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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

jueves, 22 de mayo de 2014

PERDONADME... MARTES SANTO SEVILLANO.

Eso, perdóname Martes Santo sevillano, porque parecía que era mi presencia la que nublaba el cielo de Sevilla, cual gafe que mi figura seria la que atraía el agua hasta el legendario suelo de Híspalis. Tres años consecutivos viendo que esta jornada parecía un extraño día donde en las iglesias había pasos en exposición, sin sentir la magia de la calle, donde en Sevilla los templos ponen un cartelito imaginario en las tardes de Semana Santa donde se lee: “CERRADO, DIOS ESTÁ EN LA CIUDAD”…
Este año tenía que ser, así lo quiso Dios, el de prácticamente no respirar el aire de la que ya sin duda es la Semana Santa de mi corazón, cada día más, algún año, ya lo decía hace unos cuantos, no tendría la suerte de perderme por sus calles casi toda la Semana Santa por Sevilla, “suerte” que paradójicamente era por estar parado, el año pasado estuve a punto pero cosas de los hoteles con ofertas especiales sin devolución hicieron que me dejaran, pero este año, ya lo verán si Dios quiere, casi me vi negro para pisar la vieja Isbiliya un solo día, bueno fue dos, pero de Semana Santa uno…



Siempre decía, en cada crónica de Martes Santo sin ser santo, que la pena me embriagaba al cerrar una nueva decepción, porque nunca sabría cuando volvería a ver las cofradías de esta jornada en la calle, como por ejemplo, el Viernes Santo ya llevo desde 2010 igualmente sin poder disfrutarlo, aunque el motivo de este año ha sido bastante diferente. Esta ha sido la Semana Santa soñada desde hace mucho tiempo, la del sol y un calor digno de la festividad del Bautista por lo menos, aunque me pregunto en que ha podido mejorar el ser humano para que este año si nos dejara. Por ello, por fin volvió el Martes Santo a Sevilla, que por lo menos pudieron disfrutar algunos viejos compañeros de viaje, como Cris, Félix y Óscar que por fin anduvieron la gloria sin el guía de los últimos años, por ello ilustraré esta entrada con algunas fotos que hizo Óscar, el cual por lastima este año no ha podido ilustrar mis crónicas, bueno si, hubo un momento en que estuvimos juntos.



Esto no es una crónica, esto es un homenaje a la baba que se me cae al contemplar estos videos, de las cofradías en su entrada en Campana, que pareciese que Sevilla estrenase jornada, de lo que me llevé tres años sin poder mostrarles a mis amigos, porque por fin el Cerro del Águila se volvió hacer centro, veinticinco años lleva ya la hermandad llevando y sorprendiendo a Sevilla, porque solo en esta ciudad creo que se puede obrar este milagro de kilómetros con tanta elegancia. Sobrecogedor el misterio del Desamparo y Abandono llenando la Campana al son de “El Cáliz”, cual banda sonora del cadáver del Hijo de Dios abandonado a su suerte, entre viles centuriones y sayones en el holocausto en que la tristeza de Dios lo inundó todo de tinieblas. Las que se abren para recibir a la Reina Coronada de los Dolores, al son de la marcha más popular de la hermandad que le abrió las puertas del Martes Santo, la que lo cierra; Santa Cruz y la solemnidad de “Cristo en la Alcazaba” e inundarlo todo del júbilo de esta hermandad de corte decimonónico de extrarradio con los compases de la para mí siempre especial “Coronación”…


