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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

domingo, 28 de abril de 2013

DOMINGO DE RAMOS SEVILLA (I).


DEL ÉXTASIS AL PARAGUAS...

Cuando se presentaba una placida espera cuaresmal de los días grandes, donde sin ningún tipo de temor y sorpresa poco deseada se esperaba el ansiado sueño de volver a adentrarnos en un reluciente Domingo de Ramos entre el reino de la diosa Híspalis, en un tiempo que recordaba la cuaresma de 2010 si no me equivoco, es decir días y días de lluvia que en aquella ocasión se abrieron en un sin cesar de llover sobre mojado pero que para el domingo más esperado para gloria del alma capillita, el triunfo del cielo color Purísima tan solo derramó la tranquilidad y la gracia de vivir una Semana Santa como gusta y merece, como las corridas de toros, con sol y moscas.
Esta cuaresma también llovió, más bien demasiado y me trajo la noticia de que Sevilla este año no iba a poder ser cuando quizás antes que nunca ya estaba todo más que atado. Incertidumbre y unos cuantos tirones al poco pelo que me queda en lo alto de las orejas hicieron que hasta el último momento este mero y simple capillita pudiese disfrutar de lo más grande que tiene en su vida junto al amor a los suyos, incluso a aquellos que no me “aman” como yo creía que yo los “amaba”… pero Dios me quiso conceder que paseara cogido de la cintura junto a la única “mujer” que hasta la fecha me ha entregado y  ha vaciado todo su amor en mí, y no sé si habrá que pagar un alto precio por ello, solo le pido al Galileo más bendito entre los carpinteros que con esto me conformo, que con tan solo vida y salud para poder ganar el pan de cada día más mi ración de esa bella moza con la que caminé las calles de Sevilla completamente enamorándome más si puede cada día… Yo no le pido más, los míos, quien me quiera querer y mi  Semana Santa de Sevilla.
Pero el Domingo de Ramos no amaneció azul y ni siquiera para ir en manga de camisa… por las tierras del Santo Reino era el Domingo de Ramos menos deseado, gris, lluvia, asfalto muy mojado y frio, pero había que partir hasta el otro extremo de esta tierra donde sin duda tiene que vivir Dios, porque Andalucía, aun con todos nuestros incontables defectos, me sigue sabiendo a gloria, y en ella es donde debe vivir el ser, si es que se le puede calificar así, más poderoso y maravilloso de todo lo que la mente humana puede llegar a imaginar.
Este servidor emprendió el viaje que quedará para la posteridad del año de la fe de 2013 con Cristóbal, Óscar y un nuevo fichaje para la historia de nuestras incursiones gloriosas por las calles de Sevilla en Semana Santa, si es que decir Sevilla solo me puede sonar siempre a Semana Santa, la que le intentamos mostrar a Fátima. Y este año ha sido el de las nuevas experiencias, como cambiar nuestro cuartel general, algo en lo que hemos ganado una barbaridad, desde Camas al epicentro de Híspalis, entre la plaza del Museo y una calle para sentirnos más en casa, la calle Bailén, por ello este año por ejemplo he pisado tan solo una vez Triana, pero eso fue más adelante, cuando acabe el desglose emocional de este primer día. Así el coche durmió todos estos días en el Duque y con ello cambiaban mucho los objetivos marcados con tal antelación que aun casi sonaban los villancicos.


















Estas circunstancias quizás surgieron así, porque el Señor quiso que lo hiciéramos quizás de la forma más acertada aunque el Domingo de Ramos se convirtiera en una jornada de indecisiones. Éste que quería ver salir La Hiniesta, decidió, aunque siempre consensuado con mis acompañantes, que van donde ellos más quieren aunque no lo crean, que había que volver al origen del año anterior, a la plaza del Salvador a ver salir la Borriquita. Se abría el cielo de Sevilla, que parecía querer emular ese lema allá por San Julián con aquello de “azul y plata”, el cartel de la Semana Santa de Nuria Barrera ya se había hecho realidad allá en el barrio del prospero Porvenir, La Paz estaba en la calle y los meteorólogos decían que podría haber un Domingo de Ramos sin problemas, aunque cuando llegaba la banda del sol a la sinigual plaza que preside el viejo maestro de Alcalá la Real comenzaba a caer unas escuetas gotitas de un cielo más azul que matizado de algodón de plata…
Hacía calor, y quizás el abrigo, la primera vez que me lo pongo allí en Semana Santa sobraba como debería mandar la tradición. Tras la Semana Santa me decía Félix, gran ausencia este año que como me extasié el año anterior en la recogía bajo la noche quería  verlo en el día, y el cómo debe de ser… no lo pensé así exactamente, los planes de ultimísima hora me llevaron allí, queríamos ver algo nuevo y la salida de la Borriquita aun no la había contemplado como manda el que baja la rampa sobre un borriquillo, el Cristo treintañero que entra a la Jerusalén de Sevilla hecho un chiquillo.
Este año fui preparado de radio para disfrutar del Llamador de Canal Sur, aunque luego está visto que como no sea para algo importante y extraordinario –que también ha habido por desgracia esta Semana Santa- la retransmisión a veces se convertía en aburrida y era mejor apagarlo. Así comencé a visualizar las áureas andas asomando a Sevilla, despertándola a su fiesta más grande, abriendo sus ojos que aún me tenía que pellizcar para sentir, que los años se hacen cortos y que ya estábamos en Semana Santa y en la que queríamos, metidos en esa burbuja que narraba hace unos días Félix Machuca. Las campanitas eran un preludio más cuando entre los arboles emergía los ciriales y la enorme palmera,  entre las hojas resplandecían los clásicos bordados tan afines a estas hermandades de solera desmedida. El capataz José María Rojas Marcos invitaba al reportero que le apartase el micro para no entorpecer su trabajo, y así apareciendo el dulce semblante del Dios de los niños, quizás ese Dios que prefería Machado en sus versos, mucho más que el que horas después debería caminar crucificado proclamando aquello que un nazarenito revelaría en el palquillo de la Campana… “a Dios por el Amor”. La retrasmisión hacia que pareciese que estuviese viendo más bien un video que vivir la realidad y por ello resolví quitarme el pinganillo al instante, para sentir el arte efímero que sólo queda grabado, y de la mejor manera posible en la memoria.
La esencial estampa se volvía a recrear, la Borriquita y el Sol marcando marchas clásicas para bajar la “rampla” donde juegan los niños, como manda la idiosincrasia del pueblo.  Los más enamorados del mundo de abajo, no me invitaban a esta experiencia vista tan solo desde la óptica costalera, pero he decir que a mí por lo menos me encantó, mereció la pena estar en esta estampa casi costumbrista de la Semana Santa de Sevilla. Ni culeó y el costero no se fue ni un ápice, y creo que bajar esa rampa haciendo eso no tiene que ser “moco de pavo”. “Cristo del Amor”, “Siete Palabras”, “Cristo del Perdón” marcaban el sabor a lo antiguo, mientras el astro rey hacia brillar el canasto salpicado de jacintos y clavellinas rosas. Detrás el Sol musical llenaba la plaza de la emoción de la primera y Óscar me invitaba a explicarles, mas bien a Fátima que comenzaba a sumergirse en la que ayer llamé la universidad donde se moldea la sabiduría, que o quien era el niño con hachita subido a la palmera. Zaqueo se movió al compás de la cuadrilla, ya encarando el paso en busca de Cuna sonó una nueva marcho de sonidos evocadores a la escuela del maestro Escámez. “Ntro. Padre Jesús Cautivo” era la siguiente marcha, que al llegar a una parte de la misma me indujo a comentarle a Óscar que se quedase con esa melodía. Esa melodía que las antiguas bandas de mi pueblo tenían como una de sus escuetas marchas y que quizás a él le podría reportar a nuestra niñez, como conmigo hizo, algo que dentro de un tiempo espero también poder hacerles revivir con unos videos que estoy preparando. Pero para eso aún queda, o eso creo, por ello sigamos por Sevilla…
Se había abierto la caja de los sueños, éramos partícipes del quizás “espectáculo” más grande del mundo que es pasear con arte mientras a la vez se le reza al Dios de todo lo creado hecho carne y a su Madre bendita. Había que seguir, había que volver a dibujar laberinticos recorridos buscando la gloria, y quizás corriendo como siempre si se quiere la gloria más intensa, para alcanzar siempre ese punto que deje huella en el corazón aunque a veces se haga imposible. Así ocurrió en nuestra siguiente estación, buscando la plaza de la Magdalena en busca de Jesús Despojado, porque hay que decir que el Domingo de Ramos comenzó como debiera comenzar, es decir La Paz, La Borriquita o más bien la primera parte del Amor, Jesús Despojado, La Hiniesta y La Cena estaban derramando arte y devoción por la vieja Híspalis. Al misterio del expolio y profanación mundana e humillante de las vestiduras de Jesús, es decir el Despojado, lo encontramos llegando a la que es en verdad en las oficialidades la plaza de Magdalena. Desde Méndez Núñez y algo alejados por la bulla llegó el misterio que poco a poco comienza a evocar estampas pasadas, las de los ochenta de la pasada centuria, mucha culpa de ello ha tenido la vuelta de la que en el génesis fue su banda, Agrupación Musical de Ntra. Sra. de los Reyes con su siempre e inconfundible estilo y apuesta musical más cercana a una banda de Semana Santa que a otras ideas más perfeccionistas de la interpretación musical. Se agradeció la corta chicotá, en tan poco margen de visualidad anduvo la marcha “Santa María de la Esperanza” el Cristo de los vecinos de Molviedro, que acertadísimamente le están “terminado” su paso, y digo acertadamente porque aunque desde mi posición poco pude contemplar, si he visto por fotos o videos lo que está ganado estas andas con la concepción inicial que ideó el maestro Antonio Martín Fernández, donde las partes de talla o no lisas deberían ir doradas. No fue el lugar más embrujador y ni la situación mas privilegiada, pero todo no puede ser, así que marchamos rápidamente a la plaza donde se alza la iglesia de la Magdalena para contemplar el primer pellizco que levanta la magia de la Madre de Dios…










