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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 1 de marzo de 2014

LA RANCIA ALBAICINERA...

Cuando hace unos días les hablaba de la hermandad de la Lanzada de Granada, lo hacía decantándome entre dos alternativas del Martes Santo granadino. Como en aquel momento la inspiración sobre lo que quería mostrar se amoldaba más a la hermandad del Zaidín, ahora, porque lo merece, cambiaremos totalmente de idiosincrasia y nos mudaremos, subiendo la inmortal Carrera del Darro y Paseo de los Tristes, subiendo un poquito la Cuesta del Chapiz y nos detendremos en el incomparable barrio del Albaicín, en una iglesia tan antigua que nos viene desde los mismos tiempos esos que últimamente nos está mostrando Televisión Española con la serie “Isabel”, es decir desde los mismos días en que los Reyes Católicos conquistaron la ciudad de Granada para la cristiandad, para convertirla en uno de los grandes epicentros del catolicismo en España y por ende, el otro gran foco cultural y religioso con Sevilla en las tierras del sur peninsular, lo que hoy llamamos Andalucía.



Desde San Juan de los Reyes procesiona cada Martes Santo un nazareno y una dolorosa bajo palio de cajón embutidos en las más puras esencias que ambas culturas, Granada y Sevilla han podido legarnos a la Semana Santa actual. Una hermandad que es llamada como la del “Vía Crucis”, porque la misma proviene de la realización de este rezo en la noche de los tiempos, aunque como hermandad tal como entendemos hoy a este campo de la iglesia católica, no surge hasta 1923, la que en Granada insisten reiteradamente en llamar como la “decana”, es decir la primera… es algo que choca ¿verdad?, si como vemos en “Isabel” la ciudad lleva ya sus siglos de catolicismo más que asentado y germinado en los genes del granadino, cuando las hermandades llevan implantas en la sociedad española otra tira de siglos, ¿cómo en esta ciudad con su importancia eclesiástica pudo nacer la Semana Santa en pleno siglo XX? Lo cierto es que sí había cofradías de penitencia antes de la “decana”, aunque al parecer en el siglo XX con el nacimiento de la gran mayoría de las cofradías existentes a partir de entonces es cuando al parecer, parece que para el subconsciente granadino se comienza a pensar que nació la Semana Santa o más bien el culto penitencial impulsado desde Trento con la imaginería procesional. Es curioso este detalle, ciertamente esta nueva etapa cofradiera de la ciudad coincide con las fechas en que el valor popular, cultural y evidentemente turístico comienza a poner sus ojos en esta celebración tan atacada a lo largo de los siglos por todos los estamentos de la sociedad. Fue una época en que se piensa que la celebración de la Semana Santa con el esplendor que traía del siglo anterior la ciudad de Sevilla, se podía extender a otras ciudades. Fue el tiempo en que la suntuosidad y popularidad de las hermandades comenzó a crecer en otros orbes como Málaga absorbidos de la magnificencia sevillana que esta misma venía arrastrando desde el periodo romántico, aunque creasen sus más personales visiones de procesionismo pero intentando darle la misma importancia que en la vieja Híspalis a sus puestas en escena cultuales y en Granada como muestra un botón… el día 18 de febrero de 1927 aparecía en el diario local “El Noticiero Granadino” una noticia en la que podríamos entresacar esta frase…  “ese mismo año -1923- se formaron la del Cristo de la Misericordia y la de la Soledad y la del Descendimiento, pero Granada conocía por primera vez lo que era una procesión de Semana Santa al modo de Sevilla o de Málaga, cuando en1924 salía de Santa Paula la cofradía del Vía crucis, por lo que se puede decir que ella es la fundadora de nuestra Semana Santa”.



Pienso, o así me han dado a entender mis fuentes, que esta es la razón para que a esta hermandad se la llame “la decana”, pero decana de un nuevo modelo de procesionismo y Semana Santa, pero no de la primera cofradía instaurada para el servicio cultual del pueblo granadino. Es curioso la importancia pasada de Sevilla en la siempre inspiración para con las cofradías andaluzas, ya que si en aquellos días se pensaba que si Sevilla paseaba sus Montañés, Mesa o Roldán, Málaga sus Mena u Ortiz, en Granada deberían salir a las calles las inmortales obras de Siloé, Mora, Risueño o Ruíz del Peral, en definitiva se comienza a sentar las bases de la gran genuinidad granadina, sobre todo con su arte.
Es en estos últimos tiempos cuando vuelvo a detenerme más en la contemplación de las estaciones de penitencia de la hermandades de la ciudad de la Alhambra, y por curiosidad, sorprendiéndome cada vez más por sus avances patrimoniales, estéticos y como no, del andar de sus cuadrillas cuando cierto día me dejo caer con esta cofradía que la verdad en el pasado poco me atraía. Pero los tiempos cambian y como uno sigue aprendiendo en saber buscarle el sabor a las cosas me encuentro con una apuesta clara en la actualidad de mantener como siempre vengo diciendo lo mejor de Granada con lo mejor de la Semana Santa indiscutiblemente referente en nuestros días, por no decir desde siempre… Sevilla. En el paso del Señor, lo primero encontramos a un Nazareno especial, advocado como pocos habrá en la tierra, como Nuestro Padre Jesús de la Amargura, un desgarrado nazareno camino del calvario que es en realidad la sexta imagen cristífera con la que ha contado la hermandad desde sus orígenes. En su dolorido rostro podemos patentar casi sin ningún género de dudas la firma Mora, la del gran José de Mora, un busto que al parecer se añade al cuerpo del anterior Cristo, en una obra del contemporáneo Martínez Olalla –no he podido aclararme si las manos son de otro autor a los grafismos del busto del Cristo- mientas la actual cabellera, al igual que ocurrió como ya vimos con el Rescate, se le cambia la peluca por la actual cabellera tallada por el también granadino contemporáneo Aurelio López Azaustre.


