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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 26 de enero de 2015

EL ALMA DE LOS PALACIOS...

El mundo de abajo está de actualidad, sin lugar a dudas recibe más interés, no discutiré si necesario o sobredimensionado, que tal vez más que en toda la historia de la forma de llevar los pasos, a costal, en su ciudad original, Sevilla y todas aquellas que se nutren de su esencia para configurar sus cofradías. Por ello el sábado pude saborear una charla que corrió como una especie de bulo por los corrillos cofradieros, ya que yo sepa no se le dio ninguna publicidad pero que se hizo realidad en que la hermandad del Nazareno de Linares contó este fin de semana con la compañía de un ya legendario y veterano capataz sevillano, nada más y nada menos que don Rafael Díaz Palacios. La gente de la hermandad y muchos amantes del costal de la ciudad se dieron cita en la casa hermandad del Señor de Linares para escuchar a este capataz, espécimen en extinción del verdadero capataz de pellizco en el corazón, de los que por su forma de ser y manera de expresarse y emocionarse se les suele calificar como capataces “poetas”. Siendo viejo amigo del más grande en estas lides, Manolo Santiago, que podemos esperar.
Charla amena, divertida porque la gracia corre por su cuerpo, por su gran cuerpo, de este altísimo antiguo militar que poco a poco consiguió escribir su nombre en la historia de la Semana Santa sevillana, saliendo desde la entrañas de su hermandad del Baratillo para hacerse capataz delante de la Morena del Arenal y con ello crear escuela y saga en el misterio de la Cena y la hermandad de los Javieres. Estando allí presente Antonio Acuña, segundo del galeón del Soberano de Linares, obviamente tendría que salir a la palestra la cuadrilla del Santísimo Cristo de las Almas –quien lo conocemos sabemos de su admiración por esta cuadrilla-, de la hermandad que toma nombre de aquel que nació justamente en su día de salida, un Martes Santo de 1506, San Francisco Javier…
Ayer mismo comenzó a ensayar esta quizás aun desconocida cuadrilla para el orbe capillita, el mundo de abajo prácticamente no necesita que le cuenten mucho sobre ella para tenerla en la excelsitud. Seguramente por eso no acompañó al maestro su hijo “Fali” Palacios y sus nietos, dignísimos sucesores en la saga creada por el capataz que dice que lo más parecido que hay en Sevilla a las puertas del cielo es la puerta del convento de Sor Ángela. El video que les adjunto lo grabó in situ el primero que me habló de esta cuadrilla, Basilio “Kiski” y desde aquel entonces me acuerdo siempre de él cada vez que veo al crucificado de los Javieres impactando con el son de su cuadrilla por las calles de Sevilla. Seguramente ahí fue cuando comencé a saborear un paso de cristo no ya sin cambios trianeros, si no ¡sin música! La vida es así señores si queremos aprender, son años, evolución, escuchar a las personas adecuadas y poco a poco te vas dando cuenta de la grandeza de todos los estilos, hasta tal punto que soy costalero actualmente de un paso de silencio, de Cristo, y diría que fue ante el impacto que me produjo aquel cimbreo del Cristo de las Almas por Sevilla.