Sol y mucho calor entre nubes de incienso traía el palio decimonónico del antiguo “Compás de la Laguna”. La singular y también bella, porque hay muchos tipos de belleza, de la Virgen de los Dolores y Misericordia nos llenaba el oído de la primera música de palio, el que se movía para deleite de nuestras miradas. Palio emergente de los últimos años, que casi peina los cien años su construcción desde que el techo y las bambalinas interiores de las Antúnez cambiaran de casa en el mismo barrio del Arenal. Palio de reminiscencias clásicas o de finales del XIX para una hermandad de barrio al estilo de los emergentes años ochenta como dije. Un trabajo que se veía finalizado con el estreno, este año si, del manto que se enredaba como al primavera, primavera romántica eso sí, entre la Virgen que es consolada por el discípulo amado que aún sigue cediendo su puesto a una hipotética María Magdalena… y digo yo, que después de lo del Plantinar, porque no plantearse la idea inicial como están haciendo en las andas cristíferas… llamaba poderosamente la calidad de banda que llegó como suele pasar por este enclave con “Virgen de Monserrat”, gran banda de Moguer –está visto que para estas el “ombliguismo” de Sevilla no actúa como con las bandas de los Cristos- que despertaba la curiosidad de todos por sus vestimentas, donde parecían que unos cincuenta o más, la verdad no los conté, novios iban en busca de sus prometidas o que se habían juntado todos los que sueñan en Sevilla en vestir de pingüino para el pregón de los pregones…
Dos cofradías que ya quedaban para los anales, hacía calor y el tiempo soñado, solo bastaba vivir el presente, el futuro se llamaba Puerta del Arenal y Hermandad de la Paz, para mí una corporación de categoría, digna de ser considerada de las grandes de la jornada y con un todo que se hace indispensable para mí en la Semana Santa. Pero al llegar hasta allí por Castelar el barco donde el Hijo de Dios comienza su Victoria recibiendo con los brazos abiertos los pecados del mundo, ya había pasado y un dato significativo, el sol se había marchado. Y vuelta a empezar, y a buscar el barco del Porvenir con su zancada poderosísima, también otro de los pasos abanderados de los agrupacioneros. Llegamos al andén del ayuntamiento, en la revirá donde ya habíamos vivido experiencias similares. Los nazarenos que levantan la pasión del primer encuentro con la explosión final de la espera llegaban acompañados de un cielo bastante oscuro, que nos oscurecía hasta la ilusión, eran las horas en que se anunciaba posibilidades de precipitaciones que podrían ser flojas, o, y como estábamos en las puertas de la primavera; devastadoras. Les digo que de una manzana a otra pasamos del sol y el calor al cielo encapotado y frio y comenzó a caer una gotas, y unas cuantas más gotas, y más y más que sin duda, en instantes se cargaron la ilusión de todos los que entusiasmados buscamos a Dios y a su Madre por las calles de Sevilla.




