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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 12 de julio de 2014

EL CRISTO DEL GRECO SEVILLANO...

Hace unos días, en una visita magnífica que realicé después de muchos años al madrileño Museo del Prado, gratificante e enriquecedora visita, ahora con más edad, con más pasión y con algo más de conocimiento por el mundo del arte, aunque no mucho, junto a mi buen amigo Pedro Soriano de Castro –el cual fue un guía de lujo ante la gran cantidad de obras de arte de la pintura que atesora el museo-, pude cumplir un ya lejano deseo de contemplar in situ la gran colección de obras del Prado. Quizás el destino lo quiso así, fuimos a visitar la amplia galería en el año que se cumple cuatrocientos años de la muerte del pintor griego Doménikos Theotokópoulos, que conocerán rápidamente cuando indique cómo fue conocido universalmente cuando se afincó en España… El Greco. En el Prado, aparte de la exposición permanente se alzaba una exposición en honor del Greco por la efeméride referida donde se mostraban las obras que tiene en propiedad el museo saludas de la mano del griego, más algunas importantes cesiones – como la Oración en el Huerto que se encuentra en la vecina Andújar- para conjugar con otra serie de obras de todos los tiempos, evidentemente posteriores a la vida del Greco, donde su arte había sido un importante hilo conductor de inspiración en artistas posteriores al mismo.
En la exposición, además de maravillarme de la gran parte de sus más consideradas obras, tuvo que surgir el pellizco capillita, de otra forma no estaría aquí hablándoles de algo que en cierto modo no tenga que ver con las pasiones de los simplemente capillitas. Entre lienzo y lienzo, en la sala donde se erigían muchas de sus más inmortales obras se encontraba un lienzo donde figuraba la estampa de Jesús de Nazaret cargando con la cruz a cuestas, en concreto el lienzo titulado “Cristo abrazado a la cruz”, una obra realizada entre 1597 y 1600 durante su último período toledano y que se exhibe permanentemente en las salas del que los eruditos consideran como el tercer mejor museo del mundo. En la pintura, el Greco refleja a un Jesús con la mirada al cielo, con corona de espinas, más que cogiendo la cruz, parece en el momento en que la recoge por parte de sus verdugos y la abraza haciendo que pierda en cierto modo todas las connotaciones negativas al significarse como el trono sobre el que Nuestro Señor redimió a la humanidad. Cruz de sección plana, como apuntan los expertos, una herencia de la pintura renacentista y manierista. En tal genial obra, el Greco consigue aislar al Redentor de cuanto acontece a su alrededor, estableciendo al fondo una atmósfera neutra en la que se recorta la figura del Señor. Además en ella se muestra más que una escena en una búsqueda de realismo con los tormentos camino del calvario, nos muestra a un Cristo muy divino, con mucha planta de rey, de poder asumiendo su martirio para el perdón de los pecados. Para ello el Greco lo vistió con los colores y vestimentas que fueron más usuales en el arte pictórico a la hora de representar al Redentor cuando el mismo se encontrase vestido.

Si buscásemos características similares en el arte escultórico, pero deteniéndose más en el arte cofradiero, sería bastante poco probable encontrarnos a un nazareno, más si es de vestir que se salga del color morado para su túnica y que además cargarse sobre su hombro con el tradicional manto judío, el mantolín en términos cofradieros, que suele ser más común en pasajes anteriores al prendimiento en el huerto de los olivos, así podemos ver a Jesús revestido con su mantolín en misterios como la Borriquita, la Sagrada Cena o la Oración en el Huerto. Supongo que la eliminación del mantolín tras la captura a Jesús se debe a lo tormentoso que tuvo que ser el procesamiento al Hijo de Dios, donde evidentemente ante tanto ajetreo y abuso no es para que fuese con el mantolín que posiblemente pudo quedarse en Getsemaní, incluso sus sandalias, de ahí, además de un recurso artístico de la divinidad extendidísimo, Jesús suela figurar en su Pasión, Muerte y Resurrección descalzo, al estar así en su agónica oración en el huerto de los olivos. El Nazareno del Greco además viste unos colores muy especiales, que como dije se alejan del morado penitencial de los nazarenos procesionales como color más predominante. El Cristo del Greco viste túnica roja – más común en los nazarenos y cristos de talla completa, hasta en sus vestiduras- y manto azul siguiendo el sistema unificado de colores de uso litúrgico que desarrolló el Papa Inocencio III (1198-1216), fundamentándose principalmente en el libro del “Cantar de los Cantares” perteneciente al Antiguo Testamento. De esta forma el azul del manto se manifiesta como idea de salvación y pureza , y el rojo de la túnica como claro signo de sacrificio y amor, vinculado  inseparablemente  a la condición sacerdotal y de Rey Mesiánico  que atesora Jesús por su linaje regio, al ser igualmente este color desde la antigüedad el que identifica a la realeza desde la época clásica, motivo por el cual los saldados  y verdugos lo revistieron con una clámide purpura en las burlas tras los azotes como “Rey de los judíos”, de aquí que el escarlata sea usado en la liturgia para significar el Domingo de Ramos.



