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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 29 de diciembre de 2014

SEMANA SANTA BAILEN 1995.

Como me prometí a mí mismo, no acabaré este año sin acabar la serie que comencé en el mismo para recordar a través de los videos VHS la Semana Santa que viví en mi niñez. Capturé hasta el año 1995 la Semana Santa de Bailén aunque tengo algunos años más hasta que prácticamente irrumpió youtube y estas filmaciones dejaron de tener mucho más interés comercial a comparación de nuestros días que con un móvil, alguien graba y se adentra en internet y se siente más que satisfecho. Igualmente fue una Semana Santa continuadora de la línea emprendida, ya casi diez años antes y a su vez embutida en la vertiente evolutiva en que estaban sumergidas las cofradías entonces, que no quiere decir que ahora no le estén, pero si más acomodadas a los hechos que aquellos años se forjaron aunque parezca que una segunda revolución pueda estar a la vuelta de la esquina.
Esta grabación pertenece íntegramente al trabajo que entonces comenzó a desarrollar Carlos Madueño, bajo el sello a modo de empresa RVM, comercializando la grabación durante los siguientes años, en los que tuve algún que otro pinito colaborador, que gracias a esto la verdad, podremos revivir como fueron aquellos tiempos. La esencia de la colección de videos del Correo de Andalucía se dejaba notar en la cabecera del producto con una secuencia de fotografías de los pasos bailenenses al son de la marcha “Hermanos Costaleros”, similarmente como comenzó aquel año la colección de videos de la historia de las cofradías de Sevilla. Anunció en el cartel y programa aquella Semana Santa la misma cofradía que abre los cortejos procesionales de la Semana Santa.

Nuevamente la luminosidad abría un nuevo Domingo de Ramos con la estampa más que asentada del “Señor de la Mulica” entrando a Bailén a modo de Jerusalén sobre su antiguo paso, siguiendo un año más el canon desbordante en lo referente al exorno floral, blanco y con el compás que le daban sus portadores al son de la banda de música de Bailén.
La expectación por el estreno aún reciente del año anterior se volvía a aglomerar en las puertas del pequeño oratorio u capilla de la Limpia y Pura para contemplar la segunda salida de la Sentencia, a la que se le añadía la siguiente imagen del proyecto de paso de misterio, que históricamente no concordaba, ya que los judíos no podían pisar el suelo de la Torre Antonia porque serían considerados indignos, motivo por el que Caifás, la nueva imagen, no podría aparecer como desde entonces, acabada la lectura de la sentencia a muerte que porta en su mano, abalanzándose sobre el Señor para llevarlo hasta el suplicio de la cruz, un misterio que a falta del romano fue gubiado en el taller de la calle Rey Heredia nº 29 de Córdoba, por Miguel Arjona Navarro ascendiendo todo el proyecto a un total de 4.200.000 pesetas según desveló en pasadas publicaciones la misma hermandad. Clavel rojo como el burdeos de la nueva túnica que estrenó aquel día, al son de su cada vez más asentada cuadrilla y donde la banda de la hermandad comenzó poco a poco a buscar el estilo en el que al final depararía, el estilo Agrupación Musical sevillana, así, aquel año podemos escuchar versiones muy particulares y sencillas de “La Saeta” o “Alma de Dios”, marcha que en aquellos años se convertiría en la escogida a la hora de las mecidas más esperadas por el pueblo. A resaltar, el paso por la calle Isabel la Católica, al girar de la calle América, un solista de trompeta, creo que Manolo Cámara interpretó desde la oscuridad de un balcón el solo de la marcha “Lloran los Clarines”, para que observen lo que dije en la entrada de 1994, que la marcha comenzó a hacerse famosa, que aunque no llevaban banda de música parecía seguir alguna fuente de inspiración hispalense en que muchos pasos de palio caminaban al son de esta marcha mientras el solista interpretaba el solo desde un balcón a modo de saetero instrumentista, como por ejemplo hace la Paz de vuelta por la plaza de España. También se marchaba el trono de la Sentencia con una curiosa marcha, de tinte militar donde destacaba el solo que era el mismo que la marcha “Ntro. Padre Jesús Cautivo” del genio de Alberto Escámez. No puedo evitar el de comentar una anécdota que ocurrió en ese mismo instante que hablaba del cambio de conceptos que se respiraba en la Semana Santa de Bailén. Cerca mía se apostaba un personaje peculiar de la esencia del pueblo bailenés, recientemente fallecido, Santiago “el porro” que preguntaba que “significaba” ese paso, es decir, qué mostraba evangélicamente… le contesté: “la sentencia” y él contestó con la esencia de los sencillos: “¿el Domingo de Ramos? Esto pinta una mier… hoy”, y es que el concepto de los momentos cronológicos de la pasión por días era la costumbre y sacar un pasaje posterior días antes no terminaba y para muchos hoy se sigue sin entenderse, que cada estación de penitencia en la Semana Santa es una muestra de fe y catequesis, que Jesús no necesitó una semana para cumplir su misión, pero la iglesia si lo conmemora con toda una semana que tiene su cenit en jueves y viernes santo, y día triunfal con la Resurrección del Hijo de Dios. Incluso en la noche de los tiempos la iglesia prohibía procesiones fuera del jueves y viernes santo.
