por cada hermano que muriese habían de dar un cuarto los vivos para sufragar al difunto con un oficio y vigilia en esta iglesia [la de Linares]». También informó que el carmelita fray Alonso de San José le pidió que permitiese nuevamente la colecta de las limosnas en Linares, a lo que el prior se negó remitiéndole a que presentasen para ello la supuesta autorización de las constituciones, algo que nunca hicieron. Obviamente, el convento no quería perder ese beneficio económico que desde Linares se le había cercenado.
     También cita como fray Alonso de San José «en el día de San Lorenzo [10 de agosto] permitió en su hospicio o enfermería la junta de unos doce o catorce sujetos...» para otorgar un poder notarial por el que la cofradía se seguiría rigiendo «con la falta de regla que hasta ahora». Curioso este dato del hospicio del que se queja el prior que «los P.P tienen cerrado […] y cuando hay enfermos en ella, solo abren el postigo que da a la calle con la correspondiente reserva y en orden a las limosnas, he visto un lego, que pide por las eras la limosna de granos. No sé si le está vedado [prohibido] pedir por el pueblo». ¿Podría tratarse del hospicio linarense citado en el Catastro de Ensenada?[5] Por último, también cita que el estandarte que llevaban a los entierros se realizó en aquel periodo y que incluso llegaron a celebrar una fiesta en la parroquia de Linares cada 16 de julio (además de las celebraciones en La Peñuela), solicitando que predicase un padre carmelita, negándose a esto último por faltas de licencias. Como podemos comprobar, el grueso de los hermanos era netamente linarense, sin ser cofradía de Linares.
     No deberíamos pasar por alto los datos que aportara el escritor linarense Federico Ramírez (1999: 372-374) en sus Apuntes escritos en 1890. En el mismo se indica que el convento de La Peñuela se fundó sobre unos terrenos que pertenecieron al término de Linares, hasta que «le expropiaran dos terceras partes de su término municipal con destino a las colonias que Carlos III fundó en Sierra Morena». Ramírez cita que el convento se levantaba en una zona denominada como los Zebadales, aludiendo que esta zona era término de Linares. Con esto podríamos pensar que el convento, pertenecería eclesiásticamente a Linares y con ello, la cofradía que en el mismo fundaron los frailes en 1657.
     Pero lo cierto es que, lo único que tenía el término de Linares más próximo al convento de La Peñuela era la «Venta Linares»[6], situada al norte de la dehesa de Martín Malo, donde hoy se levanta la población de Las Navas de Tolosa.[7] Aunque existe abundante documentación que señalan a La Peñuela en al término de Baeza, se puede consultar el trabajo «La organización territorial de la provincia de Jaén, 1750-2000: permanencia y cambio», donde figuran en unos mapas de términos municipales y operaciones catastrales realizadas en 1751-53. Dichos mapas señalan a La Peñuela en la dehesa de Martín Malo como perteneciente a Baeza (Ferrer Rodríguez, Nieto Calmaestra, Camarero Bullón, 2000: 27)
     La cofradía de La Peñuela desaparecería en 1766, marchándose los frailes del convento en 1768, dejando allí aquella imagen de la Virgen del Carmen. Dicha efigie pudo desaparecer, ya que, en el siglo XIX, se reorganiza la cofradía de la Virgen del Carmen en la actual ciudad de La Carolina (de carácter devocional y no procesional) y para ello tienen que adquirir una nueva imagen[8].



[1] AHML/ legajo 2570/ expediente 002/ 25 folios. «Jaén, Linares y La Peñuela a 3 de 1766. El Fiscal General Eclesiástico de este obispado contra el prioste y cofrades de Ntra. Sra. del Carmen sita en el convento de Carmelitas Descalzos de La Peñuela para que cesen en la demanda de limosnas, cumplimiento de fiestas y remitan las constituciones, libros de cuentas, acuerdos y demás papeles».
[2] Por el tiempo del origen del convento, La Peñuela era un núcleo minúsculo de apenas unas cuantas casitas enclavado en las inmediaciones de Sierra Morena, rodeado de alquerías y espeso monte.
