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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

domingo, 29 de junio de 2014

LUNES SANTO... RESQUICIOS DE PASIÓN POR LA AMARGURA JAENERA...

Se me hizo extraño levantarme un Lunes Santo y encaminarme después de unos cuantos años ya, al trabajo. Tocaba volver a una realidad que sabía que algún día tendría que regresar, a Dios gracias para cómo está el patio, y se me hacía raro no dedicar por entero las nuevas horas en la semana de la gracia sin disfrutar de pasos. Aun así, las alternativas estaban programadas, algo al terminar la jornada iría a ver. En un momento pensé incluso ir a Granada o Córdoba, donde echaron la tarde los amigos David y Pedro, pero pensé en que quizás sería un gran desgaste y opté por los Lunes Santos que ofrecen mi provincia, incluso viendo hermandades en varias localidades, como Jaén y Linares. Pero lo programado se rompía nada más llegar, la particularidades de mi trabajo, hicieron que se reprogramase la jornada prevista, así que estaría trabajando hasta las tres y media de la tarde, volvería a casa a descansar para volver a las diez de la noche y desarrollar la jornada del Martes Santo durante la noche, hasta las ocho de la mañana. Esto me dejaba sin Lunes Santo, peor lo pasó un compañero que en la tarde noche salía debajo de un paso en el pueblo…  como para meterse uno a sacas pasos y luego encontrarte estas sorpresas… aun así los que saqué me tuvieron en vilo hasta el mismo Jueves Santo y ya saben lo que vino después del Viernes Santo.
Pero era Semana Santa, no podía ser un lunes más del año, peor incluso que esos Martes Santos sin pasos en las calles pero donde por lo menos veías la magia que no se hizo detenida en los templos. Había una opción… después de comer, podía ver la salida de la Oración en el Huerto en Linares y volver a casa a dormir algo o también ir, algo más lejos, hasta Jaén y ver solo una salida de las dos corporaciones que se ponen en la calle en la capital del Santo Reino. Me decanté por las propuestas que me ofrecía la hermandad de la Amargura de Jaén, con un misterio, una Virgen impresionante, una apuesta cofradiera que comparto y el trabajo de unos hombres comandados por alguien con el que me identifico en sus formas, no de mandar sus pasos ya, sino en sus formas de hacer cuadrillas de costaleros, volver a disfrutar del trabajo humilde de Rafael Mondéjar.
Un viaje quizás demasiado rápido, había que ir, ver y volver en unas tres horas que me puse como tope. Pensaba que iba a llegar ya con la cofradía en la calle, pero cuando dejé mi coche en el parking cercano del Gran Eje y me acerqué hasta el contemporáneo templo el Salvador, estaba casi asomando las maniguetas del misterio de Jesús Despojado. Era la segunda vez, tras la magna que veía salir a este Cristo moreno tostado por las tardes de sol en el bajo Jaén, siempre mirando al cielo, quizás perdiéndose en la belleza del Castillo de Santa Catalina, una de las joyas a mi gusto de esta provincia. Quizás miraba la cruz que corona el cerro, como Gólgota en el que se encontraba y donde se alzaría como trono real, para cambiarlo todo para siempre… hermandad joven, que aún sigue presentando su construcción, como en la talla del gran paso de misterio o en la conformación del conjunto iconográfico, ese día estrenaban una secundaria más para este diferente conjunto del expolio de las vestiduras de Cristo en el monte Gólgota. Es el Despojado, pero nadie lo desnuda, es el único pero que encuentro en esta escena de José Antonio Cabello, aunque por lo demás veo muy rica la investigación a la hora de conformar la escenografía.

sábado, 28 de junio de 2014

DOMINGO DE RAMOS... SEVILLA, PARAÍSO COFRADIERO. (y V)

Se nos iba el Amor, un crucificado en Domingo de Ramos como muchos de mis paisanos se extrañan al contemplar de que no se siga como un orden cronológico de la Pasión, Muerte y Resurrección. Pero Él es el último crucificado del primer día de la gran gloria, y este se temía que se iba a perder un Domingo de Ramos más al primer crucificado de la Semana Santa, que al mediodía sobrecoge con su morena muerte al barrio de San Julián. La última vez y única que lo he contemplado por la calle fue en el 2009, entrando a la plaza de la Encarnación desde Puente y Pellón y desde entonces los avatares de los Domingo de Ramos me han hecho perdérmelo, los dos últimos por culpa de la lluvia que hizo que no traspasara las fronteras de su barrio. Pasaba el Amor y los ecos inconfundibles de su banda de acompañamiento se presentían en la distancia. Cuando fui en busca del Amor, la banda de cruz de guía se encontraba en aquel mismo punto y aquello me hizo pensar que mientras vería el Amor, Él ya habría pasado. Aquel 2009, después de verlo, en Cuna-Orfila solo pudimos ver a la Virgen del Socorro, en esa idea me iba basando pero quizás el Cristo de San Julián no quería que me fuera con la pena de un Domingo de Ramos más de no disfrutar de su esencia, quizás eso motivó el retraso en la salida del Amor, porque cuando el Amor aún no se perdía por Lasso de la Vega, ya íbamos corriendo, Laraña arriba en busca de esta oportunidad única de extasiarnos con el crucificado de los crucificados de Castillo Lastrucci, otro que tuvo que renacer de las cenizas en los tiempos en que en España no había rey.

viernes, 27 de junio de 2014

DOMINGO DE RAMOS... SEVILLA, PARAÍSO COFRADIERO. (IV)

