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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 15 de marzo de 2014

CÓMO TE VE GRAN PODER, UN SIMPLE CAPILLITA...

El pasado mes de noviembre tras una inolvidable experiencia en la ciudad de Andújar, conviviendo con los cofrades de la hermandad de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder y Maria Santísima del Socorro, tras aquel productivo IV Foro de Capataces, antes de la despedida, D. Pedro Garzón, hermano mayor de esta ya para mi especial corporación iliturgitana, mientras me reiteraba su agradecimiento por mi humilde contribución al acto, me encomendó a su vez una responsabilidad que una vez más me tomé como un alto honor. Un encargo que ya ha visto la luz, como fue que esta mejorable e insignificante pluma plasmara algo que saliera de su ser en las páginas del anuario que editan para sus hermanos. Gustosamente accedí a su petición e incluso acordamos sobre que podría escribirles y no era otra cosa que sobre el nexo de unión que tenemos, hermandad y mi persona, mi historia y vida de cómo nos cruzamos en nuestros caminos. Una historia ajena, en un segundo plano, como buen capillita que le gusta de empaparse de las grandezas cofradieras de todos los rincones de nuestra tierra. Un segundo plano desde el que observaba los pasos dados, año a año, día a día para conseguir conformar la que para mí es una de las cofradías más destacables del panorama cofradiero en este antiguo Santo Reino de Jaén. Utilizando mi humilde “prosa”, si es que puedo tomarme esa licencia para definirlo, les mostré y a su vez les exalté ese trabajo que a mi parecer está bien realizado.

Anoche mismo me acerqué hasta la vecina ciudad, porque desde hace tiempo tenía ganas de hacerle una visita al que es su capataz, mi capataz y amigo Rafael Mondéjar y poder verlo trabajar en su “oficio” en los días en que la preparación es la de la más rotunda gloria, es decir, quería ver como prepara sus cuadrillas pasionistas, en este caso la del Cristo que sacase de la madera don Antonio Illanes Rodríguez. Que por cierto, gracias Rafa por el detalle, la verdad que uno se siente tan insignificante ante lo que hiciste que mejor no lo cuento y como me diría nuestro amigo Federico, hay cosas que es mejor quedárselas para uno y contarlas a quien haya que contárselas… además muchas gracias a la acogida de muchos de estos cofrades y costaleros que en ocasiones me hacéis sentir especial, aunque lo verdaderamente especial es sentirte como uno más, simplemente… como algunos me recibían, ¡simplemente! al final esto se va a convertir en un sello, en una marca…. Una vez más me gustaría compartir en el blog el artículo que ya figurará en los anales de las cofradías iliturgitanas, en los anales de la hermandad del Gran Poder de Andújar, porque en definitiva ha sido esta casa virtual el trampolín definitivo y sin discusión para poder vivir y experimentar estos “premios” en mi pasión personal por la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, por la religiosidad popular. Tal como le comenté anoche su hermano mayor, solo me ha faltado por poner en el artículo el “peazo” boletín que tienen, que en cierto modo, dando una vez más muestras de estar a la última en los modos cofradieros, siguen en su formato y edición los actuales anuarios, incluso siguiendo el formato del de la cofradía que los creó, que paradójicamente es su “hermandad matriz”, el Gran Poder de Sevilla.


Pinchando aquí podrán leer completamente el anuario en la web oficial de la hermandad y a continuación les dejo íntegramente el texto escrito por este simple capillita:
CÓMO TE VE GRAN PODER, UN SIMPLE CAPILLITA…