[3] En otras escrituras de cofradías se cita a este cargo, como «prioste-mayordomo», por lo que se trata de su más alto cargo. En 1697 se cita en una escritura notarial a «Pedro García Mosquera, prioste mayordomo de la cofradía de Madre de Dios que se celebra en la iglesia parroquial de esta villa…» AHPJ, legajo 15621, fol. 307r.
[4] Bienes raíces se refiere a la tierra, así como a cualquier propiedad física o mejoras colocadas en esta, incluyendo jardines, casas, pozos, etc. A su vez, una propiedad se trata de un bien que se une al suelo de manera inseparable, de forma física y legal. Edificios y terrenos son bienes raíces. Hasta las desamortizaciones fue común que las cofradías contaran con terrenos, cultivos, viviendas, hornos de pan o molinos de aceite, que explotaban con la gestión de un administrador para la manutención de la cofradía.
[5] En el término municipal de Linares no ha existido nunca un convento carmelita. En cualquier caso, aunque en el Catastro de Ensenada de Linares se cita un Hospicio de Carmelitas en la villa en aquel tiempo en el que había «tres sacerdotes, y tres sirvientes y responden». Probablemente se trataba de algún hospicio gestionado por carmelitas de la Peñuela y cuya ubicación estaría en lo que en aquel tiempo era el término municipal de la villa de Linares.   Catastro de Ensenada/Linares/ fol. 648v. En www. pares.mcu.es/Catastro/servlets/ServletController?accion=4&opcionV=3&orden=0&loc=2115&pageNum=1. [Consultado el día 19 de abril de 2018]
[6] Mi agradecimiento al carolinense Juan Manuel Patón Crespo, reconocido investigador de la historia de La Carolina y las Nuevas Poblaciones, que generosamente me prestó su asesoramiento y citas de los diferentes archivos en los que ha investigado y que se custodian en el Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional, Archivo de Simancas, Archivo Histórico Municipal de La Carolina, entre otros. La historia de La Peñuela, anterior a la Nuevas Poblaciones apenas ha sido estudiada, pero él se encuentra recopilando documentación para un futuro trabajo inédito sobre estas cuestiones.
[7] Posteriormente se constituyó en otra feligresía independiente volviéndose a agregar de nuevo, como así sigue, como anejo a La Carolina.
[8] La Cofradía de la Virgen del Carmen, ya en La Carolina, se reorganizará en el siglo XIX y duraría hasta la década de los setenta, cuando fue absorbida por la del patrón San Juan de la Cruz. Las señoras que conformaban para esa época la Cofradía de la Virgen del Carmen eran las mismas que componían la Hermandad de señoras de San Juan de la Cruz, siendo la misma Junta de gobierno. Al unirse la Hermandad de señoras y de Caballeros de San Juan de la Cruz se extinguió la rama de señoras y con ella la de la Virgen del Carmen, pasando todas a formar parte de la Hermandad de San Juan de la Cruz. Información facilitada por Juan Manuel Patón Crespo.

domingo, 28 de junio de 2020

LA MISTERIOSA TUMBA DE ZOCUECA Y EL CONDE DE VILLAPINEDA


En menos de un mes se volverá a conmemorar la ínclita fecha por la que el pueblo de Bailén es conocido en las páginas universales de la historia, la Batalla de Bailén del 19 de julio de 1808 en la Guerra de la Independencia. El covid-19 también se las han “cargao” y no se desarrollarán como viene siendo costumbre, aunque supongo que algo simbólico y dentro de la normativa se hará simplemente como mero recuerdo de aquellas glorias de nuestra local historia. Algo que sí habrá es programa de fiestas, lo puedo decir porque como colaborador en estos últimos años se me volvió a invitar a participar y así lo he hecho, y así lo veremos Dios mediante. En esta publicación que va más allá del simple libro de actos y festejos, me suelo desviar de mi temática favorita, que es la que le da sentido a este blog. Por ello, el año pasado no la compartí en estas páginas porque pensaba que no tenía nada de cofrade o religioso. Pero pensándolo bien sí creo que lo tenía, porque hablaba de la historia de un personaje que por su sepultura le da una de las características que posee el viejo santuario de la Virgen de Zocueca. Una enigmática sepultura de la que por fin pude descubrir quién era el enigmático “Pedro Pecador”, nada más y nada menos que Pedro de Pineda, el primer conde de Villapineda. En este enlace podrán leer el artículo y además les añado en esta entrada las fotos y transcripción del testamento que despejó todos los enigmas, porque para investigar la historia hay que ir a los archivos…



“[Fol.34r] Testamento de Dn Pedro de Pineda.