El Lunes Santo deparó una novedad reseñable después de muchos años inalterable en lo que se refiere al paso de Cristo. La vieja Oración en el Huerto de Olot comenzó a sentir esos cortos pasos, a golpe de campana que Bernabé Limón utilizaba para comandar las salidas de su cuadrilla desde el Santo Cristo. El pequeño paso de ruedas pasaba a la historia y la Oración comenzaba a mecerse con la gracia de los hombres de abajo, en aquel año sobre el trono de Díaz Roncero y con un exorno que abandonó las manos de los profesionales floristas por las de los hermanos, algo que obviamente se notó ha comparación del buen nivel que durante años mostró estas andas, aunque el experimento duró poco. La Virgen de los Siete Cuchillos siguiendo sus pasos, creo que siendo el último año que saliera portada con el sistema de ruedas y a la espera de convertir su “Juanmanuelino” palio como aquellos que sorprenden e impactan con su arte y su gracia en la capital de Andalucía y la llegada del costal. Cierta parte del Lunes Santo esté en los videos pertenecientes al Martes Santo donde igualmente se vuelve a recrear la estampa de los últimos años con la salida de rodillas del Cristo de Medinaceli, no porque no saliese por el dintel, sino por razones que se acercan más al folclore de la Semana Santa que a la lógica, y la Semana Santa muchas veces no atiende a la lógica… felizmente esta circunstancia ha sido superada, aunque a algunos les estremeciera el corazón y crean que su eliminación es u error… que rápido se crean las tradiciones. Por cierto una novedad en la cofradía fue la cruz de guía, que seguramente el taller de Manuel de los Ríos de Sevilla realizó para la hermandad, uno de los avances de entonces cuando ya, la hermandad de Jesús y la Virgen la integrasen en sus cortejos algún tiempo antes. Poco a poco la recogía de la cofradía comenzaría a tener más expectación gracias a la pericia de la cuadrilla y subida de la cuesta de del Santo Cristo. Un detalle de que todo lo que levanta aplausos al final se imponen, incluso ante la desaprobación es que se año la banda de la hermandad montó aquella “retreta floreada” que el año anterior lanzó a la fama la banda de San Juan y que hacía de la algarabía de las cofradías, momentos más dignos de la festividad de una romería, que felizmente poco más de esos años transcendió.
La cruz de madera que donara según me cuentan Acción Católica a la parroquia de la Encarnación abría el cortejo a modo de cruz de guía de la hermandad de la Virgen con el Cristo del Buen Morir perfilando un año más la ya asentada procesión del Miércoles Santo, de silencio aunque roto con un timbal, a los modos más castellanos donde el Cristo parecía descansar clavado a la cruz sobre un calvario sacado de sierra morena por la decoración que tuvo a base de ramas de encina entre el clavel, una especie de alfombra de césped artificial como el que se utiliza en algunos campos de futbol o en las piscinas y los cuatro hachones iluminado al Señor. Una procesión que la hermandad comenzó a significar con el atuendo nazareno, eliminado del mismo la capa y el cartón “cucurucho” que sostiene y da forma al caperuz, vistiendo como diríamos aquí, como los “costaleros”.
El Jueves Santo nos muestra ese avance rompedor hacia la festiva Semana Santa que poco a poco se fue fomentando. Un trono repleto de mujeres mecían con toda su pasión al Señor Amarrado a la Columna, convirtiendo la jornada en su día sin ninguna duda más grande. Donde las bandas de música ya se asentaron prácticamente hasta nuestros días, siempre interpretando las marchas más rítmicas y de matiz letífico de la Semana Santa. Se “ceba” la grabación en el Amarrao aunque tras Él también nos llega el Ecce Homo que fue acompañado de la Virgen de los Siete Cuchillos para cerrar la comitiva de la procesión de Jueves Santo. Otro estreno reseñable aquel año de la cofradía de San Juan fue la restauración y remodelación de su icónico titular, San Juan Evangelista. Arjona Navarro acomete los trabajos que borraron en gran medida los rasgos e impronta del autor del busto del evangelista, Francisco Palma Burgos. Remodela la expresión, busca un endulzamiento y lo policroma, sustituyendo igualmente las manos de Juan Francisco García por unas nuevas en las que se borraba esencias de la cultura cofradiera hasta entonces, y es que San Juan sin su dedo “tieso” dejaba al pueblo casi sin su dicho “cuando San Juan baje el dedo…”, y sin el movimiento natural del libro y la pluma, reales, ya no era lo mismo que con los nuevos de talla.