Fue la misma voz que se abre y se expande en las embrujadoras calles, en las noches frías que preludian la llegada del tiempo de las flores, en la víspera donde antes peregrina el dolor y las culpas teñidas de morado, el que les preludia a todo un pueblo el día más mágico en la corona del Cerro donde vive su Madre Morena, con la carita como una aceituna, justamente dos décadas después, la que me hacía entender cuál era la soberanía de esa Virgencita que ensombrecía hasta el mismo Gran Poder del mejor de todos los nacidos. Era aquel mismo que con su voz marca el caminar poderoso de Dios por su vieja ciudad iliturgitana, curiosamente el mismo elegido por su Morenita Madre para marcar su camino en el mes glorioso de mayo, el que me sobre avisaba de cómo la gracia fue echándole el pulso al tiempo y a las costumbres, vencidas con la costumbre, con el mismo compás racheao y consiguió implantarse unas esencias de tal fragancia que tienen en nuestros días enamorada a toda una ciudad con la llegada de unos días grandes que se cierran con la que es su gran romería, la más antigua de España.
Fue hace justamente veinte años cuando conocí la otra forma de rezar en Andújar, de la manera más penitencial, a los tormentos pasionistas de Nuestro Señor Jesucristo siempre seguido de la gracia envuelta en lágrimas al enigmático son de un paso de palio. Lo cierto es que, quien me lo iba a decir a mí, hace veinte años cuando ni siquiera había pisado el mismo asfalto que pisa Dios según Andújar en la semana en la que toma sus calles, que justamente hoy, en el día que se conmemora su Gran Poder, cuando recién nacido en el pesebre de Belén recibió la Adoración de los Reyes Magos de Oriente, estuviese aprovechando esta inmerecida tribuna y a su vez privilegiada que me tiende esta grandísima hermandad de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder de la ciudad de Andújar para que les mostrara mis sensaciones y mis emociones a sus hermanos en este su boletín.
Unas impresiones de este amante del mundo cofradiero, de un simple capillita más embriagado de estas nuestras más profundas tradiciones a la sombra de la enseña blanca y verde, en su Bailén natal, que siendo un niño intentaba impregnarse de las diferentes idiosincrasias foráneas a su entorno que conmemoran la Pasión de Cristo desde la óptica cofradiera, de todas las maneras que le fuese posible. Una búsqueda de conocimientos que se adherían a mi ser con un potente poder de atracción a la Semana Santa a las sevillanas maneras, de la magnificencia de su arte y su especial sentimiento a la hora de obrar y actuar con los modos y formas cofradieras. Una fotografía, en aquellos coleccionables de la prensa comprovinciana, cuando la misma se acordó de que por aquí también había Semana Santa y con ello decidió enseñárnosla a todos donde aparecía un Cristo Nazareno, cargando con su cruz a cuestas, vistiendo una sencilla túnica de sencillos bordados me ponía en sobre aviso en las connotaciones que tenía todo su ser con la ciudad hispalense. Esa fue mi primera sensación ante el Cristo al que rezan sus hermanos y devotos en su capilla-camarín de San Miguel, donde con los años, casi por casualidad pero con algo de intención puede conocer en la soledad de la iglesia tras un funeral al que acompañé a un viejo amigo que no quería ir solo en aquel duro trance que supone siempre la despedida de un ser querido, así conocí su tierna y misericordiosa mirada de aquel que camina en la noche del Jueves Santo enmudeciendo los corazones de todo un pueblo, que aunque estando solos Él y yo, sí pude sentir el aura que desprende su infinito poder. Antonio Illanes, ese protagonista imaginero de las grandezas sevillanas tenía también un Cristo por este costero de Andalucía, y su semblante, cosas de las improntas artísticas me recordaban a ese Nazareno que camina sus Penas desde San Roque cada Domingo de Ramos por la ciudad que corona un Giraldillo, y que su corazón latía desde el mismo San Lorenzo donde el Dios de Sevilla quiso que su magia y su pellizco se asentaran subiendo río arriba el Guadalquivir que como cordón umbilical unen estas dos ciudades de la vieja Andalucía, entre el Reino de Sevilla y el Santo Reino de Jaén.
