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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 18 de febrero de 2015

¡YA ES CUARESMA!

ENCUENTRA LAS SEÑALES QUE TE LLEVARAN A LA GRACIA.
Pregonan que la cuenta atrás da comienzo justamente cuando su ciempiés ciego posa suavemente, sutilmente, los zancos que sostienen su majestad, que son pilares que elevan su humildad, el amor, que sostienen el Prendimiento detenido para un nuevo letargo en el mármol sagrado. Dicen que cuando venía como apresurado, como impaciente comiéndose con zancada larga la calle Julio Burell, para muchos ya comenzaba la rutina del tachar en la imaginación los días que cuelgan del papel de las tardes del olvido, intentado estar… en otra cosa o engañándose con parecidas pero falsas señales. Pero no, es ahora cuando llega de verdad la cuenta atrás, como siempre ha permanecido, porque los tiempos están marcados inexorablemente y es ahora cuando las señales imperecederas vuelven a resurgir de los armarios y los baúles de la memoria, aquella que comenzó a escribir el guion de un nuevo año cuando los ciempiés ciegos de la gloria se perdían por los portones de la melancolía.
Es cierto hermanos, que todos, seguramente tenemos unas nuevas campanadas que se toman con mucha menos alegría e entusiasmo que las de la última y siempre fría noche de diciembre. Se va la semana de las fugacidades, donde Dios se hace una casa y vive una vida entera por las calles de Linares y comienza un nuevo ciclo soportado por la trabajadera de la depresión de estar todo un año esperando y sentir que cuando ya ha venido, se ha esfumado rápidamente por la vía de un tren que parece el haz de luz de una espigada serpiente de cera y su senda ni sabe al humo bendito que desde el pesebre ha marcado su divina presencia.

Son signos, como ese olor patente por las calles, que se tornan más tibias y alargadas bañadas poquito a poco por un sol, que poquito a poco calentará las pinceladas de piel del Hijo del hombre y sonrojará las doloridas mejillas de la Madre cuando por fin, tras esta cuarentana con sabor a gloria, inunden las calles con la gracia de la pasión, el éxtasis por una muerte y la melancolía de la llegada de la gloria y un nuevo año con la resaca de la resurrección. Ya están aquí las señales que nos llevarán al domingo más esperado, y para nosotros hermanos, para el jueves que no es cualquier jueves. Las señales nos traerán fantasmagóricos fogonazos de parihuela desnuda hecha ciempiés ciego de gloria, y la primera vez nos parecerá que es como un sueño, una mala jugada de la mente, en sí, estos días serán una constante quimera hasta que, quizás allá por la calle que ruge como un león castulense cuando llega a corneta, tambor y compás el Prendimiento, la Semana de Dios nos grite por los cuatro vientos del alma que ya es la hora… de sentir y regocijarse porque el cielo se ha afincado y acomodado en la tierra.
Pero parecerá que es la hora, porque nos queda poco mis impacientes hermanos, y lo mejor es abrirse al pellizco y la magia cargada del misterio barroquizante de esas pirámides luminosas donde estrellas parecen caer como en una universal cascada dibujando los escalones hacia el paraíso donde reina su silueta, de la mansedumbre más gloriosa, cautiva, maniatada y prendida entre el terciopelo de la penitencia. Antes de que Dios se suba en su carruaje de oro y su madre en su señorial cama, como las de las antiguas damas bajo palio, nos tocará sentir la fragancia de la humildad hecha vestimenta sencilla, sobria, del candor hebraico para la que el Rosario es la cuenta del día a día, cuando sabe que el “octubre” de su Hijo comienza a arañar horas a la noche. Llega el tiempo en el que el Soberano seguirá en su letargo de impaciencia, aunque transformará su alcoba, blanca, parca y plana del último concilio en la más sobrecogedora alcoba del que es el único Rey que los hombres nunca podremos destronar, a modo de recibidor más común, para hacerse una vez más uno de nosotros, y sentir, y cargar con todos nuestros problemas. Llega la hora de ir a compartir los momentos junto a Él, esperando que sea la hora… en el quinario o cuando San Agustín se convierta nuevamente en un alcázar real en la tierra y lo encontremos rodeado entre una multitud recubierta de la arpillera de la gracia, en la tiniebla que nos trasporta a la meditación, la reflexión y al paladar de lo indescifrable. Llega el “octubre” morado del Soberano, en las puertas si no lo leéis imaginároslo, será señal de que hemos querido estar con Él y al entrar percibiréis aquella bienvenida al subir los peldaños de San Agustín, donde… “vive el Hijo de Dios en Linares”. Es la antesala, es como la expectación del nacimiento, pues ahora será el de aquel nuevo renacer del que habló al maestro Nicodemo, del que se nace sin tener que volver a la matriz de la madre cuando su sangre y su sacrificio vengan abrir las puertas del cielo, unas puertas que para nosotros los mundanos abriremos, si así Él lo ve conveniente en la tarde del jueves que no es un jueves cualquiera...

*Artículo firmado por mi mano para la editorial del boletín de cuaresma de la hermandad del Prendimiento de Linares.

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