Ynde y nomine amén, sepan los que este público instrumento vieren como yo dn Pedro de Pineda natural de la ciudad de Sevilla, y vecino que soy de esta villa de Baylén hijo legítimo de Dn Pedro de Pineda, veinte y cuatro de la referida ciudad de Sevilla, escribano mayor de su cabildo, y de Dª Ana de Funes del mismo  vecindario, ya difuntos, estando enfermo en cama, y en mi libre y entero juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo como firme, y verdaderamente creo los muy altos misterios de la Santísima Trinidad, encarnación  del verbo eterno remuneradon e institución del Santísimo Sacramento de la Eucaristía y en todo los demás artículos y misterios que tiene, predica y enseña nuestra santa madre iglesia católica apostólica de Roma bajo de cuya santa fe y creencia he vivido y pretexto vivir, y morir como católico y fiel cristiano y temeroso de la muerte que es natural quiero para cuando llegue el caso tener dispuestas las cosas tocantes al recargo de mi conciencia, y para hacerlo con el mayor acierto invoco por mi especial patrona, y abogada a la serenísima reina de los ángeles María santísima Madre de Dios y gran señora nuestra con cuyo soberano auxilio otorgo que hago y ordeno mi testamento en la forma siguiente.
Lo primero mando y encomiendo mi Ánima a Dios [fol.34v] Nuestro Señor que me la dio y crió y redimió con el infinito precio de su santísima sangre viva pasión y muerte, y el cuerpo a la tierra del que fue formado. Y cuando su divina voluntad fuere llevar mi alma a otra mejor vida quiero que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de Nuestra Señora de Zocueca que está en el término de Andújar inmediata al río que llaman Herrumbral, confinante, al término de esta dicha villa a la entrada de la puerta principal de dicha iglesia con entierro que señalare Dn. Francisco de Pineda mi hijo, y sobre mi sepultura se ponga una lápida que diga, aquí yace Pedro Pecador natural de la ciudad de Sevilla rueguen a Dios por él, y más abajo otras letras que expresen las palabras siguientes Postenebras espero lucen, y que así el día de mi entierro, como en los demás siguientes (mediante a no poder ser todas en el dicho día) se me digan cien misas de cuerpo presente siendo hora de celebrar los divinos oficios y si no en los sucesivos como llevo expresado en el altar o altares que señalare dicho Dn. Francisco, por mi ánima, y que se paguen por mis albaceas el estipendio que es costumbre.
Mando así mismo se digan por mi ánima e intención penitencias mal cumplidas, y cargos de conciencia [fol. 35r] cien misas rezadas, y que se paguen por dichos albaceas la limosna acostumbrada dejando a elección de dicho mi hijo la disposición de ellas.
Mando así mismo por una vez a cada una de las mandas forzosa, y acostumbradas como son redención de cautivos y santos lugares de Jerusalén un real de vellón y en la misma forma mando a cada una de las obras pías acostumbradas en esta villa que son iglesia mayor; hospital, capilla de Ntro. Padre Jesús, santuario de Nuestra Señora de Zocueca; para cera del Santísimo Sacramento y a cada una de las ermitas de esta dicha villa un real de vellón y para ayuda a casar huérfanas pobres de solemnidad con que a unas y otras las aparto del de este vecindario, un real de vellón. Derecho que podían tener a mis bienes.