Camina sobre un paso singular que labrase el también granadino Nicolás Prados López en 1947, indudablemente podemos patentar la inconfundible impronta de la talla barroca del granadino, donde destaca los singulares candelabros y la conjunción de un barroco que muchos llaman granadino con las partes planas y arquitectónicas. Un paso que en el pasado fue portado por el exterior, al modo malagueño, aunque no sé si fue como hasta hace pocas fechas caminaba María Santísima de la Alhambra, es decir con hombres debajo y por fuera del paso. Cuando conocí esta cofradía ya caminaba solamente desde el interior, creo que con la famosa manera que dicen algunos inventaron en Granada, es decir desde el interior pero a dos hombros. Restauraciones sobre las andas y reinterpretaciones estéticas basándose ahora en el gusto sevillanizado, con la inclusión de unos respiraderos bordados por Sebastián Marchante, con imágenes y cartela del imaginero accitano Ángel Asenjo, además de eliminarse el monte de clavel por la antigua peana de cojín, añadiendo la mezcla estética de túnica corta con la dieciochesca de cola, con la singularísima cruz de taracea, y un cuidado y correcto exorno floral ha convertido para mí a este paso, hablando de todo el conjunto, como uno de los más personales y exquisitos de Andalucía, embutido en mucho granadinsismo pero que el pellizco de Sevilla, un pellizco hispalense que como siempre digo se viene a cerrar con el arte efímero y esa zancada abierta de sus costaleros, a costal, siguiendo los patrones de las hermandades de negro hispalenses. Viendo algunas fotografías en la noche, de los guardabrisones sevillanos iluminando el dorado del canasto de Prados López no puedo evitar acordarme de una obra del mismo, incluso quizás más rica que este paso, que procesionó en mi pueblo, y de lo que se podría hacer con él si se siguiese las directrices que esta hermandad granadina tomó con su paso, en lugar de sustituirlo por otro nuevo, siguiendo como normalmente ocurrió en la ciudad, los puros patrones neobarrocos sevillanos y eliminando una característica tan sabrosa y especial como la que hoy disfrutan, aunque Sevilla haya tenido también su influencia en la readaptación de este singular paso, que sin duda acrecienta la evocadora estampa de hermandad sobria y de otra época, una época donde también hay mucho de Granada…
Virgen de las Lágrimas. 
Cuando vi las primeras imágenes de esta hermandad, en los resúmenes del Canal Sur, bajando tras la senda del Nazareno de la Amargura por la carrera del Darro le seguía un paso de palio de cajón donde procesionaba una dolorosa, igualmente salida de los obradores clásicos granadinos que se advocaba como Ntra. Sra. de las Lágrimas, incluso con el contraste de ir al compás de la marcha “Pasan los Campanilleros”.  Poco después -2000- esta dolorosa se sustituye por otra dolorosa, pero no con una idea de cambiar la materia pero conservando la misma devoción y por consiguiente una misma advocación como es lo más lógico o más extendido, sino que se implanta para la estación de penitencia otra imagen diferente hasta en su advocación, en este caso como Ntra. Sra. de los Reyes. Una singular dolorosa de escuela granadina pero que quizás surgió en la otra ciudad donde estas características muy concretas en el arte tuvieron su otro gran foco, la ciudad de Málaga –con permiso de Córdoba-, aunque algunos piensen que el arte allí desarrollado sea una escuela particular, cuando lo cierto es que prácticamente fue una “sucursal” de Granada. Hace pocos años la Virgen de los Reyes fue catalogada a la producción de una saga de imagineros completamente olvidada durante años que gracias a la investigación ha sido nuevamente puesta en el lugar que merece como son los Asensio de la Cerda, los creadores de muchas de las más bellas dolorosas dieciochescas de la capital de la Costa de Sol como Dolores de San Juan o Dolores de la Expiración. Dolorosas que en un principio contaron con manos entrelazadas como aún sigue manteniendo la dolorosa del templo de San Juan de los Reyes.


