Buscar en el blog

Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 28 de febrero de 2014

AL COMPÁS DE ANDALUCIA...

En un día como hoy, como cada 28 de febrero, aquí en el sur, en Andalucía celebramos la festividad de nuestra autonomía si no me equivoco en los términos. Por ende una celebración de nuestra nueva era, es decir, no se celebra ninguna festividad de carácter religioso si no que el formato clásico para los días de descanso laboral, donde se ponían siempre por una festividad de carácter religioso de la religión mayoritaria de nuestro país, el catolicismo, se interpreta ahora con un carácter institucional, por no decir politizado.

miércoles, 26 de febrero de 2014

ENTREVISTA AL "PENITENTE".

Estamos inmersos en una época cofradiera donde un sector antaño minusvalorado y en ocasiones ignorado está tomando un cariz de tal importancia en la sociedad donde las cofradías tienen bastante peso que parece que está activando todas las alarmas… los costaleros. Es curioso como cada vez el que antaño era un personaje anónimo, como dije casi borrado adrede del paisaje de las cofradías hoy en día toma protagonismo a raudales. Unos dicen que son ellos los que buscan el protagonismo, o quizás sea que la Semana Santa actualmente está alcanzado tales cotas mediáticas en la sociedad que se publicita hasta el que barre la capilla todos los días del año, pues imagínense a los costaleros, culpables junto a la música o incluso sin ella de que el arte estático que envuelve a la devociones del pueblo se alcen en ese fenómeno, tantas veces referido del arte efímero de las cofradías cuando se hace el movimiento de los pasos.

lunes, 24 de febrero de 2014

BAILÉN 1992. SALUDO

Continuamos y comenzamos una nueva serie dedicada esta vez por cronología a la Semana Santa de Bailén del año 1992, una Semana Santa que como verán a partir de ahora hasta que se complete todas las entradas correspondientes a este año, anunció al mundo la religiosidad popular bailenense la hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores con una fotografía de su paso de palio en la calle Colón mientras que en los entonces programitas de mano figuraría su Cristo titular, el Cristo del Buen Morir en una fotografía tomada en el Viernes Santo del año anterior en el atrio de la ermita de la Soledad, como pudimos contemplar en esta serie, cuando salió en la llamada procesión “de las tres de la tarde”. Una Semana Santa donde igualmente figuraron grandes estrenos y avances en el engrandecimiento de la semana grande bailenense como poco a poco iremos contemplando si Dios así lo quiere.

domingo, 23 de febrero de 2014

LOS CANDELABROS DE LA “DIVINA ENFERMERA” DE SEVILLA EN EL PASO DEL SEÑOR DEL PRENDIMIENTO DE LINARES. BOLETÍN ROSARIO Nº 88.

En apenas pocos días comenzará un año más la ansiada y definitiva cuenta atrás que nos llevará hasta la gloria, nuestra gloria de la Semana Santa. Anoche mismo comenzó ese pistoletazo emocional que a mi particularmente hace que recorra mi ser la ansiada sensación de verme preparando una nueva Semana Santa, la de verdad, la que se toca, la que se huele, la que se vive, el epicentro primordial a todos estos momentos que se vierten en esta casa durante todo un año. Gran noche de ensayo con mi cuadrilla del Señor del Prendimiento, en la cual se cumplió lo que premonizaba en la entrada anterior, de que hay que crecer más y ayer pudimos sentirlo la gran cuadrilla que se está forjando, donde muchos sentimos la templanza y el trabajo de estos años en un primer ensayo que hace no mucho tiempo seria casi utópico, incluso ayer por fin supe lo que era ver un ensayo haciendo un relevo. Ensayos que nos llevarán a un nuevo Jueves Santo, con mucha ilusión, que esperamos luzca con el sol que nos ilumina en el día de hoy. Para pasear su galeón dorado que tanto y tanto sorprende a propios y extraños, cuando toma vida y surca las calles de Linares, porque como dije, los pasos son unas obras de arte que tan solo cierran su excelencia cuando son llevados por sus costaleros como tienen que andar los pasos. Paso o en si la historia de los pasos del Señor que se hace protagonista en esta nueva entrada.
Ayer pude conocer el nuevo boletín cuaresmal que ha editado la hermandad como antesala y preparación para los días grandes de nuestro Soberano, con sus cultos internos y como no para su salida en estación de penitencia. Un boletín donde gustosamente he vuelto a colaborar, dándole desde aquí las gracias a la nueva junta de gobierno por abrirme un hueco en esta histórica publicación que a bien han tenido a recuperar. Por este motivo, me quise detener en una particular historia que nació en estas páginas y que con lo más resumidamente posible he querido plasmar esta vez en formato articulo para que la conocieran aquellos hermanos que no conocen ni siguen el blog e incluso no se manejan con las nuevas tecnologías, y porque no, para que quedase en los anales de las particularidades que han conformado la historia de esta mi hermandad. “Los Candelabros Errantes” pasan al papel para el conocimiento de todo el que lo desee, y por esta misma razón comparto con ustedes el artículo, donde además por las razones de espacio aquí puede ilustrarse con más ejemplos fotográficos que en el reducido espacio del papel no se podrá, donde destaca la portentosa fotografía que abre la entrada que gustosamente cedió para la ocasión don Alejandro Corrales. Les dejo con la lectura del mismo.

