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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 11 de julio de 2014

DOMINGO DE RESURRECCIÓN... CRISTO VENCIÓ EN LINARES.

Esta Semana Santa de 2014 había sido sin duda la Semana Santa de la vuelta a la gloria, por fin, que ya se veía lejana, habíamos podido en toda Andalucía sacar a Dios y María por sus calles sin el miedo de mirar al cielo. Una semana donde el cielo se vistió del color de la Inmaculada y en la noche se revestía de estrellas y luto como reviviendo aquellos tiempos románticos donde la Semana Santa definitivamente dijo, que quería formar parte importante en la idiosincrasia de Andalucía, en la semana más grande del año para tantos y tantos hijos de Dios como cuenta el sur de España. Pero llegó el Domingo de Resurrección, donde soñé que me despertaría en la vieja Híspalis, seguramente después de a ver contemplado recogerse a la Soledad en San Lorenzo, levantarme temprano y apostarme a la puertas del cielo en Sevilla donde unas palomas blancas, “Angelitas” de carne y hueso, las llenas de la misericordia más eterna que suele poseer la más normalmente efímera del hombre… le cantarían a un Dios resucitado la emocionante canción de Kiko Arguello… Resucitó por fin un año más Jesús, y los cofrades lo recibíamos como siempre, agotados, exhaustos, necesitando un tiempo muerto como en el Basket tras tanta y tanta pasión. Pero la semana de la gloria, donde brilló un sol, que parecía como aquellos románticos que bordaban los talleres de los bordados gruesos, se tornaba gris, con el sinsabor tras una irrepetible Semana Santa soleada y casi veraniega de volver a mirar los partes meteorológicos donde decían que la Semana Santa no iba a salir limpia. Aunque para algunos así fue, no se mojó ni se quedó en casa ninguna de las que ellos querían ver, porque prefieren perderse el ultimo caramelo de la Semana Santa, que en realidad es el caramelazo, porque en verdad es el sentido a tantos nazarenos, tantas cruces llenas de muerte, y tantas lagrimas vertidas por mejillas de dulcísimas Señoras, belleza terrenal para mostrar la belleza espiritual del Hijo de Dios y su Santísima Madre.
Iba a llover si o si, motivo para que no me fuera a Sevilla ni a media tarde del sábado tras haber descansado de la vorágine del jueves, viernes y sábado por la mañana ¿Encima me iba a volver lloviendo sin ver al Resucitado? La gran imagen de Buiza le echo valentía, abogó por el arrebato de ganarle la partida a un cielo que tras tantos días envidiables se cubrió del mayor enemigo de los cofrades y capillitas, pero al poco de salir la Resurrección en Sevilla se quedó para el interior de los templos y lo más profundo del alma. La mente me podía, incluso el viernes en Córdoba a unos compañeros del Santo Sepulcro, costaleros, capataz, etc… del Resucitado de la Carolina, donde también van un nutrido grupo de compañeros cordobeses, entre ellos el capataz Federico… les comenté que este año quizás me acercaría hasta la localidad cercana a Despeñaperros para contemplar la gran cofradía que están conformando entorno al misterio de la Resurrección, como ya dije una vez, en un pueblo más pequeño que el mío... Pero es complicado en ese día viajar hasta La Carolina por la nacional IV. Mi amigo Félix, me comentó que los años que lo sacó tenía que irse por carreteras secundarias, incluso yendo por Linares, Vilches, la Fernandina, etc… es decir una odisea, por la cola que se forma de todos los que vuelve para el norte desde Andalucía tras el puente. Allí se encomendaron a los arrebatos, aunque parece ser que también les llovió, como pasó en Córdoba, o Granada, la resurrección de Jesús estuvo un año más marcada por la lluvia...



