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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 22 de enero de 2014

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS...

Hoy he querido viajar una vez más en la máquina del tiempo para recodar grandes momentos de mi vida cofradiera. Pero en esta ocasión el viaje no será muy lejano, ni siquiera tendré que escanear nada porque la etapa que les mostraré es bastante reciente, pero una etapa que me está dislocando los sentidos cada vez que llega la gran Semana de Dios, cuando llegada la misma ya utilizaba mi móvil como cámara improvisada donde guardar las instantáneas de la memoria. Y eso que con esto de la fotografía digital se pierden en muchos casos muchas congelaciones de momentos irrepetibles. Me causó gran nostalgia el otro día encontrarme sin recodarlo estas fotografía s y la crónica de la que fue mi Semana Santa en el año del Señor de 2009 en un foro, que aunque fue el año en que echó a andar esta bitácora del sentimiento capillita, el tiempo de la Semana Santa no fue reflejado como vengo haciendo en las últimas Semanas Santas, que incluso muchos creo que han tomado por referente, pasando de mostrar videos o fotografías a narrar la experiencias vividas, si incluso la crónica de todo el año se ha ido extendiendo en muchos blogs, como digo de forma escrita y no solo visual.








La Semana Santa de 2009 en Sevilla fue apoteósica, con días de luz y sol y repletos de cofradías, no como estos últimos años, que esperamos ansiosos vuelva una Semana Santa como fue aquella. Esa que comenzó en la plaza de Molviedro trayéndonos “A la Gloria”, ese raspilón de la Borriquita por el Salvador, esa magnificencia dorada de las andas del Cristo de la Victoria en una doble revirá en la Puerta del Arenal, y el perfecto compás plateado de su Madre de la Paz. Recuerdo la revirá de la cena en Laraña-Orfila y me saltan las ansias de reencontrarme con la gran cofradía de los Terceros. Eran los Domingo de Ramos donde por San Pedro contemplaba a la cofradía de San Roque y su extraño compás, tal como le refería el domingo pasado a uno de sus costaleros en la iguala del “muerto” cordobés, cosas de la música añeja de la Centuria… fue el Domingo de Ramos donde por primera vez viaje a otra dimensión llamada San Juan de la Palma al completo y la última vez que vi a la Buena Muerte de la Hiniesta por una plaza aun sin setas y los Domingos de Ramos en que me perdía al Cristo del Amor y solo me maravilla del palio de su Madre del Socorro. Fueron también los tiempos cuando aún sabia menos de costaleros y aún tenía mucho más que aprender de estilos en que decía que no me gustaba la cuadrilla del Zapatero de Triana, y en ese mismo Baratillo, donde la Estrella se movía, como hace poco referí, como la Estrella del nuevo milenio… un Domingo de Ramos que me destrozaba los pies y nos abonaba a la sillas en mano del consejo cofradieril de los chinos.








Fue el año en que conocí a la joven hermandad incorporada a la Semana santa del Polígono de San Pablo, con estuco en lugar de dorado por la Alfalfa, la Cuesta del Rosario y una plaza del Salvador donde Antonio Santiago levantó a este Cristo, enmarcando nuevas visiones de la Semana Santa hispalense, visión que nunca conoció aquel al que dedicó la levanta, mientras al capataz del Cautivo y Rescatado se le desbordaban los ojos en lágrimas, para el que fue también su maestro, don Manolo Santiago…
Estábamos ya en el lunes más sagrado, lleno de luz y calor por la Puerta del Arenal contemplando al otro Cautivo del día, el que nos llegaba desde Santa Genoveva, estampa que reviví este pasado Lunes Santo. El primer contacto del día con el Soberano del Tardón que venía poderoso por el puente atravesando una repleta calle Reyes Católicos. Cómo olvidar en Alemanes la revirá de la Redención en el beso de Judas, vestido de oscuro en lugar de su tradicional blanco y un sevillano intentaba explicarnos que esta banda tocaba mejor que la de Arahal la marcha que sonaba, “Perdona a tu Pueblo”. Lunes de embrujo y casi de otra época cuando Santa Marta traspasa como una estrella fugaz la Cuesta del Bacalao, y en busca de lo que ya era entonces sagrado, por Rioja mal contemplamos a la hermandad de las Aguas. Fue la primera vez en el Baratillo esperando al Soberano y como para olvidarlo, que dos horas pasé Dios mío, que mal rato, lo que arrastra el Dios del izquierdo por delante, que casi me hizo sentir levitando, olvidándome del dolor de los pies mientras rompía en busca de Triana con un estreno musical lleno de pellizco, aún recuerdo al amigo “tótem” silbando la pegadiza melodía de “Sagrado Decreto”. Fue el Lunes Santo donde comprobé que el mismo acabaría con rancidez, de una menos poblada vuelta de Vera Cruz y Penas de San Vicente, en una acera donde no había nadie mientras la otra se encontraba atestada, aun no sabía buscarle la diestra al Dios caído del Lunes Santo y la elegancia y la bulla de las mustias que trae su Madre de los Dolores. Aun no sabía que la entrada en el templo subía en muchos más quilates de belleza que verla bajo un apagado Corte Ingles. Un día más agotadísimo que acabó con el Cristo de la Expiración del Museo por una desolada calle Tetuán y su Madre de las Aguas adentrándose en ella en una larga chicotá en que la Oliva de Salteras no paraba de enlazar marchas de un corte tan alegre que nos hizo ver por primera vez el gran contraste de cofradía.