Pronto hizo falta la radio… ¿sería un susto o un amargo trance? Así vimos venir el portentoso paso de la iglesia de San Sebastian, con esta singular iconografía, y tristemente volvíamos  a ver al Hijo de Dios con un capote, el Cristo de Illanes se cubría de las aguas, que ¿Por qué no? Mandaba su Padre. En su demoledora mirada de angustia y resignación al cielo, pareciese que le iba contando a Dios que fuese su voluntad, pero porque otra vez… la lluvia iba “in crescendo” y resbalaba largos regueros por el desnudo torso de ese sayón que equivocadamente muchos definen como Simón de Cirene. El capote tapaba la nueva túnica bordada en oro y los hombres de Antonio Santiago buscaban una especie de arco que hay en el ayuntamiento donde refugiar el paso que venía al compás de “La Santa Espina” mientras el gorro se movía por el aire descubriendo la cabeza del Señor. había comenzado tan maravillosamente el Domingo de Ramos que ni pensé en echarme un paraguas, por ello cuando el Señor estaba ya a salvo comenzó verdaderamente casi a diluviar, éste que les habla sin paraguas y hasta los arbolitos llenos de personas que casi me hacían meter la cabeza en paraguas ajenos.
Que decepción, que incertidumbre, que no saber qué hacer, y encima estaba empapado mientras los nazarenos de la hermandad continuaban impasibles en su lugar poniendo su inmaculada túnica empapada, que ejemplo, ¿a quién se le puede borrar esa imagen? Una lección más de la universidad donde se moldea la sabiduría… aunque acertadamente me decía Cris que el nazareno es el gran olvidado en esta historia, y que estas cosas alguna día pueden hacer que nos lamentemos cuando se puedan volver a ver los Senatus junto a los pasos… para el que no me entienda: poca participación de nazarenos, ya que el Senatus es la insignia que abre los segundos tramos de las hermandades y por ende los más alejados del único o primer paso de las cofradías.
La radio volvía a ser imprescindible y nos comunicaba que La Borriquita volvía al Salvador desde Sierpes, que el Despojado atravesaba literalmente la Campana en busca de la Anunciación y que La Cena y La Hiniesta se volvían aun inmersas en sus salidas, siendo ésta última sin haber salido aun la Virgen a la calle… un año más no quiso derramar sus lágrimas por Sevilla esta bella moza de San Julián. La blanca entre alardes goticistas “Jardinera del Porvenir”, la Virgen de la Paz también se refugiaba bajo un arco, en esta ocasión en el del Postigo del Aceite. Todo se detenía, y solo nos quedaba incertidumbre salpicada de una espalda empapada lo que nos hizo volver al hotel para cambiarnos, he ahí el gran acierto en la búsqueda de nuestro cuartel general, si hubiésemos estado en Camas, nos hubiese costado más ir hasta allí y luego volver –con lo que podría haber acarreado echar todo el día mojados-. La comodidad en este sentido ha sido extraordinaria, tras el cambio de ropa nos hizo echarnos otra vez a las calles, solo nos quedaba eso, a ver que podría ocurrir con las hermandades que aún tenían que salir, si se volvería a salvar el Domingo de Ramos como el año anterior y de paso comprar, a nuestro pesar, un paraguas. Así se cerró esta primera parte del Domingo de Ramos, cuatro pasos de nueve posibles, si hubiésemos ido a San Julián o los Terceros hubiesen sido uno o tres, creo que las opciones fueron las más acertadas, pero la historia continuó y llegaron muchas más cosas que contar, porque la Valiente parece ser que nunca tiene miedo…


CONTINUARÁ…
Fotos: Óscar Ortega Padilla.

sábado, 27 de abril de 2013

DONDE SE MOLDEA LA SABIDURÍA...


Ahí estamos, en la ciudad eterna, a los pies de una vieja fábrica de cigarrillos con uno de los grandes protagonistas de la Semana Santa, de mi particular Semana Santa, me refiero al paraguas. Ahí nos encontramos Cristóbal, Óscar y un servidor bajo el mismo junto al reportero del Llamador de Canal Sur Radio, Javi Blanco, posando gracias a un arrebato de esos tan comunes en Óscar que nos hizo conocerlo, charlar con él un rato mientras esperábamos la noticia que todos sabíamos, que el Martes Santo se le ha antojado a Dios quedarse en la intimidad de su casa, que la Semana Santa de Sevilla le quita una jornada y se ha empecinado ahora en esta. Y es que ahora, como manda la tradición ya en esta casa, toca contarles, a Dios gracias las emociones vividas por la capital hispalense. Estábamos a los pies donde antaño se moldeaban los cigarros y hoy se moldea la sabiduría, allá donde forman las prosperidades bajo la más dulce y Buena Muerte del Hijo de Dios, curioso que para mí Sevilla y su Semana Santa deberían considerarse la universidad donde moldear la sabiduría para formar grandes prosperidades…


jueves, 25 de abril de 2013

JUEVES SANTO LINARES... EL RETORNO DE LA GLORIA. (Y IV)


Por las horas, por la meteorología…. La verdad no lo sé y ni me preocupa ni me preocupó entonces. Acabábamos de meterle una torera chicotá al Soberano, quizás entre las que yo más destaco de nuestro trabajo el Jueves Santo, y lo que menos me preocupaba, visto lo visto era no pasar por la dichosa calle Ventanas. Así la calle Antón de Jaén con Sagasta seguía alzándose con la vía con la que el Soberano entraría en carrera oficial, y uno se sentía un privilegiado que ante la nefasta Semana Santa de lluvias en estas tierras a nosotros nos haya concedido la gloria de pasearlo en esa semana que esperamos con pasión todo un largo año.
Leyendo una de las muchas crónicas de la Semana Santa en Andalucía, contemplo que una de esas opiniones se refiere contrariamente a la que yo más mantengo, no a la mía en concreto claro, sino a los que piensan como yo, que rebosantes de fe, creen o más bien no creen en la casualidades de que en este tiempo es normal que pase esto. Pero no sé, veo tanta casualidad que yo creo que Dios nos pone la prueba donde más nos duele. Por eso, cuando parecía que este año si íbamos a completar un Jueves Santo como Dios manda, llegó un nuevo palo, cuando entre la hojarasca del respiradero comienza a intuirse algo raro afuera… si, la lluvia, que no se esperaba a esas horas hizo su aparición, esta vez no hizo falta llamadas extrañas de que venía lloviendo por el oeste. Si metros antes hubo nervios, imagínense ahora… Félix que venía de un relevo, me comentó que no fueron cuatro gotas, que fue una lluvia corta pero digna de abrir paraguas… el Soberano se había mojado y la “alarma” por segundo año consecutivo se activaba, curioso que hayamos pasado de ser una hermandad que no salía con riesgo de lluvia a tener que salir “corriendo”, pero así lo habrá querido Él, aunque creo que lo único que podemos es darle gracias por poder gozar de su presencia, en unos tiempos seguramente difíciles en la hermandad, y que quizás todo esto valga para que de una vez por todas se olviden los problemas y podamos construir la hermandad que por lógica, porque hay buenos mimbres para ello, deberíamos ser.
Pero gracias a Dios, ya contamos con experiencia por desgracia, la vuelta aligerada de la cofradía se hizo con una templanza, nuevamente digna de los mayores elogios. Así que un año más, quizás le gusta así al Soberano de San Agustín, volvió a ésta su casa cambiando su idiosincrasia, es decir, el barco del Prendimiento un año más navegó comiéndose las calles, con ese poderoso caminar que a Dios gracias le hemos conseguido impregnar a su marchar, que hace que cuando la mole se te acerca el alma se te sobresalte y te imponga incluso. Se acabaron cambios –por el momento- y el Señor buscaría su casa, porque se le antojó que ya habíamos tenido suficiente. La banda un año más marcó el compás y las marchas fueron pocas hasta que el Señor llegó a la iglesia. La carrera oficial lleva ya dos años esperando uno de los pasos de las cofradías más esperados, pero bueno para quien entienda esto más allá del “espectáculo” que forman las maneras trianeras de andar lo entendería. Se hacia la potencia musical, con esa marcha dedicada a la Macarena que resumía un poco la situación… “Una Vida de Esperanza” para la revirá, que no se nos hizo una vida pero si indujo a la esperanza de que esta empresa vaya para arriba.


