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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

LAS COPIAS EN GRANADA...

Hace ya unos cuantos años, sentando en el sofá, aguantando el pesado peso de los párpados en la única y verdadera noche mágica para mí en todo el año, es decir, la Madrugá, llenándome de vida contemplando  las imágenes en la noche santa de Sevilla, el comentarista invitado exponía algo que me llamó mucho la atención. Era el imaginero Antonio Joaquín Dubé de Luque, y la verdad ya no recuerdo ni si quiera a colación de qué surgió ese asunto. Refería que la imaginería, aunque es arte y patrimonio de los vivos, su función va mucho más allá que extasiar a aquellos que pierden los sentidos con las genialidades salidas de la mano humana. Que su misión primordial es evangelizar y si ya la imagen o escultura es procesional, más aun se debería entender que había que arriesgarse a soportar los envites del paso del tiempo y las inclemencias y rigores del culto público que inevitablemente pueden deteriorar la obra de arte y a la vez icono devocional, y que siempre debería ser el primigenio icono plástico el que realizara esa función, porque es a él el que el pueblo siente como algo más que simple materia. Claro está mientras circunstancias ajenas no lo impidieran como la destrucción de los mismos por cualquier razón, y ejemplos de lo mismo ya conocemos de sobra por desgracia; incendios, guerras, política… como para tener que sustituir esa imagen, que siguiese conservando la veneración intacta en los corazones.
Y se expresaba así  porque era contrario a que dentro de la actual corriente de conservación de las obras maestras antiguas, algunas hermandades andaluzas, realizasen copias a las que rendirle culto interno y externo para la protección del único y genuino icono, dándole sin duda,  a la imagen original tan solo un matiz material, como un simple elemento expositivo, aunque permaneciese en una iglesia, restándole la quizás más importante de sus funciones, en muchos casos, de siglos, el de salir a las calles de su tierra a conmover los corazones te esta humanidad tan difícil. ¿Se imaginan que en Sevilla hiciesen copias del Gran Poder, Cachorro o la Macarena para no deteriorar la imagen original? ¿O el Abuelo en Jaén? ¿O la Esperanza de Málaga? ¿O el Greñuo de Cádiz?






No sé a qué o quién se refería en concreto. Aún está muy reciente un asunto que levantó cierta polémica en su ciudad, cuando se filtró que algunas hermandades tenían copias sacadas por puntos o que podrían tenerlas de sus antiquísimos titulares -¿se imaginan a Pasión, de Martínez Montañés, pudiese ser una copia?- y aunque la polémica se calmó, se demostró que el asunto allí sería bastante complicado. Supongo que se referiría a una ciudad que él tiene que conocer bastante bien, porque tiene muchos de sus trabajos recibiendo culto y procesionando por sus calles, en concreto me refiero a Granada, porque aquí si nos podemos encontrar esta circunstancia, en una ciudad donde por otra parte se encuentra uno de los focos más importantes de la escuela imaginera de todos los tiempos en España.
Sin duda que aún tengo pendiente una visita a la ciudad de la Alhambra en plan netamente capillita, es decir visitar templos y más templos para conocer a los titulares que dibujan la fe en la “Passio Granatensis”, y como no puede ser de otra manera, a sus más valiosas tallas, aquellas que gracias a Dios aún siguen conservando -¿hubo alguna quema eclesiástica en la Guerra Civil en Granada?- sobre todo salidas de los increíbles años en asuntos artísticos como los siglos XVI, XVII o XVIII. Una de las imágenes que más interés tengo por conocer es sin lugar a dudas el antaño llamado Cristo de la Salvación, hoy advocado como Santísimo Cristo de la Misericordia u “el Silencio”, como también es conocido por el canon procesionista que sigue hoy en día la cofradía que le rinde culto, inmortal muestra de las más sorprendentes creaciones salidas de las manos artísticas españolas, siendo en Granada, su autor no podía ser otro que uno de sus grandes baluartes; José de Mora, porque si es por fotografía y corta la respiración, como tendrá que ser velo en persona. Así lo buscaré en su templo y seguramente, si Él lo quiere me extasiaré en su contemplación y con total seguridad me hará ver en su pálida piel al Hijo de Dios muerto por nuestra salvación, y ese éxtasis del arte pasará al escalofrío de la veneración y de la oración, seguramente viviré algo similar en su templo, porque lo que es en la calle, puede ser similar pero nunca igual, por muy conseguida que sea la copia que realizara Antonio Barbero Gor…
Tenía ya ganas algún día de escribir sobre este asunto, sobre todo cuando mis “seguidores” de lo granadino me piden más Granada. Ideas que se acrecentaron en la pasada cuaresma, cuando volví a tener entre mis manos, después de varios años, un especial de la revista cofradiera más famosa de la ciudad, la que edita su mayor órgano cofradiero, la revista “Gólgota”. Es curioso, que dentro de los pocos artículos de historia u arte que contiene  el grande en cantidad; ejemplar –un poco desfasado en la apuesta de página por cofradía con fotografía de gran tamaño- se hablase de esta circunstancia de la Semana Santa granadina, que algunas cofradías optasen por procesionar copias de sus históricos titulares que en concreto son, los Gitanos con el Cristo del Consuelo, la Aurora con el Cristo del Perdón y el Silencio con el referido Cristo de la Misericordia, a la que habría que añadir la hermandad del Santo Sepulcro con la imagen de la Virgen de la Soledad, pero esta, acertadamente ha vuelto a recuperar su inimitable imagen salida igualmente de las gubias de José de Mora en el siglo XVII.