LOS CANDELABROS DE LA “DIVINA ENFERMERA” DE SEVILLA EN EL PASO DEL SEÑOR DEL PRENDIMIENTO DE LINARES.

Encontrándome el pasado día dieciocho del pasado mes de diciembre en la iglesia de San Martín de Tours de la ciudad de Sevilla con motivo de los populares besamanos de las imágenes marianas por la festividad litúrgica emprendida en España en honor de la Esperanza o la Expectación de María, pude conocer in situ y en persona unos elementos que en un pasado cercano conformaron una de las estampas y curiosidades de nuestra hermandad. En el presbiterio de la iglesia donde descansa el sueño de los justos el gran imaginero Juan de Mesa y Velasco o la que es epicentro de los Miércoles Santos por acoger en su seno a la hermandad de la Lanzada, se levantaba el arte efímero para abrazar en su besamanos y festividad a la imagen de la Virgen más antigua de la ciudad advocada como “Esperanza”, en concreto Ntra. Sra. de la Esperanza “Divina Enfermera”, una de las populares Glorias de Sevilla que tras pasadas fusiones hoy forma parte de la titularidad de la Imperial Archicofradía de la Sagrada Lanzada de Sevilla.
Escoltando a la Virgen a ambos lados se presentaban unos candelabros de sabor a las antiguas formas, algo desgastados por los avatares del tiempo y quizás por sus múltiples usos. Unos candelabros que en el ámbito cofradiero de la ciudad siguen siendo reconocidos como los “candelabros de la Divina Enfermera”. Estos elementos luminarios, quizás muchos hermanos lo desconozcan pero formaron parte del patrimonio procesionista de nuestra cofradía. Sería en la fructífera década de los ochenta de la pasada centuria, cuando nuestra hermandad retomó un nuevo rumbo en sus formas e idiosincrasia, tomando como fuente inspiradora para todos los estamentos de una hermandad y cofradía, los cánones hispalenses para con sus cofradías. La gran revolución fue introduciéndose poco a poco, destacándose en principio en el campo de la Virgen Santísima del Rosario y paulatinamente en el de Ntro. Padre Jesús del Prendimiento.  Anteriormente al estreno en 1986 del actual paso salido de las gubias de D. Manuel Guzmán Bejarano, el Señor siguió procesionando sobre su antiguo paso de postguerra, una sencilla obra del artista local Francisco Fernández en 1945, sobredorado, de líneas sencillas con la inclusión de algunas molduras talladas e iluminado por unos candelabros realizados en orfebrería muy afines a los modelos lucentinos, demasiado parcos en su diseño y ejecución.