La carrea oficial se atravesó como un rayo, creo que en dos chicotás nos plantamos en las famosas “Ocho Puertas” donde se realizó una de las nuevas novedades en lo que se refiere al recorrido. Después de varios años nuestra “Cuesta de la Virgen” cedía el testigo a la Corredera de San Marcos para acceder, por una calle más vistosa y amplia, según me contaron, hasta esa calle que abre la gloria y a la vez es la menos deseada, la que nos lleva al letargo de la espera, Julio Burell. Es una pena los poquísimos videos que este año los usuarios han colgado en youtube de la estación de penitencia de la hermandad del Prendimiento, por ello me está costando horrores recordar muchos detalles, como por ejemplo la música. Una pena es que no haya una grabación de la subida de la corredera, donde sin duda se hizo en una chicotá antológica, que quien la vivió, quizás con los años la cuente como casi una leyenda. Lo kilos caían pero como si nada, desde fuera era una vorágine de aliento para soportar la travesía, pero que se puede esperar con ese capitán que llevamos prendido entre bordados de oro. La templanza se hizo arte costalero en unos momentos donde es difícil pensar y fijarte en las cosas, porque cuando uno salía de la galera bendita y miraba hacia arriba el cielo parecía que quería descargar, más incluso que año anterior. Pero  a la vez la sensación era de que no pasaba nada, que había sido un susto y que los toreros del Soberano lo llevarían como diría la canción… hasta su portal, con la misma clase que ensayo tras ensayo siguen puliendo. Como digo, no recuerdo muchas chicotás en lo referente a la música de la banda del Rosario, pero creo que la revirá en Julio Burell - nueva estampa, como será cuando de verdad nos deje volver si miedos ni temores- se hizo con una de las varias marchas que lleva el Rosario dedicadas curiosamente a una hermandad que sin duda se alza como la abanderada de este arte del andar largo y poderoso caminar. Pareciese un homenaje a ese paso que deslumbra en su caminar, cuando sonaron - aunque no estoy seguro la verdad- o “En tus Lagrimas Amargura” o “Al Desprecio de Herodes”.
Destacar esta vuelta o revirá, medida, con elegancia, nada que ver a casi la misma del año pasado, una vez más que pena la falta de videos, cuando definitivamente el Señor vislumbra la estrella modernista que le habla que ya está cerca de casa. Este largo caminar que hizo que el tramo del paso palio se quedase muy descolgado. Media calle la hice fuera, y la verdad que se hacía indescriptible el contemplar las caras de la gente, entre asombro, algo de miedo y la paz y la emoción al contemplar al que todo lo puede sobre su galeón de oro, tristemente con sus ascuas de luz apagadas hasta un nuevo año. Pero la luz de la calle lo iluminaba, y la luz que salían de las miradas extasiadas de quien contemplaba como venía abarcando al mundo, llenándolo todo y haciendo dudar a la razón de que algo tan enorme lo lleven seres humanos…


Pero esto seguían sin pesar, y el miedo se había marchado y quizás fue porque se le antojó, de que nos merecíamos unos últimos “caramelazos”. Fue el momento de volver a la trabajadera para no salir hasta que se posara sobre el mármol sagrado. Todo parecía tocar al final más escueto del año pasado cuando el sentimiento floreció para las últimas chicotás del adiós. David abría el faldón buscando a Félix, y por mi posición sentí y escuché privilegiadamente que la recogía iba a ser especial. Diez años después por fin el Soberano caminaba como merece al compás de una de las más geniales partituras del sevillano Pedro Pacheco, dedicada en honor a la Reina de nuestros corazones, la Virgen del Rosario. El aire sobrio y poderoso volvió a ceder el testigo a los cambios para plantar al Soberano en el umbral de San Agustín. David se lo comunicó a Félix, porque esa marcha es especial para él y le gusta insistir en la preparación definitiva de mi compañero en la labor de mandar la cuadrilla junto a los hermanos Marjalizo. Quizás también quiso el Soberano brindarle este premio ya que no puede derramar su arte en muchas chicotás. Y para mí fue especial la llegada, con ese son cigarrero que a los “niños-hombres” de la banda les cuesta asimilar, ellos tan adaptados a la potencia de otros estilos. Solo le faltó su luz en los candelabros para dibujar la chicotá perfecta, quizás esta fue la mejor de todo mi Jueves Santo. Se disfruta cuando cambia Félix, se siente en el ambiente, no se explicarlo bien, obviamente se disfruta con todas las ordenes que le salen del alma a todos los “voceros” como son llamados en algunos lugares de Andalucía a los que mandan bajo el paso, pero en Félix si intuye los aires más antiguos, en los Marjalizo se palpa la esencia más actual, seguramente mucho más sobrados de técnica que mi amigo, pero el recuerda las viejas esencias que hizo de esta manera de andar un religión, tal vez se intuye en sus ordenanzas esa sorpresa que levantaba antaño San Gonzalo y hoy quizás más que ningún otro el Penas de Triana. Esa esencia que guio los pasos de Eugenio cuando bajo las plantas de sus Dios sorprendía a la Linares cofradiera cada Jueves Santo. Ciertamente esta es la mejor y única escuela que ha tenido Félix, aunque en Sevilla haya visto de todo.


