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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA EVOLUCIÓN DE JAÉN... MARTES SANTO.

Lo cierto es que la apuesta musical de los pasos en aquel año 1994 en Jaén aún estaba a un nivel bastante alejado a lo que vivimos hoy. Por ello, veinte años después veo acertadísimo el montaje de estos videos con diferentes tipos de música en lugar del sonido ambiente, clásica lo más normal y la locución – de Luis M. Álvarez Pedrosa-, que como vengo diciendo, me parecen magníficos textos salidos de un para mi desconocido en esto de la literatura cofradiera, Emilio Lara López. Suena música arabesca –me gustaría que me ayudasen a descubrir su nombre- porque el Martes Santo pone sus vistas en el rincón jaenero de la vieja leyenda del Lagarto, el barrio de la Magdalena, y desde su iglesia sale su popular cofradía, de las clásicas de la ciudad, por ende de las más antiguas que en los años ochenta tuvo que gozar de tal esplendor que éste que les habla la conoció, siendo tildada como de las más esperadas aunque su apuesta procesionista distara de la mía. Siempre he escuchado hablar de la Magdalena o la Clemencia como una hermandad muy jaenera, que eso es sinónimo de una fiel seguidora de las costumbres que se han ido forjando en la ciudad en aquellas décadas precedentes, aunque algunas provengan de otras urbes.








Es la hermandad que defendía su canon a muerte, hubo quien me contó que alguien solicitó eliminar los cirios eléctricos de los pasos y le contestaron que “esto no es Sevilla”, como si eso fuera algo imperecedero de los tiempos en Jaén… por ello sus pasos a doble hombro, con su compás de lado a lado, y una algarabía de barrio –como dirían en Sevilla-, pero podemos decir que según Jaén. Sus titulares, el Caído, el Cristo de la Clemencia -joya seguramente salida de Salvador de Cuellar oculta bajo una policromía muy posterior-, la Magdalena a sus pies y la Virgen del Mayor Dolor – la del manto con los escudos de los municipios de la provincia- junto a San Juan siguen estando ahí y los pasos de los dos Cristos también. En el primero un sayón parecía patear al Cristo de Navas Parejo –hermano gemelo del “Chiquito” de Málaga- para que se levantará que se sustituyó por un verdugo desgarrador de Tirao Carpio –hoy eliminado también del paso-. El toxiriano realizó también los candelabros de guardabrisas que sustituyeron los faroles de forja del crucificado, donde también se sustituyeron los faroles del Caído que portaba una cruz de sección plana y decorada siguiendo el modelo del Abuelo por una arbórea y es que aunque fuese con cuentagotas, Sevilla si plantaría su cruz en esta hermandad. El palio de corte escueto de brocado se sustituyó por uno de formas juanmanuelinas, y la candelería eléctrica, llegaron los cirios, las bandas de cristo de tipología sevillana he incluso se cambió el son, creo que aun sin costal, de andar sobre los pies cargando el paso sobre los dos hombros, pasos que se me olvidaba en las anteriores entradas eran guiados por campanas en lugar de llamadores, que también ya han hecho acto de presencia en los pasos de la más “festiva” cofradía del Martes Santo. Era la pionera en poner mujeres bajo un paso y hoy ya son varias las cuadrillas femeninas en los pasos jaeneros.

Y es que esta jornada era de largas filas de nazarenos, porque la misma sigue contando con dos cofradías como antaño. En una era la capa más de barrio llevando el orgullo del mismo hasta el centro y la otra era la larga fila de la penitencia. Sonaba la alegría de la “Primavera” de Vivaldi –buen gusto el que eligiera las piezas musicales- para pasar a la oscuridad, el silencio y la música gregoriana para ambientar más el espíritu de la siguiente cofradía, la hermandad de silencio de Jaén, la del Cristo de la Humildad y Silencio. Salía una hermandad de un corte más próximo a la rigidez del norte que a la del sur, un pequeño crucificado que bien pudo tallar el mítico Juan de Reolid en el siglo XVI jiennense. No hay capirotes, ni cirios, solo unos faroles que seguían a una cruz de Santiago que realizó el escultor Constantino Unghetti, el mismo que la portaba y el mismo que restauró el Cristo para la salida procesional en la fundación de esta corporación que basaba sus fundamentos en el rigor para experimentar su penitencia pública. Salía de noche y sobre un sobrio paso de madera barnizada portado al modo malagueño, y es que entonces, en Cristo Rey la carga propia de la capital de la Costa de Sol dejaba su sello contundentemente. Se mecía a su son por las calles totalmente apagadas mientras un fogonazo de un foco invitaba a la belleza según se veía entonces con esta cofradía y llenaba de una peculiar rancidez el jubiloso Martes Santo que se respiraba en el casco antiguo.












El cambio de esta hermandad ha sido brutal, donde aun creciendo el número de varales, acabar apostando por un paso llevado desde el interior, a doble varal pero con el son de los pasos de silencio hispalenses, es así, la más castellana de la ciudad puso sus vistas en la rancias y sobrias sevillanas aunque los nazarenos sigan vestidos igual y con el farol. El paso, tallado por José Carlos Rubio Valverde seguía siendo sobrio, pero la sobriedad que entendemos el andaluz, cargado de tallas pero invitando a la rigidez, a lo rancio, a lo mustio. La cruz plana se cambió por arbórea y por fin vio el Cristo la tarde de su tierra. Suntuosos bordados llegaron a la entonces humilde cofradía y el paso se concluyó, un monte morado con la calavera de Adán a los pies del Señor e incluso el sobrio hachón de cera dio paso a retorcidos candelabros, y también llegó el costal y un son más abierto en esta cofradía donde se decía que no se contemplaba la opción de un paso con la Madre de Dios, era el silencio junto a Cristo crucificado solamente. Decía el narrador que era la procesión sin Virgen María, que en cual esquina se quedó llorando la misma pero todo ha cambiado tanto que los hermanos mustios jaeneros le dieron Madre a su Dios de tintes renacentistas, una bellísima Señora de grafismos que nos retrotraen a los tiempos gloriosos del barroco granadino, pero con la gracia sevillana, la que como ya en más de una ocasión les he contado, realiza el veleño Israel Cornejo. Tan solo contemplando a la dolorosa y la saya que vistió – del estilo, según parece mal llamado “romántico”- el día de su bendición me puedo hacer una idea del paso palio que le querrán montar para seguir los pasos del Cristo silente que no le lloraba su Madre detrás, con el nombre se fueron a la más bella verdad y por qué no decirlo, sencillo… Madre de Dios. Ella por ahora llora en la capilla y yo ansió verla envuelta de incienso por las calles de la capital… porque Ella es quizás mi dolorosa predilecta de la ciudad.

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