Declaro soy natural de la ciudad de Sevilla, y veinte y cuatro decano de ella y décimo octavo escribano de la escribanía del cabildo de dicha ciudad, hijo legítimo de Dn. Pedro de Pineda así mismo veinte y cuatro de ella, escribano mayor del cabildo, y de Dª Ana de Funes su legítima mujer ya difuntos, y casé legítimamente según orden de nuestra santa madre iglesia con Dª Ana Caballeri, ya difunta hija legítima del veinte y cuatro Dn. Juan Baptista Caballeri, y de Dª Cristina de Funes su legítima mujer , vecinos de dicha ciudad de cuyo matrimonio tuve y tengo por mis hijos legítimos a Dª María que murió a los cuatro meses de su edad, a Dn. Juan que murió a los ocho meses de su nacimiento, a Dn Antonio que falleció a los ocho meses de su edad, a Dª Cristina que murió con poca diferencia a los mismos meses que el antecedente, y de presente a Dn. Miguel; a Dn Francisco, [fol.35v] al reverendo padre fray Joseph religioso profeso del Orden de la Merced Calzada, conventual en el de la ciudad de Sevilla, y a Dª Mariana de Pineda religiosa profesa en su convento de las Dueñas de dicha ciudad, y es mi voluntad que al dicho Dn Francisco mi hijo se le cumpla, lo que dejo en una memoria en poder del M. R. P fray Pascual Ibáñez mi confesor del orden de la Santísima Trinidad calzada conventual en la ciudad de Úbeda, y residente en esta dicha villa la que se tendrá por parte esencial de mi testamento para su debida observancia.
Declaro así mismo casó dicho mi hijo Dn Miguel con Dª Ignacia de la Torre Villasís Menchaca Solís y Barradas, hija legítima de Dn. Fernando de la Torre y de los mismos apellidos, y de Dª. Mariana de Villasís Menchaca y Martel vecinos de dicha ciudad a quién en cuenta de ambas legítimas tengo dado lo que constare de los instrumentos y papeles, que a este fin paran en su poder.
Igualmente declaro que dejo en poder de dicho mi confesor otra memoria que quiero y es mi voluntad se tenga por parte principal de mi testamento.
Declaro así mismo, dejo en poder de dicho mi confesor razón individual de las deudas que así a mi favor como en contra tengo la que tendrá presente para su observancia.
Y últimamente quiero, y es mi voluntad que todo lo que consta se hace de las referidas memorias como de otras, apuntarones e instrumentos que paren en poder del dicho fray Pascual Ibáñez mi confesor de disposiciones mías, se ejecuten [fol. 36r] poniéndolo por obra con la mayor puntualidad luego que yo haya fallecido.
Nombro por mis albaceas testamentarios cumplidores y ejecutores de esta mi última voluntad a los dichos Dn. Miguel, y Dn Francisco de Pineda mis hijos, y de la dicha Dª Ana Caballeri mi mujer, y a Dn. Miguel Caballeri veinte y cuatro de la ciudad de Sevilla, a quienes, y a cada uno insolidum doy el poder que por derecho se requiere para que de mis bienes tomen los que basten, y en almoneda pública o fuera de ella los vendan, y de su producto cumplan y paguen este mi testamento y lo en el contenido sobre que les encargo sus conciencias.
Y en el residuo que quedare y fincare de todos mis bienes, derechos y acciones instituyo, y nombro por mis herederos legítimos y universales herederos a los dichos Dn. Miguel; Dn Francisco; Dn Joseph y Dª Mariana de Pineda mis hijos como por derecho lo son para que los hayan y hereden con la bendición de Dios y la mía, remitiéndose en todo a los que dejo dispuesto en las enunciadas memorias, por que así es mi voluntad.
Por el presente revoco, anulo, deshago y doy por ningunos, y de ningún valor ni efecto otros, y cualesquiera testamentos, mandas, codicilos, poderes para testar y otras cualesquiera disposiciones testamentarias que antes de ahora haya hecho por escrito de palabra o en otra forma para que no valgan ni hagan fe en juicio ni fuera de el porque solo quiero se guarde y cumpla por mi testamento, y última voluntad este que ahora hago en aquella [fol. 36v] vía y forma que más haya lugar por derecho en cuyo testimonio como se contiene así lo otorgo en esta villa de Baylén a diez y seis días del mes de agosto de mil setecientos cincuenta y uno; y el otorgante a quien yo el escribano dy fe conozco no firmó por la gravedad de su enfermedad hizolo uno de los testigos que lo fueron presentes: Dn Vicente Villa médico titular; Dn Francisco Morón y Dn Pedro de Moya Soriano vecinos de esta dicha villa
[Rúbricas]
Dn. Pedro de Moya Soriano.