La estrechura horaria que marcaba mi Domingo de Ramos en Sevilla me hacía dibujar viejas experiencias, volver a caminar lo caminado en el pasado. Ya sé que la Semana Santa siempre es igual y a la vez siempre es diferente, es el arte efímero, es la iglesia de Cristo en movimiento, buscando en lugar de recibir, pero no me gusta repetir situaciones, me encanta encontrar nuevos paisajes y nuevos momentos. Así que el Domingo de Ramos sería de mismos escenarios, en el mismo plató de la vida. San Roque siempre me sabía a plaza de la Encarnación o más bien plaza de San Pedro porque tras lo mismo había que situarse con antelación, porque el motivo lo requería, en uno de los momentos que hacen de la Semana Santa de Sevilla, una celebración que traspasa las fronteras de lo conocido. Así, mientras un manto “garduñense” se alejaba entre suntuosos barroquismos bajo la “nave espacial” de la Encarnación, el rumbo volvía a ser el de todos mis Domingos de Ramos a excepción del anterior. Me llevaba a Pedro y Antonio por Santa Ángela, ante la puertecita de su convento y el clamor de la calle ya tomaba el sabor de los nazarenos blancos que más pellizcan el alma en Sevilla. Se volvía a repetir el rito, aun a sabiendas de que no me iba a parecer ya rutinario. Lo cierto es que si no me hubiese tenido que volver traspasada la media noche, quizás este año la hubiese cambiado por la recogía, solo por vivir nuevas experiencias, quizás hubiese hecho como Cristóbal que a esas horas estaba viviendo una Cuesta del Bacalao en Domingo de Ramos y yo eso aún no lo he sentido como mandan los cánones.
Una hora antes, otros años podías llegar bien cerca de la puerta, aunque no podíamos moverte mucho del sitio en esos pocos más de sesenta minutos de impaciencia. Obviamente las puertas de San Juan de la Palma ya tenían gente, según algunos desde las tres de la tarde. Pero este año aquello estaba irrespirable… decían que poca gente este año, allí no, allí había ya una marea que en un principio me hacía sentir que vaya racha llevaba, que la salida de la Amargura no se disfrutaría como siempre. Seguramente hacia más calor que hoy, sin exagerar, pues imagínense meterte en la locura de una bulla buscando, la verdad, no sé qué… pero se hizo el milagro y pudimos llegar hasta al sitio más o menos privilegiado de estar casi frente a frente al portón donde sale la hermandad que hace del negro, el color blanco… el silencio; ecos de cornetas y tambores y una melodía siempre cargada de Amargura, que llamaba al silencio...

jueves, 26 de junio de 2014

DOMINGO DE RAMOS... SEVILLA, PARAÍSO COFRADIERO. (III)


Y así fue, como les dejé apuntado en la última entrada, rememorando la última semana de la gracia que Dios me ha concedido disfrutar, que el himno eucarístico sonó por Sevilla en las cornetas cigarreras para el Señor de la Cena, en su caminar solitario, sin sus doce en el jueves de corpus, aunque ahora volviendo a la crónica de la Semana Santa, tal como les dije, seguimos con la hermandad de la Cena presente, porque tras la Virgen blanca del Porvenir, caminante con marcha de corpus, la siguiente parada, a Dios gracias superando el bache del año anterior, era a ver si podíamos revivir aquellas revirás de ensueño entre la calle Laraña y Orfila de la hermandad eucarística que abre la Pasión del Señor desde la iglesia de los Terceros. Había por los menos por mi parte muchas ganas de reencontrarme por fin con esta hermandad, que me gusta desde la cruz de guía hasta el último músico de la banda que ya se disponía a levantarme los repelucos del éxtasis de la Semana Santa, pero…
No hubo suerte y los planes se torcían, ante mi disgusto de embelesarme con la magnificencia del misterio de la institución de la primera eucaristía, en todo en el arte de su imaginería, de su paso el cual últimamente lo veo demasiado en la picota, se palpa como si sobrara, “que si no está al nivel de Sevilla”, que quieren que les digan yo lo veo un magnifico paso afín al arte que se desarrollaba en la época que se gestó, y ese arte le da un sabor rancio de tal fragancia, que gracias a la impresionante cuadrilla que los Palacios le han formado y su sublime dosel musical, desprende unos de los más altos quilates de los pasos sevillanos… se nota que hay ganas de “mega neobarroco” dorado en mente. Pero no estaba, llegábamos tarde siguiendo la ruta en un mapa imaginario que sobre la marcha tuve que conformar sin esperármelo, recordando algo de lo que quise hacer el año anterior y que la lluvia me desbarató.

miércoles, 25 de junio de 2014

DIOS SALVE, EL CORPUS DE SEVILLA... (y III)

Acabada la comitiva de la procesión más importante del año, de toda la esencia de la celebración, ahora tocaba la última… ¿secundaria? A quien va a engañar un capillita si les digo que a Sevilla fui y no me podía ir sin ver lo que se avecinaba… se nos iba Dios Verdadero con marcha militar al cielo de la embriagadora montaña de piedra hueca que es la Catedral y hasta la Giralda se la presentía nerviosa, porque la gracia de su ciudad se iba hacer nuevamente por arte de magia. Se nos iba el de verdad, pero nos volvía a la calle uno de “palo” que no nos confunde, la verdad, yo creo que todos lo tenemos más que claro, incluso lo comprendemos más fácilmente que el de la Custodia, Sagrario errante, pero que si no es Dios, seguro que Él baja y se aposta siempre a la vera de estas esculturas para conmovernos y hacernos sentir su presencia, como más sencillamente necesitamos los que la profunda teología y la meditación más mística se nos queda más lejos de alcanzar. Hacía calor y la masa se movía pero no se dispersaba, las sillas seguían ocupadas, las sombras de los arbolitos me retrotraía a una escena mucho más triste que ésta, cuando eran desbordados de personas intentando refugiarse de una triste lluvia de Domingo de Ramos. Ahora buscaban el refugio que da la sombra, de un sol que aunque no quemaba como se podría esperar, si dejó sus marcas sobre los que tenemos las frentes más despejadas. Y Dios nos haría sentir un segundo Domingo de Ramos, que la verdad me esperaba que fuera así, pero no lo fue, Sevilla, como diría la canción, tiene también su color especial para el Corpus.