Amanecía el Domingo de Resurrección con el color que menos gusta para sentir la gracia del día más importante de la humanidad, aunque los capillitas lo recibamos agotadísimos. No sé si sería por esta nueva Semana Santa experimentada, donde prácticamente no hubo ni lunes ni miércoles y encima me quedo sin ese sábado que en dos años se me han inyectado por las venas de forma aplastante. Creo que es el primer Domingo de Resurrección que me despierto con ganas de más y más, cuando la mente el día anterior me borraba las ilusiones, incluso otros muchos años ni siquiera veo una procesión, y ya solo pienso en estos meses de recordar y de revivir, y saborear los días de la gracia, hasta que llegue esa primavera andaluza que algunos llaman otoño y la chispa adecuada prenda la mecha hacia una nueva semana para los sentidos.
Me levanté con ganas de pasos, por redes sociales y demás preguntaba si en Linares había arrebato. Y lo había, y salte casi de la cama y viaje nuevamente hasta la ciudad donde vive una de las caras en las que veo y siempre veré al Hijo de Dios llamado Prendimiento, descansando ya en su capilla, sin sus retablos errantes por allí… pero bueno, mejor no hablo de Él que se me nubla la vista… 
Pedro Guerrero se me apuntaba y echaba el aldabonazo a una Semana Santa que hace un tiempo le dije, que si me conocía, le podría llegar y le podría cambiar la vida, nunca quise “absorber” la mente de nadie como me dicen que he hecho contigo, simplemente te di la oportunidad de ver y sentir la Semana Santa como yo, y esa atmosfera es la que te ha enganchado, pero bueno, en ti y solo en ti, está la opción a pensar si te ha hecho bien o te he hecho mal. La gracia se acababa, el cielo pintaba mal, podríamos terminar la Semana Santa empapados, incluso yo he visto nevarle al Dios de Víctor de los Ríos que cada Domingo de Resurrección se alza por esta vieja Cástulo, que por cierto no sé qué tendrá de Cástulo cuando la vieja ciudad ibero-romana está a unos cuantos kilómetros del casco urbano linarense.
Seguramente los castulenses que vivieron en la época de Cristo, ni les llegaría el rumor de este tal Jesús que había revolucionado Palestina, llevando contra las cuerdas al mismo imperio romano. Lo que movió aquel pobre carpintero nacido en Belén… que sabrían aquellos castulenses que cuando llegara la primera luna llena del mes Nissan, de esos molestos judíos, las ciudades que se levantarían a su alrededor pasearían para mayor gloria imágenes representativas de aquel pobre despojo humano en que quedo convertido a través del látigo, la cruz y la injusticia… injusticia humana que hizo justica en la gloria. Así buscamos al protagonista y único personaje principal de esta historia que se recrea a Dios gracias cada año. Buscábamos y la cofradía, en su siempre ejemplar actitud con los horarios que debe caminar una cofradía a razón de su recorrido, se presentaba con su paso de misterio en la calle Sagasta esperando para entrar en esa carrera oficial que en verdad, quitando jueves y vienes tarde, no sirve para lo que una carrera oficial se le requiere. Pero bueno puedes ver o esperar sentado a los pasos de cada jornada y así parece que le da más prestancia a la Semana Santa del lugar. Es curioso, la primera vez que vi esta cofradía, fue solo el palio, fue en esta misma esquina, pero entonces era saliendo de la carrera oficial y subiendo en dirección al coso de Santa Margarita para retomar la vuelta a Santa Bárbara, emocionándome de ver un palio a costal en una medida revirá con “Hermanos Costaleros”.
Se elevó el barco de la Resurrección en Linares, procesión matinal que siempre ha contado con la respuesta del pueblo de Linares. En sí, para mí es una de las cofradías punteras de la ciudad, si me permiten la imparcialidad que me da ser un bailenense que escogió una cofradía para salir según sus criterios, donde obviamente no existían ninguna filiación familiar ni devocional, la Resurrección junto al Prendimiento han sido siempre las más exquisitas y más preparadas en lo que se refiere a aquella adaptación a la sevillanas maneras que trajo los años ochenta, aunque aún les queden a las dos mucho camino por recorrer, aunque otras tantas se hayan acercado más en esa búsqueda de la excelencia cofradiera… por favor no se tome nadie esta palabras como una visión competitiva.


Por eso busqué un año más la Resurrección de Linares, y la misma venia sobre el gran barco que le están realizando. Un motivo más de lo que vengo a decir, cambiaron ese primer paso, de más escueta calidad artística por uno realizado por manos más tocadas por la gracia del buen arte. Gran barco que comenzó la revirá a los compases de la agrupación musical de la Pasión de Linares, con unas de sus mejores marchas, “Sangre en tus Clavos”. “Muy rancia va la cofradía” me indicaba un capillita linarense de los tantos que conozco, en la acera, a él que le encanta las hermandades de barrio y por ende esta quizás debería venir más alegre. Pero es lo que manda en la actualidad, los resucitados también se impregnan de esas nuevas modas por lo más serio que parece que comienza a prevalecer. Aun así, es una marcha de tal belleza, que merecía la pena saborear en la revirá, que fue bastante buena, comencé a palpar una grata mejoría en esta cuadrilla, desde la última vez que la vi, síntoma de que queriendo aprender los malos tiempos al final acaban por desaparecer. Pedro, con el que nunca había hablado de la dichosa cuestión con las plumas de los romanos, me comentaba que quizás lo suyo sería un cepillo en lugar del penacho de las grandes plumas de avestruz. Sin duda en la revirá por momentos la dulce cara del Señor, acrecentada por la mano del Luque Bonillo, se perdía entre el mar de plumas de los dos soldados que se espantan al contemplar la primera resurrección a la vida eterna de la historia.
Se abrían paraguas, comenzaba a lloviznar, al final parecía que le Semana Santa acabaría mal, pero la cofradía no perdió el temple, el paso siguió a su mismo son, mientras el perfil extraño del ángel de Romero Zafra, el que dicen que por un lado es mujer y por otro hombre –por aquello de que los ángeles no tienen sexo- alzaba la mirada extasiado mirando al Hijo de Dios abriéndonos las puertas del cielo. Dios se reconciliaba con los hombres entregándose a lo peor del hijo del hombre, que difícil se nos hace reconciliarnos entregando muchísimo menos…






