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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 23 de mayo de 2015

SÁBADO SANTO SEVILLA... EN EL CIELO PROMETIDO.

Van a tener razón esos que dicen que el costalero, cuando mejor se encuentra o tiene el cuerpo hecho es a la hora de sacar su tercer paso en la semana. Y es que el antaño llamado sábado de gloria me despertaba con mucho mejor cuerpo que con el que me levanté el viernes, creo que algún paso podría haber sacado, pero el sábado es jornada escasa en la Semana Santa andaluza, aquí en Jaén, el obispado prohíbe toda salida procesional pero… tenía que ser en la ciudad de la Semana Santa por antonomasia donde el Sábado Santo fuese un día más una jornada para abrirse a la gloria, aunque sea casi del mismo rigor o más que el Viernes Santo, y es que todo comenzaba a marcharse por el horizonte de los tiempos, día que muchos años la mente me hace comenzar la desconexión y solo hacer como ahora, recordar lo que quedó para los repelucos del alma y para siempre. Y es que me despertaba el móvil sin alarma ninguna, era Cris que desde allí, desde Sevilla me peguntaba si volvería a echar el aldabonazo a una semana que comencé a contarla al revés y la verdad el cero de la cuentas atrás lo sentía cerca.
Vistazo a los hoteles, volví al mismo aunque con sablazo incluido, la verdad no comprendo esto, cuando la “temporada alta” se supone que comienza el miércoles y acaba el viernes. Mi amigo se queda en la vieja Híspalis y yo me marchaba sólo para reencontrarme con el Sábado Santo, el día que como dije en la anterior entrada, es el elegido allí para enterrar a Dios… hubo alguien alguna vez que dijo que esta jornada no le gustaba, que era extraña…. Nunca lo comprendí, sobre todo tras las dos últimas visitas al mismo donde nuevamente Sevilla colapsaba a las cinco corporaciones que hacen estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral. Pero tal vez no me percaté de que en aquellas ocasiones, la Semanas Santas venían de ser nefastas por la lluvia y el sábado se erigía como el casi único día donde reinaba el sol, bueno dos “Sol” en la ciudad. Esta Semana Santa como ya sabrán ha sido como aquellas de mi niñez… de luz, sol, tal vez más calor que aquellas y sobre todo de no quedarse una cofradía en la iglesia, por esa razón les anticipo que el Sábado Santo de 2015, en Sevilla fue muy placido y sobre todo comodísimo de ver prácticamente en todos los rincones donde el Señor me llevó a encontrarme con Él, ya fuese muerto o vivo en las alegorías del catecismo cofradiero que en este día se pasea por la heredera de Isbiliya.
En Torneo esperé a mi compañero, saltando ya la hora de la comida, la hora en que Dios entregó su espíritu al Padre en la Cava, o por lo menos en los papeles, porque el Cachorro seguía vivo y al día siguiente lo comprobaría. La hora, me hacía buscar un rincón que para mí será sagrado mientras pise el santo sábado sevillano, con la esperanza de no perderme el Sol, la que antes de Semana Santa idee ir a verla salir, pero ya no podía ser… mi pasos buscaban voces angelicales para consolar uno de los Dolores más imponentes y estremecedores de la Madre de Dios en Sevilla. Por la Setas, un bocata de jamón con pan del Sábado Santo anterior –por lo menos…- servía de sobremesa caminante en busca del altar de la pobreza de la ciudad, donde dulces hijas de Dios se cubren la cabeza que parecen clones de María Santísima de la Aguas con esos sus personalísimos tocados monjiles. Por la casa convento de dos santas, Sor Ángela y Madre María de la Purísima aún no había nadie lo que nuestros pies se fueron en busca de esa zona que en los tiempos del “anti-Dios” llamaron el “Moscú sevillano”. Por Dueñas el recuerdo por doña Cayetana y que haría este año allí los Gitanos este año por donde me cruzaba a mi capataz del Muerto, a David Arce que sale de costalero en la Piedad de los Servitas, que buscaba su punto de relevo donde comenzar a sentir un paso muy especial, y él lo sabe, que ya estaba en la calle como me anuncio. Sonarían en el cansado azul cielo de Sevilla  ecos de “La Muerte de Ases” y lo buscamos por los callejones, pero preferimos volvernos para apostarnos a lugar privilegiado, ante las puertas del convento donde alguien le diría a la Providencia dormida que lo amarían si no asistiera cielo prometido ni infierno tan temido…

















Nos encontrábamos al volver la esquina, de sopetón, como tantas veces dije en mi pregón la gracia que más que comenzar ya llegaba al puerto de su fin, era el comienzo del final. Un whatsapp de Félix en Linares, tras acabar los desmontajes me preguntaba si me había ido a Sevilla y le contestaba con Nazarenos negros de corazón traspasado por siete dagas siguiendo una cruz de guía que camina con música de capilla, comenzaba así los grandes detalles que me maravilla de esta hermandad… los Servitas.
