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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL ANDAR DE LOS ÁNGELES...

Corría los primeros años de la primera década de este nuevo milenio, cuando entonces un nuevo amigo, costalero, apasionado de las cofradías de su tierra, Córdoba, convencido de que seguramente el lugar más privilegiado en una cofradía es estar debajo de las imágenes de Nuestro Señor Jesucristo y su Madre Bendita, aunque hoy en día también está dando sus primeros pasos en el mundo del martillo. Recuerdo como Kike Garrido me contaba entusiasmado que una hermandad cordobesa, de gran regusto y portentosos pasos había decidido encomendar la labor de dirigir a los mismos a un capataz que ya me resonaba por los oídos, pero que aún no estaba a mi alcance el conocimiento de su vida, trabajo y legado y muchos menos, aun me costaba digerir, ese gran acierto que suponía que Curro mandase los pasos de la hermandad del Cister, como el amigo Garrido me comentaba entusiasmado.
Entró evidentemente por su altura en el galeón del Señor de la Sangre –es curioso, las sensaciones que desprenden los costaleros que entran en sus cuadrillas, son muy similares a cuando un costalero entra en pasos de Sevilla, más sin son los más renombrados, o por el nombre de quien los manda, ese sentimiento de privilegio, y además en Córdoba…-, ese que muchos comenzaron a llamar desde entonces el “Herodes de Córdoba”, ya que teniendo a Curro delante, lo más lógico es que un paso camine siempre de frente, mientras hasta entonces este misterio y en sí, su hermandad, paseaban por Córdoba otro tipo de idiosincrasia cofradiera, más próxima a la algarabía de los barrios, y en el misterio apuntando a Triana con los cambios de paso. “El Herodes”, aunque en el mismo no aparezca el tetrarca de Perea y Galilea, pero evidentemente tomó esta denominación por su parentesco con el paso, o más bien con su idiosincrasia, que así es denominado en Sevilla, el de Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes de la Hermandad de la Amargura. Las dimensiones, un paso de tribunal y la apuesta por otra musicalidad, que esto quiere decir para los “tocabemoles”, que el paso andaría con marchas clásicas, las de Escámez, Poyuelo, etc… y las pocas de los años ochenta y noventa, es decir nada de los actuales sonidos en muchos casos muy aflamencados.
Lo sabía de oídas, y ahora lo sé en primera persona, es esta la filosofía de Curro, y tal como él dice, el que le llama es porque sabe cómo trabajo y sabe que es lo que voy a ofrecer. Curro, creo que lo he dicho en pasadas entradas, llegó y bajo sus conceptos de entender las cofradías varió la concepción de la corporación de la plaza de Capuchinos, tal como él creía que debía moverse ese tipo de pasos, tal como la junta que mandaba entonces le permitió, porque para bien o para mal, son las juntas la soberanas en decidir estos temas, y él siempre ha tenido claro que él va a servir a las hermandades, pero bueno no ahondaremos más en estas cosas, que al final, acabo siendo “un pelota” cuando desde mi total imparcialidad hablo de lo que me da la gana, y en ese punto hablo de quien creo que se debe de hablar, y aquí, para los que creéis que aquí se aprende, os recomiendo que sigáis con la lectura.
Me resultó llamativo como hubo voces muy contrarias, dejémoslo en la ciudad… a esta revisión de cofradía en la calle. En este caso me centraré en la protagonista de la entrada, en la Reina de la hermandad, Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios  Dolorosos, una dolorosa tallada por Álvarez Duarte, acompañada de San Juan Evangelista en sacra conversación que se movía con la algarabía que implantaron los barrios sevillanos a todas sus cofradías y a las que siguieron la esencia sevillana, como es el caso de la ciudad califal. Y se movía en un palio con crestería, con unos llamativos y genuinos guardabrisones y unas bambalinas igualmente genuinas donde unas grandes borlas realizadas en orfebrería colgaban y cuelgan de las bambalinas que no se si están acabadas en su bordado o les faltan por completarse. Es sin duda un palio diferente, salido de la mano de fray Ricardo de Córdoba sino me equivoco, el cual al parecer lo soñó en su mente cofradiera, para que ese palio tuviera un movimiento especial, donde la bambalina tuviese un movimiento pronunciado, quizás por las modas sevillanas de los ochenta, pero vamos, que el palio iba dando de balcón en balcón sobre todo por el peso que insuflaba las borlas, más si lo que sonaba detrás era música rítmica y de corte seudo-glorioso. He de confesar que entonces a mí no me disgustaba esta forma de llevar los palios, pero también confieso que con los años he llegado a entender que para mí y para muchos eso es anti elegante y antiestético.
Tuvo Curro además que tocar temas de priostía –porque tal como él dice, un paso es una obra de arte, pero que al moverlo hay que cerrar perfectamente esa obra de arte, es decir, el arte más complicado, el efímero…-, incluso tuvo que adaptar una forma especial de andar, que tal como cuentan, acababa la cuadrilla con la rodillas hinchadas del movimiento tan cortito que tuvo que insuflarle a un palio, que sin duda para él no estaba ideado para que se moviera como se movía, él que tiene la suerte de y por seguir unos cánones y una filosofía, lo tuvo más fácil, cuando por la afición bien entendida, consigues llenar con dos cuadrillas cada paso en la igualá. Por ello adjunto esta entrada con este video, cuando lo vi en 2006 –último sino me equivoco que mandó esta cofradía- me trastocó, me dejó un poco… entiéndanme, los que sé que me entenderéis, me gustaba el andar sevillano, pero no había estado ni debajo de un paso de este tipo ni apenas sabia aun nada del mundo de abajo –evidentemente aún tengo muuuucho que aprender-, y pensé que qué le verían de bonito a un palio sin gracia…
Curioso, con los años seguí viendo el video, y pensaba que era al revés, que cada vez le encontraba más “la gracia” –y es que tipo de gracia es algo muy diferente-, que los movimientos bruscos nunca serán para mí, sinónimo de elegancia y que aunque parecía que iba a ruedas, eso no tenía que parecer nada sencillo. Es curioso, tras hablarme Curro y Federico del estilo que intentaron insuflarle a este paso, volví a aprender, una página más, ya saben, de esto se muere uno sin saber nada… observé la estética del paso, y comprendí que era cierto, ¡era un palio mustio, rancio! para hermandad de “recargada sobriedad”, sin duda la esencia de la Amargura de Sevilla es la que se adaptaba a esta cofradía, aunque su ideólogo pensara que eso podría parecerse más a la Macarena o a Triana, y tuvo que venir un capataz a que todos o algunos nos diéramos cuenta...
El otro día, se lo comenté, que tras ver este video, encontré además y llegué a la conclusión de que creó un nuevo estilo, cuando veo al palio por Tendillas al compás de la marcha “El Héroe Muerto” de Mariano San Miguel, porque evidentemente llegó la música sobria, clásica, fúnebre… y volvió a darnos muestras de su regusto musical –más quisieran muchos directores de bandas tener estos conocimientos, aunque me llamen algunos “pelota”, cuando quieran les doy las razones, nunca hablo por hablar…-, ya que esta marcha en pocos lugares te la puedes encontrar, y diría que en Sevilla aún está muy poco utilizada por no decir que no suena.