Me gustó mucho como el paso anduvo sobre los pies, y como le abrió el compás suave al galeón de la Resurrección. Me encantó ese son, con esas marchas, con esa gran banda, creo que no necesitaba más, seguí pensando que la mejora evidenció que no les hacen falta cambios para crecer. Es curioso, a su vera, con el cuerpo de capataces caminaba el sevillano Manolo Soto, segundo capataz de la hermandad del Polígono de San Pablo, es más, es el que manda el misterio del Cautivo cuando Zambrano va con la Virgen del Rosario, y de este paso sevillano igualmente pienso lo mismo, le van también el clásico modo de andar, que los cambios estropea una burbuja de la gracia que iba envolviendo a la gente a su paso.
Tras de Él venía su Madre del Amor Hermoso, diríamos que la única dolorosa que se llamaba así en Andalucía hasta que llegó la de la parroquia de San José Obrero de Bailén. Pero para mí no, Ella, sin lágrimas pero bajo palio viene abriendo la gloria tras su Hijo, al que buscó aquella mañana de luz de entre los muertos. Un palio muy vistoso, el de malla por excelencia en la ciudad minera, salido en gran parte de los lápices de fray Ricardo de Córdoba, aunque Felipe López siguiese la línea del fraile capillita andaluz para completarlo. Supongo, que con el buen trabajo que están haciendo, cuando vean dorado su paso de misterio, optaran por el bordado en lugar del recorte. Pero su catedral del Amor más hermoso de María también se movió con finura, quizás a día de hoy es el palio referencia en el compás y movimiento del palio que más me gusta de la ciudad, ellos que no tienen un palio con doce varales maestros, y con los basamentos sueltos para poder salvar el dintel de la parroquia, que también hay que contar con esa suerte.
Tras Ella la banda de María Inmaculada, para la Inmaculada de la Semana Santa linarense, banda que es el fruto del buen hacer del amigo Paco, y ahí están los resultados, y esos resultados se alzaron al cielo de Linares con “Madrugá Macarena” y después con “Hosanna in Excelsis” para plantar a la dolorosa alegre de la ciudad ante el palco de la carrera oficial. A partir de ahí continuamos junto a la hermandad hasta la recogía, chicotá a chicotá, mientras le daba un abrazo al segundo del palio, Justicia, con el que he tenido el honor de compartir trabajo este año bajo el Soberano de Linares, un gran costalero, habría que tener en cuenta porque casi todos los más “capacitados” en técnica costalera de la ciudad están bajo las divinas plantas del Prendido de San Agustín.