Pero fue ante el convento, cuando el otro convento vecino comenzó a enmarcar la sublime estampa que dibuja Ntra. Sra. de los Dolores, señorial Piedad que sostiene el cuerpo tibio y blanquecino del Hijo de Dios que llamaba a las almas a la providencia. Pasaban los niños monaguillos repartiendo estampitas, caramelos, medallitas, me afané en intentar conseguir alguna de mi querida Piedad aunque fue Soledad la que se quiso marchar conmigo en la cartera. Y es que la Piedad de los Servitas me tiene enamorado, me siento privilegiado de los tiempos que corren al sentir el aroma de lo exquisito, de ver belleza en el marcadísimo dolor de una dolorosa de Montes de Oca, igual en su Hijo, del singular paso que calza entre lo común de esto y lo que parece un besamanos, que hasta el cimbreo del largo y bello sudario de la cruz me levantó los repelucos cuando se acercaba al son de su “Soledad de los Servitas”. Tambor destemplado en el contrapunto musical, a su son largo, como ya he dicho en varias ocasiones, pasando de todo, a lo suyo, esencia innata de los Villanueva cuando ante la puerta que se abría Antonio Villanueva llama “Arse…” No recuerdo la orden, lo que me hizo suponer que David es patero de la Piedad de San Marcos. Volví al reencuentro, Ella y Él me lo concedieron, a Ellos les dije una cosita que para nosotros se queda, algo me dice que si busco la suerte, como dirían sus capataces… Puertas abiertas, el paso taponando el umbral, con la cruz llenándolo todo, que dicen puede ser que sea el último año que sale para sustituirse por una de carey y plata y las cámaras se alzaron en busca de las monitas y sucede algo que no entiendo… un policía nacional evitándolo, la verdad Hermanas de la Cruz no entiendo que miedo o pudor tenéis… muchos buscamos estos momentos de paz, gracias a aquellos que os grabaron y nos lo enseñaron en otros rincones del mundo. Corren tiempos difíciles para la fe, y la Semana Santa es la mejor arma hoy día en España, no esconderos, si el Señor nos mostraba en plena calle su muerte, no temáis a quien nos persigue, Él volvería otra vez a que lo crucifiquen si hiciese falta. Volvió a enmudecer la vieja calle Alcázares y sus inquilinas más universales elevaron aquel cántico que hace dos años, como pasa el tiempo, me apretaron el nudo… al tiempo me enteré que la letra es un antiquísimo anónimo. Se marchó la Piedad con la fugacidad con que nos llegó, al son de una marcha nueva para su repertorio “Dolor y Soledad” de Jesús Navarro y sin darnos cuenta la Soledad, la del singular palio de cajón, la única que camina con música con el corte de bambalina clásico, con “Quinta Angustia”, que gusta esta marcha en esta cofradía nos llegó la Virgen y paso que rezuma a Dubé de Luque por los cuatros costados a un son excepcional, y no se lo pierdan, esta cuadrilla NO ENSAYA. Me gustaría saber el secreto…. Solo le falta la solera sobre los nuevos bordados, genial el frontal del nuevo faldón mientras su manto parecía abrazar a los que enfrente esperábamos el canto de los ángeles, de las palomas blancas del Señor. Comenzaba así la magia de la despedida y la marcha “Virgen del Valle” llenaba la prieta calleja de Santa Ángela, el son fúnebre del destemplado marcaba el tiempo y la vida, tras el manto nos fuimos hinchados de gracia en busca nuevamente de su gracia.