Se pueden creer que ya llego a sentir una extraña sensación al recordar el Martes Santo de aquel año, llego a sentir que en Sevilla no hay Martes Santo… pero si lo hay y algún día nos lo tiene que devolver el que todo lo puede, como el que viene desde el Cerro crucificado, poderoso, con la zancada bien abierta como nos llegó aquel día por la Puerta de Jerez. Nos perdimos a mi quería Virgen de los Dolores del Cerro por dibujar una estampa similar a la de la jornada anterior pero esta vez contemplando a San Esteban por la Alfalfa y toda la zona del Salvador. Recuerdo que aunque hizo sol fue un día de frio esperando en la Puerta de Carmona a la cofradía de San Benito, y cosas de entonces solo vimos al misterio y al crucificado, aun parece que estoy viendo como bajaban la cruz por la altura de un cable al entrar en Muro de los Navarros. Cuantas ganas de contemplar algún día como merece a la cofradía de los Estudiantes, recordando aquella espera en la plaza Nueva, algo alejados de los pasos, el traslado de este año no me vale… y que ganas de volver a contemplar el caminar del “Nazarenito” de Sevilla, como aquel gran momento en el Salvador ante la cofradía de la Candelería. Y cuantas ganas de Javieres cuando al Señor lo vi en un cruce de la carrera oficial y a la Virgen entrando en la Cuesta del Rosario con la marcha “Calvario”, pero no como aun espero ver algún día a este paso de palio.
El momento en Méndez Núñez con el Cristo de la Misericordia de Santa Cruz digno de los mejores paladares, como cuando después lo vi alejarse tras los palcos en dirección a la avenida de la Constitución, para marcharme a la Cuesta del Rosario y cambiar totalmente el chit con la subida del Pilatos de la Calzá. Qué primera vez, porque aquel fue mi primer Martes Santo en Sevilla ante la hermandad del Dulce Nombre, aun cuando paso por la esquina de Alemanes con Hernando Colón se me figura ver aquel hombre que no cantó pero si recitó una bella poesía a la “Gracia de Sevilla bajo palio”. Fue el año del descubrimiento de la cuadrilla de la Bofetá en este mismo enclave y en Campana ya de vuelta.








Mi primer día del crucificado en Sevilla, como se le tilda al Miércoles Santo poco a variado en los últimos años, empezando por visitar a la Madre de Dios en Sevilla en el barrio de los macarenos y como primera cofradía al Carmen Doloroso por la corredera y la Alameda y poder tener el privilegio de contemplar la primera vez en la calle en estación de penitencia de su Madre la Virgen del Carmen en sus misterios dolorosos, conocía así otra de las nuevas estampas que dibujaba la Semana Santa sevillana en este nuevo siglo. Aun me perece estar esperando en la sillita con Félix y Toñi a la hermandad de la Sed donde el marco en obras del Metroparasol forma parte ya de la historia de la Semana Santa hispalense. Como olvidar esa esquina por donde apareció el barco de la Lanzada y el gótico bordado del Buen Fin. Día donde corríamos ya que como siempre el tiempo era más reducido porque ese día volvíamos para la tierra y nos encontrábamos al Señor de la Salud de San Bernardo por el Salvador y de allí a Puerta Triana para contemplar a la Piedad del Baratillo. Con los años he comprobado que he ido mejorando a la hora de buscar cofradías y poder contemplarlas en lugares con más encanto y en toda su magnitud, porque todos estos momentos a veces no aportaban la belleza que seguro desprenden esas cofradías, veía muchas pero no de la mejor forma. En Orfila contemplamos el peor tramo de la hermandad del Cristo de Burgos a mi parecer, como todos los Miércoles Santos, hasta que no emprende la vuelta esta cofradía no muestra sus mejores armas, eso me hacen suponer los videos pero hasta hoy no he podido contemplarla más allá de estas calles. Que mal vimos salir al misterio de los Panaderos… intentando buscar Alemanes para contemplar a las Siete Palabras, conocí al Cristo de Buen Fin por primera y única vez en la calle, en el Salvador, nuevamente al Cristo de Burgos y el Nazareno de la Divina Misericordia cerró aquel primer Miércoles Santo… me pregunto, ¿a qué hora salí de Sevilla aquel año?