La Madrugá se abrió con el esplendor de ver salir al Nazareno, un año más “el viejo”, bajo la inconmensurable portada barroca de la Encarnación. Fueron años en que esta procesión acrecentó una fama de bella y hermosa, quizás como la más importante de la Semana Santa, colapsando la muchedumbre la subida al calvario, que en Bailén se recrea en la calle de la Amargura. Jesús, San Juan y la primera aparición de la Virgen de los Dolores en la Semana Santa de 1995, dibujando una mañana intensa de emociones, con el cante de la saeta en el ayuntamiento o la cada vez más multitudinaria y “festiva” recogía en la iglesia de la Encarnación, entre las confluencias, en el atrio, en fin… un derroche de pasiones cofradieras locales. La Verónica estrenaba nuevo ajuar de una especie de corto manto celeste, el pecherín de un tocado, su “mantilla” hebraica, la pequeña diadema, la Santa Vera Cruz  como dosel a sus espaldas. No era ella la titular más admirada y querida de la cofradía, que duda puede caber, dudo que tenga algún fiel devoto, salía a engrandecer según el viejo modelo a la cofradía que la custodiaba, y enriquecer iconográficamente –motivo este por el que se la echa de menos- la procesión del camino al calvario, aunque cada vez fueran menos nazarenos a acompañarla e incluso hubiese problemas con las cuadrillas con su más o menos cuantiosa asistencia a la procesión. No era ella la gran titular, pero como era de la cofradía, pues los más “cruceros” de corazón la queríamos, y le encontrábamos también su hueco en nuestra vida cofradiera. A ella lo que si es cierto es que era la que tocaba pasar ante mi puerta y a ella le tocó mostrarle el año anterior a alguien que el que llevaba en su “pañuelo” era el que abre las puertas del cielo y que Él lo estaba esperando sin otro remedio… pareció que eso mismo quiso cuando Limón le encaró el trono. En 1995 se cumplía un año de aquello, pero las ventanas no se abrieron, no había nadie físicamente asomado al balcón esperando la procesión. Pero yo, ya no estaba en la calle del Prado, ya ese año me gustaba ir siempre cerca del trono y sin esperarlo contemplé bajo mi caperuz lo que aquella videocámara grabó para los anales de nuestra vida. Aún recuerdo el escalofrío por mi cuerpo cuando la Verónica miraba hacia la calle Jaén, mientras yo me daba la vuelta y observaba esa sensación como cuando el aire parece espesarse… y alguien habló, no sé si Limón, o Cantarero… no lo escuché bien, pero las palabras hablaban de adiós y recuerdo, iban para el que no pudo volver ese año debajo del trono de su amores. Alzaban el trono al cielo y sonó el castrense “toque de oración”, aguantado el tirón de los kilos para que desde el cielo estirase la mano desde ese balcón glorioso de los cofrades de la gloria y tocase los remates de esa cruz a la que se encuentra abrazado para siempre, sirviéndole al de la faz grabada en el pañuelo… las lágrimas cayeron como lo están haciendo ahora, empararon el caperuz, quizás no lo crean, pero muchas emociones he pasado en la Semana Santa, pero jamás hice lo que aquel día, llorar… no sé dónde estarías, no sé si puedes estar en muchos sitios a la vez, seguramente estabas conmigo diciéndome que disfrutara como esto me hace disfrutar o quizás en aquella habitación diciéndoles que, y estoy seguro, que el del Santo Rostro –que curiosamente pintó don Tomas de la Torre, el mismo que pintó el retrato tuyo que tenemos en casa… detalle del que ahora mismo me percato- nos devolvería una recompensa grande (Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados…) y que simplemente había que creer y salir a su encuentro, para eso Él es la resurrección y la vida... veinte años después, si el de la Santa Faz que lleva la Verónica lo ve conveniente le trasmitiré como pueda a Bailén que es para mí esta semana… en su pregón oficial.