Por la Setas, creo que es la primera vez que veo una paso bajo la contemporánea obra de… arte dicen, caminaba la Piedad y la cierto es que la estampa choca, es difícil de asimilar y valorar, qué me gusta más esta palabra que la de “critica”, aunque eso sí, el paso caminaba poderoso, fiel a su estilo y creo que eso fue lo que hizo el instante eterno… pocas cofradías, pocos nazarenos para lo que es allí, aquí serian enormes cofradías, un alivio gratificante después de una larga y dura semana… pues tocaba otra ración de Servitas. Había poca gente y lo comprobé que hace dos años no pude hacer lo de este año, irme fácilmente hasta la revirá de Laraña con Orfila, a revivir viejos momentos. Allí como digo no había mucha bulla, nada que ver con el año 2012, y nos pudimos poner casi en primera fila para presenciar la majestad del paso de “cristo” de los Servitas llegar y marcharse a su son, sin alardes a la galería, llamándose el patero nada más oler la esquina mientras sonaba una de esas marchas que pareciesen se escribieron teniendo a Ella por musa… sin palabras la trompetas llamando al lamento, estaba casi escrito… “Mektub”, esa marcha con la que se comenzó a despedir al primer presidente de esta nuestra nueva era democrática, yo que soy muy de Suarez no podía venir mejor el momento, tal vez Ella sabía que me extasiaba contemplándola… algún año ¿Quién sabe? Pedí “Amarguras” en el pregón, era como un cierto homenaje a esa ciudad que nos enseña a muchos a ser como somos y escribir pregones como ese, y la Soledad vino con la marcha extraoficial de la Semana Santa de Sevilla… Ella como siempre a su son, que más quisieran muchas, oficio abajo en los hombres de Pagés.
Ahora tocaba una nueva cofradía, siguiendo el rigor de otros años, nazarenos blanquinegros nos trajeron el decretazo más querido por los cofrades, ese en que la Santísima Trinidad ordena que Dios se haga carne e indirectamente que haya Semana Santa… galeón dorado, no me gusta con flor blanca la verdad, Triana en la esencia de abajo aunque se venga de la ronda histórica, el contraste del día, en sí, la hermandad es el contrapunto a luctuosidad mientras en la revirá las Cigarreras nos comenzó a desglosar su viejo cajón de armario con “Reinas del Baratillo”… Ha mejorado mucho a mi percepción esta cuadrilla desde la última vez que la vi, salida poderosa en busca de los dominios panaderos. Detrás el viejo paso del que cada vez queda menos de ésta cinco veces centenaria hermandad. Cinco Llagas cimbreándose en el calvario que duerme en basílica de la que en pocos días volverá a reinar por la feligresía de don Bosco. El barco como dije hace pocos años, comenzando a terminarse en ese mismo tiempo, pocos años… con ese canasto lanzando refulgentes dentelladas de pan de oro en esa esencia del decimonónico periodo pero con el golpe de gubia de nuestros días y el del Decreto casi con dos décadas y sin terminar. Los hombres del López caminando poderosos aunque este año no me ha convencido mucho su andar, me dio la sensación como si la trasera fuese vencida, como si el paso fuera dando lo que no está escrito… normal con el peso del amor del Señor en lo alto y Tres Caídas dejando sus últimas oraciones musicales de la semana con “De mi vida, Señora”. Y nos dejamos la Señora de la Esperanza Trinidad si queríamos ver al Sol por el centro, aunque a esa hora se nublaba un poco, ya que estaba no quería dejarme los nuevos estrenos del palio de la sacra-conversación del Plantinar desde la última vez que nos vimos. El objetivo estaba bajo la sombra de la Inmaculada del Triunfo o por Miguel de Mañara, pero no había salido ni de la Catedral cuando llegamos.




















