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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 13 de octubre de 2015

LA TERCERA Y DESCONOCIDA VIRGEN DE ZOCUECA...

Aunque siempre suelo aprovechar alguna de las fechas en las que se le rinde especialmente culto, en esta ocasión me saltaré este mí mismo dictamen para contarles una nueva historia en torno a la Santísima Virgen de Zocueca. Esta entrada podría tratarse de una continuación de la última realizada hace pocas fechas en las que citaba la curiosa historia de una serie de copias de la antiquísima devoción bailenense que vivían en la privacidad de sus propietarios. Imágenes que en cierto modo pertenecen y se adentran directamente con la historia de la Patrona de Bailén porque tras los fatídicos días de la Guerra Civil, muchas de ellas fueron cedidas para que ocuparan el lugar de las imágenes destruidas, y hablo en plural porque siempre nos hemos referido a la que creemos es el primitivo icono que desde 1834 dejó su santuario para afincarse definitivamente en la parroquia de la Encarnación de Bailén, y que en su mismo atrio fuese profanada utilizándola como simple leña para el guiso de un arroz o paella, el cual no pudieron comerse sus sacrílegos comensales. Como nos muestra esta histórica fotografía, en el camarín se colocó una nueva imagen para que comenzase a dibujarse la histórica circunstancia de contar con dos imágenes de la patrona, estando en Bailén por decirlo de alguna manera la “más importante”, al contrario como por ejemplo ocurre en Andújar, existiendo copia en la ciudad de la que se considera el inmortal icono devocional de la basílica santuario.
En aquella entrada les hablaba de hasta siete imágenes, que desconozco donde puedan estar, quien las hizo y cuando, se hablaba que hasta el siglo XVII llegaba la posible hechura de una de ellas, algo que sin duda tiene que ser interesantísimo el estudio iconográfico de la misma. Nuevamente, en la entrada referida  mostraba fotografías de la romería donde es palpable que ninguna de las imágenes se trataba de las dos actuales imágenes que pertenecen a la Real Archicofradía, sino que estábamos ante algunas de aquellas imágenes que se cedieron y se aprovecharon para ocupar el hueco dejado en la hermandad.








Pues bien, se me sorprendían algunos paisanos con esta historia, que mencionaba Miguel Ángel Roa en el boletín-programa de romería y les traje para corroborarlo una imagen que vale más que mil palabras. Pues ahora les dejo nuevas imágenes que hablarán a más viva voz sobre esta, hasta recientes fechas, desconocida y curiosa historia, de copias de la ancestral y genuina devoción a la Virgen de Zocueca. Gracias a Francisco Balbuena que las ha compartido por las redes sociales y a Pedro de Manuel que me las ha hecho llegar, estamos ante una imagen, más pequeña que las dos imágenes conocidas, puede que entre setenta u ochenta centímetros, donde se refleja una curiosa interpretación de la Virgen de Zocueca. Una imagen que pertenece a una familia local que la heredó de un antepasado sacerdote y que la guarda y la venera en la privacidad de su hogar. Estamos sin lugar a dudas ante la imagen de la Virgen más antigua conocida, porque es evidente que ya en el siglo XIX existía y que gracias a la condición de culto privado se pudo salvar de las iras iconoclastas de la Guerra Civil que estuvieron presentes en Jaén hasta el final de la contienda. Cuentan que esta imagen fue la que se procesionó en el Bailén de la recién acabada guerra, el 19 de julio de 1939 ya que hasta el año siguiente no está documentada ninguna hechura de imagen sagrada o procesional para el pueblo, precisamente con la Virgen de Zocueca de Ricardo Font y posiblemente con el Cristo de la Expiración. Fiestas, 5 de agosto y romería pudieron honrar veneración a esta curiosa y coqueta imagen, como vemos en la fotografía de la romería donde se intuye una imagen más pequeña de lo normal y yo diría que casi se vislumbra las hechuras de esta imagen que ya el mismo experto Antonio Custodio, restaurador de las dos actuales imágenes, se atreve a fechar en el siglo XVIII.





Si la imagen fuese de ese periodo, es curioso la gran similitud con el icono destruido en el treinta y seis, del cual a través de fotografías se realizaron las actuales imágenes, pero como sabrán en el setecientos no existía la fotografía para que aquel desconocido imaginero acertara en tan alto porcentaje en la singular iconografía, en la impronta de la imagen y sobre todo en el divino infante. El dibujo de los pliegues frontales de su túnica es para como dar a entender que el artista que la realizó tuvo que estudiar muy bien a la imagen primitiva e incluso que la tuviese como modelo, algo complicado pero para nada descartable, más si el que la encargó pudo ser sacerdote. Aun así presenta un ligero y suave modelado de la cabellera, que prácticamente termina frontalmente en sus hombros a comparación de los grandes mechones que le caen tanto a la imagen primitiva como a las actuales. Las frutas del frutero se alejan del detallismo actual y mantiene la singularidad de portar al Hijo de Dios en la mano derecha, destacando el mismo por ser una imagen exenta, es decir se puede quitar del bloque que forma con su Madre. Porta un manto con un bello estofado y policromado que si lucen del ingenio propio de su autor, el cual coloreó el mismo en un claro y puro azul, que nos hace pensar si la primitiva patrona contaba con este tono para el suyo, incluso como algunos grabados coetáneos en ejecución nos han mostrado. Me ha llamado poderosamente la atención el bello y genial detalle de los bajos de la túnica, donde se interpreta con un magnifico policromado lo que son unas puntillas queriendo emular unas enaguas de la virginal Madre de Dios, la que descansa sobre el cojín sin mostrar su pie donde iría la misteriosa inscripción. El cojín tuvo que contar con las cuatro borlas doradas pero solo presenta una y hasta las hechuras de la peana nos habla de una muy fidedigna copia realizada seguramente en un periodo sin fotografías y quizás retratos fehacientes de la imagen primitiva. La cabeza, de gracioso y angelical semblante, con mirada perdida y arcaizante está tocada por una sencilla corona de latón muy deteriorada, como pueden observar también está la imagen de la Virgen, la cual muestra el precio de soportar tantos años sus azuladas espaldas. Ojalá sus propietarios acometan una científica restauración, como las que se están llevando sobre las dos imágenes de la Real Archicofradía y cuiden y mimen como lo llevan haciendo esta singular y preciosa imagen de la Virgen de Zocueca –porque sin duda cuentan con un preciado tesoro-, que tanto nos puede hablar de lo que perdimos en una triste tarde de verano, lástima que sea de culto privado para no poder disfrutarla libremente si por ejemplo se entronizara en San José Obrero o el Salvador, soñar es gratis, pero por lo menos se completa una nueva página entorno a la veneración a la Capitana y Generala de todos los bailenenses, la Virgen de Zocueca con una obra de arte que nos habla de nuevas versiones e improntas de otros artistas teniendo como modelo iconográfico a la que lleva los siglos reinando a las orillas del Rumblar.

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