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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 14 de junio de 2014

SÁBADO DE PASIÓN... EN LA VÍSPERA DE LA GRACIA (y III)

En Sevilla ya se había hecho la noche, se había cubierto por un manto azul marino que se tornaría en negro, más que nunca, disponiéndose a recibir la semana de la tristeza y a su vez de la gloria, cuando amaneciera, ya sería Domingo de Ramos y este año ya estaría en Sevilla… continuamos esta jornada de pre-semana santa, donde se sentía más patentemente que parecía que era la hora… pero aun no era la hora, pero seguíamos buscando la gracia en unas vísperas que la verdad no sustituyen ni adelantan pero sirven como perfecto comodín para adentrase  a lo que había que adentrarse. Fue día de contemplar imágenes de mismos autores, de Duarte en San José y en la Trinidad, de Alcosa a la Milagrosa. Buscaríamos, cosas de las paradojas a la única dolorosa de su maestro que se pasea por Sevilla, aunque lejos de la vieja ciudad, pero en Sevilla. Dice el imaginero afincado en Ginés que su maestro, el eterno Paco Buiza lo echó del taller cuando realizó una dolorosa para la Semana Santa sevillana, Guadalupe, porque él no tenía ninguna, orgullo de artista, o vacile de comerciarte, según se mire, pero cosas del destino tiene ya una en las vísperas y quien dice que no llegará algún día a la Catedral en los días grandes. Este viaje era más cercano, hasta Nervión y su colindante barriada de Ciudad Jardín, donde se levanta la escueta parroquia de la Milagrosa, vamos el mismo Nervión, ya que algunos años han llegado al templo de la Sed y el Sánchez Pizjuán siempre dibuja algunas de sus estelas. Cerca del estadio del Sevilla la marea humana se movía, siempre me ha dicho mi prima Isabel que Nervión mueve mucha gente en las noches de ocio, y va este que les habla y se mete por la calle del fondo norte encontrándome un atolladero de vehículos quizás buscando lo mismo que yo, pensando que había metido la pata y a ver cuánto tardaría en buscar un lugar para aparcar… pero íbamos buscando la Esperanza, no era la Macarena, pero si era un Cristo que quisieron vestirlo en sus inicios de verde esperanza, pero los cánones acabaron por implantarse, para que Dios cruzase el torrente Cedrón repartiendo esperanza de morado por la que vengo a definir como la nueva Sevilla. Milagrosamente, curiosamente buscábamos la Milagrosa, un “gorrilla” apuntaba a un lugar justamente en el fondo de las pasiones del campeón de la “Europa League” y me ahorraba los problemas de un plumazo, quizás el Dios del Puente Cedrón y su Madre del Rosario nos estaban esperando.