Pronto la personalidad de la más joven hermandad en incluirse en los cortejos de los días santos se dejó notar con su cruz guía, sus nazarenos de ruan verdoso y algunas de esas insignias que muchos no asimilan, y es que Sevilla sin su orfebrería, pan de oro y bordado no es Sevilla. Allí me encontré con Alejandro Corrales y un amigo suyo esperando al Varón de Dolores, con espera corta obviamente mientras la Giralda comenzaba a erigirse como el más soberbio dosel para Dios que me encontraría en estas dos últimas jornadas de Effetá. El Sol, la banda le daba son a su Cristo alegórico, al Hijo del Hombre mostrándonos personificadamente la profecía de la gloriosa redención del Hijo de Dios, sobre su pequeño paso, con solemne compás, con esa esencia rancia aun con bandas. ¿Dicen que no llovió en Semana Santa? Esta tampoco se libró… les digo que la calavera de Adán se fue con algunas leves gotitas al Plantinar y es que sería el calor como apuntaba Alejandro. El palio de madera de Sevilla, el palio de las pinturas, de los candelabros delanteros, de las tres imágenes, de la ráfaga… ¿tendrá peculiaridades de sobra para llevar a gala aquello de tener personalidad? Llegaba la Virgen del Sol y aún no termina de aceptarse la personalidad que siguen buscando sin renunciar a su idea, y es que como le dije a Alejandro, a mi entender, esta hermandad quiere y no puede, y no quiere decir que son un quiero y no puedo, digo que solo les falta el poderoso caballero don dinero para llevar a la excelencia sus ideas y es que allí también hay cofradías “terrenales”. Sonó por el entorno mucho a Córdoba, por Miguel de Mañara se fue con “La Vía Sacra” pero yo la vi llegar bajo el palio que parecía coronar como acrotera el Giraldillo con “La Sangre y la Gloria”, hasta que arrió el paso y se notó el gran atractivo por el que muchos la quisieron buscar, contemplar su significativo techo de palio, muestra casi con total seguridad nunca antes vista en Sevilla donde resumidamente y contemplándolo con mis ojos, era un lienzo de pintura como techo de palio, de calidad pero eso tan solo me transmitió… se iba el palio y alguien en voz alta decía que eso para un retablo o un museo estaba muy bien, la verdad me esperaba como dije hace unos meses algo más parecido a las pinturas “sixtinas” del oratorio de las Penas de Málaga, una especie de cielo en el techo de palio, la presencia de la Virgen daba una perspectiva de ver un cuadro ahí colgado, como si pusiésemos una inmaculada de Murillo… pero habrá que seguir esperando más resultados.
Había gente pero no apretaba la cosa que pude ir tranquilamente hacia Alemanes por donde caminaba ya de vuelta nuevamente la Piedad servita bajo el aura especial de “Ione”, solo le faltó la noche. Desde la esquina se observaba algo que seguía sorprendiéndome, en la esquina de la Cuesta del Bacalao con Placentines había poca gente… y así subimos y allí nos quedamos en un nuevo lugar privilegiado, sin duda este sería el Sábado Santo al que se refería hace tiempo un amigo por lo que no le convencía, y es que la verdad una bulla da mucho encanto y quizás caché. Pero de esto había, rememorando nuevamente viejas estampas y es que esta jornada te hace poder repetir hermandades fácilmente porque íbamos otra vez a por Servitas y Trinidad. La Piedad subió sin concesión a otra cosa que no sea a andar, con otra de esas marchas que le van como anillo al dedo blanquecino de dama de otras épocas. “Mater Mea” para Dolores y Providencia y “Valle de Sevilla” –totalmente ya marcha de moda- para el compás de la Soledad. Volvía la cofradía trinitaria tras sus pasos, donde los dos misterios hacen de esta calle unos de los enclaves perfectos para el disfrute de las últimas mieles de la gracia. El matiz glorioso del Decreto con los cambios costaleros al son de la marcha “Un Cielo para mi Virgen”, marcha del genio que creó esto del andar trianero, Bienvenido Puelles, que desde aquí le mando un abrazo para que se recupere de sus dolencias. “Abrazado a Triana”, “De Buena Palabra” y “Verde Esperanza” dibujaron el dosel trianero, sin cesar, que llevó hasta arriba al último calvario de la Semana Santa y su muerte crucificada se perdía por Placentines mientras ya pensábamos en su entierro, y como esperamos un nuevo reencuentro nos dejamos nuevamente a María Esperanza de la Trinidad aunque al bajar a Alemanes de nuevo, nos la encontramos por fin repartiendo la gracia y la majestad de todo su ser, de su belleza y de su palio de Verde Esperanza, esa que aún me faltaba por visitar y que como la música alzaba a los aires de la Giralda alguien hace años llamó “Como Tú, Ninguna”… algo que le costó salir a hombros del Pregón de la Semana Santa de Sevilla.