Ante mi Joseph García escribano público. Derechos 15 reales.
[añadidura] Murió bajo de esta disposición y dicho día di testimonio de la hijuela a Dn. Francisco de Pineda su hijo doy fe. García [rúbrica]. En 19 de dicho mes y año di copia de este testamento en papel que le corresponde a pedimento del Dn. Francisco de Pineda como hijo y uno de los albaceas, doy fe. García [rúbrica]”
AHPJ, legajo 6032, fol. 34r-36v.

domingo, 31 de mayo de 2020

LA NOVIA BLANCA DE MIS SUEÑOS...



Ya que he vuelto por estos lares, ya que he aceptado volver a amarrarme a lo que los tiempos me puedan marcar a este rincón, este mi espacio donde tantas cosas dije, no he podido dejar más pasar una oportunidad que me fui dejando año tras año cuando estuve completamente dedicado a este blog.
Bien saben los que me seguían y tal vez estáis aun por ahí, que siempre intentaba engancharme al calendario y contar historias que viniesen a calzar con algo de lo que ese tiempo o periodo nos ofrecía. Hoy es Pentecostés, y Pentecostés para un andaluz resuena a marismas y a Blanca Paloma. Nunca les hablé (que recuerde) de esa fiesta tan popular de nuestro folclore y religiosidad popular porque ciertamente no he sido tocado por esa gracia que toca a los rocieros. Soy de esos que no soy rociero sin haber ido a la romería. Sí he conocido ya el lugar y a la Virgen y bueno, qué duda cabe que como en todos sitios, si te abres paso al “ruido” de lo mundano encuentras esa especial espiritualidad que debe contener un lugar donde la fe emerge de maneras tan singulares.
Es curioso que visité el Rocío en una época en que afronté ciertos achaques personales que me trastocaron un poco todo. En aquellas fechas, recuerdo que una mujer al saber como estaba me aconsejó que me encomendara a una Virgen que tenía, que no sabía cuál era, simplemente un día le llegó una imagen suya, y como representación de la Madre de Dios, le había pillado cierto apego. Me preguntó si la conocía y le dije: “si… es la Novia de Málaga, la Virgen del Rocío”. Ella ante la sorpresa de ver cómo la había identificado con tanta facilidad y saber por fin de que Virgen se trataba y donde estaba, me contestó: “ve a Málaga y pídele que te ayude…” y así obré, en el día de la Inmaculada Concepción (en que tiene cultos) bajé hasta a Málaga para rezarle a esa simpar imagen malagueña para que me echase un cable en aquel proceso.
Entonces recordé una cosa, siempre se me olvidaba cada Pentecostés una cosa: hablar de los rocíos que a mi me gustan, que son las vírgenes del Rocío que salen en Semana Santa. Por lo menos, recuerdo que cada Pentecostés se me olvidaba que quería contarles, pues como lo hacia antes, algo de la Virgen del Rocío de Málaga. Esto me hizo meditar, estas circunstancias para mi no suelen ser casualidad. ¿Se quedó la Virgen blanca de San Lázaro esperando que la mostrase al mundo desde mi casa? A alguien de confianza que le conté estos sentimientos me dijo: pues hazla. Pero me negué, el blog estaba cerrado, el blog era historia… pero he vuelto. ¿Me ayudó la Virgen? De las zancadillas se aprende para volver a levantarse. Aquello me hizo cambiar, quizás fue el tiempo, pero aquel bache de la vida me hizo levantar la mirada desde nuevas perspectivas… o tal vez es la edad. Quien sabe, pero sin esperármelo he vuelto, negándome a mí mismo engancharme a esto, a un calendario, a una obligación, a el blog antes que lo demás. Pero tal vez se la debía y renunciaré a mis deseos, y aunque con gusto, y les hablaré lo que sea de la Virgen del Rocío, la que es la “Novia de Málaga”.