Este artículo lo firma, un amigo de esta casa, de esta recóndita casa, que se puede permitir el orgullo de visitas tan “prestigiosas” como la suya, porque no sé si sus conocimientos están valorados a su justa medida, pero yo en el día a día, y mira que habla poco sobre cofradías, me demuestra que es una mente muy válida para poder opinar, siempre para bien y su engrandecimiento, de la Semana Santa, y sobre todo la de su ciudad, que es Granada. Mucho podrían aprender los cofrades granadinos de este costalero, sin duda de palio, llamado David Rodríguez Jiménez-Muriel cada vez que habla de las mismas, porque sin duda tiene un don, que es ver las cofradías a través de las dos esencias más patentes en su ideario cofradiero; Granada y Sevilla… modelo sevillano reinventándose con lo granadino, y él por sus condiciones, sabe de Granada una “jartá”, lo que no sabrán los más puristas y de Sevilla no anda cojo.
Y su cofradía, es una buena muestra de ello, la del Santo Crucifijo de San Agustín, tal como más o menos, resumidamente nos cuenta en su artículo, la cual cuando decidió devolver una antiquísima devoción de la Granada que se pierde en la noche de los tiempos, puro “granadensismo”, no dudó en “pensar” por decirlo de alguna manera, como allá por donde en el Guadalquivir se refleja una torre que aunque de piedra es, la llaman de oro. Ya les mostré más o menos aquella historia, Granada con Sevilla, cuando se devolvió a la ciudad de la taracea una antiquísima imagen del Indaco siguiendo la esencia de las hermandades de negro de Sevilla, pero sin olvidar que en Granada también había cosas muy buenas que aportar al programa plástico de la fe. Aunque para aquel Lunes Santo de 1993, hubo al parecer un conato de toda historia en la que gira esta entrada. Es decir, alguien aconsejó que se realizase una copia del legendario crucificado para salvaguardar la integridad de una imagen realizada seguramente a principios del siglo XVI, atribuida a Jacobo Torni “Florentino” o el “Indaco”. Gracias a Dios, en la naciente hermandad, primó la cordura, tal como apunta en el mismo: “Privar del icono original y verdadero a los fieles carece de sentido. O es el mismo Cristo de San Agustín el que regresa a las calles de Granada, o no lo hará otro que lo simule…” 
Lo explica el amigo David magistralmente en su artículo, que en el siglo XX apareció una nueva función en el mundo de la imaginería devocional, en realidad una dura competidora con la función primordial: el arte por el arte o el placer de la contemplación, y lo dice él y lo dice este simple capillita, profundos apasionados del arte universal, pero seguro que si es el antiguo mucho más… en muchas ocasiones lo he demandado cuando algunas idiosincrasias utilizan a sus imágenes como meros elementos decorativos, porque creo que el lugar menos apropiado para una imagen, más si es procesional, sea un museo y en el peor de los casos, un almacén. Las imágenes deberían ser obras de arte, pero para que esa genialidad las impregnase del mayor éxito posible, que daría como resultado una unción capaz de llevar a los fieles al mensaje divino, la divinidad clásica al servicio de la nueva iglesia de Cristo. Tal como nos indica nuestro amigo, el día que una imagen se haga para un museo, es cuando habrá muerto la imaginería… para mí el mayor de los artes creados en nuestra civilización, la que es capaz de mover a las masas e incluso intervenir en sus actos y pensamientos, la que educa sin pronunciar palabras…
En los años setenta de la pasada centuria comenzó esta práctica, con la imagen del Cristo de la Misericordia, la cual, los especialistas aconsejaron que no se procesionase para salvaguardar por su conservación, lo cual podría entender dentro del contexto de la época, pero hoy están sobradamente superadas aquellas circunstancias, no solo se puede restaurar respetando al máximo la integridad de la misma, sino que la sociedad cofradiera esta muchísimo más avanzada y solidarizada con el correcto mantenimiento de sus imágenes, por lo menos en estas ciudades, con unos niveles cofradieros de lo más altos. Más “débiles” que están muchas de las mayores joyas artísticas y devocionales de Sevilla, y ahí siguen procesionando, porque lo que tendríamos que alegrarnos es que nuestro gran patrimonio haya llegado hasta nuestros días y que en hoy en día se haya desarrollado la ciencia de la restauración para mantener ese legado a las mil maravillas.
Barbero Gor realizó las copias por puntos del Cristo de la Misericordia, Cristo del Perdón y la Soledad, y Zúñiga Navarro la del Cristo del Consuelo. La verdad, son muy similares, pero que tendrían aquellos imagineros, aquellos policromadores, que compara uno la original y la copia y sigue viendo irrepetible las manos de Diego de Siloé, José de Mora y José Risueño, es que es así, es que no pueden imitarse, y creo que no se debería privar a una ciudad, a su idiosincrasia de las grandezas que atesora, ya que la Semana Santa siempre ha sido el museo de lo divino por las calles…





