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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 15 de marzo de 2016

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN DEL... CARIÑO.

No pensaba publicarlo, en un tiempo donde, es que ni me acuerdo de caer por este rincón de mi vida, son muchas las preguntas que me hago como ¿ya pa´ qué? Pero recientemente estoy enfrascado en intentar asegurarme la perdurabilidad de todo lo que he hecho desde que abrí este blog con una extensa edición en papel de todo el contenido además de una digitalización en pdf para si algún día una de esas desgracias digitales a las que estamos acostumbrados se cargasen tantas cosas que he ido reflejando en esta página. Ojeando los primeros tomos que tengo ya realizados me he dado cuenta que con ello también he editado un auténtico diario de mi vida y con ello le he dado más valor si cabe a lo que en su día me pareció insignificante y por eso, que mejor que cuando acabe el año poder ver una página más de lo que mi vida deparó en esta cuaresma.
El pasado sábado me volví a enfrentar a mi pasado, porque el pregón volvía a subirme al atril como exige la unión local de cofradías (lo siento, pero agrupación de cofradías me suena más cofrade) para presentar al nuevo pregonero. Cómo pasa el tiempo, en verdad me ha parecido como si hubiesen pasado muchos años. Lo que puede deparar la vida en solo doce meses del pregonero que no era hermano de ninguna y este año vuelve, por qué no decirlo como hermano de la que queremos sea hermandad… el Divino Redentor (y nuevamente la Encarnación fue nombrado en el pregón) colgó de mi cuello aunque siempre lleve una medalla colgada en el corazón de la Santa Vera Cruz. Sin duda que sin comerlo ni beberlo Dios ha puesto dos personas en mi vida que ya formarán parte para las historietas que contar en los años. Primero fue Patricia Soriano, mi presentadora y después como no, Enrique Camacho el pregonero que tuve que presentar. Mi presentación estuvo en la línea que marca mi estilo, otra cosa no sé ni creo que deba hacer, a Enrique me consta que le llegó al corazón y bueno, para ello, para que la tengan y para que conste en los anales os la dejo al final más un video, que por problemas de última hora se ve borroso pero se escucha perfectamente.
Cuando me entrevisté con Enrique, un plácido medio día en el bar de la Estación para fraguar esta presentación, lo quise hacer para conocer su interior y desde ahí dibujar un texto que le hiciera justicia y que al público le quedase claro la profundidad de su corazón. Creo que acerté de pleno, porque el pregón fue una muestra de bondad, ternura, emoción, recuerdo y sobre todo un cuadro perfecto de cómo es la Semana Santa de Bailén para Enrique Camacho. No se basó en nadie (que yo sepa) e incluso creo que ni se paró a discernir si lo que estaba escribiendo era o no un pregón. Habló lo que su corazón le dictó, a fin de cuentas, no son nuestras manos quien escriben, no es nuestra mente quien las guía, al final de todo es allí arriba donde se decide cómo serán nuestras palabras. Seguramente fue un pregón diferente a todo lo vivido en Bailén, lleno de simbología, que menos para una forma de ser, la cristiana, donde sin simbología quizás no seríamos nada. ¿Recuerdan la película “El Sexto Sentido”? Esa que habla de espíritus invisibles que provocaban frío a los humanos que tenían cerca. Yo me senté frente a frente a aquellas vacías sillas donde quiso tener a su gente más amada que está en el cielo y la verdad es que en todo lo que duró no paré de tener las manos frías… no sé si Enrique querrá compartir el pregón por la red, pero yo lo definiré con una palabra… CARIÑO.


