“De Blanca Pureza” abrió la senda a la despida perfecta, parecía que nada extraño había pasado y estábamos recogiendo al Señor como un Jueves Santo más. En ese momento creo que el Soberano miró para bajo, y giro el rostro buscándome y me envió un soplo de gracia para que mi corazón comenzase a pensar y a recodar… él sabía que desde los ensayos había querido dedicarle una levantá a alguien que Él quiso llevarse demasiado pronto a su Reino. Siempre me decía Félix, que en las levantas me “acojonaba”, que no saco esa labia que a ustedes les hago leer cada día en este blog. Y es cierto, no me salía las bellas palabras, aunque no sea poeta, han sido siempre la cosas bien dichas las que me han emocionado, las que me han hecho entender que la Semana Santa merece la pena, que es buena y que la gracia más grande jamás inventada ni emulada. Me gusta emocionarme, me gusta que me emocionen, por eso dentro de mis limitaciones intento trasmitirles  a las personas mis sensaciones y como llego alcanzar esa especie de mística.
Este pobre iluso por eso llegó a dar un pregón, y aquellas gentes asturianas se emocionaron cuando les contaba como los costaleros conseguían milagros, con tan solo levantar un paso, hacia despertar la chispa a Dios para conceder muchos de esos deseos, con la simple subida fuerte de su hijo al que es su Reino. Una joven muchacha me abrazó por aquello, y por el pregón en definitiva resbalándole las lágrimas por sus mejillas como las de su Esperanza. Ella, sin avisar se marchó en los días previos a la gloria, a la otra gloria, porque seguiré pensando que no tiene que haber algo más parecido al cielo en este mundo, que sumergirse en la Semana de Dios. Por ello, tomé la voz, entrometiéndome en la llamá a otros compañeros, para que Eva pudiese ver desde el cielo, seguramente vestida de blanca pureza, todo aquello que le emocionó… Miriam, la hija del bueno de Lucas me abrazaba diciéndome que la había hecho llorar, había merecido la pena… esto es mucho más que costaleros, bandas, arte… muchísimo más…

Eva desde la eternidad también empujó a mi Dios, que también es su Dios, para que el galeón de Bejarano subiese la rampa que lo lleva hasta su casa. Todo tocaba a su fin, pero Él sabía que no me podía callar hasta otro año. Él quiso que me quitase la espinita, pero también quería que se la sacase a un compañero que necesitaba de su ayuda…. Cuando ya se sentía el eco más sagrado, ese eco que tiene que sonar cuando se traspasan las puertas de cielo, Miguelillo me pedía que me acordase del hijo que su señora esposa está esperando, que unos días antes se habían llevado un susto… vaya papeleta pensé… David llamaba a German para la última en la calle, el cual le concedía la gloria que supone elevar al Hijo de Dios, en esta ocasión por nuestras madres. Pocos segundos para pensar, pero Él que iba arriba me inyecto la gloria a la velocidad del rayo y una vez tuve que cortar a mi buen amigo German, perdona amigo pero tuve que acordarme de aquel que hace más de treinta años vino simplemente a vestir  a “mamá” y lo cambió todo para siempre, y nos regaló la bendita gloria que suponen las cofradías de estas benditas maneras. Don Antonio Garduño que nos marcó el rumbo para llegar a donde estamos llegando, él fue un enamorado del Rosario y como no, de su Estrella de Triana. Y las cosas de solo Él, quiso que un linarense educado en todas aquellas herencias, prendido y enamorado a estos titulares que inundan de emociones las calles de Linares consiguiese el sueño de hacerse costalero también de la Estrella de Triana… “y lo tengo aquí a mi lao”, así que a volar para que el futuro costalero venga sano, que el Soberano los quiere bien enseñaos y tú Miguelillo eres un maestro. Una palmadita en su barriga hizo que las calientes lagrimas se derramaran sobre mi mano, una vez más había merecido la pena y ten por seguro que cuando el Señor voló ya estaba apuntando en su “libretica” que todo iba a salir bien…
Se respiró el sentimiento, ni lo hice ni me gusta hacerlo con un afán de protagonismo, “lloro” escuchando a los verdaderos poetas de esto, y así me gusta intentar trasmitir la gloria, sin duda fue un colofón que me llenó el alma. Así, con los dos costeros a tierra volvió el Soberano a su casa, al compás de la marcha real que ya no gusta escuchar, un año más por desgracia hizo sentirse orgullosísimos a sus capataces el comportamiento y el esfuerzo realizado por sus hombres, la lección de categoría fue grande y seguramente serán recordadas como las viejas leyendas embutidas en el más sabroso sabor de lo cofradiero. Al salir de la ciega y gloriosa galera contemplé muchas caras y escenas de emoción, lagrimas que no sabría decir por qué, pero que algunas eran como de ¿decepción? No hermanos, podemos darnos con un canto en los dientes, ahí sentí que todo había merecido la pena y que el Señor nos había dado una nueva oportunidad. Sentí este año más que ningún otro abrazos de verdad, de Félix, Óscar, Moro, Simarro, Pedro, Javi, Lucas, Cledera, Rubén y Víctor, obviamente Miguelillo me decía que se la escribiera en un papelito, German, Nico y su hermano Seba y otros tantos que ya no recuerdo, aunque en otros, quizás me equivoque, pero noté cierta indiferencia, no hay que tomarse tanto las cosas a pecho, os lo recomiendo pero si os invito a reflexionar que cuando se va debajo del Hijo de Dios, hay que controlarse, que esto no es un juego ni nada raro por el estilo… os recomiendo el “Padre Nuestro” de Cantores de Híspalis… “que debajo de Tú canastilla se olvida el rencor…”.
Pero dije que nos brindaron “caramelazos”, ya sin costal, extasiado en el deber felizmente cumplido Óscar me avisaba: “la Virgen viene con Amarguras…” Salí corriendo, que la Señora venía aunque con la cera apagada, pero rezumando categoría, que menos con la marcha de las marchas, por lo menos para mí. Esta marcha debería estar obligada hasta en las glorias, es la marcha de Semana Santa por excelencia, de las procesiones y como mejor marcha un paso… y bendito gusto el que decidió este fabuloso broche de oro para el Jueves Santo en el año del Señor de 2013. Me imagino quien fue el ideólogo y lo busqué, dejándome caer en su pata, él un recién enamorado del poco de moda, incomprendido y a la vez maravilloso mundo del paso de palio que no pude nada más que decirle “Manué, esta es la magia de la Madre de Dios” sin duda, que nunca he visto un palio de barrio sentarle tan bien lo mustio. Me surgió un sentimiento similar a lo que es la recogía del palio de la Aurora de Sevilla a este mismo compás… era como un preludio, lo grande se acababa, para mí la Semana Santa activa, es decir, dentro de una cofradía casi rozaba ya el “ahí queó” hasta el año que viene, y esta marcha hace que la pasión se desborde más si cabe ante la larga espera. La banda de María Inmaculada lo bordó, y nos dejó muestras de su buen hacer y regusto, con un giro completo con “Sevilla Cofradiera” del maestro Gámez Laserna que me transportó a ese viaje tormentoso entre Sevilla y Bailén la noche anterior, para pensar que una vez más todo mereció la pena, ahora toca afrontar un nuevo año y solo me queda pedirle que sea lo que Él quiera, pero que sea benevolente…

martes, 23 de abril de 2013

ABRID LA PUERTA A DIOS...