lunes, 23 de junio de 2014

DIOS SALVE, EL CORPUS DE SEVILLA... (II)

Tras una noche en la que me costó conciliar el sueño, suele pasarme cuando me impacienta un madrugón, abrí la ventana del hotel, mirando al cielo como si fuera un nuevo Domingo de Ramos y en el mismo aún se acariciaban resquicios de las tinieblas que antecederían a la luz especial, sin duda que este día brilló como pocos, por ser el “Día del Señor”. Volvía a levantarme temprano después de muchísimos años un jueves de Corpus Christi y un nomenclátor de la calle quizás me retrotraía a aquella foto en el que con trajecito verde acompañaba a mi padre de la mano pisando la juncia que se vertía para el paso del Dios Verdadero, pero aunque estaba en una de las calles más importantes de Sevilla del siglo XIX, por eso de llamarse Bailén, era el Corpus de Sevilla el que me esperaba. Hora temprana por aquello de las calores que ya se registran para la festividad sacramental por antonomasia, temperaturas como para tirarse en una playa –dicen que muchos eligieron esa opción, como si no hubiese verano por delante…-, pero al contrario fue una mañana de una brisa perfecta.
Las siete y media de la mañana, y curiosamente con una camisa de tonos verdes, me encaminé a comenzar una mañana pletórica, de esas que me afirmaban que ojalá viviese allí para vivirlo todos los años. Ciudad aun dormida, algunos operarios de la ciudad sin festividad según los convenios digo yo, para hacernos más placenteros el día y algunos ya surcaban la ciudad con sus trajes, estampa indispensable de las sevillanas maneras para cualquier evento que requiera la elegancia. Por la Magdalena, San Pablo, Rioja, Tetuán… atravesando en busca del primer pellizco del día, que sin esperarlo me lo encontré en Sierpes cuando mi memoria viajaba a aquellas calles de juncia, pero en Sevilla había verde, pero otro verde quizás más “litúrgico” o con más sabor a Dios, porque el olor indescriptible a romero en toda la mañana fue una de esas cosas que más me enamoraron del Corpus según Sevilla, porque la ciudad también tiene su canon para el Día del Señor, que comenzó como vimos ayer con las vísperas.

sábado, 21 de junio de 2014

DIOS SALVE, EL CORPUS DE SEVILLA... (I)

Discúlpenme a los que les pueda estar interesando mis vivencias personales, para eso esto es un blog, de lo que fue mi caminar por la pasada Semana Santa de este año del Señor de 2014, pero no puedo evitar aparcar momentáneamente las crónicas penitenciales para comenzar a contarles otra que fue de indescriptible sabor a gloria, en una ciudad que una vez más me ha enseñado otra de sus caras cuando se enfrenta a una nueva celebración con las cosas de Dios. Hace años, discutía con un viejo compañero de trabajo de cual podía ser el mejor Corpus Christi de España, evidentemente en temas de ornato y celebración. El mismo me apuntaba siempre a los archiconocidos de Toledo y Granada y yo le indicaba que con lo poco que podía haber investigado sobre ellos y el que nos ocupa en nuestra crónica, el de Sevilla, seguramente el de la capital hispalense podría ser el más espectacular como para llevarse ese premio, si a comparar y competir nos pusiésemos.
Desde que a los políticos le quitaron el valor al segundo jueves que reluce más que el sol del año, a mí por lo menos se me hacía imposible poder visitar uno de estos corpus, que por cierto el recién proclamado Rey Felipe VI podría marcarse un detalle y volver a instaurarlo en jueves, el día de su coronación, si es verdad que algo de poder tiene en este nuestro sistema gubernamental. Este año, ha sido el primero que tendría la oportunidad y la verdad es que no iba a estar pendiente del televisor de lo que se desarrollaba en Madrid, no soy antimonárquico ni mucho menos anti Borbón, al contrario, pero tampoco creo que a día de hoy sea esta anquilosada figura “política” tan necesaria como para ese desborde de pasiones que levantan entre muchos, desbordamiento que se resume en lo de siempre: competitividad mundana, nada más. Para que me vean, rancio pero no extremo, por eso tenía que aprovechar este día para postrarme ante el único rey que considero digno de tal relevancia mundana, aquel que le dijo a Pilatos que no era de este mundo y que cada festividad de Corpus Christi sale en su divina presencia sacramental al encuentro del pueblo. Aunque no voy a ser hipócrita, elegí Sevilla porque su idiosincrasia conforma unas horas de corpus que sin duda atraían mi mayor atención, y por ello viajé hasta Sevilla, sólo esta vez, para comprobar si tenía razón ante aquel viejo compañero, de la grandeza del corpus de Sevilla, aunque comparar no puedo hasta que no vea los demás, pero solo les diré que las horas que estuve en Sevilla, fueron IMPRESIONANTES.

martes, 17 de junio de 2014

DOMINGO DE RAMOS... SEVILLA, PARAÍSO COFRADIERO. (II)