Fotos: Juan Simón García.
Aquí les dejo mi presentación y un video de la misma que me grabó gentilmente Alberto del Árbol.
“Con la venia… Excelentísimos y reverendísimos hermanos párrocos, excelentísimo señor alcalde, ilustrísima señora presidenta de la Unión Local de Cofradías, queridos presidentes de las hermandades y cofradías, dignísimas autoridades, cofrades, señores, señoras, amigos todos… buenas noches Bailén.
Ya ves, ya no hace tanto tiempo, tan solo un año y la vida vuelve a alzarme para subirme a las tapias que te guardan para volver a perderme en el infinito de tus contornos. Me vuelvo a asomar aquella muralla que ya solo vive guardada en las páginas de los libros pero esta vez no vengo a cantarte las grandezas que ya nos acechan. Ahora que ya se vuelve a presentir lo que te conté Bailén, hace casi un año… ¿recuerdas? Volvemos a estar abrazados por los signos que nos indicaba que parecía que era la hora y no era la hora. Aquello que parecía que nunca llegaba y que me tocó anunciaros, y llegó tras la espera de un año, tras la revisión del alma y de los almacenes de la santa cuaresma. Recuerdas que grité como los clásicos pregoneros que se abriera el telón de la gracia… “hágase la Semana Santa” y la semana de Dios se hizo sin más, como por arte de magia, lo inexplicable volvió a susurrar a los vientos entre las hojas de una amarillenta palma. Vuelve el tiempo de la víspera, más bien estamos en la víspera y tan solo ya me quedará recitarte cartas de amor cuando sienta el relente de la noche y desde un paso, Dios y su Madre me lance esa extraña sensación de calor que emerge de sus sagrados corazones.
Esos relentes de la noche del tiempo de las flores, bajo una eucarística luna, aquellos que solo se sienten cuando llega lo que tenemos a la vuelta de la esquina. Qué me gusta ese escalofrió mientras una encendida candelería me trae a María como si navegara en un jardín encendido por los recovecos de este mundo cuando llega la semana del máximo amor, el más grandioso, aquella a la que alguien cantó que no quería creer en el dios de la cruz, sino al que caminó la mar, pero…¿se puede amar al resucitado sin la pasión y muerte? hoy NO me toca a mí venir a contártelo Bailén, hoy perdóname pero la semana de la más rotunda entrega de Dios a su pueblo, aquella donde debería emerger el amor, y con ello la misericordia, será exaltada por una persona que sabe de entrega, sacrificio, caridad, hermandad y misericordia.
Hoy este balcón de madera del bailenensismo será para un nuevo pregonero, que no te voy a engañar Bailén, no lo conocía personalmente, pero lo que hoy a va a pasar puedo decir que lo tenían preparado allí arriba desde hace veinte años. Os hablaba de los relentes en las noches de la primavera… voy a navegar hasta uno de ellos… caminaba María Santísima de los Siete Cuchillos llena de la gracia de sus pies costaleros, por primera vez, cerrando aquella histórica Semana Santa tras los pasos del Señor en el Sepulcro. San Juan bien cerquita, cediéndole su banda, uno más de sus tantos buenos actos de hermandad y es que sanjuaneros, en este año de la misericordia, vosotros tenéis ejemplos para contar un rato largo. Descansaba la cuadrilla a las puertas de un gran crucero que llenó su casa de muchos sanjuaneros allá en la cima de la calle Silera. La luz de María parecía esfumarse en las tinieblas con el gastado de la batería, mientras un costalero se afanaba por encender su pagada candelería y este que les habla se apoyaba casi derrotado después de una larga semana sobre la pértiga con la que se levantaban los cables.
El capataz, Bartolomé, me encomendó que me llegara hasta su casa, que me llevara la gastada batería y que su esposa, que ya estaba avisada, me entregaría una batería totalmente cargada. El relente desapareció mientras apresuradamente, con lo incomodo que es caminar rápido con una túnica, con el peso encima, menuda chicotá fue aquella, atravesé en ida y vuelta toda la calle Costilla, Victoria y me encontré a aquellos hermanos esperándome apresurados para volver a colocar la batería bajo el paso que le daría luz eléctrica a la Virgen que ya estaba en plena calle de la Cruz llenándola con su palio. Mientras les di la batería y aquellos hombres se ensimismaban en las labores de su misión, mi mirada se quedó fija en un acto lleno de hermandad, caridad y misericordia, en un día donde la imperfección humana brotó entre aquellos que nos hacemos llamar hermanos en Cristo por un banal tema de bandas. Era un niño, donde aquello de los piques lo llevaba a gala, felizmente superado, pero, entonces era uno más que sin darme cuenta hacía de lo más grande también un campeonato… la Semana Santa me encantaba, pero la mía debería ser la mejor, craso error.
Allí estaba el verdadero protagonista de hoy, junto a su hermano, en la puerta de su casa, las de sus padres, con un artilugio que se fabricó para encender cómodamente la candelería de su Virgen de los Dolores. Vio que María iba necesitada de luz, aunque Élla fuera derrochando cascadas por su mirada, Élla que es misericordia y puente hacia a la misericordia de su Hijo se fijó en nuestro pregonero para que en una pequeñita cosa diera la lección que más necesita la Semana Santa; amor, entrega, caridad, hermandad y misericordia.
