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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

jueves, 26 de diciembre de 2013

ESPERANZA DAME LA MANO... (y III)

Habíamos completado satisfactoriamente la gran primera parte de la tarde, mientras buscábamos por ese callejón comercial por donde me vinieron los gratísimos recuerdos de la pasada Semana Santa cada vez que teníamos que ir y venir al hotel, entre la Campana y el hotel Colón, recordándole al quizás protagonista de esta nueva experiencia, a partir de aquel momento, las escenas vividas hace un mes con la Virgen del Amparo y el equipo de sus amores, el Barca, como no podría ser de otra manera, a David, y es que el muchacho tiene otro gran problema, ser aficionado de los culés, pero la culpa la tiene su padre nadie más. Él se pensará que ahora le iba a recordar otro defecto que tiene, pero no, ahora solo viviremos en nuestras carnes como es el aliento de Triana…
Porque si, ahora tocaba cruzar el rio, porque en el otro lado de la ciudad, en ese inmortal barrio que algunos tilda de ciudad independiente, tienen a otra u otras esperanzas cautivando los corazones de los trianeros y de todos aquellos que siente al pisar la vieja Cava, que serían casi modelados, como el barro de sus alfarerías en la tierra de la “Señá Santana”, con permiso siempre de su Hija y vecina… la Esperanza.
Por Puerta Triana seguíamos con la duda de que si era época o no de comer un heladito, pero la misma empresa se encargó de recordarnos que ya tendríamos que esperar hasta los ansiados calores primaverales de la semana más grande del año, porque estaba cerrada de cal y canto “por fuera de temporada” como rezaba en el cartelito. En fin que se acababa de un plumazo el tentempié deseado mientras buscábamos llenarnos de otra cosa quizás más grande, la gracia de Dios y sobre todo de su Madre en Triana, una visita que en mis años solo he realizado en esta ocasión, visitar todas las cofradías de la vieja Cava, bueno las que salen de Domingo de Ramos a Viernes Santo, la de vísperas de Pasión y Muerte aun me queda…

Recordando una conversación en la cola de la Macarena, Pedro nos hacía intuir en la imaginación como seria la Sevilla de la legendaria muralla, esa que apenas se mantiene por San Gil –la que demolieron los “dioses del progreso”-, con su puerta, hoy inmortal Arco de la Macarena y las diferentes puertas que circundarían los viejos terrenos de la vieja Isbiliya hasta nuestros días. Como seria aquella Puerta Triana nos preguntábamos, mientras aclaraba que el Postigo es otra de las que quedan y que cuando nos marcháramos les indicaría donde había más subiendo por Torneo, por cierto, con esto, al pasar por donde se levantaría la Puerta Real, pudo situar Félix la capilla del Rosario de los Humeros, la que tanto nos citó hace unas semanas, en una grata charla de capataces en Linares el que es su capataz, Manuel Gallego, que por cierto da gusto escuchar a capataces como él.
David estaría nervioso, llegábamos ante la que le pega el nudo en la garganta, que aunque el día estuvo cargado de continuas bromas entre quien es la que manda en Sevilla, vino la Esperanza, la de Triana a recibirnos al igual que nos recibió hecha carita Macarena por San Gil en las últimas horas de la mañana. El puente se abría siempre imponente, ya lo íbamos a cruzar como a Pedro le gusta cruzarlo, a pie y los cielos se abrían sorprendentemente como por la calle Dr. Frediani se nos abrieron cuando buscábamos a la que más nos pega el pellizco en la garganta a Félix, Pedro y un servidor. Como siempre, inenarrable el paisaje, uno de los lugares por lo que Sevilla es eterna en el mundo, mezclando la naturaleza del rio con la estampa taurina de su coso de tardes de albero, cogida de la mano con su Torre del Oro y siempre coronada por el minarete más cristiano de la tierra, sintiendo las mariposas en el estómago al contemplar su inconfundible figura… su Giraldillo. Lugar propicio para sentarse y tirarse las horas para los amantes de la belleza, aunque uno giraba la dirección y veía otro tipo de belleza que la verdad chocaba bastante, los contemporáneos sabrán cuál es su sensibilidad, pero como le espetaba al amigo Guerrero, a la torre Pelli que le pongan un Giraldillo que parecería a Robocop…







