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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 4 de abril de 2016

PRESENTACIÓN DEL CONCIERTO DE LA A.M. SAN JUAN DE BAILÉN

Debido al día en que se realizó, no he podido hasta hoy compartir con ustedes la satisfacción que me supuso que el pasado Viernes de Dolores la Agrupación Musical San Juan de Bailén contase con mi humilde colaboración para presentarles el concierto presentación que como cada año realizan de cara a la Semana Santa. Un concierto que fue algo más allá de la mera interpretación musical que contó con el baile de Beatriz Madueño, la saeta de Ana Carmona y la poesía de Francisco Antonio Linares. Un concierto además que venía de cierto modo a homenajear una efeméride especial para la formación musical como son los veinte años de la trasformación de la antigua banda de cornetas y tambores a agrupación musical, al estilo “Guardia Civil” como se le ha venido denominando a este estilo.
Tristemente no pude responder a un deseo de la banda por esta efeméride que era la de pregonar este acontecimiento, los diferentes encargos no me dejaron tiempo, pero pude sacar a ultísima hora un rincón para llegar hasta la misma Semana Santa envuelto en estos menesteres de la oratoria cofradiera, por ello, me sentí más que satisfecho de poder colaborar con esta formación que sin lugar a dudas forma parte de mi historia personal en el mundo de la cofradías y donde tengo la sonrisa y amistad de muchos de sus integrantes.
Por ello les dejo con los textos preparados para la ocasión y unos videos donde se me puede escuchar, los cuales grabó y tuvo la deferencia de realizar mi buen amigo Antonio Pradas aunque no tenga los audios de las marchas.