Paladeando la suerte que creíamos que habíamos tenido, contemplando en la memoria al pobre de Antonio Puerta en su puerta del estadio buscábamos nuevamente la fragancia de estas particulares Semanas Santas de los barrios. Al fin el movimiento humano nos llevaba hasta nuevamente los Salesianos de Nervión, de salesianos en salesianos, esencia Auxiliadora en el ambiente, por donde se encontraba acercándose hasta la sagrada morada el paso palio de tintes otomanos de la Virgen del Rosario. Pero el gentío era considerable, aquí comencé a palpar más lo que sabemos que es la Semana Santa de Sevilla, sobre todo a Antonio le incidía que hasta mañana no nos daríamos cuenta de lo que es ver gente por todos los rincones de la ciudad. Por ello buscamos al gran misterio de la “hermandad” para deleitarnos con la “cofradía” entera. Aunque hay que matizar, ahora no buscábamos una cofradía, sino una agrupación parroquial, por ello aquí no había nazarenos. Es curioso que en la procesión que no hay nazarenos, es donde quizás sentí más rotundamente las sensaciones que al día siguiente iba a explosionar en mi alma en la plaza del Salvador.
Dicen que este proyecto de hermandad tiene a la vuelta de la esquina la aprobación como hermandad, dicen y yo leía que van a base de pasos de gigante, la verdad uno contempla como han pasado de ser unos desconocidos a estar ya en la agenda cofradiera de la ciudad de la Semana Santa por antonomasia y entonces me sorprendí al observar su cortejo. Esto lo siento, si alguien puede pensar que es negativo, pero cuento lo que veo y por ello considero que tengo que destacarlo. Evidentemente su cortejo se formaba por personas vestidos de paisano, los hombres sobre todo de traje y cirio como mandan los cánones de una comunidad cofradiera que no tiene aprobadas sus reglas como hermandad de penitencia, aunque fuesen haciéndola, pero me impactó el escasísimo número de hermanos o futuros hermanos que se limitaba a unas cuantas parejas delante de los pasos y encima para que quizás no se estorbasen las músicas de los pasos, los separaban como si de una hermandad con muchos nazarenos se tratase, pero evidentemente con unos grandes huecos vacíos entre paso y paso, parecían dos cofradías separadas, casi como los ensayos de costaleros pero con imágenes y banda.
Grandes núcleos de personas seguían sus pasos mientras entre medias apenas había gente, ahí fue cuando quizás comencé a comprender a aquellos tan “puristas” que parecen estar en contra de estas “cofradías”, porque sin duda no reflejan la excelencia de las cofradías de la ciudad. Pero bueno, todo ha de caminarse, seguramente cuando los aprueben y lleguen las túnicas, quizás el panorama cambie como ocurrió en otras hermandades con similares caminos. Con ello, pasabas de la calle casi desierta a encontrarnos en una revirá atestada de gente saboreando el misterio de esta agrupación parroquial. Decía que sería una jornada de contemplar imaginería de mismos artífices y con este tenía ya ganas de conocer el magnífico trabajo de José Antonio Navarro Arteaga en este nuevo pasaje iconográfico para la religiosidad popular sevillana, se quiera admitir o no, con fuertes enlaces inspiradores con la hermandad de la Paloma de Málaga con la escenografía del misterio. Algo alejados pudimos contemplar el pellizquito de contemplar un gran galeón soportando un gran misterio al compás de la Redención de Sevilla interpretando “Padre”. Ciertamente vi en esta cuadrilla, sino me equivoco la que más hombres calza bajo las trabajaderas en la ciudad una influencian en sus andares muy parecidos a los del misterio de la banda que los acompañaba, el del Beso de Judas. Como ocurrió en San José Obrero, al desconocer las calles de esta zona, me ha costado identificar en videos las chicotás que pudimos contemplar, por ello apenas incidiré en algunos momentos pero si los que más se quedaron grabados en mi memoria.
Aunque en barriada de edificios contemporáneos, la noche en Sevilla parece ser especial en todos sus rincones. Ante nosotros llegaba el galeón del Puente Cedrón, sobre un paso que es digno pero que viene a explicar la precariedad de los primeros años, sin duda veo a este misterio sobre un paso barroco, de bombo y dorado. Sobre los pies, ganándole metros, esta “cofradía” comandada por el capataz de la hermandad de la Sed, al final todo queda en el barrio, Ricardo Almansa ofrecía al público el buen hacer de las cuadrillas en Sevilla. Como dije, un paso andando con cambios, elegantes, parecían que llevaban siglos caminando por Sevilla y con el inconfundible estilo de la Redención muy patente, quizás algunos de los promotores sean hermanos de la hermandad del Lunes Santo, que vaya tras el misterio la banda que dirige Emilio Muñoz Serna puede ser otro motivo. Paso realizado para la noche sin duda, para darle más juego a esa antorcha de luz natural del guarda judío que guía al rabí desde Getsemaní hasta el Sanedrín, atravesando el torrente Cedrón, un riachuelo que separaba el huerto de los olivos con la ciudad santa de Jerusalén, siguiendo un patrón iconográfico que puede provenir de Trapani (Italia) donde el Cristo cae sobre las mismas aguas, atravesándolas, por lo que es más evidente que la influencia provenga del misterio malagueño - el cual puede nacer de enlaces directos con la localidad siciliana-, de utilizar el recurso de un puentecito –éste realizado en materiales con efectos muy realistas-, el cual da rotunda denominación al misterio de la capital de la costa del sol y ahora a éste del barro de Ciudad Jardín, que mira siempre en la distancia el alminar-campanario de las eternidades. Magnífico trabajo de Arteaga en todo el conjunto, sigo reafirmándome, que este hombre parece otro cuando su trabajo va destinado a su ciudad, escaparate de los escaparates aunque sí creo que el recurso del caballo, queda muy metido con calzador en el misterio. Se nos iba, buscando un parque que atravesaría la corporación y nos llegó el paso palio, germen fundador de esta más que inminente hermandad, o eso espero.