A las tres de la tarde se recreó un error iconográfico que se repetiría algunos años que hasta la fecha aún no he conseguido explicarme como se desarrolló. Bajaba el paso del Calvario en busca de la Encarnación por la plaza del Mercado y aun me parece ver a un histórico de la hermandad, al recordado Paquito “el sastre” echándole la regañina al presidente de entonces –hombre bueno y noble, pero errores los tenemos todos- por lo que estaba viendo pasar que no era otra que escenificar el misterio del Calvario sin dolorosa, ocupando su lugar a los pies del Cristo de la Expiración y la Magdalena, nuevamente la imagen de la Verónica, algo la verdad difícil de sostener en cualquier tesis teológica e histórica sobre la interpretación de los evangelios. Tras el mismo, la hermandad de los Siervos de Jesús con el paso de la Virgen de la Piedad embutida en el modelo con el que entonces se desarrollaba la cofradía, siguiendo al paso la banda de Borriquilla de La Carolina.
Y es que el modelo antiguo comenzaba a acarrear un trabajo estresante a la cofradía de la Santa Vera Cruz, cuando apenas no se había encerrado esta procesión, nuevamente se echaban a la calle cambiando imágenes apresuradamente, la flor del monte del Cristo y el mismo colocarlo en el paso de Roncero y la Santa Vera Cruz  a escenificar ese raro calvario que nos sacamos de la manga sin Cristo, y observando que la riña del veterano cofrade no había servido de nada porque la Verónica continuó haciendo, no sé, las veces de dolorosa. Es curioso, dije en las entradas de 1992 que la verónica, cuando desempeño el papel de dolorosa desaparecería de este paso como del palio para siempre, pues como vemos no, volvió… llegaba “la general” y aún recuerdo el cabreo que me pillé con Madueño porque apenas se vislumbró el Cristo de la Expiración como a mí más me apasionaba, porque esta era la procesión más esperada por mi cada año. Creo que sería el año de comenzar a subir la cuesta de la Silera, nuevamente un enclave que también se haría famoso para el disfrute del discurrir de las cofradías, de esta “general” que daba sus últimos coletazos, con unos cansados costaleros de la Piedad subiendo a un paso más ligero la empinada cuesta, con el Santo Entierro en silencio porque se decía entonces que así es como debía de ir este tan serio y respetuoso pasaje iconográfico, algo que al año siguiente crearía un curiosa disputa por saber a quién pertenecían los derechos y honores de esta procesión que el ayuntamiento consideraba oficial y por consiguiente llevarse los servicios gratuitos de la banda municipal. La grabación acaba con la llegada a la Ermita de la Soledad de su homónima cofradía donde el autor de la grabación se extasiaba en la filmación por la simple razón que era su cofradía, la cual mostraba una cara, motivo siempre de disputas con sus cofrades por no guardar un poquito el espíritu serio y luctuoso de la jornada, con la excusa de ser la última procesión, en la que hasta el Cristo del Buen Morir se mecía como muchas veces he dicho, como si estuviésemos en la aldea de Zocueca el último domingo de septiembre, sin duda la llegada el año anterior con “Lloran los Clarines” encajaba bastante más que “Hermanos Costaleros”. Maneras de interpretar la fe, la devoción, muy discutibles pero que cada año se excedían hasta que poco a poco se fueron reduciendo.

La Semana Santa la cerraba al medio día luminoso del Domingo de Resurrección la imagen del “otro” Resucitado como algunos en la hermandad lo definen, con la algo más lógica algarabía de la música y las mecías de la cuadrilla, aunque siempre deba de primar la búsqueda elegante y no llegar a la chabacanería. Monte blanco que se ha hecho seña de identidad sobre estos cofrades morados que comenzaron a teñirse de blanco el caperuz por la alegría de la resurrección, saliendo de la Encarnación como sigue hasta nuestros días y encerrándose en su vieja capilla, con la novedad aquel año de llegar hasta la misma con el trono andando de espaldas, igualmente regalando flores como si de la cabalgata de reyes se tratara, pero flores en lugar de caramelos, para que la amplitud de la plaza de la Constitución pudiese ver perderse la última procesión de la Semana Santa. Y última es esta entrada de la serie, como dije al principio, como me propuse, no sé si en el futuro podré continuarla porque algunos videos los perdí, pero queda ya escrito y mostrado al mundo cual y como fueron los sentimientos cofradieros de alguien que entonces no sabía lo que era un capillita, pero que se erigía poco a poco como uno de los apasionados de tomarse la religiosidad popular como una forma de vida de este pueblo… las horas e incluso el dinero dedicado a esta serie son un ejemplo.

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