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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 17 de diciembre de 2013

SOÑANDO CON TUS BESOS...

La verdad no me hace gracia escribir este tipo de entradas, no sé, cada vez más en la vida me gusta menos decir; voy hacer esto o aquello… me gusta soñar, idear y que luego sea lo que Dios quiera… incluso tenía pensado hablarles de cualquier tema muy diferente a lo que está a la vuelta de la esquina, pero supongo que si estoy escribiendo, es porque Ella así lo está deseando… Desde hace un mes, por no decir un año, tengo marcado en mis labios y sobre todo en mi alma la sensación más rara que como ser humano he tenido, sentir la dureza de la materia, de la madera policromada como si fuera carne, carne suave adherida a los huesos que forman los dedos, en definitiva una mano. También tengo grabada un aura, un magnetismo, un escalofrío, un calor y a la vez frio, un aroma y un aliento, que la verdad aun me cuesta pensar si en verdad lo sentí, o fue producto de ese órgano al que le echamos siempre la culpa de las cosas que podríamos definir como extrañas y poco corrientes, el cerebro.
Hace unas semanas me encontraba cansado, extasiado, un largo año en el que poco me puedo quejar de la espera, porque mi mayor locura no ha parado apenas en ningún mes de este año, donde sin duda que recordaré que impulsó la fe, utilizando el gran motor de las cofradías y el más puro fervor que emana del populacho. Pensaba que ya estaba bien, que había que descargar la mente para coger con ganas las vísperas de la vísperas y la preparación de la semana más grande de la vida, la cual puede que sea muy especial, pero no sé decirles en qué sentido, si será gloriosa o para olvidar… como dije al principio habrá que esperar a ver que deciden en los cabildos para estas cosas en la gloria. Hace un mes pensé que ya estaba bien, pero no podía ser rotundo, porque aquel tacto tan extraño que les he narrado, hace casi un año me hizo entender que para una persona como yo, posiblemente ya debería ser sagrado para los restos… pero no sabía que hacer o si debería hacer algo, sobre todo por el trabajo de temporada al que la crisis me ha hecho volver a retomar…

Dos amigos esperaban impacientes los cabildos de la gloria, seguramente pensado que yo sería nuevamente el instrumento para hacerles alcanzar ese sueño y colmar sus esperanzas, esa misma esperanza que no se marchaba de mi ser, aunque este año tenía la sensación de que quizás no tenía que intentar mover los hilos para que volviese a besar la esperanza, de que quizás no todo va a poder ser siempre… pero parece que Ella lo ha querido, moviendo los hilos para que el milagro se obrase y yo no tuviese que mover un dedo, sin ni siquiera llegar a los engaños piadosos, porque en esta vida, en muchas ocasiones, para poder saborear cosas tan buenas y tan sanas, hay que engañar a los que nunca nos entenderían, y yo por desgracia o porque así se quiso, he tenido que engañar mucho para disfrutar de mis pasiones…

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Pero parece que no ha hecho falta, yo la verdad que hasta que no me vea mañana viendo al “muñeco Giraldillo” moviéndose por los vientos del verde esperanza, no podré decir que si, que la Virgen en sus diferentes advocaciones me ha querido conceder un año más la gracia. Y nada más llegar, creo que mis pasos se encaminarán a la Resolana, la verdad, sin más contemplación empezaré por la alcoba de la Madre de Dios en Sevilla, donde con más impacto, con más fuerza sentí el calor de las imágenes, que en nuestros corazones se convierten en las figuras omnipresentes de  María, para darnos su esperanza, envuelta en la suntuosidad de sus templos y montajes de cultos, aquellos a los que parece le damos más o la única importancia, de lo que más se discute en estos días, pero que luego, cuando estás en la cola, en los últimos metros y frente a frente, toda esta parafernalia de lo mundano desaparece en un plis plas… y que decir del sentimiento tras el beso, ese shock en el que te quedas. En ese silencio y esa contemplación, sintiéndote que eres nada, que no eres nada ni nadie ante Ella y buscas un banco para quedarte contemplando como las hileras humanas siguen buscando la esperanza más divina, envuelta en suntuosidad, en una puro palacio de Reina y solo consigues ver a esa pobre muchacha de buena esperanza que pronto partirá hasta la ciudad de David para dar a luz, a la mayor luz de todos los tiempos… ésta es la forma más sencilla que tiene los sencillos para estar en comunión con Dios, a través de María… y en Sevilla todos saben que se llama Macarena.