Tengo claro que tanto la iglesia como los arquitectos que idearon, dieron y siguen dando forma a los templos de reciente construcción, y me fijaré tan solo en Andalucía, se olvidan o quizás se quieren olvidar de los inconvenientes que puede acarrear el dotar a un templo, más cuando es de dimensiones considerables, de la puerta de un simple establecimiento… hombre que unos protestantes cojan pequeños locales se entiende, difícilmente pensarán que tengan que sacar o meter algo más grande que un armario o una mesa en sus recintos cultuales…
Pero parece que nuestra  iglesia quiso un día tomar ese rumbo, el de buscar una religiosidad diferente a lo que se había hecho hasta entonces, donde parecía no tenía cabida la popular, y la popular la encabezan las cofradías sin ningún género de dudas, por lo menos en Andalucía. Sin duda que se intentó y se intenta generalizadamente seguir las tendencias artísticas y vanguardistas del momento, y la verdad que en la gran mayoría en lo que a arte imaginero o escultórico se refieren se dieron con un canto en los dientes, o sino que me digan mis paisanos si no ha cambiado la cosa en la iglesia de San José obrero de Bailén. Esas nuevas iglesias donde creo que se construyeron con la intención de que el “folclore” del centro en la Semana de Dios no alcanzara sus umbrales…
Pero los tiempos siguieron su ritmo y la Semana Santa se extendió más allá de las murallas de los cascos antiguos, y aquellas iglesias frías, de paredes lisas e incluso de diseños cuasi de ciencia ficción – por no mentar la imaginería sacada más bien del ingenio de  Steven Spielberg o George Lucas-, tuvieron que abrir un día, poco a poco y las que queden sus pequeñas puertas para que por ellas entrara Dios y su Madre Bendita, como hace siglos implantaron como la forma más genial y acertada de mover al pueblo a la fe a través de la plasticidad creada por la mano humana, es decir entre tanto “modernismo” y vanguardia, el barroco siguió triunfante y siguió enriqueciendo en lugar de desentonar. Y esa corriente no se quedó en lo artístico, ya que en los templos nuevos se fueron impregnando de aquellos tiempos antiguos que era más difícil arrancar de los templos con solera.
Y esas iglesias, muchas en feligresías que hace pocas décadas eran “tó campo” necesitaron “su día grande”, ese día especial en el calendario que mueve a los feligreses, es decir al pueblo, y eso casi desde Trento solo lo mueven las cofradías, por lo menos en esta tierra de María Santísima. Pero las cofradías tienen un canon, una estética, una medida y nada híper moderno, por muy en vanguardia que vaya iba a borrar algo que lleva funcionando más de cinco siglos. Que uno entre a la Catedral de la Almudena de Madrid y encuentre la capilla de Santa Ángela de la Cruz –con retablo neobarroco de Guzmán Bejarano- como los más “digno y pomposo” en un templo de esa magnitud, es un buen ejemplo de este punto de vista que les hablo.
Pero a lo que iba, muchas de esas iglesias comenzaron a albergar a cofradías que si o si iban a echarse a la calle como mandan los cánones, pero se encontraban que no podían salir desde el interior, Dios y su Madre para salir de su casa, tenían que salir desde fuera de la misma. En dependencias aledañas se comenzaron a montar carpas y tinglaos, incluso en calles de la ciudad. Se comenzaron a crear casas de hermandad e incluso se utilizaron garajes, o cocheras, como dice mi amigo Óscar solo llamamos así en Andalucía. Mi hermandad fue un ejemplo, antes salía de una cochera que hacer pasos alejados de las proporciones correctas, solo que encontraron una iglesia que por lo menos puerta ancha tenía…
En muchos casos una pared de ladrillo, seguramente sacados de las entrañas de los cerros de mi pueblo, sin ningún tipo de interés histórico y creo que artístico, no se podrían tocar, es decir, no se podrían abrir una  puerta al Señor y a la Virgen.
Por ello, brindo esta entrada a dos corporaciones sevillanas, que caminaron muchas de las cosas que les he enumerado y consiguieron engrandecer sus templos con su ideas “retrogradas”, y con ello para más “inri” los llenaban de cristianos, unos más practicantes y otros menos pero hijos de Dios en su casa al fin y al cabo… quizás más que en ninguna otra fecha, y cuando llegaba el gran día de ese barrio que hace pocas décadas era “tó campo” abrieron una puerta, en esos templos casi de ciencia ficción para que saliera las imágenes de su devociones. La primera fue el Viernes de Dolores, desde la barriada de Pino Montano, con su hermandad de Jesús de Nazaret aunque ésta ya se estrenó el año pasado. La lluvia, como no, estropeó este gran estreno el pasado año a la hermandad del Cautivo del Polígono de San Pablo, pero éste tal como indica la actual fotografía presentación del blog, por fin se abrieron la puertas al Dios “valiente” que abrió un glorioso Lunes Santo…

domingo, 21 de abril de 2013

JUEVES SANTO LINARES... EL RETORNO DE LA GLORIA. (III)