La readaptación de aquel reducido paso de los chasis de ruedas a las parihuelas para costaleros, trajo consigo encontrarse con el deterioro de aquellos humildes candelabros tras tantos años de servicio, unido al elevado peso de los mismos. Sin lugar a dudas que contemplando esta fotografía que nos cede gustosamente D. Alejandro Corrales Delgado del Jueves Santo de 1985 tras su salida de la mítica cochera de la calle República Argentina[1] podemos encontrar, aunque con sencillez, la chispa que las sevillanas formas impregnaron a nuestra hermandad como en el cuidado del exorno floral, la túnica bordada  felizmente recuperada recientemente, donde además el crucial proceso restaurador y de mejora artística de la imagen del Cristo presentaba su primera fase con la restauración de la mascarilla y el aditamento de la caballera de talla sustituyendo a la peluca de cabellos naturales conocida hasta entonces. Un trabajo más que el recordado y genial artista trianero D. Antonio Garduño Navas dirigió con su mágica batuta, como con otras tantas cosas que nos aportó en aquellos años, sin apenas medios, como auténtico director de orquesta con esta hermandad, una de sus más destacables baluartes para el estudio de su legado e influencia cofradiera que va más allá de lo meramente estético en la Semana Santa andaluza.
Su aportación, asesoramiento y como no, amistad fueron sin duda los cauces para completar aquella estampa de 1985, cuando el entonces hermano mayor D. Francisco Pérez Palomar solicitó a través de Garduño a la Archicofradía de la Sagrada Lanzada de Sevilla la cesión de unos viejos candelabros de su propiedad para la mejora artística, alivio de peso y como no, el servicio luminario de nuestro entonces pequeño paso de misterio, los cuales puede que fuesen recogidos en Sevilla por nuestro recordado capataz D. Andrés Caparros Cruz según la fuente oral consultada.
Los candelabros artísticamente hablando, son muy esquemáticos, pero resultones y vistosos. Se componen de un tallo o vástago con forma de “S” de considerable presencia, muy del gusto decimonónico en sus trazas, del cual parten cinco brazos coronados por guardabrisas, repartidos con espartana estrategia según el ritmo 2-2-1. Están construidos en madera sobredorada aunque quizás en la actualidad el dorado que presentan se deba más a repintes de pintura dorada que al más que posible estofado en pan de oro original y por supuesto que llevan un ánima o esqueleto interior de hierro consistente, pues solo así se explica que hayan llegado hasta nuestros días relativamente indemnes. El origen de los mismos es confuso, no se conocen datos exactos de quien fue su autor y en qué año se realizaron, pero en 1903 ya hay constancia de su existencia por su pertenecía a la hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina, ya que los mismos provienen del ámbito letífico sevillano. Los mismos, sorprendentemente al igual que la imagen de la Virgen, primigenio icono escultórico de esta iconografía netamente sevillana, no sucumbirían a las llamas iconoclastas de la Guerra Civil Española que destruyó la parroquia de Santa Marina donde residía la hermandad. Con el cierre al culto de la misma, la hermandad pastoreña pasa al ex-convento de la Paz y posteriormente a la Iglesia filial de San Martín de Tours. En esta última residía desde 1587 la imagen de la Esperanza “Divina Enfermera”, donde se constituye hermandad en su honor en 1666, la cual  acoge fraternalmente a la Hermandad de la Divina Pastora en aquellos complicados años, sin paso propio, con su capilla cerrada al culto y con su sede canónica incendiada. Con semejante  precariedad como la que se enfrentaba,  la hermandad recurriría para sus salidas procesionales a los pasos de la Divina Enfermera o el de la Virgen del Carmen de Calatrava[2] a los cuales se les añadirían los candelabros protagonistas de este artículo, comenzándose así una de sus más destacables peculiaridades de su ya centenaria vida, el servir a otros pasos de la ciudad e incluso fuera de la misma como es nuestro caso.


Cuando la hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina acomete la realización de su actual paso, acaba enajenando por la cantidad simbólica de 25.000 ptas. los referidos candelabros a la hermandad de la Esperanza Divina Enfermera por la colaboración fraterna prestada durante tantos años, siendo estrenados por la misma en 1962 como propietaria. La imagen de la Esperanza Divina Enfermera pasó a procesionar sobre el paso de la titular dolorosa de la Archicofradía de la Lanzada, Maria Stma. del Buen Fin, en 1979[3] pero sin la inclusión del palio de reminiscencias góticas, convirtiéndose en paso de gloria y desechando los históricos candelabros por los actuales del paso de misterio del crucificado de la Lanzada, pasando desde entonces a ocupar un plano más secundario como en la utilización para el montaje de cultos u el exorno de las andas de traslado u otros menesteres, como el realizado por su participación en la muestra “Los Esplendores de Sevilla” en 1992. Fue a partir de ahí cuando comenzó su incesante periplo de cesiones, sobre todo a hermandades de gloria, la cuales carentes de un mejor patrimonio utilizaron estos elementos luminarios para la mayor decencia de sus pasos. Los mismos han dado luz al menos a ocho imágenes distintas, además de las tres imágenes mencionadas podríamos citar como ejemplos a la Virgen del Carmen de la Sacramental de San Leandro, Dulce Nombre de Jesús de la Quinta Angustia, Virgen del Patrocinio gloriosa del Cachorro, a la hermandad del Perdón para su primera salida de San José de la Rinconada (Sevilla) o al colegio “Ntra. Sra. del Buen Fin” de la barriada de Nervión para procesiones externas organizadas para el alumnado, más recientemente a la Virgen de Araceli de la parroquia de San Andrés, a la Virgen del Buen Aire de Triana o a los titulares de Santa Marta o los de Montesión en algún traslado con motivo de sus cultos. Los mismos, como epicentro sobre el que gira este artículo, llegarían incluso a salir de Sevilla, primeramente en 1985 para dar luz a nuestro titular, Ntro. Padre Jesús del Prendimiento e incluso atravesaron toda la península ibérica para prestar nuevamente sus servicios en la capital del Principado de Asturias, en el paso de misterio de Ntro. Padre Jesús de la Sentencia de la cofradía de los Estudiantes de Oviedo, corporación más joven de la ciudad, que al igual que la nuestra en aquellos soñadores años ochenta, se encuentra introduciendo los cánones hispalenses en su Semana Santa por lo que la aun escasez de medios hizo que la misma solicitara a la hermandad propietaria de los mismos en la actualidad, la Archicofradía de la Sagrada Lanzada, la cesión de los “candelabros de la Divina Enfermara” para la adecuación en el paso y su salida procesional en la Madrugá de la Semana Santa del año del Señor de 2011.

Juan Pedro Lendínez Padilla.