Por el Altozano ya se sentía su presencia, en los enormes azulejos, que me gusta Sevilla por esto, que grandeza para un creyente y un diletante, dentro de mi canon de belleza claro está, de la azulejería trianera dejando claro cómo se vive y se piensa en la ciudad, y Sevilla es abanderada en todas estas cosas… en la calle Pureza ya se había formado una nueva cola, como dije, solo serían las dos “rivales” Reinas marianas de la ciudad las que formarían estas esperas. Pero la verdad que son fluidas, comentando el libro con el que cargaba y como Bermejo dejó a las hermandades del barrio en último lugar en su imprescindible “guía”, incluso no sé por qué, saltó a la palestra porque a la Encarnación de San Benito la llaman la “Palomita de Triana”, porque algo también tiene esa dolorosa, vieja vecina del arrabal que le da un cierto sabor de donde proviene…
Y es que Ella es bella y mujer plena, por no decir mujerona, como gusta en Triana ver a la Madre de Dios… en los umbrales del portón de los Marineros, diciéndole a David que como tendría que ser en primera fila, ver asomar el hocico del Calamar, pudimos contemplar la belleza de la que se enamora Triana, siempre a sus mañas y maneras como proclamaba un legendario capataz poeta. No sé si fue la noche pero luz que desprendía la medianamente pequeña capilla me embelesó bastante más que el año anterior. Una luz que desprendía una sensación de lugar acogedor, ante un suntuoso montaje –me gustó más el resultado que el del pasado año- la verdad que la estampa nos trasmitía a la vez sencillez, como si pasásemos a la mesa camilla de cualquier vecina y nos regalara momentos salidos de los más hondo del pueblo sencillo. Hay que admitirlo, estábamos ante el otro gran besamanos, no sé por qué, ¿porque quien puede medir el sentimiento? pero así se presentía. Nos íbamos acercando más ante sus cara morena y el nerviosismo se iba apoderando de nosotros, más de David, que por esta razón he querido brindarle la primera plana de esta entrada, por cumplir su sueño de besar a su Esperanza, de tenerla cara a cara, de sentir el aliento y casi el abrazo de Triana, porque eso parecía que sentíamos, que la Trianera nos recibía con la sencillez del humilde, aunque estuviese embutida en las maravillas que les regalamos el hombre. En la cola vimos que en Triana, dejaban lugar a pararse un poquito más ante la Virgen, que según Bermejo talló Juan de Astorga, contemporáneo al imaginero fue, así que algo puede que tener de válido este dato, de un investigador que no destacó por su especialidad atribucionista de imaginería, solo antes las hechuras realizadas en vida del mismo. Pero si volviese el primigenio autor de la Reina de la calle Larga, incluso el legendario primer capillita como ya se le tilda, no encontraría la cara que tuvimos frente a frente, pero seguramente si, su mismo aura.
Vimos que dejaban pararse y hacerte fotografías junto a la Virgen, seguramente para unos algo impropio, seguramente para Triana, su evangelio, y al que no le guste, que no mire, como dirían. La verdad qué mejor recuerdo para gente que no la tiene tan cerca como querrían y más con las pocas oportunidades para llevarte este recuerdo. Por eso he querido abrir la entrada con David Mira junto a un sueño, que era tener cerca a su Esperanza de Triana, porque me puedo ir tranquilo al cielo, de que hay gente a la que le he traído cosas buenas, y que yo lo he llevado ante la Esperanza… aunque admitió que el pellizco por San Gil también fue muy gordo…






