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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 3 de diciembre de 2013

EN LA MADRUGÁ DE LAS GLORIAS... (I)

Se me escapa el tiempo entre los dedos, y eso que ya llevo un mes con el suficiente a disposición, pero es que la verdad que dentro de unos días, cuando si Dios lo quiere sople cuatro velitas de vida -que si esto fuera un niño ya estaría correteando por la casa y pidiéndome un regalo de reyes como ya hace mi sobrino- y el ocaso de este año del Señor de 2013, quiera la Virgen que realice una crónica de lo que deparó el año en la red, tendré que decir que sin duda ha sido el año de las crónicas, porque sin duda, que recuerde este año ha sido el que más momentos cofrades en vivo he vivido durante todos los meses del año, seguramente sea este último mes de fin de ciclo y de inminentes navidades, el que quizás pueda desconectar de oler incienso, aunque siempre me parezca un placer… pero quien dice que la Esperanzas de Sevilla quieran que haga pleno total.
Digo esto porque seguimos con las crónicas, creo que lo merecen. Y esta crónica creo que debe empezarse en el sábado que visité la capital del Santo Reino para conocer la nueva “Madre de Dios de Jaén”, la bellísima y sublime imagen que ha realizado Israel Cornejo para la hermandad del Silencio de Jaén, por cierto entrada que en solo unas horas desbordó el contador de visitas, lo que me hizo meditar que este año quizás no les he ofrecido muchas historias como esta, algo que me ha hecho recapacitar que es lo que puedo ofrecer al mundo, aunque sin perderle de vista a la temática de un blog que al fin y al cabo es mostrar lo que a uno le plazca, y lo cierto es que tengo claro, que lo principal que tengo que mostrar en esta bitácora es mi yo, pero no queriendo exaltar mi figura, sino que el mundo cofradiero que aquí se muestre, es el que vea los dos ojos que Dios me regaló y que le pido me conserve muchos años para poder seguir viéndolo caminar por las calles de Andalucía o donde Él quiera. Es curioso, como aunque yo sigo viendo esto, como un simple desconocido capillita frente a un ordenador, hablando de lo que puede y quiere, hay gente que quizás le da a esto más valor que el que uno mismo le presta, para bien y mucho, y es un orgullo para como digo, este simple desconocido capillita con un teclado en las manos, pero me sorprende cuando con el tiempo ha llegado a fomentar que la gente se moleste o se preocupe de la transcendencia que puede tener simples opiniones en este blog –pareciese que ya te diera mucho y a la vez te quitara, ni que esto fuera Sevilla- y lo que más me sorprende, que haya gente que se moleste porque no pueda o no quiera darle cobertura a ciertos eventos o incluso hablarles de lo que ellos consideren que debería hablar, sobre todo si es de sus hermandades… la verdad, me es imposible explicarles, algo que me parece tan simple, creía que era fácil, y me defrauda pensar que en cuatro años no haya conseguido aun hacerlo entender, pero es que ser simplemente capillita, creo que es lo más fácil de entender en esta vida, la cofradiera en este caso.
Aquel sábado amanecí triste, como me diría una amiga en “modo melancólico”, por simples razones mundanas, y es que como a todo el mundo le pasa, no siempre podemos conseguir todo aquello que deseamos, porque yo tengo más vida que las cofradías que conste. La verdad que me sorprende que con aquel sentimiento de decepción tuviese las ganas de coger el coche e ir hasta Jaén, solo para ver una imagen –por similares circunstancias no fui a Granada a la magna mariana-, la verdad no suele ser mi costumbre. Incluso costándome enchufarme al mundo y poder comentar como siempre sobre nuestra afición con Pedro Guerrero que me acompañó, uno de los temas era que al día siguiente ya estaba descartado viajar a Sevilla, a visitar el día grande de las glorias, como en los últimos años, y es que hacerlo solo, menos me invitaba. Allí en Cristo Rey, esperando la finalización de la santa misa de bendición y poder acercarnos lo poco que pudimos a la nueva imagen de la Virgen para la ciudad, pude pararme ante las imágenes de las cofradías residentes en el templo. Quizás todo estaba premeditado, quizás tenemos un destino escrito, y tenemos que tragar con él, y ello conlleva lo malo o lo que menos nos agrada, pero me planté ante la Esperanza –quizás ha querido que empezase esta crónica, en el mes de la esperanza, para que muestre historias de esperanza-, esa semi copia de la Macarena de Sevilla que labró Eslava Rubio para la cofradía del Perdón, y como yo no soy talibán de una sola imagen, sino que tengo muy claro que todas son una –pero si es la Macarena, la verdad la cosa cambia…- y la advocación parecía que venía como anillo al dedo –parecía…- le pregunté, porque nosotros mismos somos los que intentamos quitarle la esperanza a los demás…
Ya de vuelta, siempre surcando carreteras oscuras –que Dios y María me guíen siempre por las mismas- pensé que podría ser la última en plan cofradiero del año, que como siempre digo a estas alturas: “mejor olvidarlo”, y que cuando pasa un tiempo empiezo a saborear los buenos momentos que me dejaron, será mejor así… pero lo cierto es que venía con las pilas algo más cargadas, lo suficiente para poder mirar la vida como si no pasara nada y sonó el teléfono… como conducía se lo cedí a Pedro Guerrero y me indica que es Félix, el cual me extrañaba que me llamase a esas horas. Por el altavoz me trajo la esperanza, curioso como la podemos quitar y como la podemos entregar, por eso a veces pienso que tenemos un guion escrito, hay cosas que están premeditadas, imborrables y otras que se pueden simplemente añadir, o quizás que siempre nos da una de cal y otra de arena, en fin… la Virgen ya lo sabía…
Llevaba ya mucho tiempo sin viajar a Sevilla con Félix y sobre todo con su novia, la cual volvió a pisar al día siguiente las ensoñadoras calles de Híspalis junto a los jartibles capillitas de sus amigos, y la verdad que este hecho me llenó de satisfacción, quizás soy una persona que la única soledad que me gusta, tiene que ir bajo un palio o a los pies de una cruz desnuda, y vivir las cofradías no me gusta hacerlo solo. Al final Pedro declinó su pensamiento y se vino a conocer a las “Reinas de las Glorias” de Sevilla, al domingo que llaman “la Madrugá de las Glorias” porque sin duda salen las dos cofradías letificas por excelencia de la ciudad que corona un Giraldillo. Es curioso que cuando comencé a hablar de las glorias en esta casa –como dije al principio, las que yo veo conveniente-, decía que la fiebre capillita un día me llevaría a viajar a donde fuese para disfrutar de las glorias, porque pareciese que los que tenemos esta devoción disfrazada de afición, solo tendríamos que tener interés por la Semana Santa, y la verdad que la gran semana de Dios es la que colma las felicidades de mi vida, pero desde entonces… las glorias ocupan poco a poco mi corazón, que incluso me hice costalero de una, y ya haya cientos de extraordinarias, que salga una gloria a la calle también es ya un gran motivo para pegarse dos horas de viaje. Ya lo decía entonces, una segunda Semana Santa…


