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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 5 de enero de 2015

CE DERNIERE EST!

Sin lugar a dudas que el mundo de abajo, es decir, las personas y la sociología que conforman aquellos que son los encargados de “transportar” los pasos de las cofradías, ha alcanzado en nuestros días, sobre todo en Sevilla pero también en Andalucía y mas allá, una importancia de tal magnitud que si levantaran la cabeza aquellos pobres y rudos “gallegos” que sentados sobre el suelo de la Plaza del Pan en la Sevilla del siglo XVII esperando el ansiado encargo que les hiciese ganarse el pan de cada día, no darían ni por asomo crédito. Y es que ese mundo que hoy parece de estrellas del cine o del deporte, nació como una encomienda más de aquellos hombres que se ganaban la vida prestando sus espaldas y músculos, quizás mas su pericia, como servicio para todo aquello que supusiese el transporte de algo o la carga y descarga, donde sobremanera se les identificó con los trabajos del puerto, pero en realidad aquellos “gallegos”, trabajan en todo el ámbito de la ciudad.
Es curioso que algo tan señalado hoy día de esencia sevillana, prácticamente naciera de la mano de personas que no eran ni andaluzas o del sur. Es curioso que para los trabajos forzados parecía que solo destacasen o sirviesen personas del norte de España donde sin duda parece que destacaron los de procedencia gallega, por esto sale a relucir la curiosa denominación de los primeros costaleros, porque en realidad la ciudad los estaba llamado por su lugar de origen aunque también estén documentados personal asturiano, leonés o santanderino. Seguramente ellos se asentarían en el gremio de carga, descarga y transporte y acabaron siendo denominados “gallegos”, para que nos entendamos los “mulos de carga”, pero no gallego solo al que portaba los pasos, sino que el gallego también era el empleado para esa función, como prácticamente llegó hasta nuestros días hasta que el nivel de vida cambió y aquel duro trabajo se convirtió en una tarea de devoción y con mucha carga de afición ya que dudo mucho que sin con esto último, quizás hoy Sevilla y sus variantes tengan los pasos y maneras de portarlos que atesoran. Costal vacío al hombro y soga en la mano esperando baúl o mueble que transportar día a día, no sería descabellado pensar que el invento de la carga a costal de pasos llegase por el mar o más bien por el rio, desde Italia donde se pudo traer una singular forma que allí hay de portar los pasos, como aún se puede ver en Catania, con ropas tan parecidas a las antiguas de las fotografías y la tomasen aquellos gallegos y las cofradías para transportar por la ciudad los pasos que con el barroco comenzaron a crecer.

Costaleros de Catania (Italia)
Aquellos gallegos tendrían sus patrones, como cualquier encargado de empresa de la actualidad que los reclutaba, dirigía y les apaga el salario. Algún apellido gallego ha aparecido en los viejos papeles de la memoria como Azebo (Azevedo) o Leite, pero obviamente también hubo con los años y los siglos de la propia tierra e incluso fuera de España. Aquellas cuadrillas quizás funcionaban similarmente a lo que hoy día siguen algunos capataces manteniéndose, como una cabeza visible que es requerido por la cofradía o varias y dirige a los costaleros, aunque provengan o sean obligados a pertenecer a las nóminas de las hermandades, pero tratando de seguir funcionando bajo los pasos con la “profesionalidad” con la que trabajaban aquellos, que ante todas las formas de acercamiento posibles a este mundo la primordial era ganarse un jornal.
Resulta curioso la procedencia o más bien el oficio de algunos de aquellos capataces. Algunos eran simples albañiles que además se le daría bien aquello de comandar los pasos de entonces, pero lo que resulta más impactante para nuestra realidad actual es que algunos eran los mayordomos o criados de los pudientes y aristocracia sevillana, que seguramente con un fuerte papel de mecenazgo en la hermandad encomendaban a sus mismos sirvientes a buscar al personal que debería realizar el trabajo de transporte, seguramente alejado de todo sentimiento de penitencia y acción de fe. Eran como el cochero que los trasportaba en el carruaje, un trabajador más que en lugar de un mueble debería llevar un paso para llevar al pueblo el evangelio plástico de las sagradas escrituras.