Incluso yo les pedí que me fotografiaran así ante la Esperanza de Triana, la verdad es una fotografía digna de ser enmarcada y de lugar preferente en casa, pero ante su cara morena, más grande que la Macarena, como apuntaban todos, hizo que de mi subconsciente se borrase todo pensamiento ajeno que a mirar a sus ojos caídos por madrugadas eternas, seguramente buscando a su Hijo, siempre caído bajo el peso de la cruz, incluso por carey en tiempos remotos. El mismo silencio, el mismo respeto, que mirada de incertidumbre la de los servidores encargados de velar por la limpieza de los besos y de demás acciones de los devotos, que verán en nuestras miradas… a mí la Esperanza me suena a Madre sin más, como tantas otras de este mundo, de las luchadoras, sobre todo de las antiguas, donde su belleza se camuflaba con el peso de la vida… llevaba dentro de mí un encargo al que no le di mucha importancia, hasta que besé las betas de madera de su mano “humana” que la chica casi me mete el pañuelo en la boca para limpiar los dedos a la Reina de Triana, cuando inconscientemente me acordé de esa petición y volví a besar a la mujerona… así me lo pidió mi madre, darle un beso de su parte a la que a ella más le gusta, la Esperanza de Triana, la “mujerona”. Así se me olvidó la foto pero no el regalo hecho estampa que nos recibe bajo el cristal de la mesa camilla.
Lo llenó tanto todo la Virgen, que incluso apenas nos paramos ante su Hijo del compás, con los ecos de su madrugada blanca en nuestro ser, ya que el nuevo disco de su banda estaba aún reciente, pero que decir más del Santísimo Cristo de la Tres Caídas… había que seguir que aquí nuevamente se nos había parado quizás más de la cuenta, que nos quedaba echar el aldabonazo a los besamanos, con perdón de la Virgen del Sol, pero esta opción ya se escapaba a nuestras posibilidades. Por la calle Castilla parecía que aun resonaban los ecos de la banda del Sol, anunciando el día de Expectación, donde el Hijo de Dios, ya recién nacido, entre nosotros, dispuesto a vivir con nosotros  y para nosotros una nueva pasión, se removía entre ese, en esta caso imaginario, elemento mundano e iconográfico que representa a la matriz de la que se engendró siendo siempre virgen y que posiblemente le da la advocación, de esas tan curiosas que sorprende a propios y extraños, a aquellos que por no ser muy practicantes o capillitas algo diletantes no llegan a comprender por qué la Madre del Jorobaito de Triana se llama “O”. En la calle Castilla había menos revuelo, pero el mismo síntoma acogedor de Triana, este año la virgen dispuesta sobre un montaje mucho más sencillo, pero que al fin y al cabo al final no sirve para nada lo que le pongas, porque tal como me espetó Félix, que ni a un metro se siente cuando tienes la cara de la Virgen, casi en tus narices, esa sensación de paz que te surge en el alma cuando estas sintiendo el aliento de María. Por cierto, puede que sea esta, la única hermandad si no me equivoco, que haya besado en sus actos piadosos a sus dos titulares en Sevilla, la Virgen de la O y a su impresionante Hijo, Nazareno de los trianeros que a todos nos pegó el pellizco de la gracia, algo tiene este nazareno, su postura, su ternura… algo, que engancha, más imaginándolo sobre sus siempre expuestas al público, andas en las que camina bajo el aroma del carey todos los Viernes Santo que al Él se le antoja…