Encima viaje relámpago, a eso del mediodía, para vivir solo la tarde y solo las cofradías que por confiado, al final salimos tan tarde que nos perdimos el primer gran plato de la tarde, que no es otro que contemplar el inicio de la procesión de la Virgen del Amparo, la del corazón alado, desde el interior de la iglesia de la Magdalena mientras ese “barco letifico”, de tan sublime altura, traspasa las magnificencias de esta iglesia que parece más granadina que sevillana mientras de su órgano salen ecos de otro tiempo, de otro mundo… esto quizás ya solo puede darse, en la que me duele ya los dedos y la boca de proclamar, que es a donde hay que ir a impregnarse de verdad de la gracia… Sevilla. Pero nos tuvimos que conformar con vivir esta segunda primavera que tiene Sevilla cuando llega el otoño y el mes de los difuntos, el que nos trae a sus glorias más rancias y mustias, ya en la calle, pero el paso que comanda Ismael Vargas –curioso, este año he contemplado sus dos glorias en la calle- nos llegó con la inmortal “Estrelle Sublime”, en un nuevo itinerario, para la revirá de la calle Cristo del Calvario con Canalejas en busca de la calle titulada en honor de la ciudad que nos vio nacer – y la que me ha puesto así de grande, como diréis los que aun seguís sin entenderme e interpretáis las cosas completamente diferente al sentido que tienen…-  a todos los varones de la expedición capillita, Bailén. La verdad no era para sorprendernos de la marcha, aunque son glorias con ese sentido o pellizco de hermandad seria penitencial, también introducen las marchas más rítmicas o gloriosas, algo que ocurre también por la calle Feria, pero eso vendría después… es más la siguiente marcha que sonó, contemplando nuevamente una gloria advocada como Amparo, en poco días, era “La Madrugá” de Abel Moreno, aunque lo cierto que el momento, por lo apresurado de la llegada y el encuentro, de no llevar en Sevilla ni quince minutos, no terminó de adecuarme y situarme en el ambiente, la realidad y la salsa de todo esto. Guerrero saboreó uno de los pasos más suntuosos, se extasiaba con el recurso sevillano de revestir a las imágenes de talla completa con mantos pero sin sayas que cubran la tallada vestimenta de la imagen, atribuida a Roque Balduque como me reseñaba este ya gran incipiente del dato y la cultura cofradiera –no tiene ganas ni ná que le deje los anales del profesor M. Alcalde-. Mientras delante nuestra una pareja “cuarentona” se peleaban con uno que se puso delante tapándole la visión a su querido retoño… la verdad que pensé que cómo es la gente.
Y la tarde daría para las anécdotas para el recuerdo. La primera era que un señor me preguntaba el porqué de una procesión ese día… la verdad su acento me descolocaba, porque solo faltó decirme: “pues no lo comprendo mi arma”, pero este sevillano -por el habla pienso-, no entendía lo que es Sevilla con su religiosidad popular, por más que le dije que era el día estipulado para la catequesis plástica anual de la hermandad de gloria… seria de extrarradio quizás, o de un pueblo, no me extraña la verdad que estuviese allí, convocado por otras circunstancias muy distintas a la procesión letifica… cuando nos extrañábamos mientras nos acercábamos por la calle Cristo del Calvario, un autobús con los jugadores del Barca aparcado en la acera y con una multitud rodeándolo. Es curioso, que sin pensarlo nos encontramos ante la expedición del FC Barcelona, alojada en el Hotel Colón, que en horas jugaría ante el Real Betis en el Villamarín, algo que como muchos