Ya la había conocido en persona con anterioridad, en mi primera visita capillita a Málaga en 2013 y en la pasada magna mariana de 2018 la conocí sobre su simpar trono. No hay que decir que Rocío me eligió, y la Novia ya es especial para mí, que cuando la vi venir en su inmaculado blanco me traspasó, y aun habiendo visto antes ya el trono más grande de Málaga, el suyo, el trabajo de sus hombres de trono me atrapó, me sumergió en una burbuja de aquella tarde noche que fue bien blanca (recordaré siempre que vi al Madrid ganar la 13ª copa de Europa en la Alameda de Málaga entre tronos de palio surcando la ciudad).


No hay que decir que la Virgen del Rocío llama la atención nada más verla. Esta imagen es especial y su estilo es único, su estilo es Ella misma en sí. Recuerdo que esta sensación la viví cuando la conocí allá por los años noventa cuando mi amigo Alfonso Piñero me dejó una revista de “La Saeta” de finales de los ochenta. En aquellos apasionantes momentos (o que ahora los recuerdo con pasión) de mi vida, cuando todo costaba tanto conseguirlo, ojeaba esa revista como hacían y hacen muchos, deleitándome con las fotografías. Poco leería, entonces lo que me atrapaba (como a la mayoría) eran las fotos y me encontré en su apartado correspondiente ese palio y manto blanco y sobre todo como era representada su iconografía. La Virgen de la mantilla, me decía aquella mujer. Y es que era y es uno de sus sellos más inconfundibles: su forma de vestirla y presentarla. Una mantilla blanca sobre el pelo natural y un nimbo de estrellas. Creo que nunca ha lucido esta imagen una corona (aunque si hay una foto antigua con corona), siempre han respetado que el nimbo es su seña de identidad (que incluso al ser coronada canónicamente fue con nimbo y no corona) a lo que hay que añadir que siempre va vestida de blanco que la simiente del pueblo no fue ajena a esta característica que rápidamente la bautizó como “La Novia de Málaga”.
Ella era una imagen que reía detrás de un cristo caído. ¿Por qué no llora? Me preguntaba con mi edad infantil. Y es que la Virgen del Rocío es sin duda una virgen de gloria tras un cristo pasionista. Su iconografía la verían más apropiada dentro de los estereotipos cofrades tras una Entrada en Jerusalén o un Resucitado, pero no, sus cofrades la trajeron gloriosa para seguir los pasos (nunca mejor dicho) cada Martes Santo de Jesús de los Pasos en el Monte Calvario.
Los orígenes de su cofradía hay que buscarlos en los inicios del siglo XVIII cuando un grupo de hermanos fundan en la Capilla Mayor del Real Hospital de San Lázaro la “Hermandad de los Pasos de Jesús”. La hermandad cimenta sus orígenes en una antigua imagen de cristo caído atribuida a José Micael Alfaro. En 1711 fueron aprobadas sus primeras Constituciones por el obispo Fray Francisco de San José, siendo rey Felipe V. Suponiéndose que el periodo transcurrido de cinco años desde su fundación fue dedicado al culto interno y a su organización.
Pero hay que esperar hasta al año 1795, para obtener el primer documento original que haga una mención expresa de la Hermandad. A partir de entonces podemos extraer el manifiesto fervor popular que, por entonces, gozaba la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario. Los primeros años de la Hermandad fueron muy florecientes y en los que los Sumos Pontífices Benedicto XIII, Pío VII, Sixto V y Clemente XIII le concedieron numerosas indulgencias y privilegios espirituales.

En 1860 son redactadas nuevas Constituciones que fueron aprobadas por la Reina Isabel II por Real Decreto de 18 de enero de 1861 con el título de “Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Pasos Sacramental”.
A principios de la segunda década del Siglo XX la Hermandad entra en un grave declive, sin embargo, comenzó la revitalización de la Hermandad por un grupo de hermanos, que el 5 de octubre de 1924 consiguen se constituya una Junta de Gobierno ante el Previsor y Vicario General de la Diócesis de Málaga.