Fue 2009 el año que estuve en Sevilla en las jornadas del Viernes y Sábado Santo solo. Una jornada que comenzó en plaza Nueva con el palio de la Carretería y el misterio entrando en Velázquez, una mala contemplación de la salida de la Soledad de San Buenaventura con los ecos de su marcha “rusticana” y mi primera “carrera oficial” en sillita de chino y ver de seguido en la Magdalena al Cachorro, la O y la salida de Monserrat. Es curioso recodar un momento que suelo referir a la hora de hablar de la abstinencia de comer carne el Viernes Santo, lo cual nunca recuerdo, como aquel día que me comí un buen pincho moruno en el Serranito mientras saboreaba aun su rico aliño en el paladar y el palio de San Isidoro se adentraba en Campana y yo buscaba a la Mortaja por Lasso de la Vega donde un tipo curioso, de estética heavy que parecía algo así como al “Sevilla” de los “Mojinos Escocios” me decía que me quitase de donde estaba sentado que él llevaba ahí toda la semana… por la Catedral busqué al Cristo de las Tres Caídas de la Costanilla y por la Puerta del Arenal me encontré al Patrocinio, y como borrar de mi memoria aquellas chicotás entre la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas con el amigo carolinense, Seba, cuando estuvo unos años tocando en la banda nazarena mientras el Cachorro se adentraba en el puente y parecía diluirse en el infinito cielo de negro de Triana.
Fue el año donde viví la sensación inenarrable de Margot en la plaza de Molviedro, el cual tendré que esperar algún tiempo más para volver a revivir, supongo… acabó aquella gran Semana Santa en Sevilla, hasta entonces la mejor que había vivido en toda mi vida en un Sábado Santo comiendo pizza con mi prima en la Costanilla y preocupado por el cielo que podría estropear esta experiencia de ver cofradías en Sábado Santo desde que en 1991 contemplase la última en mi pueblo. Pero salieron, eran tiempos que no llevaba radio y tenía que preguntar a la policía si las cofradías habían salido. Es curioso, aquel año quise ver a los Servitas donde este mismo año, pero no sé porque me fui hasta el final de la calle y la vi entera adentrarse por la calle de Santa Ángela mientras mi amigo Jaime me llamaba al teléfono preguntándome la salida de la autovía para subir al Cerro del Cabezo y un señor me miraba con malos gestos porque no me callaba ante el rigor de esta enorme cofradía para mi gusto. Este año por fin cumplí aquel deseo de escuchar cantarle las monjitas…

















Por cierto fue mi primer Sábado Santo en Sevilla y el único que conocí sin la hermandad del Sol aun incorporada a la nómina. Por San Pedro conocí el curioso misterio del Sagrado Decreto, contemple por única vez el ya viejo paso del Cristo de las Cinco Llagas y me “enamoré” de la belleza de la Esperanza de la Trinidad y su impresionante paso de palio. Quise volver con la máxima luz del día hasta el pueblo y solo pude contemplar la salida de la Soledad de San Lorenzo, cargado con una bolsa de recuerdos que contemplándolos desde el sillón en la estantería no me parece que tenga ya los años que calzan, al Santo Entierro ya no podría verlo hasta que saliese de Catedral…. paradojas fue una Semana Santa enorme gracias por desgracia a estar parado por primera vez en aquellos meses, y decían que en dos años ya habríamos salido de la crisis, pero bueno fue allí mismo, cuando el teléfono sonó para avisarme que tras el mismo Domingo de Resurrección debería volver al tajo, con la sensación de cuando volvería a repetir una Semana Santa así, que se dibujó los años posteriores hasta 2013 en lo que se refiere de estar donde más disfruto y que solo Dios sabrá cuando podrá volver a parecerse a aquellos mágicos días, en esa semana que ya se intuye en nuestra alma… nada más alejarme un poco de Sevilla, tuve que conformarme con escuchar por la radio el futbol, volvía a la vida como cada año, a la rutina y a la cuenta atrás que mira si ha cambiado la vida que aún recuerdo llegar y tomarme unas cervezas con unos amigos que ya cambiaron, con los guiños que me produjo al probar la Cruzcampo de Jaén y notar el sabor tan diferente con la elaborada en la Fundación de Sevilla…

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