ya sabrán, se hicieron eco todas la televisiones y prensa deportiva, que en este caso si es más normal ver como estos se sorprendían de que hubiese una procesión en la calle, incluso con asomada al balcón de Leo Messi para contemplar lo más grande que tiene Sevilla, sus cofradías. La verdad, yo madridista convencido, me detuve un rato a ver si podíamos ver  a alguna estrella del Barca, más por Félix que el hombre padece un defecto en su vida, ser hincha de este equipo, pero no hubo suerte, pero quizás me fui sintiendo cierta antipatía con la banda de música de las Cigarreras, la cual seguía la estela del Amparo, aunque no se quien elaboraría el repertorio, pero no me gustó que ante el Barca sonara “Estrella Sublime”… las más sublimes de las estrellas futboleras, lo saben todo el mundo, juegan en Chamartín…
Y si pasamos por ahí, es que tras unos años, con la vuelta de Toñi  a Sevilla, había que hacer una paraita en helados Rayas, en Puerta Triana, que en Sevilla pintan casi todo el año y volver a saborear ese helado que un mes antes me desbordó los sentidos por las papilas gustativas… mereció la pena. De ahí, ya bajo el manto de la noche, como tantas Semanas Santas he visto la plaza de la Magdalena –como el pasado Sábado Santo, que se me pasó en mi crónica, me despedí de Sevilla escuchando un trozo de su vigilia pascual-, sobre todo en el trasiego buscando cofradías o volviendo al coche u hotel, intentamos sumergirnos en esa gracia, en esa Effetá. Buscábamos cofradías, aunque en el día aquel con la tranquilidad que dan las glorias ante la Semana Santa, pero aquí también hay bullas. En busca del Amparo, por Bailén, los repelucos brotaban, escuchado como por la calle paralela, la Virgen caminaba al compás de “Valle de Sevilla” y ya el asunto nos hacía resoplar. Fue por esa otra calle tan común en nuestros correteos por Sevilla, por Pedro del Toro donde buscamos el último momento con el Amparo de la Magdalena, donde viniendo un envidiable cortejo por Gravina, comenzamos a ver muchas caras conocidas de las cofradías sevillanas y foráneas, como gente de las cuadrillas de Curro en Córdoba que seguramente verían como nosotros, en el análisis costalero, que la cuadrilla no le daba una candencia de regusto al caminar de tan sublime Virgen sobre tan sublime paso, donde los candelabros son una exaltación a la proporción y el arte del bueno, el de antes y que hoy tan poco se ve. Creo que no dominaban el punto de gravedad, como luego si veríamos en la otra cuadrilla u paso de la tarde.

Pero el Valle quería hacerse presente, justamente como un mes antes, en aquel día para la Victoria de María y la otra Reina de las glorias nos dibujó una revirá para poder cortar el silencio con un cuchillo, mientras sonaba esa partitura que en un principio fue dedicada a alguien que perdió la vida en el rio y acabó erigiéndose como la primera en Sevilla en estar dedicada a una imagen, a la “Virgen del Valle”… quizás por la cercanía del legendario Betis, aquel cinco de octubre sonó a momento místico, de esos que cuando los vives te hacen pensar que el viaje relámpago, de dos horas merece completamente la pena, mientras uno de los mantos más antiguos de la urbe hispalense se alejaba por tan encantador entramado de calles, mientras por whatsapp mi paisano y amigo, residente en Sevilla, Carlos Madueño,  me enviaba una fotografía de cómo se encontraba la Madre de Dios en Sevilla y se sorprendía que le contestara: “ahora voy a ir a verla…”
CONTINUARÁ...

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