Me emocionó, viviendo de los piques, el vello se erizó y es que siempre me ha pasado, que cuando Dios se presenta con la única verdad, es cuando por fin siento la verdad de la vida, aquella que nos anuncia en una simple frase, pero que contiene todo el universo en sus palabras… amaos los unos a los otros como yo os he amado…
Aquel hombre era Enrique Camacho Sánchez, al que conocía del pueblo, pero no tenía relación alguna pero a la que su imagen, siempre que me lo cruzaba, me retrotraía aquel gesto con la Virgen de mis “colores”. Para que vean, él en su anonimato, yo siendo un chaval, la Virgen pareció firmar el acuerdo para quien estaría pregonando la Semana Santa en este Año de la Misericordia y quien lo presentaría. Enrique firmó un gesto de misericordia y a mí la Virgen me dio una lección más de lo que debería ser mi camino de amor a Dios con sus cofradías.
Y es que Enrique es cofrade, aunque también le gusta denominarse como yo, capillita. La verdad, si uno no quiere este mundo, si no vibra con él, mejor que no se suba aquí arriba, aunque lo cierto es que antes de cofrade y capillita se siente cristiano, un creyente de la verdad de Cristo, esa verdad que le trasmitieron en casa, ¿en qué mejor lugar? donde además lo enseñaron a seguir la tradición de nuestra tierra haciéndose cofrade de su hermandad de la Virgen de los Dolores. Hijo de un histórico de la cofradía, de cuando las mismas no tenían ni cien hermanos, quizás es también llamado al calor de la Virgen por la profunda devoción que su madre le inculcó a la Madre de Dios, en todas sus caras y advocaciones pero donde obviamente la emperatriz de la ermita de la Soledad le conquista el corazón casi al unísono con la augusta patrona y alcaldesa perpetua, Capitana y Generala de todos los bailenenses, la cual, ante Ella le anunciaron que pregonaría la historia más grande jamás contada en su popular domingo de romería.
Nace justamente unos días después de la romería de Zocueca de 1961, el día 28, hijo, hermano, esposo y padre se dedica desde hace 25 años a la educación de adultos, tras estudiar magisterio en la escuela universitaria Antonia López Arista de Linares en la especialidad de ciencias sociales. Aunque yo pensaba que se dedicaba a la artesanía, la que se le da muy bien, qué cosas, el recuerdo que me hace volar cada día, al día de mi pregón, lo realizó él en un magnífico trabajo sobre cuero, ya que cursó estudios en 2001 en artes plásticas y diseño de cuero artístico en la ciudad de Córdoba. Pero él se dedica a la docencia, aunque en sus tiempos libres acometa estos maravillosos trabajos.
Como cofrade no es hermano de cuna de la Virgen de los Dolores, al contrario de su hermano tuvo él que inscribirse en la hermandad de su familia en la que salía sin ser cofrade, hasta que la revolución costalera de los ochenta lo llevó a ser uno de los hermanos fundadores de la cuadrilla de costaleros de la hermandad. Bajo el varal de la Madre del dolor en Bailén se tiró 22 años y rememora aquellos tiempos como los más dulces de su vida cofradiera, donde convivió con una generación irrepetible en la que hizo grandes amigos. Un hermano humilde, de los que no buscan la foto sino el servicio, su entrega y el buen corazón que ha de primar entre cofrades como cristianos que son. Aunque adora a la Semana Santa en general, es en su cofradía bajo el silencio del Buen Morir de Dios y las lágrimas de su Virgen donde entregó su vida y no hablo metafóricamente ya que su cayada dedicación, llegó hasta un susto trabajando en su hermandad donde la Virgen puso su mano como sostén. Es él también eso que se ha venido a definir en Andalucía como un costalero poeta, que lejos de recitar bajo el varal si inyecta pellizco de emoción a los cuerpos cansados en las largas travesías de penitencia.
Aquí les dejo con un nuevo pregonero, y sobre todo un buen hombre, una simple conversación me ha bastado para comprobarlo, más aquella anécdota de hace veinte años. De los que vienen de bajo del varal, de los que convirtieron una anquilosada celebración en una semana grande de verdad, desde la fe en Dios, en su Santísima Madre, desde el cariño y la labor de las cofradías, aquellas a las que le pide más hermandad, más compresión y más caridad, aunque está orgulloso de ver que en este sentido la evolución va por buen camino.

Te toca Enrique, aquí te cedo este balcón donde nuestro pueblo me hizo levitar y me concedió el honor de poder hacer hablar en voz alta a mi corazón. Dinos tu verdad, como yo dije la mía, pero sobre todo háblanos de la verdad de Cristo, recuérdanos un año más a las puertas de la pascua que la muerte no tendría sentido sin la resurrección, que sin la pasión no existiría ese amor que tantos ansiamos. Llévanos a la gloria de esa semana que cuenta el tiempo al revés, llévanos a la gloria y María…. tuya es la palabra…”

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