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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

UN ENCUENTRO PARA LA ETERNIDAD...

Nos encontramos en los últimos coletazos del año, donde como no, las cofradías también ocupan este mes de diciembre para darle el aldabonazo cultual y cultural a la vida de sus hermandades. Terminaremos por la Navidad, antes llegará la Esperanza y el próximo sabado la conmemoración de una de las grandes esencias del católico, creer que María, la Madre de Jesús, no fue solo una mujer como otra, sino la elegida que nació sin mancha ni pecado original para dar a luz al Hijo del Hombre, llega la Inmaculada Concepción.
En Linares hay una hermandad que tiene marcada esta fecha y este tiempo de frio y alegría para honrar sus santos cultos a su Virgen titular, Ntra. Sra. del Amor Hermoso de la hermandad de la Resurrección, la cual cuenta en su advocación con el de “en su Inmaculada Concepción”. Ya les he hablado en más de una ocasión de esta especial “dolorosa” que cierra la Semana Santa de la vieja Cástulo, la última, cuando la hermandad del Prendimiento visitó en una jornada histórica el templo donde reside esta dulce Señora y su hijo en el misterio más trascendental de la humanidad. Como fue mi hermandad, así lo quise reflejar, porque como dije justamente en la entrada anterior, será los que mis ojos vean y mis sentidos perciban –y lo que mis ganas quieran-, las historias cofradieras que aparecerán en esta casa. Visitó Santa Bárbara –por cierto, hoy es su festividad- la imagen de Ntra. Sra. del Rosario en sus misterios dolorosos, la que abrió las puertas de la gloria a una nueva dimensión de cofradía y hermandad que sin duda gustó y se disfruta en Linares como en ningún otro momento de la centenaria historia de las cofradías en la ciudad. La verdad desconozco sin con anterioridad a los años ochenta la primigenia imagen salida de las manos de Víctor de los Ríos –hoy muy remodelada en Sevilla  bajo la dirección de Antonio Garduño- recibía sus cultos por el tiempo de la Inmaculada, lo que si tengo claro es que Ella seguramente fue la segunda que se impregnó de toda la gracia sevillana que trajo el Prendimiento, la segunda que nos mostró a su Reina en efímeros y bellos altares de cultos – y se nota en la misma el regusto impregnado de aquellos años- y la segunda que recibió los besos de amor de su pueblo en las que para mí son las manos de “dolorosa gloriosa” más personales de la ciudad.
Por esa razón, tenía que ser especial esta visita del Rosario a Santa Bárbara, porque no me pienso olvidar de que allí también había otras devociones marianas esperando con la misma ilusión, pero me da a mí que allí arriba, se quiso que en esta nueva honda, de estacionar en el rosario de la aurora a otros templos de la ciudad, viesen conveniente que se enfrentaran cara dos de las imágenes de la Virgen más esenciales de la religiosidad popular linarense. Así lo reflejé en esta casa y así lo he intentado en un breve artículo que la corporación de Santa Bárbara pidió a mi hermandad del Prendimiento, y que la misma, a través de Alejandro Corrales, vio a bien que fuese mi humilde pluma la que intentara plasmar algunas de las visiones que se vivieron en esa mañana de luz, en la que se produjo un encuentro para la eternidad…

Como esta casa ha sido la que me ha catapultado a realizar estas intervenciones, es mi mejor “escaparate”, les dejo este enlace al boletín en la web de la hermandad de la Resurrección de Linares, una captura del articulo y el texto del mismo, porque aunque algunos de mis visitantes piensen que me gusta “inflarme” de gloria, para mi esta humilde participación, en una hermandad en la que no tengo nada que ver, es un “trofeo” más para mi imaginaria estantería de los recuerdos, por eso les invito a conocerla.