Era de noche, los malos augurios se arremolinaban en los soportales y las tinieblas se cernían sobre los hombros del angustiado Galileo. Egudiel ya había emprendido el vuelo, el cáliz ya había sido bebido, todo estaba entregado a la voluntad del que se escondía entre las nubes como la Luna del Nissan. Envidias, rencores, odios se acercaban cuasi temerosos al que parecía un hombre pero a la vez irradiaba un temor que según mirase el corazón, daba paz y consuelo o atormentaba. Pero su amor lo podía todo, y todos esos males se le echaban encima, y Él se entregaba sin mediar resistencia alguna, seguía amando al que lo golpeaba…
Era mi primera noche en Rosario, o más bien la que soñaba sería mi primera noche bajo sus plantas pero Él quiso que fuese como ese actor secundario, aunque bajo costal eso si, como ese marine estadunidense de la novela de J.J. Benítez que sabía más que nadie la verdad pero que solo pudo contemplar impasible la más oscura de la historias de la humanidad. Así entró Dios a ser prendido entre las sombras de la noche en ese Getsemaní que se yergue como el Reino donde manda su Madre entre azulejos celestiales grabados en las viejas y desgastadas piedras, tal como serán las del Reino de los Reinos, el que no es de este mundo. La noche tan especial para mí, cuando los pasos dorados se convierten en ascuas del gozo, pero ese gozo no quería verlo, quería sentirlo, y para eso solo se puede ir en la ciega galera del Hijo de Dios. Pero cosas de no sé quién y no sé por qué, bueno si, de Él, me tocaría verlo de lejos y sentir, lo que es sentir sería de la manera menos gustosa… a veces pienso que a mí, los tropiezos, me los pasas menos que a otros o quizás que ese era el precio a mis ruegos de gloria, por eso cuando todo terminó, quizás me sentía más satisfecho que la gran mayoría, para mí lo que pasó acabó siendo un gozo que había merecido la pena, que todos los esfuerzos no fueron en balde…
Y como estábamos en Rosario, la banda que lleva su nombre incidió en lo que creo debe seguir siendo el camino, aunque caminarlo sea harto complicado; construir una esencia propia. Por ello la música seria la que se escribe con sus miradas grabadas en el alma, que por cierto y perdonen mi pesadez, cuanto echo en falta su mirada gitana… La magnitud de su poderoso barco se abría paso entre San Francisco, Pontón y se hacía el compás flamenco, tan criticado por aquellos que ya comienzan a quedarse en los noventa como un buen amigo mío que aún le cuesta digerir que sus 30 años no son los maravillosos dieciséis… el tiempo pondrá cada cosa en su sitio, pero “Por ti, Rosario” abrió la senda hacia la gloria del Getsemaní menos temido de la humanidad mientras yo entre la bulla, en lugar de estar en esa vieja taberna en honor al club de los leones rojiblancos, prefería separarme, no me invitaba el lugar, no me invitaba la experiencia… el Soberano ya tenía a sus elegidos que lo disfrutaron seguramente lo que no está escrito, si es que se podría describir. Solo faltaba una bocanada de aire para que el “Señor del Prendimiento” pisara la calle de los viejos rosarios de la aurora, así lo confirmaba una nueva partitura. Y con el izquierdo por delante llegó Nuestro Dios a la que unos cuantos ha convertido en su segundo reino, el quizás más esperado por la Linares cofradiera, la calle del Rosario. Bajo las tenebrosas tinieblas de la noche, el sayón ya comenzaba a tirar de Él, lo quería llevar metros más adelante a ese pretorio del “linarensismo” mientras a Judas, con antorcha en mano aún más descubierto que nunca ya intentaba huir de sus tormentos por aquellas esquinas o soportales donde se escondían los malos augurios… ¡ay! Iscariote el maldito, que sería de nosotros, Hijos de Dios y capillitas sin tu cobarde beso…


La mirada tierna del Soberano desprendía amor, amor por el pobre celote, por el rudo sayón, por los maltrechos romanos tan poco valorados pero con una hoja de servicios, a pesar de los graves achaques, quizás poco igualada en Andalucía. Pero el amor también era para los de abajo, para los hombres de negro, para todos los nazarenos, acólitos, para los de la banda... pedía de una vez más por todas que los rencores, las envidias y los odios se alejarán de Él, que se esfumaran de todos los que intentan sumar a su caminar de gloria por su ciudad un Jueves Santo más y nos quiso llenar una botella aun si completar que comenzó a completarse en un día de octubre para la inmortalidad, un día que se hizo gracias a la que todo lo intercede, la que más le ruega por los ruegos, que sobre en todo en Andalucía, le llegan de sus hijos, para eso es tierra de Maria Santísima…“mamá”, en su calle le pidió al Soberano que todos viviéramos también lo que era “Sentir” como nunca al Hijo de Dios. Por eso la música nazarena que una mañana del mes del Rosario nos embriagó, emergió de nuevo para completar el más perfecto de los Prendimientos. Seguramente sería la chicotá de la noche, para mi obviamente no, ya saben, los blogs es para trasmitir sensaciones, y las sensaciones de verdad en esto de los pasos solo se siente debajo, pero indudablemente, un año más, tampoco fácil se hizo el milagro de plantar al Soberano a los pies del Rosario del mosaico, mi primera vez bajo la noche pero lejos del dulce roce de sus pies, y llegó con el sentido hecho música… “Sentir”, solo se podría titular así el paso por Rosario en este Año de la Fe, año del Señor de 2013.


Se ha quejado públicamente en las redes sociales un viejo guerrero de la falta de unos encendedores de cera para paliar las malas brisas de esta primavera que entró prácticamente invernal de enero. En ese momento, como seguía siendo un actor secundario más, le pedía un recuerdo hecho fotograma al amigo Medina, últimamente envuelto en vivir la pasión a través de un objetivo fotográfico, aunque su consejo era que la escasa luz no daría un buen resultado. Pareciese Señor que este año no me querías allí y que no quedara constancia de ello, pero bueno esta crónica dice que si, quizás quieres que cuente con que dura esperanza  se puede llevar la gloria aunque sea algo más agridulce. Y llegaba el estrecho y tuve que cerrar los ojos para volver a sentir las apreturas y las llamadas cortas, del buen trabajo de los pateros y de todos tus elegidos Señor. Ciertamente viendo los videos comprendo al amigo Tito, pareciese que las tinieblas habían terminado por apoderase de la calle del Rosario hecha ahora una vez más música, por ella caminó despacio, suavemente, atravesando la estrechura, arrastrando a los que un año más no saben que el paso cabe justo que hace que al salir del Getsemaní de la gloria se arme un pitote de bulla… bendita bulla, aunque el que partió el cirio del cirial con la cabeza, seguramente ya no lo encontremos en el mismo lugar…
Era el momento de volver a “remar” con el racheo del Divino, parecía todo una mala pesadilla aunque en el trasfondo se visualizase la gloria, pero las salidas a hombros serian para los elegidos. Un elegido era Mario, un chaval de Madrid que pasea por las calles de la capital de España a eso clon del “Manué” Rey de los Gitanos de Sevilla y que este año ha querido ser uno más de los peones de esa bendita octava tan señalada, por lo que el Soberano había intentado explicarnos en su definitivo Prendimiento “Por la calle del Rosario”…