¿Y todo esto que tiene que ver con las cofradías? ¿Qué tiene que ver este cuadro con la imaginería procesional? ciertamente como dije, en Andalucía es complicado encontrar una imagen pasionista de Jesús con la cruz a cuestas que se asemeje estéticamente al Nazareno del lienzo del Greco, pero paradójicamente si hay una imagen en Sevilla, que en cierto modo pudo estar influenciado en su hechura por los conceptos del cuadro del Greco. Es curioso que además sea una de las iconografías más peculiares del arte cristiano y sobre todo del procesional, ya que al mismo muchos lo encuadran en la tipología “nazareno”, es decir, Cristo cargando con la cruz al hombro y otros no lo tengan tan claro… obviamente me refiero al primer Cristo que pone sus pies en la Semana Santa de Sevilla, allá por el barrio del Porvenir, Ntro. Padre Jesús de la Victoria. La imagen del Señor como todo el conjunto como sabrán la gran mayoría pertenece a la gubia del umbreteño Antonio Illanes Rodríguez, el cual creó uno de los pasajes más particulares en el mundo cofradiero, que curiosamente nadie ha copiado de la Semana Santa hispalense, lo que le da más valor a ser un pasaje icnográfico prácticamente único. Su singularidad recae en que dos sayones cogen el sagrado madero para dárselo al condenado nazareno y se encuentran prácticamente llegando al hombro derecho de Jesús, hombro por cierto menos común donde se presentan los nazarenos cargando con la cruz – en el lienzo recae en el izquierdo-, aunque los hay, como el Abuelo de Jaén o el “Viejo” de Bailén. Un sanedrita dirige el momento ante la antena guardia de un soldado romano, un singular pasaje escenográfico, recogido en los textos evangélicos que ideara en un dibujo pintado en acuarela Fernando Aguilar para guiar el encargo a Illanes. Una singularidad con la que nació este Cristo fue en su forma de vestir y en muchas otras características que en cierto modo retrotraía a la famosa pintura del Greco, lo que hacía que la imagen, si la consideramos casi un Nazareno se alejase de los cánones establecidos. La imagen al ser de vestir, a la contra de las imágenes secundarias del conjunto se siguió vistiendo como algunos tratadistas clásicos de arte conformaron, a la contra de lo que el espíritu cofradiero luego tradujo. El Señor desde su bendición allá por 1940 comenzó a vestirse con túnica roja y un manto azul, porque según los textos evangélicos, tras la condena en la Torre Antonia, a Jesús se le despojó de la clámide de las burlas y se le revistió nuevamente con sus vestiduras para subir al Gólgota con la cruz de su suplicio y de su redención, lo que podría incluso llegar a hacer entender que fuera con su manto, aunque obviamente en la realidad no llevase esos colores, eso como queda dicho es un recurso de marcación de la liturgia.









Además la mirada del Cristo de Illanes al cielo igualmente retrotrae a esa aura en que se sume el Cristo del Greco, donde Jesús aparece abstraído de todo, recurso muy conseguido de Illanes más cuando el Señor se encuentra rodeado de personajes que juegan un papel teatral indispensablemente con la figura de Jesús de la Victoria. Sin duda fue un logro del arte desarrollado por Illanes para conseguir escenificar magistralmente la advocación del Cristo en la escena escogida por la hermandad de la Paz. Incluso en los primeros años, el Señor procesionó con una cruz de sección plana como la que presenta el Cristo del lienzo, opción nada extendida en la Semana Santa sevillana, mas afín a la tipología arbórea y que hoy en día solo presenta la aun recientísima imagen del Nazareno de la Humildad del Cerro del Águila, y que si algún día se confirman los eternos rumores de su incorporación al cortejo procesional del Martes Santo, seguramente recuperaría esta vieja estampa perdida de la corporación hermandad del Porvenir. Porque al final parece que prevaleció los cánones cofradieros de la ciudad y la cruz se convirtió en arbórea y también se perdió el mantolín azul, aunque el Señor siguió vistiendo de rojo, incluso en su origen Illanes dotó a la imagen de corona de espinas –como la Greco- que también se eliminó y que suele lucir comúnmente en cultos internos. Así lo conoció por primera vez el que les habla, así lo conoció muchas generaciones de sevillanos cuando se comía las calles de Sevilla con su humilde túnica roja, hasta que en 2006, tras veintinueve años sin hacerlo, la priostía, es esa corriente retro que aun vivimos en la Semana Santa decidió recuperar la estampa fundacional vistiendo al Cristo como los pintores clásicos creyeron que era lo más conveniente, como el Greco consideró que debía de vestir a Jesús en unas de sus inmortales obras, algo que me produjo el pellizco para recordar esta historia allí ante la obra del griego en el Museo del Prado de Madrid…. Años después se siguió la tendencia pero mezclando túnica bordada, para en estos dos últimos años volver a salir sin mantolín, luciendo una nueva túnica bordada, como ven, los cánones cofradieros siempre imperan en el gusto capillita de la capital hispalense…

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