Cuentan los más madrugadores, los primeros en llegar a su sagrada morada en honor al Santo Padre de la Iglesia que entregó su vida al  Eterno en Hipona, que la sentían inquieta, nerviosa, incluso impaciente porque comenzara todo. Un poco más y su más cercano “sirviente”, el que la dispone tan bella y reluciente, hubiese tenido que remontar a su pequeño trono celestial para aportarle esos últimos retoques, Ella que es tan coqueta y de clase exquisita, que incluso le tuviesen que haberle dado a tomar una relajante tila. Por la alcoba de la Patrona de los Mineros, para eso estamos en tierra trabajada y sudada por este sufrido y jamás compensado gremio, suelen contar similares síntomas, que aunque allí la misma es también solo una, pero por tres era las ganas que tenia de recibir a la que mueve e incita al rezo y la oración del Santo Rosario.
Hace más de tres décadas nació en Linares un nuevo camino, una nueva esencia, un nuevo espíritu, un nuevo concepto de cómo hacer y cómo deberían hacerse las cosas. Dos cofradías se echaron a la mar a navegar siguiendo aquellos vientos y por vela pusieron a la figura de la Madre de Dios, misión nada fácil, más cuando la misma no gozaba de la predilección, o por lo menos equiparable a la de su Divino Hijo, de los cristianos del lugar cuando llegaban las noches bajo la luna del mes Nissan… y ya fuera de estas fechas paren de contar. Un larga travesía en común, pero sin haberse conocido nunca antes hizo que Rosario y Amor, el más Hermoso, por fin tuviesen la oportunidad de encontrarse cara a cara y así charlar de todo lo vivido rodeadas de sus hijos que tanto las aman. Ellas forjaron que a su tierra se la pudiese considerar como “Mariana” y que la misma se enamorara del suave y evocador compás de una bambalina en el jubiloso caminar de cada Semana Santa, una tras el áureo y refulgente Prendimiento más angustiado y la otra tras el triunfo sobre la muerte en la Santa y Verdadera Cruz del que acunó, con esa misma carita de gracia que nos regala el Amor Hermoso, en aquel humilde y a su vez glorioso pesebre de Belén.
Una dolorosa, la otra rozando la gloria, para que la esencia siguiese sabiendo al sabor de la penitencia. Tan unidas han estado entre sí en nuestros corazones que hasta el maestro que nos “envenenó” a todos con la gracia, fue el mismo que realizó o dirigió esas acertadas transformaciones que se hacían necesarias, para tal como expliqué al principio, las mismas se acondicionaran a ese nuevo espíritu que impregnó a la ciudad un pájaro morado que extendiéndonos sus alas nos venía desde la ciudad que corona un Giraldillo para la fe de Andalucía ¿Se explican ahora tanta ansiedad por salir y el encuentro?
La mañana se abrió de un clima encantador como para estar rozando el difunto mes y día de Todos los Santos y de una luz que podría simbolizar todas las energías y satisfacciones de sus hijos que la acompañaron igual de exultantes al encuentro de María, al encuentro de otras devociones, de otros aparatos plásticos para la catequesis del sencillo, pero al fin y al cabo una misma Madre, ya se llamase Cabeza, Penas u Amor Hermoso. Caminó radiante, escuchando y cantando su legendario rezo, Ella que trajo el compás de la gracia entretejida con arpillera, llegó a la cuesta de su “hermana” donde en el vidrioso azulejo ya le lanzaba el primer piropo, allá donde el mundo de abajo también se vacía y rinde honores al que se levantó de entre los muertos y su Bendita Madre, fiel esclava del Señor. Y las puertas de Santa Bárbara se abrieron de par en par, como en los días grandes de la Pasión para que entrara la elegida por Dios para ser su Madre, encarnación del verbo y buena esperanza de todas las nuevas grandezas que han bañado a esta ciudad, los mismos años que el Carpintero de Galilea vivió entre nosotros. Y si el Amor sonríe, en esta mañana de luz, del día elegido para la Resurrección, su sonrisa no tuvo parangón con la de ningún otro día del año, y quizás con la de todos los años de su vida, porque por fin el Amor, casi de Asunción gloriosa, le pudo mostrar al Rosario el triunfal desenlace de la Redención, que el Prendimiento no sería en vano, que las lágrimas no se derramarían en balde… que al tercer día Resucitaría para la salvación y la gloria eterna… gloria que será eterna para siempre entre las cofradías de la Resurrección y Amor y Prendimiento y Rosario de la ciudad de Linares.
Juan Pedro Lendínez Padilla.

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