La mañana y la tarde-noche, el día en definitiva iba a ser tan intenso que ni siquiera aprovechamos el momento sentados a la mesa. Un Domingo de Ramos más en el mismo lugar, comiendo prácticamente siempre lo mismo, para qué cambiar si lo hacen fenomenal y el sabroso sabor de la cerveza Cruzcampo, la de Sevilla, dieron el pistoletazo hacia la verdadera semana de la gracia, aunque ésta fuera la última ocasión en la semana que disfrutara de la Semana Santa que traspasa más los cánones de simple turista en los que se me puede tachar. Seguramente se notará, que el amor y pasión con el que hablo de estos Cristos y estas Vírgenes es algo diferente que cuando hablo de otros mundos y vivencias. Junto a Pedro y Antonio me dispuse a abrir la pasión de una jornada que planee vivir de una nueva forma rotundamente diferente a lo experimentado en los últimos años. Por ello, ese planteamiento me dejaba dos opciones para comenzar, o salida de Jesús Despojado o salida de la Borriquita. La plaza del Salvador por segundo año consecutivo derretiría nuestras cabezas esperando el misterio, que salga antes o después, siempre trae la primera buena nueva, la más mundana, de la entrada triunfal de Jesús en las ciudades que se convierten en improvisadas Jerusalén. Y es que así tiene que convertirse cada ciudad cuando parece recibir a Dios para un año más y ya van casi dos mil, conmemorar su entrega plena por nosotros, por ese amor tan infinito e inigualable que nos tiene el Creador o en este caso el Hijo del Creador, aun siendo la misma persona.
Aunque este año, cosas de la experiencia, me preparé a conciencia, aunque en la vistosidad del Domingo de Ramos sea lo que menos vista, la cabeza me la protegí con una gorra, que incluso era cofradiera, perteneciendo al merchandising de mi vieja banda del Rosario de Linares, donde por cierto la estrené por primera vez. Pedro me espetaba que parecía un “guiri” y es que el calor era digno de los días que se nos avecinaban, mejor así, aunque la botella de agua fuera continuamente requerida y el sudor no desapareciera en todas las horas que éste fue buscando el camino del Mesías, el jersey solo sirvió para incomodar… Allí esperábamos a Félix, Óscar, y David que se venía este año con nosotros, aunque el gentío y al observar que estábamos a pleno sol, decidieron quedarse más atrás en plena sombra, aunque eso sí, después el avance del astro rey nos dejaría en plena sombra y lo único luminoso que sentiríamos seria el dorado caminar del paso del Dios de los niños. Seguramente los cascos de la banda del Sol, parecerían auténticas cacerolas hirviendo, y es que tanto llorar por una Semana Santa de Sol, incluso que la hubiésemos cambiado al verano hizo que quizás el Eterno dijera… “pues ahí la lleváis”. Pero si quiso ponernos a prueba no pudo con los cofrades y capillitas que queríamos sentirlo en la iglesia de los sencillos, allá donde la teología se imparte al compás entre fachadas y plazuelas… la calle.
Por fin nazarenos de negro ruan abrían la comitiva con esa cruz de guía que esperábamos ansiosos durante tanto tiempo, esa misma, simbólicamente digo, da igual de la cofradía que sea, que ya ansiamos aunque ahora nos quede tan lejos. Tanta magna, extraordinaria, glorias, etc… durante el tiempo de la espera y siempre esta primera cruz de guía es la que nos pega el nudo en el gaznate de la autenticidad. Cada año es más sentimental, cada año la siento más dentro, cada año soy menos turista aunque en cierto modo me gusta vivirla como un turista… este año, casi se me saltan las lágrimas cuando por fin se hacia la Semana Santa, y en Sevilla, como deseaba porque también se unía ese sentimiento de no poder hacer lo que mi alma más quería, no haber podido rascar algo más de gloria. Niños nazarenos recibiendo la más auténtica clase de sevillania, ser cofrade y capillita, les duela o no a esos sevillanos, raro espécimen, que no les gusta las cofradías mientras la plaza se llenaba del pueblo que nació bajo la sombra de la Giralda y otros tantísimos que sienten a esta ciudad, gracias a su Semana Santa como un paraíso personal o casi como su segunda casa.

lunes, 16 de junio de 2014

DOMINGO DE RAMOS... SEVILLA, PARAÍSO COFRADIERO. (I)