Bibliografía
-      MARTÍNEZ ALCALDE, Juan: “Más sobre las Hermandades de Gloria (XXXII) Talla y Dorado: Candelabros con Historia”. En Boletín de las Cofradías de Sevilla nº 283, abril 1983. Anales Histórico-Artísticos de las Hermandades de Gloria de Sevilla. 2011
  • Me gustaría agradecer la colaboración que me prestó en su día para la identificación de los mismos y su historia, al sevillano y hermano de nuestra hermandad Rafael de Jesús Ríos Delgado.




[1] Hoy sobrenombrada desde 2004 como “Hermanos Costaleros”.
[2] La cual mostró interés en adquirirlos cuando la Divina Enfermera dejó de utilizarlos para la salida procesional.
[3] La fusión de la hermandad de la Divina Enfermera y la Sagrada Lanzada se materializaría en 1981.

viernes, 21 de febrero de 2014

LAS VÍSPERAS DE VERDAD...

Como los tiempos siempre marcan su inexorable presencia, en este febrero frio, con ataques a la salud del gaznate, de lluvia, la que nos está llevando a un demasiado extendido trabajo del campo y la negritas aceitunas, por mucha ansiedad que tengamos, al final todo llega cuando debe de llegar. Uno que es tan “sevillano” como despectivamente al final todo el mundo me está llamado, se da uno cuenta a través de la red que sí, que ya no estamos en verano, y que lo que parecía tan lejos, ya comienza a sentirse en nuestros labios. Allá en Híspalis sobre todo la agenda se desborda, sin duda que la cuaresma empieza el día uno de enero, aunque no se imparta la ceniza, aunque el miércoles de la salida de meta hacia la gracia, siga sintiéndose como el pistoletazo definitivo. Cultos internos evocaban los tiempos barrocos de la luz entre la oscuridad, que menos que los externos del rezo al calvario y por la calles los hierros o maderas ya surcan sus calles, esos armazones sin volutas que levantan los repelucos, aunque los repelucos los levantan ellos con su vuelta a la más ansiada actividad ya no remunerada… los costaleros. Pasan los días como pasan los años, y la vida, en este caso la capillita cambia y se reconvierte y nos trae nuevas cosas y nuevas sensaciones y nuevas experiencias. Si un dieciséis de julio disfrutaba de la gloria, gracias a ser costalero y la colgaba hasta la próxima, esa próxima ha llegado. Porque aquí aun no parece que se acerque la cuarentena más querida de los capillitas, de los cofrades no sé, son un espécimen que cada día entiendo menos, pero entre ellos también lo hay capillitas, yo intento a veces ser cofrade, pero es que me da la sensación de que hay que volverse un talibán o un maldito político, de cofradías claro, para alcanzar ese estado.
En octubre el Soberano me expidió la papeleta de sitio, u eso creo porque últimamente me doy cuenta que muchas cosas que percibo que me quiere dar al final parecen que no parecía que me quería decir eso. Pero mañana comienza de verdad para mí esa verdadera cuenta atrás que si puedo tocar con las manos, no la que sueño o siento con las luces, la temperatura o el color del mundo. Mañana vuelvo a una bendita galera, si Dios lo ve conveniente –que aún no he igualao-, después de la recogida de las negritas del que emana el oro líquido, espero no llegar muy tarde aunque bueno, no quiero parecer que doy escusas, que siempre habrá alguien que parezca el más “pobrecito” de todos y los demás unos quejicas… mañana comienzan los ensayos de la cuadrilla del Señor del Prendimiento, de la cuadrilla a la que pertenezco desde el año 2010, es curioso, según veo crecer a mi sobrino, así siento los años que van cayendo bajo la trabajadera, junto a mi círculo, y digo esto en referencia a los que están más cerca mía, porque yo siempre he sido participe de que el círculo, es decir la amistad tiene que llegar a todos los rincones de las bodegas de los pasos. Mañana comienza el caminar de la cuadrilla que sin duda ha tenido que acertar tanto en sus procederes, que ahí está la admiración de tantos y tantos y otra cosa indispensable para palpar el “éxito”… las envidias, pero comienza un escalón más de crecimiento, porque aún hay que crecer más o eso creo yo y la verdad es que este año tengo mucha ilusión de Semana Santa aunque no sepa cómo será la que viva, mucha ilusión de Prendimiento y de seguir unido a unas personas con las que me siento tan a gusto, los que me enseñaron la bendita gracia de ser costalero, un puesto privilegiado, aunque lo diga uno que tan solo le pide a Dios salud para aunque solo sea, poder estar en una acera y verlo caminar por las calles de este mundo, a Él y a su Bendita Madre.