Parecía que todo estaba consumado, los besamanos si, objetivo más que cumplido, seguramente porque allí arriba así nos lo quisieron conceder. Parecía que no había prisas porque aún no habían dado las siete de la tarde, hora esencial marcada en nuestro diario de viaje… pero casi se me olvidaba que cerca, había una zapatearía bendita esperándonos para que charlásemos con su gran y buen dueño, el trianero que hasta sentao´, siempre anda sobrao´ de compás… allí en su eterno descanso de posaderas, se encontraba remendando los corazones que en esta vida necesitan mucho más que unos zapatos para caminarla, Él que también reparte esperanza, aunque sea para quitarle las Penas a Triana, y para Él quien pisa su barrio en busca de su mirada al cielo, es igual de trianero como el que más. Perdonen pero aquí empezaba la que es mi Triana, el zapatero en su capillita, nos volvió a hacernos soñar con la gracia, que es caminar junto a Él por las calles de Sevilla y como no de Triana… no sé si me volverá a conceder un año más, aunque quizás nos invitó a que mirásemos a su Madre, imponente, preparándose para volar como estrella de la mañana hasta Belén para guiar a los primeros que trataron como Rey todo poderoso a su Hijo Bendito. La Estrella, vestida de modo “hebraico”, tal como lo gestó Juan Manuel para que fuesen vestidas así las dolorosas en el periodo de cuarentena penitencial, porque en realidad esos cuarentas días se nos hacen eternos... pero así lo tiene decidido la hermandad de la Estrella, no sé por qué, el romper esta costumbre, que la verdad no está atada a ningún canon, mucho menos litúrgico, pero que si rompe rotundamente con ese canon sevillano, el de la leyes no escritas… quizás así lo quiere su Hijo de las Penas, que  viésemos en las puertas de la Navidad, a la Estrella de hebrea, que más que llevarnos al éxtasis del nacimiento, nos llevara a la gloria del nacimiento de una nueva Semana Santa, cuando por San Jacinto suene “La Estrella Sublime” al compás de un bordado dibujado por Juan Manuel o por Garduño…
Eran las siete, marcadas casi como promesa en mi corazón… el año pasado mi madre se quedó con las ganas de contemplar lo que tenía grabado a fuego en mi premeditada ruta… había que buscar la cola de esta serpiente llamada calle San Jacinto, con su y casi siempre cerrada a cal y canto parroquia que le da nombre a la vía, con el azulejo donde dicen que nació la esencia de la romería del Rocío, donde nuestro acompañante montoreño es uno de sus fieles asistentes cada año. Surgió incluso la historia que contaron los Garduño entre su Virgen de la Salud y este azulejo, con aquel devoto de ambas advocaciones de María Santísima y la paloma que se posó en el llamador aquel Lunes Santo bajo la Reina de las Rocianas… a Lunes Santo sabia sin parangón el momento, nos parecía intuir la serpiente blanca viniendo desde el barrio León. Mi madre no pudo haber venido este año y con ello no podría haber visto al Dios del Tardón, por esa razón mi espíritu me llamaba más y más a bajar hasta su barrio de calles encaladas y naranjos ansiosos de la flor que nos trae la gloria, el azahar.






Por fin Pedro pisaba el barrio León y por fin conocería al Soberano Poder, que a Dios gracias don Luis Ortega Bru nos legó para el disfrute de diletantes y para el éxtasis de la contemplación divina… así fue, en su casi apagada de luz y vida iglesia de San Gonzalo, quizás fuimos los únicos que los buscamos en aquel día, tras los besamanos, al Soberano de Triana, con su imponente escorzo, mostrándonos su poderosa zancada, sus pies nos hacía dudar si era una imagen o era Él en cuerpo y alma presente. Le señalé la inscripción a Pedro, con la mirada cómplice de Félix, para los que también sentimos que un izquierdo por delante bien dao´ nos puede sumergir en la inexplicable sensación entre lo humano y lo divino, en la Effetá, Él un hombre perfecto que nos decía con su mirada penetrante que Él será el que vendría sobre las nubes del cielo sentado a la derecha del Padre, todo eso nos dijo sin hablar con su boca, tan solo hizo falta su mirada y ese lema que nos dice “YO SOY”. Seguramente estaba tan a gusto, este trianero divino con sus visitantes, que mandó a alguien a salir de la sacristía y encendernos las luces que iluminan su hasta ese momento apagada capilla, que sin duda acrecentó la magia del momento, la iglesia casi vacía para nosotros, solo una señora del barrio perdida en sus oraciones mientras nosotros nos extasiábamos del Rey de su barrio. Pellizco profundo el vivido, en Navidad, las ansias de pasión se desbordaban. Les comentábamos Félix y servidor, que esto era un espejismo, esa soledad en la que nos encontramos al Soberano, la verdad no son horas en las que pueda ir cualquiera a llenar su casa de devoción, pero que cuando llegaba el Lunes Santo y sonaba el martillo de Garduño, aquello se convertía en el centro del universo…
No estaba su Madre de la Salud, apenas dos días después volvió de una magistral restauración a cargo de Pedro Manzano, el Soberano solo estaba acompañado de su discípulo amado, de patentes grafismos identificativos con el padre en la madera de ambos. Enfrente se erguía eso sí,  una estampa nueva para todos nosotros, un nuevo altar, que evocaba a las Soledades bajo el desnudo Santo Árbol de la Cruz, se nos presentaba una dolorosa, advocada como Ntra. Sra. del Consuelo, obra del imaginero Salvador Madroñal Valle que recientemente ha sido donada a la parroquia para su culto interno, o eso dicen las crónicas. Cuentan que ha sentado mal la llegada de esta nueva dolorosa a la hermandad penitencial del barrio, la verdad que para el tamaño de la iglesia, creo que es suficiente con lo que ya hay, no creo que la exigencia de la feligresía necesitara un nuevo instrumento – al que hay que sumar la gloria del Rosario-, de similares connotaciones en la misma, de eso se encargan los párrocos, en saber si estas donaciones son necesarias y de aceptarlas o no, algo que incluso puede levantar aspiraciones de nuevas hermandades, donde evidentemente el clero tiene siempre la última palabra… sin duda que con su llegada, en ese espacio no entrarían bien los pasos de la hermandad, que es donde se colocan en los días de la Semana Santa pero supongo que ya habrá soluciones para ese inconveniente. La dolorosa correcta, no me vuelve loco el arte de su autor, pero se ve que gana en el directo, aunque al parecer ya estuvo hace unos años expuesta en San Lorenzo en los días de Semana Santa, donde igualmente la pude contemplar aunque ya no la reconocía claro.