PRESENTACIÓN CONCIERTO DE SAN JUAN
Como olvidar, como obviar que tú formas parte de aquellos pellizcos que, siendo un niño, bajando de la mano de mi madre la calle al profesor Salcedo Guillen, levantaban esa sensación inenarrable que me anunciaba que se aproximaba aquella semana que no es una simple semana. Como olvidar con la pequeñez de mis sentidos como se entrecortaban entre la Limpia y Pura y la fuente del paseo de las Palmeras aquellos hombres que volvían a un reencuentro estipulado en los tiempos, sobre todo cuando lanzaban al aire cortos y escuetos sonidos del percutir en un parche de tambor o el agónico sonido musical que, como alguien acertadamente una vez definió, era la misma agonía de Cristo al trinar de cornetas en su semana de pasión.
Es mi recuerdo más patente de ti, al que los años irían sumando escenas y momentos para el recuerdo mientras te revestías de negra y verde túnica y dibujabas la estela perfecta tras el discípulo predilecto. Erais seguramente de sus más predilectos amigos, porque vuestra oración musical sin lugar a dudas le lanzó una de las señas de identidad más patentes al aquel jovenzuelo que se erige como el más antiguo vecino del viejo camino real. Cuantos años de música siendo el dosel perfecto donde le bordabas notas doradas al caminar del Señor bailenense, a su Santísima Madre y por supuesto, al que os sigue dando nombre. Cuantos años de música banda de San Juan, cuantos años de sentimientos, cuantos años deteniendo el tiempo cuando a través de vuestros instrumentos le hablabais a los sagrados titulares de esta tierra. Hoy me presto como humilde servidor de ustedes para venir a presentaros, y os lo aseguro para mi es mucho más que un honor, porque sin duda mi vida cofradiera no se puede escribir sin estar vosotros presentes. Pero tampoco estamos aquí para ello, porque vuestra alma lleva viva en Bailén más de medio siglo.
Pero dejándome tantas y tantas estampas voy a intentar situarme  en aquellos momentos decisivos que queréis conmemorar en el presente año, cuando ese viejo, plano y agónico sonido comenzó a declinar en busca de una mayor riqueza musical y mucho más allá, en la transformación de un colectivo que abandonaría los escuetos modos cuaresmales para lanzar esta bendita afición a una cultura que se cala por los huesos del alma cada día del año y cada segundo de vuestra existencia amarrados al amor de vuestro inseparable compañero, vuestro instrumento, para realizar la quizás música más especial de las que existen, aquella que se crea para mayor gloria, honra y veneración de Dios.
Como olvidar aquellas primeras marchas que rápidamente os hicieron más grandes en el sentir del bailenensismo cuando los perfiles del barco sanjuanero enmudecían y traspasaban a su paso cuando “La Saeta” o “Alma de Dios” rasgaba la fibra sensible del pueblo. Llegaron las trompetas, y después los trombones y las cornetas legionarias dieron paso a las do-re y el sueño acabó convirtiéndose en deseo cuando una estela de Pasión os enamoró allá por la ciudad renacentista a la que cantó Machado.
Sin cerrar los ojos aun puedo sentir los escalofríos en aquellas frías noches de enero, y no precisamente por el frío, cuando casi a escondidas, sentado sobre un banco de la estación de autobuses me dabais el placer de no tener que recurrir al cassette para escuchar aquellas marchas que vosotros trajisteis a Bailén. Sueños de este humilde capillita al que le daba igual el frío o que, el que pasara me preguntara que esperaba a esas horas, claro como decirle a cualquiera que estabas allí escuchando sones que me sabían a la misma gloria. Estaremos hablando de un periodo comprendido entre esos veinte años que ahora celebráis, en aquellos donde os admito que pensaba que nunca habría en Bailén una banda como la que vosotros decidisteis construir. Y así, quedándome absorto en aquellas melodías de “Oh, Bendita Estrella” o “Reina de mi Amargura” atronando en la techumbre metálica de la estación fuisteis creciendo y vuestras caras fueron haciéndose indispensables en mi memoria aunque os admito que muchas de ellas me hubiesen gustado que estuviesen aquí, porque hoy me dais la oportunidad de daros mi escueto homenaje y mi admiración por todo el duro trabajo que con los años habéis cargado, como cada cruz de nuestra existencia, a todas esas personas a las que de verdad se merecían que menos que mi aplauso. Como pasa el tiempo, cuantas caras nuevas, y lo que más me gusta es que sois jóvenes que estáis superando esos límites que antaño se ponían, que al hacerse hombres esto pasaba a ser como algo de niños. Hoy le dais más planta, más madurez, ya no es solo la ilusión de unos cuantos locos de las bandas e incluso la mujer bailenera también se siente música sanjuanera.
Vuestra música se fue calando cada vez más hondo por las arterias de la gracia en esta vieja Baecula y llegaron los uniformes, ¿recordáis que os decían que parecíais policías? Ahora que venga una banda a Bailén sin uniforme, a ver lo que dice Bailén de ellos. Fuisteis adelantados, la evolución en Bailén entró al compás de vuestra música y aquí seguís un año más presentándoos a vuestro pueblo al que lleváis por toda Andalucía grabando a fuego el nombre de esta legendaria tierra de batallas y sin olvidar el aliento, sea como sea de aquel que apoyó su cabeza en el pecho del Señor.
LA SAETA
Hoy apoyo yo la mía sobre el vuestro y me abro a lección teológica que con vuestra música nos brindareis y que mejor que volando a aquel punto de inflexión, a aquel punto de partida con una oración que escribió el mismo Machado y que Serrat le puso música para que las agrupaciones musicales la convirtieran en himno inconfundible del caminar musical del Señor en Andalucía. Cantar del pueblo andaluz, cantar vuestro para mayor gloria de esta Semana Santa, ¿Quién no se estremece aun con los años en la melancólica melodía? ¿quién no siente un escalofrió electrizante con la culminante fuerte tonada de las cornetas? No se ponen de acuerdo si fue para Granada o para Sevilla, porque su compás nació para un Dios de morena estampa. Resurge la historia, que volvéis a recrear en cada interpretación, alzar las trompetas y decirnos si se puede creer en el Dios que caminó la mar sin antes haber tenido siempre sangre en las manos, haced que una primavera más busquemos escaleras, banda de San Juan llevarnos a la gloria soñada de un Domingo de Ramos con “La Saeta”.