Es curiosa además la vara de medir, ¿es que no hay más imágenes de tal magnitud artística para salvaguardarlas? Porque esto no va solo para las imágenes antiguas, también se podría llevar acabo con imágenes de Sánchez Mesa o incluso las más recientes. Sentencia, Rescate, Cañilla, Paciencia, Tres caídas, Esperanza, Favores o Angustias de Santa María de la Alhambra ¿tienen menos valor? Y las dolorosas de gitanos y Aurora, ¿porque no se cambian?
El Cristo de la Misericordia y el del Perdón, porque para mí solo hay uno –los otros son una estampa en cuatro dimensiones-, porque aún existen, es decir el de Mora y Siloé, volvieron después de décadas a las calles con motivo de la celebración de la versión granadina del “Santo Entierro Magno” sevillano, lo que allí denominaron la “Passio Granatensis”, en el Sábado Santo de 2009 –una celebración que fue anunciada en un cartel con el famoso Santo Entierro de Jacobo Torni, hoy expuesto en un museo, donde seguro que pocos le rezarán-, y la experiencia cuentan que fue irrepetible, y eso que llovió, para que vean que no pasa nada, porque lo que más me sorprende es que estas decisiones, según puedo captar en este asunto casi elevado al tabú en Granada, es que partieron de los que tendrían que tener más claro estos conceptos, de la curia… con el privilegio que es contar con una obra de estas características artísticas, que más de una quisieran para sí, y las dejamos olvidadas o en el mejor de los casos, las privamos de la mayor grandeza de las cofradías, que es el culto para el pueblo y por el pueblo –convirtiéndolas en tristes divertimentos de historiadores del arte y en objeto de fotógrafos y “diletantes” de los estético-, vuelvan a disfrutar de sus geniales imágenes y hagan disfrutar más a esas masas tan enamoradas de las grandezas de Granada… si no el tiempo nos pedirá copias y más copias, hasta de las mismas copias, y casi una estampa le podría restar protagonismo y su función a la misma imagen y su culto, si desde casa ya tenemos en la cartera al Cristo o a la Virgen… Esto solo hace restarle la función primera y primordial para las que un día fueron concebidas: servir a la fe y a los devotos. No sé por qué pero creo que en no mucho tiempo, los originales volverán a ocupar el lugar que nunca deberían haber dejado, una ya dio el paso… y que quede claro que esto no es comparable con la sustitución de imágenes de escaso valor y sobre todo de las imágenes en serie de Olot.

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