Tocaba de nuevo la luctuosidad y las dos hermandades que nos quedaban de la jornada. El sol comenzaba a declinar la rodilla ante la noche para que una triste luna iluminara la escalofriante calavera de la muerte, en esta ciudad donde hasta a la muerte se la sube a un paso. La Canina enmudecía y anunciaba la verdad de esta vida a aquellos que saben de qué va su mensaje. El marco que teníamos con la Giralda era digno solo de ciudades como lo es Sevilla. Aun picándome el peso de Dios yacente sobre mi séptima, podía decir que yo había visto dos Santos Entierros en esta Semana Santa cuando un trocito de Catedral se doraba para reguarnecer al Hijo de Dios, con ese perfil tan Mesino que parecía que al Amor lo habían bajado de su cruz como en aquellos ancestrales ceremonias de los desclavamientos y descendimientos de Cristo. Me agradó este año mucho más su andar costalero, al son de la caja que me recordó mi pasado en mi pueblo, cuando la banda municipal no daba mucho alarde a tocar… volvió a sonar “Mater Mea” para el pésame a la Madre de Dios, de singular advocación, bella Villaviciosa, alzándose en el singular paso de misterio de gran sabor decimonónico, trasportándote a otro tiempo mientras la catedral parecía haberle cedido otro trocito de su grandeza para presentar sus respetos a la Esclava del Señor que dormía esperando el triunfo allá por Santa Marina. Pero no nos íbamos a ir sin el martirio de la espera en esta última gran jornada de penitencia, con esa penitencia que se está convirtiendo la espera de los pasos con grandes filas de nazarenos. Venia la Soledad de San Lorenzo cerrando para muchos como dicen; la Semana Santa, volvía sobre su paso de cristo, entre calvario y paso de palio, refulgente de azucenas para esta pena de otros tiempos que no podemos ni llegar a imaginar, con un solemne y bello compás, para los que dicen que los pasos de Ariza no saben andar, aquí tienen una muestra, con su fugacidad, con su silencio, reviró y se marchó por el Bacalao a cerrar la antigua Semana Santa entre las penumbras de esa plaza donde reside Dios en la ciudad y la sata dicen se convierte en una competición.
Pero quedaba más, quedaba más Servitas y más Trinidad, casi llego al empacho, pero les digo que los programas estaban totalmente equivocados porque cuando llegamos a San Marcos, desde la larga distancia en la calle Siete Dolores de María, ante la gran bulla, a la hora que ponía que llegaba la cruz de guía estaba el palio de cajón apagándose poco a poco entrando a la capillita al escalofriante son de “Soleá dame la mano”. Espina de la jornada, ya lo sabré para la próxima ocasión mientras muchos emprendían el camino por Socorro que nos llevó al sabor de la cofradía calé, hasta su viejo San Román aunque lo que ya buscábamos era su nueva casa que también huele a canela y clavo por donde queríamos ver el saludo de la Trinidad a la hermandad de los Gitanos. Nos encontramos al Sagrado Decreto por Verónica lo que me descolocó a comparación de otros años, con ello la hermandad no haría del momento un símil de las trianeras cuando pasan por el Baratillo, así el alegórico reviró a mano izquierda por donde entraban a lo que parecía una especie de solar que comunica con la calle Sol, larga vía que los llevaría hasta la basílica de María Auxiliadora. Cigarreras seguía con su cajón de armario en la jornada y las sublimes partituras de “Costalero del Soberano” y “Por Sevilla Coronada” dejaban la estela de la fe ciega junto a la pequeña puerta del templo gitano, donde esperaba la junta de gobierno. Bajo aquel naranjo llegó el Cinco Llagas y Cris descansó al fin cuando pudo escuchar en la calle uno de los estrenos de este año de Tres Caídas, la marcha “Caridad”, obra embutida en las nuevas corrientes de marchas BSO que respiramos y que como él mismo dijo no llenó tanto como en otros momentos he visto por video. Cuando el calvario trinitario estuvo ante la puerta de Jesús de la Salud y María de las Angustias, Triana interpretó ese “Toque de Oración” que tanto me traspasa desde aquella noche de hace veinte años, no sé por qué sonaría, no descartaría que fuera por el recuerdo a una de sus más ilustres hermanas, recientemente fallecida, la Duquesa de Alba.