Y del izquierdo por delante, el costero y la gracia trianera que cierto día unos hermanos quisieron conferirle al caminar del Dios Prendido de San Agustín, nos estrenaremos en nuevas vivencias y nuevas experiencias y sentiré seguramente otro mundo, otras sensaciones, otro clima, otras costumbres, otras personas en una cuarta trabajadera que ya me abrieron los brazos en la igualá… como pasa el tiempo, al final todo llega, incluso a través de la parihuela veré un nuevo paisaje. Desde las calles de la vieja Cástulo, pasé a sentir la gloria de María del Carmen por las callejuelas de azahares de la antigua Iliturgi, y si un Dios que vive eternamente dormido entre fastuosos  dorados y negros barrocos lo ve conveniente, el domingo, cuando el sol comienza a ser vencido por la belleza cordobesa, aré algo que en su día consideré de locos y ahora me he vuelto un loco como ellos, coger un coche y pegarme unos cuantos kilómetros para comenzar a sentir lo que es ser costalero, como allí lo llaman más familiarmente, del “Muerto” de Córdoba. Algunos ya me dicen “vuerka pasos”, quizás me estoy convirtiendo en uno, pero yo lo pongo en duda, si es que se me considera un auténtico hermano costalero. Una persona que hace trece años dejó la Semana Santa de su cuna, por muy hermano, por mucha cuota que pague donde sea, nunca va a dejar de ser antes que nada, capillita. Es así, soy un aficionado a las cofradías, me gusta la Semana Santa lo que yo a veces ni me imagino y como humano que soy, tengo mis preferencias, así que siempre me he considerado alguien que ama a la Semana Santa o a las cofradías por encima de todo, sin partidismos y cada vez con menos ganas de debatir con nadie como hacer o no hacer las cosas, así es cuando más me he sentido realizado, así es como me siento cuando llegan estas fechas. Sin duda que estas nuevas experiencias en la vida, me han hecho confirmarme como simplemente capillita, que tiene la suerte de poder ser costalero –como lo mismo puedo ser un acolito pertiguero-, sin ningún complemento por delante, así de simple aunque pertenezca a alguna hermandad, colabore con ella, pague su cuota o vaya a sus cultos, para algo soy sin duda creyente y tengo el honor de sacar a Dios y a su Madre Bendita con la cara que cada colectivo le haya querido poner, ¿costalero hermano? Pue si, así se suele definir muchos a los que llaman saca pasos o vuerka pasos, tristemente muy despectivamente, aunque gracias a ellos muchos pasos de Andalucía y más allá no vayan a ruedas, porque en si hay muchas hermandades donde a los cofrades que yo llamo talibán, se les cuenta con los dedos de las manos… incluso esta filosofía costalera ha hecho que muchos pasos hoy en día anden y crezcan en calidad, aunque las intenciones estén en que el costalero sea un hermano más y con presencia participativa en la hermandad, un ejemplo; el que mañana echa a andar…  y con todo esto a Dios gracias que encima puedo salir donde quiero y me han dejado.
Así que después de la gracia de los barrios del sábado llegará el sentirme participe de las cofradías rancias, de silencio, de rigor, y esta cofradía cordobesa desparrama elegancia a raudales. La ilusión de no ya sacar pasos en Córdoba, sino sacar un paso que especialmente me apasiona y que el de allí arriba, quizás un día de noviembre ya me quiso igualar en la iglesia donde comenzará el ensayo, en la Compañía de Jesús de Córdoba. Ojalá por fin este año, el agua lo permita y pueda embrujarme del fuertísimo sabor clasicista y casi manierista de la hermandad del Santo Sepulcro de la ciudad de los califas. Y lo digo claro, sentir una experiencia mística y divina bajo el Señor Muerto, con todo esos ingredientes, la experiencia tiene que ser inexplicable, como desde hace cuatro años se siente bajo las plantas del Soberano de Linares, aunque de formas tan distantes pero igual de gratificantes. Pero también como aficionado a esta esencia tan de pueblo andaluz como es la Semana Santa, y saborear el “espectáculo” que derrama esta penitencia tan severa y como costalero que soy, poder sentir y casi presumir, que yo fui costalero de Curro, Federico o David Arce, de esta esencia tan especial de este grupo de personas y amigos, lo mismo que hoy siento un orgullo y un privilegio ser costalero de David Parra y Antonio Acuña, porque gracias a esta bendita afición, a gente como ellos, hoy puedo sentirme un Hijo de Dios que se conforma con ser un Simplemente Capillita… y costalero, y cofrade.

jueves, 20 de febrero de 2014

YO ESTUVE EN EL CARTEL...