En 1925 la Hermandad vuelve a recuperar el peso perdido y se convierte en una entidad pujante. También se incorpora en la recién creada Agrupación de Cofradías y en la Semana Santa de ese año realiza su salida procesional Jesús de los Pasos en el Monte Calvario en un trono bañado en oro de 22 kilates, construido por un artista que será esencial en esta historia, el valenciano Pío Mollar Franch.
Un hecho sumamente trascendental para la Hermandad fue ponerla bajo la advocación de María Santísima del Rocío. Para entonces surge el espíritu mariano por tener un titular de la Virgen consiguiendo la donación de una imagen de la Virgen Dolorosa, que fue bendecida solemnemente como María Santísima del Rocío, el 11 de noviembre de 1928. En ese año de 1928 se abriría por vez primera una puerta en la fachada lateral de San Lázaro, que facilitaría la salida de los tronos. Debido a la tardanza manifiesta con la que la Hermandad finalizaba los encargos para sacar en procesión a la imagen dolorosa, sus donantes la retiraron, con lo que la Hermandad se encontró con todo preparado menos con lo más importante, la imagen de la Virgen del Rocío.


Ante esta situación inmediatamente se encargó una talla al escultor valenciano Pío Mollar Franch, que fue bendecida con toda solemnidad el 8 de marzo de 1931, siendo sus padrinos las dos personas que costearon la realización de la imagen, D. Joaquín León Cabello, Hermano Mayor Honorario y su esposa, Doña Clotilde del Pino Ruiz, Camarera Mayor. Es significativa esta circunstancia sobre el panorama artístico religioso de aquel periodo en España. Aunque la imaginería de la llamada escuela levantina o valenciana inundó todo el territorio español (e incluso Hispanoamérica) parece que los tradicionales obradores sacros andaluces resistieron ante la avalancha que supuso aquellas artes que aun hoy se siguen comercializando con la llamada imaginería de serie de Olot, reducto (a mi parecer) de aquel periodo y escuela artística.
Pareciera que Valencia solo conquistó la provincia de Jaén, pero para su estudio hay que abrir mucho más el abanico porque pocas localidades andaluzas se libró de este arte. Así que Pío Mollar trabajó para Málaga, y la Virgen del Rocío es una de las muestras más palpables de lo que era el estilo de una imagen de “escuela valenciana”.
El Martes Santo de 1931, María Santísima del Rocío procesionó triunfalmente junto a Jesús de los Pasos en el Monte Calvario, pero en el fatídico día 12 de mayo de 1931, en los incontrolados primeros sucesos iconoclastas de la II República, las imágenes de la cofradía fueron destruidas. Como era todo tan reciente, el artista valenciano volvió a realizar una nueva talla idéntica a la que habían destrozado, pero estuvo depositada en la casa de la familia de los donantes hasta el 22 de julio de 1936. Oculta en una alacena estuvo escondida hasta que la ciudad fue tomada por las tropas de “los nacionales” en 1937. La Virgen se bendijo el 10 de abril de 1938 finalmente. La imagen hoy en día se presenta con ligeras reformas en la morfología de sus rasgos, tras una intervención de Luis Álvarez Duarte en 1992, precisamente tras las celebraciones que estos días celebra la hermandad en torno a su imagen mariana.
La hermandad siguió creciendo, enriqueciendo su patrimonio con tronos de primeras calidades. Incluso el atavío de la Virgen evolucionó que incluso se le llegó a poner tocados influidos de su esencia primitiva, aunque admito que prefiero verla con su estética esencial, con la sencillez y elegancia de la mantilla convirtiéndola en una bella novia que alaban y quieren todos los malagueños. El día 12 de septiembre de 2015 quedó de manifiesto la importancia y devoción que ha alcanzado en Málaga esta imagen cuando fue coronada canónicamente.
Virgen de la mantilla, ya la tienes si es que lo querías, a mi no me desampares novia de Málaga… esposa del Espíritu Santo…


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