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lunes, 21 de octubre de 2019

LA MISIÓN JESUITA EN BAILÉN DE 1880


Durante el último año, la iglesia diocesana jiennense ha estado de misión. Las misiones de la iglesia para propagar o incentivar la fe cuando valoran que pasa por horas bajas. Una misión de nuestra era, que poco se parece a las que se celebraron antaño. Aquellas misiones en las que llegaban a los pueblos predicadores con cierta aura de fama y que convertía a la población en unas jornadas de fiesta, si nos atenemos a fiestas de carácter muy religioso. Por Bailén hemos podido documentar algunas, pero en esta ocasión echaremos la vista atrás para comprobar cómo fue alguna de ellas.
Corría el mes de octubre de 1880, en el día 14 cuando a Bailén llegaron los jesuitas. Esta misión estaba encuadrada en la protagonizada por los padres Hidalgo, Morote y Cadenas. Les dejo una crónica escrita por el párroco de entonces, D. Santiago Fernández. El ecónomo se dirige al obispo en una de sus características cartas llenas de “romanticismo” eclesiástico, escrita en su siempre positivismo con las cosas que acontecían en su parroquia. De su mano llegaron páginas brillantes para la historia de la iglesia bailenense, pero también le tocó sortear las dificultades que afrontó la iglesia por entonces.
D. Santiago Fernandez jugando seguramente con las personas "notables" que cita.

