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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 25 de abril de 2014

LA ESPERANZA Y SUS PALOMAS DEL SEÑOR...


Tenía ilusión este año de haberme apostado nuevamente en esa calle bendita, ante esa humilde puerta más bendita aun donde el año pasado pude contemplar un trocito de cielo, podría haber sido nuevamente con los Servitas y con más ahínco quería escuchar los cánticos de resurrección en la mañana de luz en la que el Dios de Buiza nos recuerda que con el cansancio y la pena de una nueva despedida, Él resucitó…
No pudo ser, y esa es una de las tantas espinas que se quedan clavadas en el alma cuando no podemos alcanzar aquello que ansiamos, la verdad que acostarte a la dos de la mañana después de mover muchos kilos, aunque fuesen de gloria, una hora viaje y a las cinco de la madrugada estar otra vez levantando al país, me hacía suponer que ya de por si el Sábado Santo lo iba a tener complicado. Una Semana Santa rutilante donde la casa donde la piedad me traspasó hace pocas fechas, donde duerme el sueño de los justos Madre Angelita de los pobres, Santa Ángela de la Cruz, la que se,  aun continua su labor como sierva de Dios allí en la gloria, que volvió a recibir a todos los Cristos y las Vírgenes que de costumbre se paraban ante ellas para calmar su agonía o su pena escuchando sus dulces canticos, dulces ruegos que sobrecogen hasta al más agnóstico, aunque los de mayor gozo, en la aurora de la resurrección se quedaron un año más, guardados para el siguiente.

Lo ideal hubiese sido que me apostara nuevamente a esa esquinita del cancel de piedra en el momento que nos muestra el video, pero eso aún no puede ser, el que me ha pegado el pellizcazo rotundo para comenzar a saborear un año más estas estampas inexplicables que se recrean en esta nuestra semana de la gracia, en esa en la que por fin la Madre de Dios pudo visitar su queridas “palomas”. Silencio macareno ante el altar de la pobreza y se hace la voz de Antonio Santiago, que aunque siga estando a años luz de la gracia bendita del piquito que tenía su padre, llega a quebrar su voz llamando a la cuadrilla del altar errante de la Esperanza en Sevilla ante sus “palomas blancas”, ¿a alguien le suena esto? A Santiago se le quiebra la voz y le pide a sus hombres que no lloren más… a mi también se me suele apretar el nudo cada vez que veo en ese mismo lugar a Manolo Santiago llamar a las monjitas “palomas del Señor” en aquel legendario momento, poco tiempo antes de que el capataz poeta fuese llamado a comandar cuadrillas de ángeles. Pocos sabremos el porqué de esa emoción de Antonio Santiago, quizás se estaba acordando como con qué gracia su padre pedía una nueva coplita a las palomas blancas del Señor, pero lo que está claro es que el arte efímero de la gracia divina se vuelve a dibujar cuando la Macarena se volvió a encontrar con sus Hermanitas de la Cruz, con levantás a pulso que no tienen que doler, porque como puede sentirse otra cosa que no sea emoción cuando la bella perla de San Gil se gustó y se regocijó ante el altar de sus siervas. Los silencios macarenos tuvieron que cortar el aire, seguramente fue uno de esos momentos en el que preguntarse que tienen las imágenes para recrear esas sensaciones que no parecen de este mundo. En cierta ocasión, Antonio Santiago, ante la pregunta sobre si existían rivalidades marianas en Sevilla, respondió claro y conciso: “en Sevilla no existe eso porque todo el mundo tiene claro que la Madre de Dios es la Macarena…” creo que en estas imágenes se podrá palpar un poquito más esta rotundidad…

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