Atravesando en la oscura noche los naranjos de la plaza del Museo, la misma se abría placida y tranquila, apenas unos pocos salpicaban las barras de los bares de la zona y todo sonaba a sosiego, nuestros pasos sonaban a viejos ecos de sereno callejero. Parecía, se intuía que la ciudad se prepara para algo grande, para esos días de festivo, que en otras tierras han perdido toda la luz y el esplendor de antaño, en que parecía que el Domingo de Ramos era como esas mañanas de Jueves de Corpus Christi, el que está a la vuelta de la esquina en Sevilla y que aún más ha perdido toda su brillantez en muchos puntos de la geografía cuando se pasó al domingo, por eso y por más cosas… Muchos critican la sevillania, no aguantan su idiosincrasia, pero que quieren que les diga, gente buena y tontos hay en todos lados, pero para estas cosas según mis sentimientos, hacen que me quite el sombrero. Nos acostamos tarde y la luz del día más mágico entró pronto, para mi demasiado quizás, por mis pupilas, sobre todo cuando compartes habitación con alguien que la verdad es de corto sueño, y eso que en mis planes personales no entraba el iniciar una nueva Semana Santa dándolo todo, será la edad, el peso también o será que ya uno las pasiones por descubrir los sueños se han tornado de otro matiz más tranquilo.
Asomarse a la ventana, que este año pillamos ventana en el hotel y observar el infinito azul, observando una de las tantas y tantas espadañas que coronan la ciudad, sin saber bien de que se trataba, “la Magdalena no puede ser, ¿San Vicente? Esta está más cerca, ¿en el Museo hay espadaña? que antaño fue un convento…”. Las escena te llevaba al sosiego, al sabor de lo que se avecinaba, que parecía como resonar en el alma la Suite nº 1 “La Mañana” de la obra “Peer Gynt”, inmortal obra –donde se incluye “La Muerte de Ases”, obra adaptada a marcha procesional- del noruego romántico Edvard Grieg (ahora el lector la buscará en youtube…). La genialidad más productiva de la mano humana, arte inexplicable de lo mundano ciertamente ponían perfecto telón de fondo al caudal de sentimientos que se avecinaban. Como dije, las intensas mañanas de ramos, de visita a los templos y capillas, hace ya unos años que entendí que no era lo mejor para mi pies en lo que se convertiría una tarde de andar mucho no, si no demasiado. Pero conmigo estaban, sobre todo Pedro, dos deseosos de apurar hasta el último segundo de su primer Domingo de Ramos en la ciudad de la Semana Santa por antonomasia.
De no querer andar mucho a poner rumbo  a un lugar, que por la circunstancias, o era este día o si no rompía mi tradicional tradición; visitar a la Señora de Sevilla descansando sobre su mejor altar, su paso palio, el cual por fin hace unos días pude contemplar como mejor cierra su magnitud, en movimiento y con el palio. De por sí, la caminata ya se planteaba gorda, por ello tras dejar el equipaje en el coche, donde ocurrió una de esas circunstancias que no pensamos que pueden llegar a pasarnos, pero nos pasan, tuve el acierto, así lo creo, de utilizar algo que te ahorra desgaste y te lleva a los rincones de la ciudad de la forma más cómoda por tan solo un poco más de un euro; el transporte público. El urbano nos recogía en una avenida de Torneo tan tranquila, que parecía un domingo más, pero obviamente no sé qué luz tendrá Sevilla en su semana grande, que el aire sabia ya a cera e incienso. Serían las ocho pasadas de la mañana, a esas horas otros años quizás estaba aún hasta acostado en el otro costero de Andalucía. Apenas en unos minutos ya contemplábamos el arco de la gloria, total no nos quitamos nada, si me hicieran más caso los tantos acompañantes que han venido conmigo, a mi aventura cofradiera sevillana, seguramente mis pies hubiese sufrido menos “disgustos” que ya son históricos.

sábado, 14 de junio de 2014

SÁBADO DE PASIÓN... EN LA VÍSPERA DE LA GRACIA (y III)

En Sevilla ya se había hecho la noche, se había cubierto por un manto azul marino que se tornaría en negro, más que nunca, disponiéndose a recibir la semana de la tristeza y a su vez de la gloria, cuando amaneciera, ya sería Domingo de Ramos y este año ya estaría en Sevilla… continuamos esta jornada de pre-semana santa, donde se sentía más patentemente que parecía que era la hora… pero aun no era la hora, pero seguíamos buscando la gracia en unas vísperas que la verdad no sustituyen ni adelantan pero sirven como perfecto comodín para adentrase  a lo que había que adentrarse. Fue día de contemplar imágenes de mismos autores, de Duarte en San José y en la Trinidad, de Alcosa a la Milagrosa. Buscaríamos, cosas de las paradojas a la única dolorosa de su maestro que se pasea por Sevilla, aunque lejos de la vieja ciudad, pero en Sevilla. Dice el imaginero afincado en Ginés que su maestro, el eterno Paco Buiza lo echó del taller cuando realizó una dolorosa para la Semana Santa sevillana, Guadalupe, porque él no tenía ninguna, orgullo de artista, o vacile de comerciarte, según se mire, pero cosas del destino tiene ya una en las vísperas y quien dice que no llegará algún día a la Catedral en los días grandes. Este viaje era más cercano, hasta Nervión y su colindante barriada de Ciudad Jardín, donde se levanta la escueta parroquia de la Milagrosa, vamos el mismo Nervión, ya que algunos años han llegado al templo de la Sed y el Sánchez Pizjuán siempre dibuja algunas de sus estelas. Cerca del estadio del Sevilla la marea humana se movía, siempre me ha dicho mi prima Isabel que Nervión mueve mucha gente en las noches de ocio, y va este que les habla y se mete por la calle del fondo norte encontrándome un atolladero de vehículos quizás buscando lo mismo que yo, pensando que había metido la pata y a ver cuánto tardaría en buscar un lugar para aparcar… pero íbamos buscando la Esperanza, no era la Macarena, pero si era un Cristo que quisieron vestirlo en sus inicios de verde esperanza, pero los cánones acabaron por implantarse, para que Dios cruzase el torrente Cedrón repartiendo esperanza de morado por la que vengo a definir como la nueva Sevilla. Milagrosamente, curiosamente buscábamos la Milagrosa, un “gorrilla” apuntaba a un lugar justamente en el fondo de las pasiones del campeón de la “Europa League” y me ahorraba los problemas de un plumazo, quizás el Dios del Puente Cedrón y su Madre del Rosario nos estaban esperando.

viernes, 13 de junio de 2014

SÁBADO DE PASIÓN... EN LA VÍSPERA DE LA GRACIA (II)

Jornada extraña para buscar cofradías, a largas distancias, con necesidad sin duda del utilizar el vehículo. Solo había cuatro en la calle, pero en polos opuestos y distantes de la ciudad, si incluso Torreblanca aún se alejaba más que el Parque Alcosa. Ella fue la primera, porque era la primera conforme comenzábamos a inyectarnos por Sevilla. En la marcha, aun pudimos seguir un poco, a su vera al Nazareno del Divino Perdón, algo que también suele ser complicado de concebir en una jornada cofradiera, contemplar una cofradía más de una vez, hoy pienso que la jornada me recordaba a esos días de extraordinarias con glorias en la calle. Corría el reloj y aun había que hacer muchas cosas y vivirlas sobre todo. Cuando nos plantamos nuevamente en la carretera la sensación es que aún no habíamos llegado a la vieja Híspalis. Pero el rumbo normal cambió, esta Semana Santa no entré a Sevilla por la S-30, sino que cogimos la calle de mi prima, la avenida que sigue sentándole a Sevilla como un santo con dos pistolas, y se quejan de setas y torre Pelli, pero mira que llamar a su avenida quizás mas principal de “Kansas City”. Pero estábamos en Sevilla, no en la tierra de Superman, y aunque buscábamos algo de azul patente, su único súper poder fue entregado a la muerte que nos salvaría precisamente de la muerte. Buscábamos a la nueva cofradía de vísperas, la que dicen tiene más enteros para algún día también buscar con su Dios de la Caridad y su Madre de los Dolores la sombra del Giraldillo, el eco y el aliento en su capilla real de la Virgen de los Reyes.