Aquellos criados normalmente eran revestidos de un uniforme, que es la conocida vestimenta en la actualidad del “servidor de librea”. En realidad era la vestimenta de moda para revestir a estos criados para desarrollar todas sus encomiendas, motivo por el cual, observando las imágenes más antiguas sobre los pasos y procesiones de la Semana Santa sevillana, es decir las cromolitografías (dibujos), como las de Grima (1884) podemos ver que en aquella representación bastante fidedigna de los pasos de las cofradías de Sevilla podemos observar la presencia de un servidor de librea delante de los pasos, el cual sin mucha duda tiene que tratarse del capataz. Por la época en que están realizadas éstas podrían tratarse aun de mayordomos vistiendo su uniforme, ya que están realizando un trabajo más encomendado por su jefe o que ya quedara implantado como una uniformidad romántica para señalar al capataz o simplemente para embellecer la estética de la cofradía. De aquello hoy día solo han quedado como vestigios de simples servidores del paso, como priostes o encendedores vestidos de época como en el Santo Sepulcro de Córdoba, obviamente en una búsqueda de estética genuina. Aunque en otras cromolitografías se puede observar que los capataces también vestirían con la elegancia seria que su estatus les permitiese, seguramente esos serian capataces de cuadrillas y no mayordomos de las altas alcurnias, algo que ha llegado hasta nuestro días a la hora de revestir a los capataces con el traje de chaqueta de las modas del último siglo, siempre en color negro, hasta la corbata y la camisa blanca inmaculada.
Por aquella curiosa circunstancia destaca la curiosa figura de un capataz que comandó la cuadrilla encargada de portar el paso de la actual hermandad de la Soledad de San Lorenzo en 1651. Juan Varete fue su nombre y su tierra natal… Francia. Está documentado que aquel francés estaba al servicio de un tal Antonio Martínez, seguramente algún comerciante o “empresario” de la época. Éste pues sin duda, encargaría a su criado que buscase a los hombres, en concreto veintiséis para que portasen el paso de la Virgen de la Soledad por un precio de veinte reales de vellón. Seguramente aquel francés llevaría un tiempo afincado en España y Sevilla y estuviese ya familiarizado con la cultura de la ciudad y sin duda no importara su procedencia para darle un martillo (si es que el contrato aludiera a que él la comandó, como así lo parece), porque entonces seguramente aquellos no serían objeto de más deseo que de aquellos que necesitaban cada día el trabajo para poder comer, siendo en Semana Santa el “tajo” que tocaba, ya que sin duda aquellos no eran ni mucho menos la más alta sociedad de la ciudad sino la más baja, motivo más que suficiente para que el mundo de abajo no fuera objeto de protagonismo y egos de nadie o de muy pocos.






No podemos saber cómo comandaría aquella cuadrilla, como andarían aquellos pasos pero nos lo podeos imaginar si nos metemos en la piel de alguien que va hacer un trabajo forzoso con el único intereses de cumplir cuanto antes y completar un días más de la difícil vida que les tocó vivir llevándose algo a la boca. Hoy todo está ensayado, con su argot, su cultura, etc… entonces no sabemos si solo llamaría al llamador como las hermandades serias, si es que habría llamadores. Como serían sus ordenanzas hoy tan reconocidas e embutidas hasta en los sentimientos más profundos de los que esperamos la llagada de la Semana Santa con tanta pasión. “Venga de frente”, “pararse ahí”, “izquierda adelante, derecha atrás”, “ahí se queo” o la ya mitológica frase para levantar un paso… “tos por iguá valientes, ¡a esta es!”… ¿cómo mandaría aquel francés con su acento aquel paso por Sevilla? hoy imaginárnoslo es casi imposible e incluso gracioso, pero gracias a la ayuda de algunos amables cofrades con la lengua gabacha podemos leerlo si lo hubiese hecho en su idioma natal, como así se titula esta entrada…"Tous pareils courageux! ce derniere est!" Incluso si llegara a decir: “levons-là jusqu'au ciel” (¡al cielo con Ella!).

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