Se lamentaba Buiza, dicen los eruditos, de que su genio no quedó plasmado en la cara de la Madre de Dios en el escaparate de los escaparates, aunque ciertamente no le hizo falta para demostrar su valía, porque su arte mariano quedó para la posteridad en otras localidades, donde según mi visión, dejó un estereotipo propio y actualizado de lo que fueron las dolorosas de su referente más incuestionable, Juan de Mesa y Velasco, supongo que tocar con sus manos las facciones del Socorro le confirieron ese dominio. Llegaba en un paso palio de considerables dimensiones, bajo la bambalina del malagueño Salcedo que siguió novedosos estilos otomanos para las artesanías cofradieras de la ciudad. Bajo el mismo, Ella, otra muestra más del culto al Santísimo Rosario a través de María dolorosa en la vieja y nueva Híspalis. Sin duda puede descansar en el cielo el maestro Buiza, porque esta dolorosa que quizás nació para el culto privado de la iglesia, sin pretensiones cofradieras, por fin saldría a atraer los corazones de los sevillanos, con el magnífico compás que ya se intuía en el mundo de abajo, caminando las noches de Nervión o Ciudad Jardín. Volvimos en busca del galileo de amplios cabellos, este Cristo que pareciese Nazareno y Cautivo a la vez, tras salir de aquel parque se nos presenta en una revirá donde llegó el primer pellizco, el que llevaba buscando toda la tarde noche, esos momentos de arte efímero que se agarran al cuello y hacen abrirte a la Effetá. Curiosamente nuestro amigo David Mira llevaba un tiempo diciendo que estaba buscando la partitura de una marcha de la Redención, muy bella a mi entender, llamada “Bajo la luz de tu mirada”… el mismo echaba fuego por el whatsapp cuando le describimos la medida, lenta y perfecta revirá con la marcha referida, como a mí me gustan, siempre sobre los pies, del galeón del Puente Cedrón, mientras la guardia judía iluminaba la noche sevillana que ya se preparaba para darle la bienvenida a la luna llena más esperada de la ciudad. A veces no hace falta más, para que la burbuja se abriese por fin y nos atrapase para la gloria…
Era ya tarde y llegaba la hora de comer algo para volver a echar el aldabonazo a esta novedosa jornada para todos los presentes. Por un bar de montaditos, se nos iban las horas de la espera mientras nos deleitábamos con una mujer llamada Valle, y precisamente no era la Señora de los ojos verdes de la calle Laraña. Sevilla en estado puro, que me gusta el acento sevillano en boca de una linda sevillana, aunque pareciese que Sevilla aún quedaba lejos. Volvimos al encuentro del tortuoso apresamiento y traslado del profeta algo arrogante según su captores. Ya iba de vuelta en esta estación de penitencia sin prisas, relojes, campanas ni catedrales y por ello antes nos encontramos al paso de palio, el cual seguimos durante algunas chicotás. Al final, un avenida nos alertaba de que el misterio estaba próximo a la recogía, nuevamente dibujando una gran multitud a su alrededor, donde entre medias es que no había cortejo ninguno. Antes no encontramos la curiosa “centuria” judía que acompaña al misterio, si la Macarena lleva romanos, esta agrupación ha conseguido crear magistralmente una de guardias judíos, ahora que se está apostando por el rigor historicista de poner a los personajes que fueron y aparecieron en cada momento de pasión en su lugar. Destacable detalle de todos los hombres que se habían dejado la barba lo más larga posible, como era tradición judía e algunos incluso con arreglos o afeitados que recordasen a las modas de aquellos hombres de palestina de hace casi dos mil años. La vestimenta, la compostura, todo magnífico, pero ese aviso a lo “cornetín de órdenes” con el cuerno, por muy fehaciente con la realidad histórica que fuese, no terminó de convencerme, eso para otras Semana Santas vale, pero en Sevilla me resultó chocante.



En la amplia avenida se elevaba el paso para las ultimas chicotás de Jesús de la Esperanza por su barrio, sonaban sus marchas, “Puente Cedrón” y una obra que comenzaba como emulando el tambor destemplado de su centuria judía evocando a los titulares de la agrupación parroquial… “Un Rosario de Esperanza”. Levantá a pulso, que se dibujó con una lenta y eterna chicotá que acabó con un silencio digno de los silencios de Sevilla mientras el largo misterio se adentraba, con los costeros a tierra por la puerta que estos mismos “cofrades” abrieron para que se pudiese hacer realidad esta pronta hermandad de Sevilla. El cansancio de un nuevo día que comenzaba a las cinco de la mañana, con viaje, se dejaba caer como las trabajaderas de los pasos, y la noche sevillana me jugaba una buena, convirtiendo la calurosa tarde casi veraniega en una demasiado fresca noche como para ir en manga corta. Helado estaba cuando nos vino la Virgen del Rosario a calentarnos con la luz de su candelería mientras la calidad de la banda nos mostraba que “Mi Amargura” bien interpretada puede parecer más de lo que a mí me parece, quizás fue el momento efímero que hace casi cualquier marcha; sublime, pero así acabó esta primera jornada, que para mí no fue la primera, fue un anticipo, la gloria se abriría cuando abriese la ventana del hotel y viese el azul del Domingo de Ramos más soñado. En busca del coche, al salir a la avenida de Eduardo Dato, al fin la vi, iluminada como la antorcha del judío alzándose al cielo de Sevilla, al fondo nos esperaba la Sevilla eterna y el Giraldillo parecía colocarse sus mejores galas para recibir a la gracia más grande de la ciudad, a sus cofradías. Dejábamos a Antonio por San José Obrero, y por fin me adentraba a Sevilla por donde nunca he entrado conduciendo, atravesándola en la ya tranquilidad de la madrugada por Puerta Osario, saludando la figura de bronce del Perejil y a Santa Catalina, por San Pedro incluso a las setas y su vieja hermana Anunciación. Recorrido de gloria por Orfila, Javier Laso de la Vega, el Duque, y Alfonso XII donde la cama nos esperaba, faltaban horas para que por fin nos fuésemos a la gloria, nos abriésemos al estruendo de la gracia, había parecido que ya era la hora, ¡y aun no era la hora!, ya teníamos que dejar de quedarnos en las vísperas y gritar al fondo de nuestra alama… ¡hágase la Semana Santa de Sevilla!...

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