Me resultó curioso algo que leí sobre el cartel de la Semana Santa de Sevilla de este año de 2014, un cartel que sin duda pasará a la historia por la polémica suscitada tras darse a conocer antes de la presentación por alguien que al parecer lo fotografió en la imprenta con su teléfono móvil, bueno, más bien con nuestros avanzados aparatos, mini ordenadores, cámara fotográficas o de video de bolsillo, donde además podemos hacer llamadas telefónicas hasta que un día la tecnología se cargue el viejo invento de Antonio Meucci –Graham Bell fue el primero en patentarlo- y quizás todos hablemos a través de internet, como por ejemplo ahora con el whatsapp, método entre otros por el que fue transmitida la dichosa fotografía que se cargó la oficialísima presentación a cargo del Consejo de cofradías. Por cierto mucha polémica sobre el “daño” que están haciendo las nuevas tecnologías a las costumbres más ancestrales, que según en algunos va contra valores netamente establecidos que se quebrantan, pero tal vez lo que tenemos es que intentar ponernos al día e ir adaptándonos a los procederes que se van fraguando en la sociedad y meter a nuestro mundo cofradiero en una “actualización de software” que queramos o no, la vida va a ir demandando… ¿Quién si  hubiese tenido la oportunidad de fotografiarlo, no se lo hubiese pasado a alguien? Lo haría hasta la misma pintora de la obra…
Porque la obra en sí a mi parecer sigue siendo un poquito de lo de siempre, una bella pintura, con muchos detalles pero que nunca llega a plasmar en algo tan reducido un verdadero anuncio, que cuando lo veas sientas esa explosión en tu interior… “¡ya huele a Semana Santa!”. Un solo elemento por bello no puede anunciar toda la grandeza de la Pasión, más si en Sevilla, donde la celebración abarca mucho más allá las fronteras de una mera celebración de ocho días de procesiones y lucimientos cofradieriles. Eso sí, pintura por favor siempre, aunque solo sea para estos, que me perdonen los fotógrafos, pero para mí una fotografía es como un arte menor para tan distinguido cartel, aunque como digo difícilmente se pueda englobar las profundas esencias de la Semana Santa en espacio tan reducido.
En el mismo destaca un acolito que va turiferando el discurrir poderoso del misterio del Cristo de la Caridad en el Traslado al Sepulcro. La verdad, una estampa muy común del caminar del misterio de Santa Marta, cuando su cofradía gusta de envolver del humo bendito a su portentosa obra salida del genio del que últimamente les he venido hablando, don Luis Ortega Bru. A lo mejor esta vena inspiradora con la obra del de San Roque era como una especie de premonición de que su legendario misterio anunciaría la Semana Santa de Sevilla al universo por primera vez desde que rasga con sus zancadas poderosas, las de su cuadrilla de profesionales, las calles de la ciudad donde la fe es una veleta coronando los cielos… me resultó curiosa una de las citas sobre la obra donde se comparó la técnica con la inmortal de Diego de Velázquez, este sevillano barroco que llegó a pintar el aire, mientras que Beatriz Barrientos ha conseguido “plasmar la humareda del incienso de Santa Marta cuando el paso da la vuelta al Duque y el sol de Alfonso XII empieza a jugar con las volutas de humo”…

Es curioso sin saberlo, el pasado Lunes Santo estuve inmerso en el cartel de esta próxima Semana Santa. Fue un momento incierto, de no saber qué hacer, mientras por un lado se me empujaba a buscar al Soberano por Triana, otro pellizco me hacía buscar la salida de Santa Marta. Tanta indecisión provocó que cuando buscábamos San Andrés, por la plaza del Duque ya se había formado una tremenda bulla que dibujaba el callejón por donde pasan las cofradías, pero allí no había cofradía. La salida en apenas tres calles, la larga fila de nazarenos negros y su apresurado caminar dio como resultado de que a Santa Marta la viésemos en lugar quizás tan poco bello como a los pies del Corte Ingles… pero la magia rancia todo lo puede, seguramente solo pueda Sevilla con estas cosas, cuando la gran “explanada” de personas hicieron lo mismo como si fuera la Cuesta del Bacalao… callarse. Es más, en espacio tan abierto incluso sorprende mucho más cuando simple materia llega y hace callar a la multitud, cuando en su paso tan fugaz, apenas dos minutos, nos volvió a hacer a todos iguales. Yo viví el cartel, y tienen razón, ahí les dejo los videos de aquel momento, en que ver venir a Santa Marta entre nubes de incienso bien vale para proclamar a los cuatro vientos que ya “es la hora… y no es la hora”.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿EN QUE PIENSAS, SEÑOR?

Cada Domingo de Ramos en Sevilla, sobre todo para los que han vivido por los menos desde hace cuarenta años, le es muy usual la singular estampa que dibuja por las grandezas de la primavera que inundan en tan señalado día a la capital hispalense, la figura de un Cristo que quizás para algunos pasa un poco desapercibido, ya que el mismo va imbuido en una esencia que no es la que más levante las pasiones hoy en día de los capillitas, aunque también es cierto que en los últimos tiempos de igual forma se está relanzado esa esencia en otros tantos de lo que se ha venido a definir como “los rancios” o “los mustios”. Cuarenta años son una cifra considerable, pero quizás no es de las que entre en ese tipo de fechas redondas más afines a las conmemoraciones. Pero la hermandad de la Sagrada Cena ha destacado para este año esos cuarenta años en que su imagen titular más antiguo volvió al procesionismo hispalense.