Que ganas, cuantos días ya sin embriagarme del más peculiar caminar, el de Cristo crucificado, vaya paradoja, clavándose en cada zancada profunda de sus costaleros en el alma de Sevilla. El Cristo que los Javieres sevillanos dirán con más énfasis; “este es el Cristo de miarma”, el Señor de las Almas, sin más alarde que un pesado cofre de oro donde una genial cuadrilla mueve a un Cristo en silencio como para mí, pocos se mueven. Benditos Palacios, pero que buenos son ustedes hasta para llamar al silencio de una Campana donde quizás lo que menos hay ya son sevillanos que saben a lo que van… si alguna vez fuera costalero de Sevilla, me gustaría serlo bajo el Cristo de Ómnium Sanctórum… que pellizco tendrá que mis amigos se fueron a verlo salir. Algunos no me entienden, pero las hermandades pequeñas de Sevilla me pegan un pellizco especial, será porque quizás pienso que ellas son el modelo para las de fuera que no pueden alcanzar la excelencia de las grandes hispalenses, cuantos no firmaríamos sacar nuestra hermandad mínimamente como los Javieres… llega el palio, de corte clásico pero la verdad de los más flojos artísticamente hablando de la ciudad, pero el estilo, el andar lo hace para mí una joya digna de paladear con regusto que aun la Virgen de Gracia y Amparo no me ha concedido. Levanta “masisa”, tambor destemplado, bella Señora con singular presencia y por lastima una marcha de Abel Moreno que para mí no se amolda al ser de esta pequeña pero grandiosa cofradía, en algunas obras, el onubense no estuvo acertado con el carácter de cada hermandad aunque en esta, el palio le costó encontrar su sello.


Y sonaron platillos nuevamente por la ojiva de San Estaban, por fin el sol tostó la clámide púrpura del Cristo de la Ventana, Salud y Buen Viaje, sobre todo para los que tenemos que ponernos en carretera para sumergirnos en el éxtasis de la diosa Híspalis. “¡Salve Rey de los Judíos!” le gritaban los burlones sayones, hecha música curiosamente en los instrumentos de la Redención y el andar de frente, que los Ariza fieles al selecto grupo de los “anti-cambios” le insuflaron a esta cuadrilla donde la figura del “hermano costalero” dio algunos quebraderos de cabeza a esta sevillanísima corporación. Y en la ojiva se hizo nuevamente el milagro de ver emerger el palio de la Virgen de los Desamparados, triste recuerdo aquella oportunidad perdida de verlo en balcón en la collación de la judería. Por cierto estrenando manto que dicen lo han hecho unos aficionados, pa´ mi pueblo los quiero yo…


Cuentan mis amigos que la recogía de los Estudiantes es de esas que no se pueden explicar con palabras, solo hay que estar allí e embriagarse del sabor que siempre dan las hermandades de negro. Llega la joya de Juan de Mesa sobre su sobrio paso recién restaurado, el Cristo de la Buena Muerte volvió a enmudecer a Sevilla con su impresionante figura. Y que rabia no perderme en esos escalofríos silenciosos que te producen los grandes pasos en los grandes momentos. Nuevamente suena a Abel Moreno con una marcha que no encaja, nos muestra el paso que como diría su capataz, Antonio Santiago es una catedral dentro de otra catedral cuando el palio de la “recién lavada de cara” Virgen de la Angustia entra en la santa metropolitana… una de las joyas de Sevilla, y dicen que el Martes Santo no tiene ná…


El mismo pasado fin de semana me cruzaba con un amigo bailenense donde curiosamente me hice amigo de él esperando ver salir desde su balcón a la hermandad de San Benito. No pudo faltar preguntarle si por fin alcanzó ver al “Pilatos”, la Sangre y la “Palomita de Triana” salir a su calle de Luis Montoto… cuando volveré a perderme en la majestad de la Roma imperial trianeando aunque nos venga desde el barrio de la Calzada. Platillos y cambios para uno de los modelos más copiados de los misterios con agrupación agregándose en la lista de los pasos que han cambiado su típico friso de clavel rojo por los “exóticos” de variada flor y color… un diez para el que marca los cambios, no porque sean buenos, con pellizco, elegantes, etc… sino porque los clava en todas. La sobriedad, el clasicismo, la sevillania, la música clásica de cornetas, el retablo andante, el barroco renacido en las manos de Buiza lo trae el Cristo de la Sangre, seguramente aquel que vivió en Triana tenga poco que ver con esta maravilla, siempre ensombrecida por el poderío de la Presentación al Pueblo y la belleza de la Encarnación, la que cierra esta cofradía tan ansiada por este que les habla desde que la “Loba Capitolina” se perdiera por la calle Águilas en mi último Martes Santo como los “dioses” de la Calzá mandan…