Y el palio no se movía, y el compás era largo, muy largo, demasiado… apenas intentaban jugar con la música… la verdad me pareció ver un palio de silencio, es más me parecía ver el palio del Silencio de Sevilla pero con música. En realidad no era la Amargura, el vio el palio del Silencio pero con música… había creado algo nuevo o como me gusta decir, reinventó nuevamente el idolatrado estilo sevillano, era como ver el palio de Madre de Dios de la Palma y el pellizquito del de los Estudiantes entremezclado con el de la crestería veneciana de San Antonio Abad. Esa es la estética que dibujó quizás en su mente Curro o eso pienso. En Andújar se lo comenté y me contestó con un exultante ¡Siii!... esa es la estética que abocetó en su mente cuando lo pusieron ante la Reina de los Ángeles y la que llevó a Córdoba, para darle sin duda el último y no por ello menos importante, ápice a la clase que ya atesoraba la cofradía, el movimiento de sus portentosos pasos. Las cosas del mundo de la cofradías, lo apartaron de la que para mí fue una de sus grandes aportaciones a la Semana Santa de Córdoba, sacarle el verdadero jugo a la hermandad del Cister, a unos no les gustaría a otros los encandilaría, pero le dio un sello propio y bueno… aunque tengan que venir de fuera a reivindicarlo, es más tengo un amigo en Linares, que siempre le gustó aquella filosofía y seguramente le guste esta entrada. Llegaron otras juntas y con ellas, otros capataces, y con los lógicos cambios, sin duda la esencia aún sigue prendida en el estilo del misterio y en el del palio.

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