No llevaba la hermandad un año de vuelta definitiva a la iglesia de los Terceros, cuando en 1974 la simpar portada del templo se completaría como cada Domingo de Ramos, además de la magnificencia que desprende con el misterio de la Cena y el palio del Subterráneo bajo su cancel con el del legendario Cristo Humillado del añejo Hospital de San Lázaro. La historia de este Cristo es un poco incierta como la de toda su hermandad, una más, producto en la actualidad de viejas fusiones, fusiones que alcanzan hasta nuestros tiempos con la esclavitud de la Encarnación. Quizás la actual hermandad de la Cena la podríamos dividir en dos para rememorar aquel pasado, primeramente cuando nos llega el cenáculo eucarístico y después con la que sería la otra hermandad, con el Cristo de la Humildad y Paciencia y la Virgen del Subterráneo como pueden apuntar algunas hipótesis, aunque no se sabe cuándo se pudo cambiar la advocación del Señor. Es esta imagen uno de las mejores muestras de cómo fue la Semana Santa de los siglos remotos, anteriores a la expresividad barroca tan del gusto sevillano, no realizada en madera, sino en otros materiales como la pasta-madera o las telas encoladas –seguramente para que pesaran menos- como casi todas las imágenes que se realizaron entre el siglo XV-XVI, de las cuales pocos ejemplos procesionales han llegado a nuestros días, porque en cierto grado muchas fueron sustituidas en el barroco por imágenes más afines a los momentos sociológicos que se respiraban en el Siglo de Oro del arte español. Se desconoce su autor, lo cierto que es complicado conocer imagineros de aquellos períodos y más aun intentar atribuir a alguna mano de los tiempos de iniciación de la imaginería religiosa.






Con los estigmas de su martirio como los azotes y moratones, más la corona de espinas nos indica que este cristo se asienta sobre la peña del monte Gólgota, en una actitud meditativa esperando los momentos previos a su crucifixión, un pasaje que en cierto modo también se pasea en la misma jornada por la calles de Sevilla desde la trianera calle San Jacinto y su Cristo de las Penas, aunque Aquel  nos presenta una actitud implorante al cielo, mientras tras Él, los sayones y romanos preparan el definitivo desenlace –en el pasado también figuró en un paso representando este pasaje de la pasión- mientras este nos muestra lo que su advocación nos induce, HUMILDAD, sosiego, templanza, aceptación, etc… porque todo Él era un eterno ejemplo de PACIENCIA.  En aquellos años setenta volvió a las calles de Sevilla, una de sus devociones más antiguas y arraigadas en la noche de los tiempos, llevaba treinta y siete años sin procesionar, desde los convulsos años de la Guerra Civil, donde por suerte se pudo salvar tan preciado y antiguo icono devocional de la ciudad de Sevilla. Fue durante ese tiempo casi una utopía para la hermandad recuperarlo para el culto externo, pero con el florecimiento de las cofradías de aquella década por fin pudo volver a “sentarse” por las calles de Sevilla, sobre un paso tallado en el taller de Guzmán Bejarano, sobre un tupido monte de clavel rojo e iluminado por unos singulares faroles que pertenecieron al paso de palio.





Su paso era humilde como Él, de los denominados de bombo, sin finalizar, presentando partes del canasto lisas en contraposición con las talladas. Así es como comenzó la Sevilla cofradiera a conocerlo, aquella que conoce sus advocaciones y devociones seguramente en esa semana donde Dios reina por la ciudad. Muchos serían los que quizás conocieran esa iconografía tan especial, que no por aquello de que está sentando, así iba el “Zapatero de Triana”, pero a diferencia, este apoyaba su cara sobre su mano, su apariencia de tranquilidad tuvo que chocar con aquellos que ya no lo recordaban ni conocieron por las calles de la ciudad. Tal vez fue aquí cuando se extendió ese adjetivo con el que muchos lo califican, y no solo en Sevilla, como el “Cristo pensante” o “pensativo”, porque hay que advertir igualmente que aunque en Andalucía se cuenten con otras muestras escultóricas similares de siglos remotos, fue a partir de esta vuelta a las calles, cuando se comenzaron a realizar muchas imágenes de estos Cristos “pensativos” para el procesionismo.
Aquella estampa que dibujó en aquellos primeros años setenta, fue la que tuvo que conocer mi afectuoso párroco de la iglesia de San José Obrero de mi pueblo, entonces el cura “de moda” en las cofradías sevillanas. No sé en qué año pudo ser, pero en aquella década estuvo don José Antonio Balboa ejerciendo en Sevilla y además impregnándose de la magnificencia que desprenden las cofradías de la vieja Híspalis, así que este fue el paso que tuvo que conocer, porque no sería hasta los noventa cuando siguiendo un magnifico rediseño sobre lo que había de Dubé de Luque, cuando se completaría con los respiraderos de Mayorga, el cual ejecutó igualmente el genuino sobrecanasto que le da un valor especial a este paso, algo que por cierto, es algo perdido en los nuevos trabajos artísticos de la ciudad, como es la genuinidad y los nuevos conceptos a lo que habría que añadir los especiales candelabros de guardabrisas coronados por un farol  que hacen de este paso, para mí, uno de mis preferidos de la ciudad. Sin olvidarme del magistral trabajo de un entonces desconocidísimo Darío Fernández –autor de los evangelistas de las esquinas- en la realización en poliéster del monte que imita la roca del Gólgota sobre el que se asienta la antiquísima imagen del Señor, recreando así el efecto de una ampliación de la pena-roca que sirve de base del Cristo, eliminando el hasta entonces monte de clavel, lo que unido al color caoba de las andas, más el exquisito exorno de iris morado y el salpicado de flor silvestre por el monte y la esencia decimonónica del túnico bordado del Señor tras ser despojado, que hace de este paso para mí, aunque para muchos pase desapercibido, una de las estampas con más sabor de toda la Semana Santa, cuando camina en silencio o con escolanía, abriendo el paso y marcando el contrapunto más sobrio de una cofradía con claras esencias clásicas… y que quizás como dije hace poco, no le vendría mal ponerle una banda de música interpretando las más rancias y fúnebres marchas de todos los tiempos por la tarde-noche del domingo más esperado… por cierto, con su llegada, el paso comenzó a dibujar las bellísimas estampas que cada Jueves de Corpus Christi desparrama el Señor de la Cena sobre este paso de esencia más rancia, en el traslado de ida y vuelta al altar del Palacio Arzobispal mientras no sea el misterio completo del cenáculo el que salga.