Por la calle Carolina o la de la Cruz acompañamos al misterio, que siguió dando alarde de lo que vine contemplando, que andando sobre los pies dominaban al paso y le daban su son, paseando al Señor Resucitado bajo unas nubes que dejaron de llorar para que por lo menos en Linares la Semana Santa si hubiese sido completa. Siempre en los lugares de cofradías te encuentras a compañeros, a amigos, fue grato despedir la Semana Santa con un abrazo o un apretón de manos, quizás hasta el año que viene… la Fuente del Pisar recibía a su cofradía, o a una de ellas ya de vuelta, y por allí me encontraba con David Parra, y poco después con Félix y Toñi que vinieron a echar igualmente el aldabonazo a la Semana de Dios en Linares. Comenzaba la “cuesta del costalero” como la llaman en esta hermandad, derroche de fuerza bajo los pasos con chicotás eternas subiendo San Pedro, enlazando marchas, en los dos pasos. La lluvia hizo que me perdiera el disfrute de contemplar el nuevo banderín de Pasión, una obra que quizás ya sobrepasa los límites artísticos a los que aspiran las bandas. Pedro Palenciano les ha creado más que un banderín, una insignia guion de hermandad con solera, de las “grandes” como diríamos los capillitas, bordado exquisito, por todas las caras, un formato nuevo donde la palabra PASIÓN viene anunciado el resultado de un sueño ambicioso que tuvieron hace casi veinte años ya, unos locos de la música cofradiera en Linares.
Con “Triunfo de tu Santa Cruz” llegaba el Señor a su santa casa encalada, entre repiques de campanas -en ese campanario del que se siente orgulloso el amigo Pedro Muñoz de haber puesto los focos que lo iluminan cada noche-, petaladas y se posó a las puertas de su casa. Sonó la oración hecha cante popular, la saeta, y lo cierto es que la muchacha que le cantó mostró grandes dotes con el complicado arte de la saeta, fue digna de los repelucos. Y los Repelucos aparecieron por mi ser, por mis lagrimales cuando el Señor poco a poco se comenzó a perder al interior de Santa Bárbara, mientras su dulce mirada parecía decirme, que sí, un año más habíamos podido los dos disfrutar de su Pasión, Muerte y Resurrección. Habrá marchas nuevas, llenas de enorme genialidad musical, salidas de los genios de la composición, incluso no aptas para cualquier banda, que Pasión acabó interpretando la dulce melodía, sin percusión de “Chistus Vinci” y el “Cerca de Ti”, así, con canticos tan gloriosos dibujaron la recogía más perfecta, siempre sobre los pies, poquito a poco andando para atrás, cuando los pasos solo tiene que hacerlo, para despedir a Dios y su Santísima Madre del pueblo. La penumbra de los cielos contrastaba con la dulzura del Señor, estaba nublado pero el parecía iluminarlo todo y esa música… ¿cómo describirlo? fue el momento de la gracias, solo nos vale eso, que me perdone mis fallos, mis rencores, ojalá pudiese poner la otra mejilla como él la puso. Un escueto moratón me lo recordaba y la burbuja lo enmudeció todo, éramos solo Él y yo con esa banda sonora indescriptible. Quizás este ha sido el final a una Semana Santa más emotivo que he vivido, no quería que entrara, quería que fuese otra vez Domingo de Ramos pero…

Al final nos llegó María, trabajando sus hombres el compás de María, llenando de júbilo el domingo y las marchas alegres sucediéndose. “Reina de Triana” movía con la gracia de la Cava el palio “calao” de Linares, con sus ecos rocieros la Madre del Amor se aproximaba a su casa de Santa Bárbara. Levantás fuertes y gordas, poderío en la cuadrilla, hay futuro bueno bajo sus trabajaderas y al final ,siempre al final, ese giro para que todo el barrio le viera que en su cara ya no había lágrimas, sonreía casi igual que cuando por el mes de octubre, su “hermana” del Rosario le rindió visita, Ellas, Madre de Dios, Amor o Rosario que hoy me enterado que le han echado una manilla, donde allí arriba más nos tienen que ayudar a una buena devota y enamorada de la Virgen María. Sonaba “Encarnación Coronada” –curioso que su hija se llame Encarnita- para una de las Vírgenes de Linares, Ella que hace a su hermandad mariana por excelencia en la tierra de Linarejos y nada más que por eso tenía que sonar el Ave María mientras poco a poco el palio se perdía en la penumbra del letargo, poco a poco se marcha la magia, la chispa de la Semana Santa se iba apagando, un año más ante el jubiloso triste final… sonaba el Himno y los músicos de mi amigo Paco enlazaban con el trio de una marcha que el mismo le dedicó al Amor Hermoso “En tu Inmaculada Concepción”, de alegre y fresca melodía, muy gloriosa para las glorias de María… se me marchó la semana más esperada, siempre las más corta del año, dura y de gloria, de mucha gloria, para afrontar un año más la espera. Vuelve la normalidad, perdónenme a los que mis pastelosas crónicas les hayan hecho olvidar el blog todo el tiempo que ha durado, he querido quizás darle el único protagonismo que me quiero dar en este mundo, el de mostrarles la Semana Santa que vieron mis ojos y sobre todo percibió mis sentidos más sensibles. Con el final llegó el principio de muchas cosas que aún están por llegar, de pensar, de meditar, y esperar para ver donde me llevará el Señor, ya por lo pronto me ha puesto un meta donde como siempre si Él lo quiere intentaré dar lo mejor de mí, siempre, ¡siempre! para su mayor gloria…

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