ORANDO AL PADRE Y ESTRELLA, REINA DE LOS CIELOS.
Y la búsqueda de aquel sueño hecho realidad trajo la universal música del estilo al que os inscribís. Apellidos que nos hablan de música para paso de cristo y con ellos para agrupaciones musicales comenzaron a sonar por estas calles apoyándose en los atriles de vuestras oraciones musicales, como el genio de José Manuel Mena Hervás. Os juro que para mí es un orgullo presentar por primera vez marchas de este músico de Dos Hermanas que sentó las bases de la evolución del estilo en los años noventa con su música al que he admirado desde que escuche por primera vez aquella “Oh Bendita Estrella”. Emblema sin duda del estilo, autor de muchas de esas marchas que os aprietan el nudo cuando tú Bailén te sumerges en el paso de las cofradías y San Juan le pone música. Aquel del que siempre se ha dicho que con el manejo de simples notas creaba sublimes oraciones sobre pentagramas. Oraciones al señor, porque los músicos tienen esa extraña forma de rezar con un instrumento cuando bajo los relentes de la noche hacen mella y la fatiga elevaba la mirada al que en lo alto de los pasos no declina su camino. En un momento así pudo nacer la primera marcha de las dos que nos van a interpretar con el sugerente título de “Orando al Padre”. Pero aunque sois lo que se viene a definir como bandas de pasos de cristo, a su Madre tampoco os la dejáis de lado, ella que es el enlace perfecto para que nuestras palabras las escuche su Hijo bendito. Ella que es la gracia inmaculada desde que plantó sus pies en este mundo, la alegría de los que encuentran el consuelo en la tierna mejilla de su cara. Sin duda la ternura de la Madre de Dios se sentirá en la amorosa melodía del maestro Mena Hervás que nos vino a decir con su música que la Virgen es el mayor lucero que nos ilumina desde el cielo, donde Ella es la Reina Soberana y sobre todo Nuestra Madre y en su título lo encierra todo… “Estrella, Reina del Cielo”.