miércoles, 11 de junio de 2014

SÁBADO DE PASIÓN... EN LA VÍSPERA DE LA GRACIA (I)

La espera de la Semana Santa del año del Señor de 2014 tuvo ante todo dos ingredientes inamovibles, la esperanza y quizás también la desazón, seguramente entre todo el sentimiento cofradiero de nuestra tierra, entre si Dios por fin nos devolvería una Semana Santa luminosa o por el contrario, por allí arriba, quizás por nuestros malos modos con la madre naturaleza, los inestables tiempos de la primavera iba a seguir jugando con nuestras fibras más sensibles, y lo vivido en los últimos años se iba a convertir casi definitivamente en la escena a vivir y sufrir cada vez que llega el tiempo mejor de los cofrades y capillitas. Parecía que íbamos camino de una nueva decepción, cuando pasado el rey negro de las cabalgatas al cielo le dio por llorar demasiado durante tres meses. Pero paradójicamente casi se repitió, sino me falla la memoria, lo que ocurrió en 2010, que llegamos a la Semana Santa con una humedad desmedida en el ambiente para recibir a la gran semana de Dios, con el astro rey trabajando a destajo, porque el que cogió su cruz un año más así lo quiso.
Mi Semana Santa este año volvería a estar definitivamente marcada por el compromiso con el trabajo, volviendo al mismo dos semanas antes –y a ver quién pedía una vacaciones…-, así quizás también lo quiso el que se dejó crucificar un año más, me lamenté porque me quitó muchas horas de gloria, pero bueno, mirándolo por el lado que muchos dirían, es el único positivo, gracias a ello, no me puedo quejar  para tal como está el patio… contaba con ello, la verdad y con anterioridad comenzaba a planear las diferentes opciones que podría tener en una semana que no estaba dispuesta a vivirla en casa, porque así es la vida, mi Semana Santa está siempre a kilómetros de mi pueblo, al que quiero y me siento unido –sin partidismos, declaraciones de amor interesadas y golpeos de pecho empalagosos- a su idiosincrasia, pero lo siento, la Semana Santa es otro mundo, e iré donde mi alma se estremezca con esas pequeñas grandes cosas que van más allá de la devoción localista, casi partidista, que el mundo cofrade en general ha implantado… "hay que se cofrade de lo tuyo"… perdón, pero por el momento seré capillita donde disfrute y mi alma se sobrecoja. Pero mi objetivo la verdad y sé que aquí no voy a sorprender a nadie, es una ciudad que en los últimos años me ha envenenado tantísimo la sangre con la gracia, que a veces siento que se están tambaleando las ilusiones y sueños que atesoraba cuando comencé a aprender de ella y comencé a enamorarme de sus encantos, esa mujer o casi niña, que Herrera o Barbeito pregonaban en sus magníficos pregones… Sevilla.
Cada vez siento a Sevilla, su Semana Santa para que quede más claro, como mi Semana Santa, me gusta vivirla con mi idiosincrasia, siendo un turista entre sus gentes -incluso creo que si algún día viviera allí me seguiría sintiendo un bailenense entre sevillanos, que estuviese viendo el Carmen de San Gil y me acordase que en mi pueblo están los “soldaos”, aunque volviese por navidad y se me escapase en la mesa un “miarma”-, las que cada vez entiendo y comprendo más, pero que la verdad y por ello no son el epicentro esencial para que me enamore de unas de sus más destacadas formas de ser, su forma de sentir y vivir la Semana Santa, las cofradías, en definitiva, la religiosidad popular, porque en serio lo digo, me gustaría ser sevillano por tan solo como viven su fe, por eso, a veces parece que algunos elegíos a mi “labia” de las gentes de mi entorno, no despiertan en mi ningún atisbo de importancia, porque lo tengo claro, hablar así, para muchos sevillanos y de sevillanas maneras, cofrades, capillitas y creyentes es lo más cotidiano… será que la gracia de allí, aquí no hay, le pese a quien le pese, ojalá esa gracia la pudiese meter en un saco y la esparciera desde el pico más alto de las sierras que nos rodean…

martes, 10 de junio de 2014

VIERNES SANTO... BAJO EL JOYERO MANIERISTA DE DIOS EN CÓRDOBA. (y III)