“Bulerías de San Román” se alzaban a la triste noche que sabía a la gloria y aunque yo ya empezaba a obsesionarme con el descanso para levantarse temprano para ver al Resucitado, Cris casi me empujó sin palabra a culminar este intenso Sábado Santo ante las puertas del templo salesiano donde veríamos a Dios muerto y a la Virgen llorar por última vez en esta semana, obviamente sobre un paso. Recuerdo aquel primer besamanos a la Esperanza trinitaria, la primera vez que entraba en su casa y el compás de la iglesia me embriagó de tal manera que le espeté aquel día a mi amigo Pedro Guerrero que el próximo Sábado Santo vería entrar a la Trinidad. Sin sopesarlo antes allí me encontré y no me decepcionó el pellizco que aquel 19 de diciembre me dio la casa de la antigua hermandad de las Cinco Llagas de Cristo. La oscuridad se apoderaba del entorno donde el azulejo con forma de Simpecado nos recibía, por cierto allí estaban las cámaras de Momentos Cofrades, así que si esta escena la incluyen preparen el paladar en el sofá para cuando salgan porque llegó el Decreto como un ascua de luz mientras “La Trabajadera del Metal”, es decir la banda de las Cigarreras entonaban esta marcha que les da igualmente sentido para el trabajo del costalero, los que fallaron en la levantá levantando el típico estruendo de miedo del público, pero el Decreto siguió y en la oscuridad iluminando la cara del Dios Hijo y Dios Padre y con el Espíritu Santo apretándonos la emoción del adiós sonó su marcha que naciese en el mismo León y los pulsos se detuvieron sin percibir como se adentraba con la marcha real casi sin darnos cuenta. El Cinco Llagas seguía a lo suyo de toda la tarde, donde parecía que la banda de las Tres Caídas no se casaba aun con la semana que llevaba y llenaba “El Alma de Triana” hasta este rinconcito de la vieja ronda histórica. Se posaba el misterio ante las puertas del templo, solo algunas secundarias junto a la Virgen de la Concepción quedan de aquel video del correo que me enseñó como era la salida de esta hermandad, entonces con agrupación y ahora con el rigor de la Triana del Domingo de Ramos cuando “Silencio Blanco” volvió a enmudecer una oscura recogía como casi una semana antes, con la regañina incluida del López a sus costaleros que se afanaban por dedicar la última levantá y él quería imponer su mando para dársela a la guardia civil que van escoltando los pasos y obviamente ayudando a la cofradía, aunque las formas se le fueran un poco y levantasen la mofa de los presentes.










Cuerpos a tierra y el crucificado de Álvarez Duarte se perdió nuevamente en su casa, junto a su enorme capilla esperando a la verdadera joya que queda del pasado de esta antigua hermandad como es su Virgen de la Esperanza, seguramente la obra cumbre de Astorga si aun pudiésemos ver y comparar como tenía que ser su Esperanza de Triana de finales del XIX… el final de esa vida en una semana se mascaba cuando las tinieblas de la noche iban siendo iluminadas como de un sol bajo refulgente palio…¿Cómo sería cuando fue blanco? La que fue la blanca Esperanza nos llegaba solemne y alegre a su compás, sin poder verla pero si sentirla al son de lo que Ella mismo es… “Esperanza Trinitaria” –acaba un día más el día con una marcha de Pantión- y se plantó en el giro lanzándonos su belleza neoclásica entre el anaranjado calor de la luz de la cera, icono de la belleza juvenil y punto cardinal de ese realismo que ahora tanto impacta y divide, a mi entender claro. Llegó y se marchó clásica, con “Rocío”, deteniendo los pulsos, espesando el aire cuando un palio se mueve con el final de la marcha que inspirara el mismo Turina. Himno Nacional que cerraba el Sábado Santo mientras el palio parecía querer rozar el umbral de su casa, en un perfecto final que llevaba a la melancolía, que te dejaba callado, como nos fuimos, en un taxi que el destino estaba al otro lado de la muralla comenzando a mascar la melancolía de una semana que será difícil de olvidar, había que dormir que aún quedaba la última y la experiencia nueva, pero quien podía dormir si Dios ya se había despertado de entre los muertos y fue en Sevilla…

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