Y la noche se abre desde San Nicolás, cuando la Candelaria ilumina el caminar de su Hijo de la Salud, el pequeño nazareno de ropajes tallados de la Semana Santa de Sevilla. “Qué raro” le pareció a un compañero de trabajo que lo vio por televisión en directo, que este año por este costero de Andalucía hemos podido hasta elegir canal para ver la Semana Santa en directo de Sevilla, aunque yo a esas horas estaba en una ciudad que también le embriaga a este compañero mío, Granada. Bello exorno floral para este coquetísimo paso y la llamá hace uno de los estrenos, ya que la cuadrilla volvió a levantar al cielo al nazarenito de San Nicolás… tambores destemplados, extensión del recurso de campana tubular en las bandas de cornetas y Triana eleva una oración al cielo de Sevilla, casi rezando el “Vía Crucis de la Salud”. Y tras Él la majestad luminosa del paliazo del color del agua cristalina de la Virgen de la Candelaria… por fin pudo la Campana volver a ver a esta dulce Señora moverse al son de la marcha pregonera de Marvizón que llevó al sevillano a la gloria…


Y la gloria que más recordé aquella tarde, caminando por la noche granadina, sabiendo que en Sevilla se había hecho la gracia del Martes Santo fue perderme en la mirada del Dios que siente la brisa costalera de Sevilla en su espalda, el que mira a la ciudad por la parte de atrás, ya que Él más que buscarla, la ve alejarse. Grandes los Gallego, su opera prima volvió a desglosar el buen hacer por las calles de Sevilla, de una ciudad que no podía evitar la Bofetá al Hijo de Dios. Excelencia suprema del maestro Lastrucci. Seguramente el imaginero de la calle San Vicente, si viera esta actualidad les daría las gracias a los Gallego y a las Cigarreras por conseguir cerrar tan magníficamente su “obra de teatro”, con el aroma del otro arte, el efímero. Elegancia, estilo Bofetá, el mismo Manolo Gallego cierto día me lo explicó en una magnifica charla del mismo, que no sabía porque los comparaban con el Herodes, cuando su son es diferente. Él mismo llama al martillo, el que decía que no era “poeta”, correcto en las formas como lo definió José Luis Garrido Bustamante en no sé qué libro, pero sabe apretar el nudo, y esos también son poetas, Alberto Gallardo lo definió cierto día como “sevillania”… poesía es la Bofetá de Sevilla hecha cofradía, quien sienta la magia del costal, sea un diletante convencido, un fatigas de la buena música y un tocado por la gracia del buen gusto, nunca puede perderse la mirada alejándose de Jesús anta Anás… hermandad de “misteriazo y de “paliazo”, la belleza de la Morena de San Lorenzo es algo que no puede pasar desapercibido, la castiza sevillana perfecta si la Madre de Dios hubiese nacido en Sevilla, y para saber quién es Ella, enhorabuena a su hermandad por mostrarla a Sevilla según la conoció López Farfán… “El Dulce Nombre” es su nombre…


¡Ai! Martes Santo como te eché de menos, que ilusión de tres años de buscar los repelucos en una oscurecida plaza de la Alianza, no pudo ser y los que Tú quisiste, Cristo de las Misericordias fueron los elegidos. Nuevo itinerario, que cuentan que salió ganando por lo que nos muestra la estampa nueva, por lo menos para mí de ver a este Dios Roldanesco sentado sobre su trono real del Santo Árbol de la Cruz, repartiendo esperanza, desde que nació en un sueño imaginero para el servicio de la fe, entrando en Campana silente, desde el Duque. Si el primer palio entró con su marcha, la Virgen de los Dolores de Santa Cruz le devolvió el gesto a la Reina del Cerro y entró con una de sus marchas, obviamente la más sobria de las que atesora, “Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono”, como siempre magistralmente interpretada por la banda de Tejera, la banda de las rancias de Sevilla… con ingredientes así, como no hacer una entrada en Campana colosal y es que como le dije a un viejo amigo, Sevilla en los últimos veinte años se ha desmarcado del resto del mundo más que nunca.
Este fue el Martes Santo que se recreó en Campana, este fue el Martes Santo de Sevilla que me tiré tres años ansiando y que este año volvió a hacerse realidad pero no para este simple capillita, quizás yo fui el gafe Señor, por eso os pido perdón Sevilla, os pido perdón cofradías del Martes Santo, pero que sepáis que si se me presenta otra vez la oportunidad, y Dios me lo concede… volveré…

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