La noche del Viernes Santo mostraba sus últimas cartas, el sabor a la despedida se palpaba por las céntricas calles, con los edificios de las Tendillas enmarcando el altar errante de ese Dios dormido que ya buscaba, siempre con el mismo son su casa de la Compañía jesuita, la Iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos. Aun me quedaba un trabajo, como se define en el argot de los costaleros, bueno yo diría dos, pero en la calle uno. Mas pausados en nuestro andar, casi con la sensación de que ya estaba casi todo cumplido, este talismán que quizás con su llegada se le antojó al Señor del Santo Sepulcro desprenderse esa etiqueta popular de ser el “Cachorro” de Córdoba, por aquello de chincharle la meteorología adversa la estación de penitencia, y de gloria, a todos los que quieren formar parte de su paseo por la ciudad. Que gran Viernes Santo, que gran Semana Santa, hasta el “Gitano de la Cava” estaría a esas horas también volviendo a sobrecoger a su ciudad. Pensaba que lo iba a echar de menos, la verdad que viendo que el Viernes Santo volvía a la normalidad en este año de 2014, mi cosilla me dio, pero es la circunstancia de que en todo sitios coincida en la misma semana, pero este año tocaba otra experiencia más para el álbum de la vida. Satisfecho, sudado, cansadito porque la pelea es dura, pero la verdad es que el itinerario se te hace “volao”.
La alta traspasaba las ultimas calles con la gloria manierista, mientras la baja, casi cuadrilla de palio esperaba el último relevo, contemplando el sabor que desprende la plaza de la Compañía cuando el manto oscuro del universo la cubre, bajo las columnas, que pareciese una procesión por la capital de la cristiandad, como en la cuadrilla se le llama al punto de relevo, con el frescor apretando algo más que las sudaderas ya abrigaban más que las camisas y llenaban de formalidad institucional a los hombres del “Muerto” de Córdoba. Allí esperábamos para otro caramelazo, como es recoger en la iglesia al Señor, que también es de tintes manieristas, razón por lo que su aun rezumante a estreno de su paso fuese construido en su honor con este viejo y legendario estilo del arte. Lo que estaba por venir, era solo para paladares exquisitos y elegidos, pero antes tocó una charla con la gente de abajo que ha estado ahí conmigo en esta nueva experiencia en mi vida, sonrisas que sonaban a la despedida, la verdad yo no podría pararme casi nada, y ahí quizás el Señor me eligió el momento. Ahí esperaban durmiéndose David y Pedro, que llevaban despiertos desde el Jueves Santo que se fueron a Sevilla, Madrugá y llegar a Bailén y montarse otra vez en el coche para vivir el Viernes Santo cordobés y me inmortalizaron con Miguel, que sin duda es un honor haber compartido palo con él y bajo uno de los pasos más admirados de la ciudad, pienso muchas veces que quien me lo iba a decir hace ya una década que saldría con él bajo un paso, entonces que me daba miedo ser costalero. El buen hacer de gente como él hacen que los pasos pesen a gloria bendita, pero la verdad no tenía que sorprenderme, los cofrades, capillitas, en definitiva los amantes de esta forma de vida es normal que caminemos juntos o cerca en este maravilloso mundo, lo cierto es que somos muchos, pero en verdad somos los justos.

lunes, 9 de junio de 2014

VIERNES SANTO... BAJO EL JOYERO MANIERISTA DE DIOS EN CÓRDOBA. (II)

La belleza del casco antiguo de una ciudad como Córdoba, más aun si es dentro del Patio de los Naranjos de la que hasta los cristianos llamamos aun Mezquita, es un hándicap insuperable para salir por bajo de las trabajaderas, tras un mar de costales y embriagarse con la estampa que se dibuja, mientras altos contraguías de elegante etiqueta levantan el sabroso, aunque aún rezumante al esplendor de lo nuevo – este paso cuando coja pátina y solera, tiene que ser indescriptible-, faldón bordado por un entonces menos conocido bordador astigitano, Jesús Rosado, que hoy día copa las portadas de los mejores trabajos en la urbe de las cofradías… Sevilla, pero las cosas bien hechas son las cosas bien hechas, y en Córdoba, cofradías como el Santo Sepulcro son avispadas y se adelantan en el buen hacer, cosas de tener hermanos puestos en cultura cofradiera. Si es que este blog es un continuo ejemplo, de que Sevilla es modelo inspirador, y que otras ciudades ejemplarizan como con otros modos nos podemos acercar a la insuperable idiosincrasia sevillana… estoy más que harto de decir siempre lo mismo, y la gente sigue sin entenderme, aunque quizás ya no merezca la pena seguir los dictámenes que me llevaron a crear este blog, y lo mejor es disfrutar y hacer disfrutar a la gente hablando de cofradías, que cada cual coja lo que aquí se expone, que creo que no es poco, sin duda este blog, lo bueno que tiene se lo ha traído esa parte del mismo.

jueves, 5 de junio de 2014

VIERNES SANTO... BAJO EL JOYERO MANIERISTA DE DIOS EN CÓRDOBA. (I)