El buen hacer, la rigidez, el poderío, la seriedad, la hechuras… calificativos que Antonio le daba al maestro y que él asentía con la satisfacción en la sonrisa, seguramente de ver hasta donde ha llegado la admiración por su trabajo. Comentó Rafael Palacios que esa hermandad es la más humilde de Sevilla, pero que en compostura y corazón es la más grande de la ciudad. Comentó su llegada a la misma, en un mundo donde se acababan los profesionales y había que formar cuadrillas de personas que no pedirían un jornal, pero si se jugarían su integridad. Podría haber dicho hermanos y tal, como siempre se suele comentar. Pero si se encontró con una hermandad que no superaba los dedos de las manos en lo referente a sus costaleros, su llegada al martillo de Ómnium Sanctórum hizo que la afición al costal llenase los pasos de la joven hermandad de negro, sobre todo del paso del Señor que por pequeño que pueda parecer, al parecer Guzmán Bejarano no escatimó en madera para el que fue el primer trabajo de su taller para la capital hispalense, según Díaz Palacios hasta nueve personas es necesario para mover uno de sus respiraderos. Y eso precisamente no pasó por esa devoción tan mal interpretada por los que normalmente aun saben poco cómo funciona este mundo. Devoción y afecto a una imagen, también a unos colores obviamente, que se exigen, que solo se entiende de esta manera… para mi, quien sigue pensado así anda muy perdido… pero que aun así lo contrario no pone en duda la fe en Dios de estos hombres, y es que la gente sigue sin entender el punto de afición en la Semana Santa, habiendo personas que salen de nazarenos o acólitos porque les gusta la cofradía, o simplemente hacer eso en su vida cofradiera, sin más, luego no aparecen por la misma en todo el año, eso es también mostrar tu fe en Dios, aunque no la personifiques en la imagen de la cofradía.
Un ejemplo más de actualizarse, de intentar estar con la sociedad más actual, que mover los pasos no es algo que haga cualquiera y si a la gente de abajo hay que darle un cuidado extraordinario se le da, muy simple de resumir esto que digo… las hermandades tienen que preocuparse más de que sus cuadrillas vayan completas, que sus pasos salgan dignos y sobrados y si para ello no puedes contar con hermanos, se cuenta con costaleros que tiene por afición sacar a Dios y a su Madre bendita, un tema que sigue dando vueltas y vueltas, en Sevilla y fuera de ella… los años ochenta no son los de hoy.
Palacios llena los pasos, de una hermandad que ni él veía si no le venía bien en la jornada. Cofradía totalmente desconocida, la que no atraía a las masas, y a partir de él sobrada de fuerza bajo los pasos. Comentó el veterano capataz las necesidades ya configurada la cuadrilla, como apostó incluso por una parihuela de hierro en lugar de madera para aligerar el sobredimensionado peso del paso del Señor y como cambió su andar, eliminando el pasito corto que se le daba por costumbre a los crucificados de silencio por uno más largo y poderoso, buscado por la simple necesidad de aliviar siempre el esfuerzo del costalero, porque como decía su eterno amigo Santiago, “el costalero tiene que morir gota a gota, no de repente”, y hay pasos que te puede ganar en la primera... La necesidad que le dio una nueva visión al andar del paso, que encandiló rápidamente a la junta de gobierno y que poco a poco deslumbró a Sevilla y a todos los que sentimos la magia cofradiera de aquella ciudad, como me pasó a mi cuando Kiski me detallaba en los viejos chats brevemente los detalles de su andar.




Ya he hablado en una ocasión de ellos, cuando les comenté que era o parecido como el compás del Señor de Sevilla, pero con un crucificado. Por eso, y así lo pienso el mundo de abajo también hace grandes a sencillas hermandades, no dudaría en meter la mano en el fuego que hoy muchos que la buscan en el Martes Santo es con la intención de extasiarse con aquello que tildé de ir a ver “como camina Dios… el de los Javieres”. Con ese “suh…suh…suh” como bautizó al nuevo andar Rafael Palacios, el que no inventó como nos dijo luego en privado, sino que instauró en una cofradía por las cosas de esta vida, con menos tirón que muchísimas otras, otra visión de mover los pasos que acabó siendo una de sus más destacables señas de identidad. Hoy solo vasta contemplar los ensayos, repletos de gente que va a disfrutar, a aprender, lo que quieran, de una de las mejores cuadrillas de Sevilla. A veces lo costaleros, sin ser hermanos, le dan mucha grandeza a las cofradías, y eso hay que aprovecharlo, se adapta uno o entras en dinámicas desagradables como se siguen viendo en otras cofradías, en Sevilla menos pero también, que aún no saben cómo salir de un pozo de una crisis que ha surgido porque no se ha sabido tomar el camino y adaptarse a los nuevos tiempos. Espero que las mejoras que se anunciaron del anclaje del Cristo al paso y una nueva cruz, a este estilo inconfundible no se le  borre ese especial cimbreo del crucificado cuando camina por Sevilla… su sello, su marca, su simpar repeluco, los Javieres saben a Palacios…


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