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Eso quiere sentir mi amigo Pedro Guerrero, eso querremos enseñarle a David Mira y ese caramelazo quiere llevarse mi amigo Félix que ante tal invitación no pudo decir que no. Y también buscaremos a su Enfermera, la más Divina y alcanzaremos el templo donde con imágenes se explica el misterio de la Santísima Trinidad, el cual si la Esperanza trinitaria quiere, nos hará pisar su casa por vez primera. Y por la Judería, la esperanza se hará Reina de los Desamparados, los que más necesitan esperanza entre una ojiva aún esperado su Effetá con la rodilla a tierra. Y no pisaremos San Roque, así lo ha querido para irse allá por esa “Pila del Pato” que me levanta siempre los repelucos de la memoria donde allí estará su dulcísima Madre, que además de la Esperanza nos regalará la Gracia, aunque la misma ya nos la dará cuando nos permita pisar los confines de su tierra.


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Y después habrá que ir al barrio de Sevilla por excelencia, para algunos un pueblo muy vecino, porque seguro que a mi amigo David, al cual conozco desde que nació, para “reveses de la vida” de su padre y también mi querido amigo Andrés, le salió tan capillita como este “curica de los santos” que les habla y seguramente esta noche le costará conciliar el sueño, soñando con la carnosa mano morena y desgastada de su Virgen de la Esperanza, la que vive en la calle Larga, hoy de Pureza, porque por allí también dicen que vive la Madre de Dios, muy cerquita de su madre Santa Ana, competencias tan delicadas, porque surgen desde el mismo corazón, órgano tan mundano y divino, que sabiendo que es la misma Madre a todos nos la pone con otra cara. Y el escalofrío será eterno, en la más pequeñita capilla, más reducida, pero muy llena de amor y devoción, de esas que desbordan. La pena es que este año mi madre no podrá sentir el pellizco, cuando una trianera nos diga que “hoy es su santo”, de esa Madre, de esa “mujerona”, de ese poderío de mujer antigua que se echaba los problemas de una familia a las espaldas como solo saben hacer las mujeres de verdad. Esa es la sensación que percibe mi madre cada vez que ve en Triana, envuelta en suntuosos adornos a aquella mujer que ya estará fuera de cuentas camino de Belén. Y por la calle Castilla veremos la O del vientre de la Enfermera hecha dolorosa del Viernes Santo, entre aromas de carey y alfarería en este frio mes de la Navidad… seguramente será el cierre, quizás para esas horas nos pararemos en la “zapatería” bendita donde dicen que cada año emprende el camino la Estrella de la Navidad, para eso también abre la Semana Santa en la vieja Cava y si bajamos San Jacinto, es porque mi madre no vendrá, este año mi padre no está para estos trotes, seguramente sea el precio a pagar a ese impulso que le pedí al Hijo de Dios de San Lorenzo allá por el mes de agosto, pero bajaré San Jacinto con la pena de que no vendrá mi madre, para que se le encoja el corazón en el ocaso de la jornada gloriosa que se dibuja en mi mente, la que allí en el cabildo de la gloria ya estarán decidiendo los oficiales del Soberano… me dará pena porque este año no podrá ser y no verá sus manos en extremada tensión, ni el mar de venas que recorren sus increíbles pies, ni se le irá la mirada a su peana y al leer la inscripción, se perderá en su mirada de Verdad y en sus carnosos labios sintiendo que le está diciendo… “YO SOY”. El año pasado me lo pidió tanto, que este año, en el día de la Esperanza me quiero despedir de Él, con la ilusión y la petición de que me permita volver al barrio León con ella y que conozca al Soberano Poder de Dios, aquel mismo que se alza en el cielo de la cruz, cuando hayamos subido la Ronda de Triana, en el viejo camino de Camas, en la casa de todos los patrocinios, revestido de salomónicos dorados, siempre mirando al cielo, siempre escapándosele la vida, me acordaré del placer que me supuso llevarlos hasta mi Cachorro de Triana, de llevarlos hasta Sevilla y volver un año más, porque así creo que lo quiere, con permiso de ustedes, para mi corazón, la que vive en San Gil, a sentir que me echa el aliento…

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