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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

jueves, 3 de marzo de 2016

VOLVERÁ...

Volverá Señor si es tu voluntad los reencuentros como lo fue aquel. Siempre vuelve tu semana Señor y una vez más he aquí que nos plantamos con el sueño más patente de acariciar esos momentos que nos regalas en los relentes de la noche. Esos relentes únicos de la primavera donde tu pasión tiene ese sabor especial. Esos relentes que desaparecen cuando anda uno apresurado buscándote por los callejones de la vida, como fue aquella noche donde horas antes para mí ya abriste definitivamente la Semana Santa, porque cuando tu aura queda, se siente como la gracia inunda las arterias de la vida más plena que encontramos en tu bendita semana. Íbamos en tu busca, Señor de la túnica blanca, pensando que el desprecio del tetrarca llenaba de congoja a las palomas blancas de Santa Ángela. Pero no, venías dando dentelladas de oro, casi rozando los quicios en tu áureo galeón por esa calle que se hace pesebre de Belén, por esa Cuna de tu gracia cofradiera.
Como no, el camino se detuvo, ya solo le cupo el andar largo de tus inigualables pies y tuvimos que volver a sentir el relente de la noche aun con la calina que hacía, a volver a escuchar ese tu silencio que atruena en nuestros corazones, en este mundo de tantos bocazas y tantos errores por las palabras innecesarias. No pensamos que el momento llegase a tanto, pero comenzó a sonar el destemplado tambor y Tú con tu gente siempre a lo tuyo. Ya no había masas, ya no había los que quizás no sepan escuchar tu silencio. Quedaba ese otro tipo de gente que frunce el gesto con tan solo un murmullo y es que nadie quiere perderse la lección de tu silencio. La noche ya no parecía otra cualquiera. El manto negro ya sabía al luto de tu semana, el aire era el esperado, la luz la más ansiada mientras Triana comenzó a elevar hacia todos los puntos cardinales esa desgarradora Santa Cruz que tan bien le sienta al caminar de tu silencio blanco. Maestría abajo para los sentidos entre ese silencio que atronaba, que guiaba nuestra mirada sin saber muy bien quién mandaba las ordenes, si mi cerebro o el que guardaba reluciente silencio. Revirá de parar los pulsos, que menos el tiempo, la vida, los problemas y las alegrías, señores ¿como se explica lo que levanta la burbuja de la gracia? ¿Cómo escribir cartas de amor narrando aquel enamoramiento?


Cada nota y cada paso fue una daga de amor al corazón y alzabas la mirada y veías un perfil que solo podía de ser del Hijo de Dios. Observarlo en el video, entender su gesto, cuando la vida os apriete, cuando los demás os asfixien, guardar silencio como Él, no lo veis como atado de manos es más libre que sus verdugos, como la paz inunda todo su cuerpo en aquel mismo presente, el que nos hizo sentir todo lo que duró la marcha aunque no sintiéramos pasar los segundos… no merecía la pena hablar aun amando a todos los que le rodeaban, esa es la lección que se dejó en aquella revirá para guardar en los recuerdos. Las imágenes, el paso, los costaleros, la música, los olores… todo fue un instrumento de sentidos para decirnos todo esto y tal vez mucho más, lo que cada uno recibió en aquel justo momento del de la túnica blanca. Hay que volver al pasado para lo justo, por lo menos con la alegría de recrear aquel privilegio porque aquello fue de esos momentos inesperados, de los que te prepara el Señor, en una tarde donde comienza todo, pero que para mí, hasta que no veo al desprecio de Herodes al Hijo de Dios, no comienza para mí la semana de la gloria… por no decir la vida plena de la gloria.

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