Fueron mi primeras sensaciones ante ese Cristo, que sobre un sencillo paso en sus formas, salido de las artesanales manos iliturgitanas, acabado en el áureo color de la grandeza divina paseaban a ese Cristo Nazareno, que en pocos años se había erigido como el Señor de la ciudad, en el “Cachorro” de Dios para nuestra salvación, el Hijo sin duda de aquella que vive en la corona del cerro más sagrado para el pueblo andujareño, ya que Él nunca conoció esa sensación de protección y aliento que da una madre siguiendo les regueros de sangre que dejan sus pisadas entremezcladas con la cera de sus fantasmagóricos nazarenos de ruan. Ese legendario río Betis que pareciese cordón umbilical, hoy con los nuevos tiempos, casi como un cable por donde inyectar datos y más datos al disco duro del corazón cofradiero de la ciudad, obraron el milagro para que la Gran Semana de Dios no fuera un triste o transitorio preludio del domingo más esperado durante siglos en la ciudad, tal como le escuchaba hablar a aquel apasionado de Dios a través de la cofradías que sigue vociferando las órdenes exactas para que se pasee con la elegancia que derrocha por su pueblo. Una sencilla cofradía, que supo por primera vez que era, aquello de que sus hermanos se encargasen de que Dios caminase siempre sobre los hombros de sus hijos que continuó creciendo mientras mis ajenos ojos la seguían contemplando evolucionar con los años. La Semana Santa, año a año seguía teniendo cada vez algo que decir más patentemente, pasamos de los esperanzadores años noventa a los maravillosos años de la primera década que abre el nuevo milenio cristiano, donde curiosamente hoy, aquella que vive en el Cerro del Cabezo o su devoción más localista con sede en la calle Ollerías se impregna de las magnificencias y la gracia de la Semana Santa y aquel maravilloso Cristo seguía enriqueciéndose alrededor del cariño y las cosas cada vez mejor hechas, con unas esencias y un canon más seguro y definido, sin fisuras, todos remando en una misma y firme dirección.
Y lo alzaron sobre un galeón de plata y oro, ascua profunda entre las tinieblas de la noche que por cuatro veces se apodera de la torre de la iglesia del Arcángel que comanda los ejércitos celestiales para que reciba la tenue luz, entre los brillos y destellos estrellados que tuvieron que dejarlo absorto siendo un bebé cuando vislumbró el oro que por primera vez, la humanidad apostaba a sus pies como símbolo de amor y obediencia a su todopoderoso poder como Rey de Reyes. Y la esencias de aquella escuela a la que le unía el río mayor de Andalucía se fueron revistiendo a su alrededor tal como quizás lo quisieron los que lo trajeron a Andújar, implantado el estilo y banda sonora que lo haría reconocible entre sus paisanos, y la música de Eritaña marcó el compás de la gracia por excelencia de la Semana Santa y por consiguiente, de la religiosidad popular, que no es otra que el caminar de los costaleros que enfundados de la áspera arpillera lo hicieron caminar como deben caminar los pasos de tal categoría.
Veinte años viéndolos crecer en la distancia, ajenamente a sus quehaceres y con gran atención que hoy me cabe el honor de compartir una admiración y un cariño mutuo con uno de sus grandes baluartes, el que es su voz en las noches frías que preludian la primavera, al que seguramente eligió con total certeza para hacer que su barco navegase como debe moverse un paso, pero no una mala copia, sino reinventándose, creando un modelo propio desde el arte efímero del procesionismo a los símbolos y estética de la misma, desde una capilla que obraría el milagro de conseguir las proporciones correctas de su trono celestial de plata y trabajadera, apostando por la alta calidad en los trabajos, donde Dios caminaría en la noche andujeña con fuerza, con dominio, ganándole sin desmayo la batalla a los kilos, de hombres aferrados a la bendita y ciega galera, con túnica lisa o hasta bordada, siempre sobre los pies y abriendo el compás para que Andújar tuviese claro que siempre de frente es como deben andar los pasos poderosos, más si en lo alto va el Gran Poder del universo… el Rey Verdadero de una hermandad que se ha erigido como una de las más grandes de nuestra tierra, los ingredientes perfectos para la cofradía perfecta.


Me solicitaba su hermano mayor tras la gratificante convivencia del pasado noviembre en el Foro de Capataces que organizan y que tuve la dicha de moderar, porque su vida cultural también alcanza la máxima excelencia, una colaboración en estas páginas, algo que para este vuestro admirador más ajeno se trataba de un alto honor, de un premio que viene desde las mismas alturas, porque seguro que aquel día de hace veinte años, contemplándolo en aquella fotografía ya sabía que para el día de la Epifanía, aquél que lo observaba, este que les habla, desglosaría para su mayor gloria todo el profundo agradecimiento y el sentimiento que desprende en mi Él, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.
Bailén, en el día de la Epifanía del Señor de 2014.
Juan Pedro Lendínez Padilla

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