Si les contaba hace unos días que parece que fui un gafe para el Martes Santo sevillano, que tras tres años de no estar allí, volvió el esplendor de sus cofradías bajo el sol, al contrario debería parecer en el Viernes Santo para la ciudad de Córdoba y sobre todo para la hermandad del Santo Sepulcro. Nuevas sensaciones para escribir en el libro de mi vida se abrían en el pasado Viernes Santo, cuando vestido casi de negro rotundo, con costal bajo el brazo contemplaba una vez más extasiado el simpar paisaje que dibuja la Mezquita-Catedral de la capital califal desde el otro lado del rio, a la sombra de la Torre de la Calahorra. Caminaba tranquilo, el Arcángel de piedra me mandaba suerte, él que tiene un soldado en sus filas muy especial para mí, como estaba Córdoba a esas horas, se palpaba una sensación muy común como en otros tantos lugares en esta triste jornada, de cansancio y de selecto grupo humano que vuelve un día más a contemplar las cofradías. Al final la peoná del día anterior había sido benevolente, el cuerpo iba preparado para sumergirse nuevamente bajo una galera de gloria, para disfrutar de las cofradías en el lugar privilegiado que ocupan los costaleros, aunque yo no sea de los que le guste estar toda la semana bajo los pasos, pero dos por ejemplo no está nada mal, y a este al que me enfrentaba, la verdad es que me hacía ilusión poder vivir lo que la tarde me deparaba, que pensaba que iba ser bueno, y en realidad fue impresionante.
A la misma hora que los ensayos y en el mismo lugar, la plaza de la Compañía, desde donde cada Viernes Santo se dibuja la estampa de una de las más admirables cofradías de Andalucía, y desde aquel día lo pude “paladear” en mi alma, expresión muy de su capataz, expresión muy de su escuela, los Santiago. Nerviosismo el justo, ante la nueva experiencia, quizás de respeto ante el trabajo que se iba a desarrollar, pero lo cierto es que me sentía como si llevase toda la vida paseando “al Muerto de Córdoba”. Los costaleros de ambos pasos iba llegando, en la cafetería de la plaza caía un nuevo néctar costalero para activar las fuerzas. Abrazos y saludos a los compañeros, sobre todo con los que más he podido emparentar mientras en el callejón nuestro capataz o capataz delegado de paso cristo David Arce nos entregaba a los nuevos las sudaderas que la hermandad regala a las cuadrillas. Sudadera azul marino con una Cruz de Jerusalén bordada al pecho. Sin duda esa Cruz de Jerusalén desde aquel momento se quedó bordada al corazón para siempre, esa cruz de los nazarenos de Sevilla como me decía un buen maestro y amigo, que igualmente tomó esta clásica hermandad cordobesa como enseña representativa, que será símbolo de una de las más bellas experiencias que me llevaré al otro barrio, cuando Dios, en este caso el que va dormido en refulgente urna manierista flotando por las embrujadoras calles de Córdoba, quiera. Es curioso, un día de glorias en Sevilla, inesperadamente me encuentro a Curro en un relevo de la Reina de Todos los Santos y al llevar puesto el costal me hacia dudar que fuera el famoso capataz cordobés. Pero llevaba la sudadera del Sepulcro y eso me hizo decantarme de que se trataba del capataz que cumplía esta Semana Santa veinticinco años mandando pasos. Quien me iba a decir aquel día que yo saldría a sus órdenes y en ese paso que tanto me llenaba los sentidos de este regustazo por las cofradías. Quería esa sudadera, no hizo falta mucho insistir, porque es la misma cofradía la que la regala a las cuadrillas, seguramente en esa búsqueda de extrema seriedad que con las horas iba ir paladeando en mis sentidos. Aquel día la lucí orgulloso, hoy colgada en el armario es casi como un trofeo, para este simple capillita que la verdad a veces ha recibido más de lo que ni siquiera soñaba. Las enormes lecciones que he mamado siendo costalero del Sepulcro y junto al equipo de Curro, han sido un premio muy grande.

martes, 3 de junio de 2014

A LA VERA DE LA ESPERANZA MACARENA...

Una despedida de soltero de mi hermano, una final de Champions, encima había que trabajar como un día normal al siguiente sábado para comenzar unas vacaciones forzosas de dos meses, pero bueno más quisieran otros… la Esperanza parecía una neblina verde con matices de oro que parecía esfumarse por una noche lejana, donde las estrellas parecían mariquillas, que se dibuja allá por los perfiles de Sierra Morena, esa que miro anhelando siempre la tierra prometida que corona un Giraldillo desde lo más alto del Ventorrillo de fuerte sabor a cauce del Rumblar. Iba a estar la única imagen mariana que de verdad me hace mirar más con la devoción que con, no se definirlo… ¿“la idiosincrasia mundana” puede valer? en puro ajetreo, tantos días fuera de su casa, que la pobre en las primeras horas de la mañana del pasado domingo, ya en la soledad de su basílica menor se tuvo que sentar en ese su trono de los besamanos exhausta y con ganas de echarse unas cuantas horas en esa cama de gloria que nadie conoce, pero que tendrá en el joyero de Marmolejo. Han sido tantos días de Macarena en la boca, en las primeras planas, que uno ya hasta casi aborrecía y prácticamente le daba de lado a tanto caudal desbordado de macarenismo. Tantos días y parecía que no iba a aprovechar nada, la ilusión se me iba de las manos, a veces la rabia y no sé qué más, que hasta que no salí del trabajo un poco antes de que el reloj marcase las siete y media de la tarde, la esperanza se amarraba al cuello, y en el reproductor del coche, sin buscarlo sonaba la marcha-himno del maestro Braña…
La Esperanza despertó la pasión, y me decía que no podría perdérmelo, que era motivo para hacer un esfuerzo y que si iba a su encuentro, iba a comprender cuál es la magia de sus andares cuando el sueño de Juan Manuel acaricia el aire de Sevilla, que Ella me guiaría, y que no temiera nada que David y yo nos extasiaríamos ante su penetrante mirada estrábica. Eran las 20:15 de la tarde, lo marcaba el reloj de mi C4 y a mi derecha una ciudad me traía aires de una estrella, la de los mares que si Ella lo quiere pronto volveremos a navegar, aires de trabajadera, incienso y pasión aunque siempre vayamos en la gloria. En el otro extremo de la nacional IV nos esperaba dolorosa y a la vez gloriosa, según se mire su perfil, entre la pena y la sonrisa. Muchos bailenenses se perdían en sus encantos y magnificencia durante todo el día. Seguramente esto es histórico porque un autobús de baileneros no salió para Madrid, Barcelona o Bilbao a ver futbol, y si es a Sevilla el Betis o la Selección, ni tampoco un autobús de baileneros se iban al carnaval de Cádiz, y tampoco a una jornada dominguera en las costas granadinas, ni a un aeropuerto para irse a las playas de Tenerife o Mallorca. No, por fin, las típicas excursiones de Bailén tomarían un nuevo rumbo, como Dios manda un autobús se llenaba para ir a contemplar cofradías, procesiones, a Sevilla… irían a disfrutar y espero que aprender y me consta que puede que las dos cosas se hayan quedado guardadas en el cajón de la memoria. Me cuentan que alguno se preguntaba ¿Qué raro que no esté por aquí el capillita?

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