PADRE NUESTRO
“El pan nuestro de cada día, y salud que nunca falte Señor, perdónanos. Que debajo de tu canastilla se olvida el rencor, y líbranos del mal y la tentación, amén”. Si Jesús nos enseñó como rezarle a Dios con el Padre Nuestro, la gracia cofrade también se sacó de la manga su personal Padre Nuestro cofradiero, el de la misa cofrade lo llamaron. No es que el sentido difiera mucho, pero el lenguaje de las cofradías se hizo rezo cantado para el que dentro de unas horas comenzará a caminar por Andalucía. Los Cantores de la vieja Híspalis nos enseñaron a rezar como cofrades y ellos le pusieron como siempre el compás. El clasicismo y la memoria me vuelve a sumergir en aquellas cintas de casete cuando las agrupaciones musicales rezaban con más ahínco el Padre Nuestro, ese que decía una gran verdad y es que debajo de un paso, incluso cuando una banda comienza a sonar, todo pasa a un segundo lugar, se masca una experiencia diferente, se arrima el hombro y todos somos más hermanos, la música hará nuevamente el prodigio de olvidar el rencor cuando el canto jubiloso nos lleve a rezar por las calles de Dios. Escuchen esta oración sin palabras, aunque tenga letra y vibren al compás escuchando y piensen en plural porque el que tienes al lado también es tu hermano para eso invocamos al cielo al que es Padre de todos haciendo sonar el Padre Nuestro.
ACOMPAÑANOS DESDE EL CIELO
Toc toc toc ¿Juan estas despierto?
-Pedro bien sabes que yo nunca duermo, que aquí solo hay luz y no tinieblas que levanten el sueño…
Es verdad amigo mío, pero es que ya sabes…
-Si Pedro llegó otra vez la hora.
Yo ya me he puesto mi túnica ¿y tú? ¿llevarás la bordada para las grandes ocasiones que te bordaron las hermanitas de los pobres?
-Si amigo, como siempre, de rojo y verde.
Estamos todos esperándote, el de la Sentencia nos ha concedido el permiso y el palco nos está esperando, pero bien sabes quien sin ti no nos sentamos ahora que podemos estar contigo para siempre. Aún quedan horas, aún quedan días, pero es que los chicos de la banda vienen a presentarse con la alegría de celebrar veinte años con esa nueva música con la que tanto disfrutas.
-Ay Pedro, ¿cuánto tiempo llevas aquí y aun sientes retazos de gloria que vienen desde la tierra?
Bien sabes que cuando aquel día estabas junto al Pescador de Hombres esperándome sentí la felicidad más grande de mi vida que hasta al jefe del universo aun siente cierta envidia, pero es que allí aprendí a quererte, no puedo olvidar como siendo la más humilde disfrutábamos de ti como si fueses el más grande, bueno que no se entere nadie, tú eres el más grande.
-Ay ¿mis baileneros sanjuaneros, que hice yo para ser tanto en Bailén? Que más tiene que deciros el Maestro para que prefiráis estar toda la eternidad charlando conmigo.
No sé San Juan, bueno, Juan, aun no me acostumbro a hablarte con tanta confianza. ¿No has escuchado a Paco Linares? Que está aquí su abuelo hecho una magdalena, por bajar aunque sea una vez nada más. Yo es que no se explicártelo, yo solo quiero que un año más te asomes con nosotros al balcón del cielo para que escuches lo que muchos sanjuaneros no puede gozar como nosotros que es tenerte bien cerca con la felicidad eterna por bandera. Ya sabes que allí abajo no entendieron muy bien porque tan pronto me vine contigo, si ellos supieran…que es estar contigo siempre disfrutando a tu vera. Ellos fundieron los metales con el amor y desde abajo me siguen hablando con el sentimiento de su música, qué menos que asomarme porque otra vez quieren que haga lo que hago siempre, como si a mí escucharlos me cansara que es estar siempre con ellos para eso me pidieron… Acompáñanos desde el Cielo…

SEÑOR DE SAN ROMÁN
Y para acabar os invitaré a vibrar como vibraba en aquellas noches frías de hace tantos años cuando un quejio de metal retumbaba en el eco de la techumbre de la estación. Os conté algunos ejemplos, pero era la siguiente marcha la que me hacía bajar un día si otro también. La piel de gallina envuelto en el abrigo cuando la instrumentación anunciaba su llegada y la cornetería presentaba la agonía del Dios moreno a quien está dedicada. El sosiego de la melodía que apagaba la mente para masticar cada matiz, de la trompetería y la gravedad de los trombones y nuevamente contestaba la agonía de ese tormentoso camino al calvario, la corneteria haciendo temblar la uralita y los vecinos cerrando las casas a cal y canto. Bendita música la que se perdían cuando la trompeta marcaba la templanza ante la apoteosis final cuando el llanto de Cristo hecho solo de corneta avisaba de que estaba por llegar ese sublime final que cada noche me llevaba a escucharos amigos míos para poder alcanzar esa gloria anticipada que volverá al volver una esquina. Qué mejor final a este día que con la que es mi marcha favorita, gracias San Juan por incluirla, gracias por darme el honor de presentarla e invitar Bailén a perderse en la gloria de sus compases. Marcha dedicada al que vive en un santuario con su duquesa, al hijo de María Angustias, la emperatriz morena, al dios de la morena estampa, al que se le quedan grabados en su túnica los rezos calés, al señor del yunque y el bronce, al que sus gitanos llaman Undebel y también Emmanuel, al que llega como llega siempre y siempre es diferente, al que cierra la Madrugá repartiendo salud, para eso es el Señor de la Salud, nazareno y gitano y al que le bailan con sones de Serrat y bulerías de aquella plaza que aun suena a su figura, siéntanlo con el estruendo final y quédense con el que fue y será por siempre el Señor de San Román…


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