Pero volvíamos al sueño, quedaba aún más metros de éxtasis y en la llamá Mario comprendió cual la magia de un Jueves Santo en Linares, así volví a elevar a Nuestro Dios a las alturas y a despertar de esta “pesadilla”. Y comenzó a caer los kilos, este año quizás menos que nunca, buen augurio, cada vez se reparten más las fuerzas. Y vino una chicotá con revirá sin aspavientos, sobre los pies, de frente pero muy poco a poco, antes por ahí se bajaba en quinta y eso que no llevamos caja de cambios… Sonaba “Réquiem” (…por Juan Vizcaya), el “himno” de Bienvenido Puelles que suena siempre tras el Hijo de Dios cuando hay que acordarse de alguien que ya se marchó al paraíso de los atardeceres  azul purísima de su tierra. La mandó Félix, que este año ha demostrado más pellizco en el arte que le encomiendan, tras el solo de corneta pidió un “puntito” que levantó una de esas ovaciones más complicadas de conseguir, la chicotá tuvo algo especial, estaba siendo un Jueves Santo perfecto, o casi, pero se le está tomando un dominio al andar que esto ya se convierte en un paseíllo triunfal, pero el toreo vendría un poco más tarde…
Luego me enteré, que aquella chicotá fue como la primera levantá en su sagrada casa palacio de San Agustín, para Manolo Barranco, ya que al parecer - yo lo desconocía-, tenía su residencia justamente en los umbrales de la calle de la que también sería su “mamá” más bendita, en ese Getsemaní donde se prende cada año a su Dios. Ya lo dije el año pasado, que para muchos la calle del Rosario se tendría que parecer mucho a las puertas del cielo, Barranco sería sin duda uno de ellos, así que cuando se presentó en los umbrales de la eternidad tan solo tuvo que sacar las llaves de su casa…
Y dejábamos un año más la estela imborrable por la calle de “mamá”, cuando el sayón tiraba de Él hacia el pretorio de Linares al compás del único  e incomparable “Sentimiento Gitano”, de este Cristo que también fue llamado desde el amor “El Gitano”. La amplitud del Linares comercial, del hervidero humano del día a día inclinaba la rodilla ante ese Dios, que en mosaico de gloria controla el ir y venir de todos aquellos que lo miran o pasa completamente de Él. Quizás algunos se dieran cuenta que estaban ante Él que ven en el azulejo casi todos los días. Y si está allí, es porque el “linarensismo” antiguo lo condenaba a la cruz a las puertas de esa “Torre Antonia” donde un castulense hecho servidor de Pilatos lo sentencia a pagar por todos los pecados del mundo…


No sabría decirles cómo se dispuso este año el paso, creo que no se le dio la pomposidad del año pasado, no sé el motivo, ¿quizás los pronósticos meteorológicos? No lo sé la verdad, la marcha  “Sentencia de Cristo” volvió a dibujar un año más la estela del Soberano marchándose condenado definitivamente, entre dentelladas de oro, a esperar las horas oscuras en que en San Francisco le entreguen su santo árbol de la cruz, su bendito trono de la salvación…
Y llegó, un nuevo relevo, el del bar Diego, donde se desarrolló ese sueño premeditado desde que un pequeñuelo era una simple célula en el vientre de su madre, célula pero llena de vida insuflada por aquel, que con mirada baja, con gran mansedumbre lo miraba entrecortando una sonrisa de ver el arte y el genio que desprende este “chavea”, porque este Dios también es “…de Linares y pincho” y así suelen llamar allí a los niños, Él no iba a ser menos. Aquí fue cuando Antonio, nos comunica la decisión de la hermandad de anular un año más el paso por la calle Ventanas, al parecer al filo de la media noche volvía las lluvias… eh aquí, cuando al principio comenté que mi crónica se podría casi calcar a la del año anterior, fue aquí justamente cuando se vivieron circunstancias ya vividas, sin duda apoyado en la trabajadera me parecía vivir un “Deja Vu”. Acuña con su voz harto masculina nos llevaba a la calma, no pasaba nada, pero ese fue el momento donde se decidió comunicar, algo que trajo cierto miedo al cuerpo, parece que aún colea entre los viejos guerreros aquel desastroso Jueves Santo del 98. Pero es gratificante comprobar que esta cuadrilla se ha forjado en unos bríos nuevos, una nueva filosofía. Aquí se respeta y casi se elevan a los altares a los valientes del 80, pero la senda para el perfeccionamiento aquí por lo menos tomó otro rumbo, hoy que parece ser que somos el ejemplo a seguir en la ciudad, es quizás hora de invitar a reflexionar estos valores, y que quizás haya que buscarlos donde en gran porcentaje nosotros hemos bebido… surgió un discurso entre ese cierto temor digno de la cuadra de los gladiadores, pero estábamos bajo el Hijo de Dios, y con Él arriba todo ha de ser más dulce y sereno. Nuestro segundo capitán llamaba al orden y milagrosamente todo se calmaba, seguramente el capitán eterno te dio una palmadita en la espalda orgulloso… algunos deberían darle vergüenza el cuestionaros o permitir que lo hagan. Días después, intentando buscar imposibles explicaciones a estos Jueves Santos “incompletos” se achacaba con sorna a que había que quitar la calle Ventanas, calle maldita… pues la verdad quizás haya que planteárselo seriamente, quizás todas estas lluvias y momentos difíciles era porque Él no quería que pasásemos por allí, porque pocos días después del Jueves Santo, la casa donde se produce el estrecho de la calle Ventanas se vino abajo su fachada. Seguramente si hubiésemos pasado por allí, con el ajetreo y vibraciones lógicas del paso de una cofradía, con tantas personas y el sonido brutal de las bandas hubiese podido provocar una desgracia que se hubiese tenido que pagar muy cara. Este año, según mi tarjeta de relevos me tocaba hacerla, ahí comprendí quizás el precio que tuve que pagar de no hacer “Rosario”, que había que conformase con lo que nos deja, que si siempre le pido protección y salud para mí y para mi gente, era mejor dejar un trocito de gloria antes que por una desgracia…
Y para acabar esta nueva entrega de crónica, hoy domingo 21 de abril, tras haber pasado una semana de calor soñando que la misma por el año que viene se nos presente igual –el año que viene será Semana Santa- terminaré con la experiencia que creo que cerró el Jueves Santo premeditado antes de enfrentarnos una vez más al de los sobresaltos. Me consta, que nuestro hermano en Cristo, Ricardo Díaz había promovido que el torero linarense Adrián de Torres llamara al barco del Dios de los Toreros en Linares –para eso preside junto a su Madre del Rosario la capilla del coso linarense- en la calle Ventanas, calle con sabor a torería sin duda en la ciudad de las minas. Pero tuvo que ser en Antón de Jaén y la llamá de Acuña fue antológica, que se puede esperar de un taurino como él…  “no se puede ser más de Linares que ser torero y del Prendimiento”… solo les digo que un olé hizo pegar otro “sapataso” como diría el Nico de los que se despega el paso de la arpillera y alcanza la gloria, subimos al Señor a hombros para sacarlo por esa puerta que buscaba la gloria, se cargaron la pilas y el pellizco se apoderó de todos, como decía Acuña no pasaba nada pero se cambiaba por precaución, y llegó una nueva marcha con cambios, en una calle donde antes pocos se hacían, pero los cuarenta y ocho corazones iba embravecidos como los toros de lidia y embestían con el arte del mundo del albero una marcha que este año ha gustado mucho… “Jerusalén”. Tras esto se abrieron paraguas y sobre todo lo que se abrió fue el compás que hizo rozar una vez más, aunque no premeditado los albores de la gloria a muchos…

CONTINUARÁ…

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