Esta extensa crónica, en este año de las crónicas, acabaría tal como planeé. Subiendo la gran avenida de la Ronda de Triana, lugar por otra parte alejado del centro, de zona de pisos, que por norma general no suelen estar muy llenos de vida en sus aledaños como si fueras por el centro, pero que tendrá Sevilla, como decía Pedro, que siempre te encuentras la vida, el ir y venir, de los sevillanos por su ciudad, siempre tan llena de movimiento, y en este punto se envidia, porque por aquí, esto cada vez parece más un pueblo fantasma sobre todo cuando se hace la noche y nunca invita a salir a la calle. Al final de la Ronda, con la torre Pelli más cercana, echaríamos el aldabonazo, a tan magistral día, tan inolvidable viaje, justamente un día antes del cuarto cumpleaños de esta casa, ante la imagen que protagonizó la primera entrada, en este rincón que parece que ha terminado por asentarse en mi vida… el Santísimo Cristo de la Expiración. El Cachorro nos abrió nuevamente su basílica donde se encuentran todos los patrocinios que nos pueda conceder aquel Dios gitano de la Cava clavado indescriptiblemente, casi como si estuviese volando, en el madero entre refulgentes columnas salomónicas. Que más decir ante su poderosa presencia, en su remozada basílica, que incluso me llamó la atención uno de sus últimos estrenos, con su esencial y característica mezcla de mármol con las tallas doradas en el nuevo Ambon basilical. Ojala hubiese sido viernes para poder plantarnos bajo sus pies, pero su contemplación más alejada nos bastaba para satisfacernos, rememorando deseados Viernes Santos, ¿será el próximo? Solo Él lo sabrá mientras Pedro y yo recordábamos nuestro viaje a Málaga, donde muchas capillas seguían esa especie de mini camarín adosado donde se asienta en los últimos años la Señorita de Triana, la Virgen del Patrocinio. Todo acabó, creo que fue bastante gratificante el día, la verdad, días así son los que me gusta vivir por la vieja Híspalis, con los mismos comentarios de siempre, que cuando llegaré quizás el día en que estemos allí y no haya que pegarse tanto viaje… por cierto antes de marchar una cañita con un sabroso montadito en Triana, que acabó con una escena bastante graciosa, pero que se quedará ya para nuestra privacidad…

Foto: David Mira.

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