Su crónica nos habla del Bailén de finales del XIX, cuando los hacendados del pueblo formaban la corporación municipal. Nos cuenta de que el alcalde era Bartolomé Soriano [Arellano] y que entre las personas notables [los pudientes] se encontraba su padre D. Pedro Soriano Marañón, los que fueron a recibir a los reverendos padres hasta el puente de Mengíbar. No sé si se refiere al entonces famoso puente colgante sobre el Guadalquivir de Mengíbar [en este enlace podrán saber más sobre este singular puente] o al puente del río Guadiel que es hasta dónde llega el término municipal. Uno no puede evitar echar a volar la imaginación viendo los carruajes llegando por el camino de Jaén. Curiosamente destaca la presencia de las cofradías en el recibimiento con sus gallardetes, estando presentes todas. Este documento lo encontré en el archivo diocesano en febrero de 2016, y para entonces comencé a echar para atrás la antigüedad de la cofradía de Santa María Magdalena hasta que finalmente llegué a la conclusión de que se funda en la reorganización cofrade tras la Guerra de la Independencia.
Como decía, D. Santiago era muy expresivo al narrar los días grandes de su parroquia y nos hace imaginar la liturgia del templo del que dice estaba adornado con damascos, cuando tapar un retablo no era algo “extraño” …
La segunda parte de la carta es muy curiosa, porque nos habla del sentimiento social que se respiraba. Y es que don Santiago no puede evitar acordarse de las personas anticlericales que desde los estamentos políticos y periodísticos no paraban de poner en entredicho la comunión iglesia-estado que durante siglos se había vivido en la cultura española. Es más, la misión en otras poblaciones cercanas a Bailén estuvieron marcadas por la polémica y recibimientos hostiles. Como podemos ver, los enfrentamientos por cuestiones político-religiosas no es algo que surgiera en la II República, si no que viene de muy atrás, y los curas bailenenses fueron grandes protagonistas a la hora de contar los periodos políticos del siglo XIX en Bailén.
TRANSCRIPCIÓN
«Ilmo. Señor
El 14 del corriente tuve el singular honor de acompañar a los reverendos Padres de la Compañía de Jesús a mi querida parroquia en donde se preparaba una misión.
En el puente de Mengíbar esperaban el Sr. Don Bartolomé Soriano alcalde presidente, una comisión del ilustre ayuntamiento, el Sr. Pedro Soriano y Marañón y otras personas notables de esta ciudad. La comitiva partió en lujosos carruajes escoltados por varias parejas de guardias municipales que estaban escalonadas en la carretera.
Al dar vista a la noble y leal Bailén las campanas anunciaban a los fieles la llegada de los hijos de San Ignacio. Las autoridades civiles y militares, el clero todo, las cofradías de Ntra. Sra. De Zocueca, de los Dolores, de la Cabeza, de Jesús, de Santa María Magdalena, de San Juan y de la Santa Cruz, con gallardetes y banderas, y la banda de música de esta ciudad esperaban a la entrada formando solemne procesión.
Anunciose [sic], Ilmo. Señor, la misión y poniendo mi vista en el feliz resultado de ella, no sé qué decir: las ideas se me agolpan y el bien que se ha hecho en esta ciudad me aconseja palabras de gratitud para todos los que a ello cooperan.
El suntuoso y espacioso templo estaba de antemano adornado con ricos damascos y banderas que las hijas de María habían consagrado a su venerada patrona Madre del Amor Hermoso y Santa Esperanza.
No, no fue necesario llamar a todo el pueblo al templo de Dios para oír palabras de salud y de vida eterna: los niños y niñas de la población fueron simpáticos clarines que se dejaron oír en los corazones de sus Padres, y ya contando cuentecitos u hora cantando a la más tierna de todas las Madres sorprendimos más de una lágrima que espontánea caía de los ojos de quienes los escuchaba.
Llénose (sic), pues, el templo en la primera noche de misión yendo cada una de ellas en progresión creciente. El resultado fue sorprendente, unas tres mil personas se acercaron a la sagrada mesa.
Yo quisiera Ilmo. Sr. poder narrar lo que todos sentimos en estos días; pero en la imposibilidad de dar a conocer sensaciones que no se experimentaban, me tengo que reducir (con verdadero sentimiento) a el simple papel de verídico e imparcial cronista.
Digno es de especial mención el cuadro conmovedor que presentó todo el pueblo pensando del mismo modo, sintiendo una misma cosa y llorando a porfía sus pecados; y este cuadro tuvimos ocasión de verlo en diferentes noches; y sobre todo la Eucaristía se llevó con palio y asistencia de todo el clero, autoridades y todo el pueblo con multitud de luces y viático a la Sra. del Sr. Fiscal de Úbeda que Dios ya tiene en su seno.
Después tuvimos el consuelo de presenciar escenas que solo el cristianismo es capaz de realizar en el corazón humano. El acto solemnísimo en que el párroco perdona a sus fieles las ofensas que le hayan hecho; y a la vez pide perdón de sus faltas, tiene un no sé qué de cristiano y de divino que si algún sacrificio hay en ello, Dios lo premia poniendo en los ojos de todos, jóvenes y ancianos, esposas y esposos, padres e hijos, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos, el llanto de una alegría desconocida que subyuga por irresistible atractivo y hace perdonarse nuevamente postrados de hinojos a los pies de la cruz del salvador del mundo que nos legó el primer ejemplo perdonando aun a los mismos que lo crucificaron.
¿Qué de extrañar es ya que toda la ciudad rebosando en alegría cantara en el templo, en las calles, en las plazas y en el campo pidiendo a Dios el perdón de sus pecados?
¿Qué de extrañar es que aquí y allí y en toda la procesión, jóvenes y ancianos, pobres y ricos, manifiesten su gratitud dando vivas a el simpático y erudito padre Carlos; y a el contundente padre Hidalgo de la Compañía de Jesús?
Yo también con mis ojos puestos en el feliz resultado doy infinitas gracias a S.S.Y que nos ha proporcionado días de tanto regocijo y consuelo, gracias también a el sr. D. Bartolomé Soriano, primer alcalde y a el ilustre ayuntamiento de esta ciudad por el celo que desplegaron coadyuvando a la buena dirección de las almas de estos mis carísimos fieles.
Gracias a mi virtuoso clero y a los Sres. prior y coadjutor de Baños, a el sr. Navarro y Chiclana, de Linares por la ayuda que con tanto gusto nos presentaron en la administración de los santos sacramentos de penitencia y comunión.
Y gracias también a mi simpática y cristiana ciudad de Bailén por que supo colocarse en las misiones como siempre ella sabe hacerlo a una altura que le honra por más que ésta familiar le sea. Una palabra más Ilmo. Sr. y concluyo. Ciertos sabios modernos dirán, afectando moderación y prudencia: “son fanáticos los misioneros”, y preguntarán con pasión soberbia: ¿Que van hacer los Jesuitas en ciudades y pueblos cristianos? Nada, casi nada se contestarán ellos mismos muy satisfechos de su profecía. Mucho, les diré yo, es obedecer a aquel maestro que les dice: “id y enseñar a todas las gentes sin distinguir entre pueblos y pueblos”, Docete onmes gentes [traducción: id y enseñad a la gente]; y sobre la fe de este mandato con sencillez extremada abandonan la paz y el sosiego de su casa, y tal vez las delicias de la patria; para ir a costa de contrariedades y a trancas ya enmascaradas, a recordar a pueblos que no conocen…. ¿Qué? Nada, según el mundo, nada casi nada: la existencia e inmortalidad del alma, la necesidad de nuestra salvación y el deber que para ello tenemos de observar la ley de Dios. ¿Y sacan fruto con su misión?
Llamadlos y veréis como contestáis a esos que dicen nada casi nada.
Dios …. Bailén 27 de octubre 1880
Licenciado Santiago Fernández [rúbrica]

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