Es Ella una dolorosa de una belleza especial, vista desde un prisma artístico es indudablemente una joya aunque los enamorados de los actuales cánones de belleza de la Virgen María quizás no comprenderán esto. Aquí viene una vez más la conjunción granadina con un típico paso de palio de cajón sevillano, el cual en su diseño es inevitable no acordarse en las trazas diseñadas por Dubé de Luque para el palio de la Soledad de los Servitas de Sevilla. Ramón León en la orfebrería, Domingo Fernández en los bordados de recorte de las bambalinas y nuevamente Sebastian Marchante en la ejecución del manto de salida, el cual sin duda bebe del decimonónico estilo sevillano con sus bordados, sin duda con la intención de montar un auténtico paso de palio al modo de las cofradías rancias y mustias de sevillanas maneras, son los artistas que han conformado este palio rancio, del como diría mi amigo Alejandro L. Godoy, popular y festivo barrio del Albaicín. Viendo los videos, me he dado cuenta del gran deleite que me perdí no asistiendo a la magna mariana si hubiese buscado este paso de palio –la estampa que se dibuja del palio en la noche, sonando “Getsemaní” de Ricardo Dorado, adentrándose en la Cuesta del Chapiz con el Paseo de los Tristes como telón y la Alhambra coronando la escena es digna del mayor de los “sombrerazos”… hasta Boabdil se hubiese asomado sin aun viviese-, porque las referencias al palio servita sevillano vuelve a presentar su carta, cuando la hermandad opta por poner música fúnebre en su paso de palio –aunque unos años salió tan solo con el acompañamiento de música de capilla-, como otras muchas hermandades sevillanas, como puede ser las Penas de San Vicente, pero con la inclusión de la percusión de la banda destemplada como es distintivo en Sevilla de la hermandad de los Servitas, algo que a mi parecer da aún más una estampa de sabor sobrio y fúnebre a las cofradías. Por destacar algo más de su estética, a mi parecer, porque a mí me ha gustado, entre esa siempre mezcla entre lo granadino y lo sevillano, en la que se ha recurrido a una estética que aunque no es netamente granadina, si ha estado presente en el territorio de influencia de Granada más hasta nuestros días que en la influencia más antigua sevillana como es el hecho de revestir a las dolorosas con los ancestrales rostrillos, normalmente en metales nobles que enmarcaban totalmente la mascarilla de la vírgenes, un aditamento del antiguo modo de vestir a las dolorosas –hoy aun patente en las glorias- como las viudas castellanas de la corte de los Austrias que en Andalucía sobre todo se encargó de eliminar un tal Juan Manuel Rodríguez Ojeda mostrándonos un poco más la humanidad del rostro de la Madre de Dios, creando con ello un mundo nuevo lleno del arte y el ingenio de los vestidores. Aunque en este caso no sea rostrillo de orfebrería, lo cierto es que igualmente consiguieron para mi gusto mostrar una estampa equilibrada, genuina y bella, utilizando el viejo recurso con los patrones y cánones de la asimetría en el arte de vestir imágenes según Sevilla, y es que no me cansaré de contar estas cosas, porque estas son las ideas que circulan siempre por mi cabeza de cómo creo yo que deberían obrar las hermandades actualmente, porque sin duda que esta hermandad ha conseguido forjarse una estética propia basándose en su pasado e inspirándose en lo que es bueno de verdad. 









Un estilo que se culmina con el arte efímero de los hombres del costal, lo cierto que para esto mejor quedarnos con la escuela netamente sevillana, dándole la cofradía esa zancada de silencio al Nazareno de la Amargura –el cual por cierto sale al son de la marcha de los Font de Anta “Amarguras”- y ese toque servita al paso palio, donde a día de hoy, sus pasos son comandados por otro de los nombres propios de lo que yo creo es la buena escuela granadina del costal, en esta ocasión en la figura de Dionisio Martínez, actual capataz de los dos pasos, aunque el Nazareno de la Amargura con Agustín Ortega también caminaba para digna mención. Es Dionisio Martínez otro capataz que sigue los cánones hispalenses, como por ejemplo sacar varias cofradías en la ciudad como el Despojado –el que lo comandó en las JMJ de Madrid- y que al final todo viene a caer por su propio peso y a evidenciar siempre mi misma teoría ya que él también fue o es, no lo sé con certeza, uno de esos granadinos que un día se introdujo enamorado del mundo de la arpillera por esa A-92 para ser costalero de la hermandad de la O de Triana y como no, empaparse de la escuela de los legendarios Ariza. Esta es la hermandad de Vía Crucis que ven mis ojos, la cual intentando no olvidar su origen, cuando se adentra ya de vuelta por “la calle más bella del mundo” vuelve a elevarse a orillas del Darro el ancestral rezo que dio de sí la fundación de la hermandad que abrió la nueva Semana Santa granadina…

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