Pues a lo que iba, en aquellos primeros años que ahora peinan las canas de los cuarenta, sería la estampa que estaba fotografiando un jovial cura que acabaría siendo costalero de la Virgen de las Aguas y de la mismísima Patrona de Sevilla. Fue en la calle Francos, con la atardecida, con su cámara en ristre y vestido como los sacerdotes de antaño, el paso se detuvo y don Antonio se dispuso a fotografiar el aun rezumante a estreno, paso de la Humildad y Paciencia, aquel que llevaba los siglos de oraciones a sus espaldas, por todos los ángulos posibles –Balboa tiene que tener un archivo fotográfico de aquellos días impresionante- cuando de repente alguien le llama la atención… un hombre joven, con su hijo pequeño de la mano, al parecer de un pueblo, que había viajado hasta la capital para mostrarle las cofradías a su hijo, seguramente se sentiría imbuido por la novedad de aquellos días y se preguntaba en su cabeza algunas dudas al contemplar la iconografía del Cristo… así, llamó la atención del cura de Linares, que seguramente por ser cura tendría que saber resolverle sus dudas y le preguntó: “padre ¿en qué piensa el Señor?”















La respuesta que dio don Antonio es muy propia de su idiosincrasia, de su gran formación eclesiástica, de su gran don a la hora de evangelizar y como no podría ser de otra forma en él, aquella respuesta no se quedaría en un simple repaso a algún pasaje evangélico, por la simple razón de que no hay cuenta sobre el mismo en las sagradas escrituras. Esta iconografía nace –posiblemente los orígenes de esta representación hemos de buscarlos en el Teatro de los Misterios y en el arte germánico de finales del siglo XIV- para eso; para evangelizar, para catequizar, para hacer meditar, para hacernos pensar como en los cuarenta días que se nos aproximan, casi como los cuarenta años que lleva proclamando tan humilde y pacientemente este Cristo esa pregunta a todo el que lo contempla.  Podría estar pensando en lo que se le avecinaba, en los verdugos, en los sanedritas, en sus amigos, en su Madre, incluso si salir corriendo… pero es que esta iconografía no se limita al momento vivido hace casi dos mil años en el Gólgota, esta iconografía alcanza hasta nuestros días, y hasta todos los días que existan, por eso don Antonio que es muy avezado a la hora de ejercer su trabajo, aprovechó la ocasión que le brindó el Cristo de la Humildad y Paciencia para decirle a aquel hombre, que es lo que el Señor iba pensando… “piensa en ti”. Según me contó, desde aquel momento aquel hombre se convirtió en su amigo y él en su gran apoyo espiritual, porque don Antonio en aquellos días entendió del poder de las imágenes para tocar el alma de los que por lo que sea no conocen lo suficiente a Dios, hasta a nosotros contándonoslo utilizó su recurso para enseñarnos una de las formas más bellas y productivas para contemplar la Semana Santa de los sencillos, la de las imágenes en las calles buscando al que no sabe ir a la iglesia, quizás la mejor de todas… así lleva siglos el Cristo de la Humildad y Paciencia, así lleva en los cuarenta años más grandiosos de la historia de la Semana Santa sevillana. Él pasa silente, a veces como de “relleno” porque tal vez no lleve música, entre la multitud, esa misma que no sabe que sentado, meditativo, va pensando en la salvación de cada uno de nosotros, la que consiguió entregando su cuerpo, derramando su sangre como va vaticinando metros más adelante en la primera misa de la historia…

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...