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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 19 de noviembre de 2013

... Y ENCONTRAMOS EL AMPARO. (I)

La cita cofradiera del día, ya en la tarde del día de Todos los Santos, mientras el sol iba venciendo a los nuevos horarios, me llevaba por tercer año consecutivo ante la puertas de la iglesia de San Francisco, en su embriagador compás, traspasando el arco, la belleza de la Andalucía nuestra hecha calleja recóndita y por qué no decirlo, hecha excelsa, morena y dislocante curva femenina, bajo el sabor cofradiero y la atenta mirada de los titulares en los azulejos. En el patio aledaño Curro citaba a los elegidos de trasmitir el Amparo de la Madre de Dios en la tarde noche cordobesa, donde pude saludar a un compañero de la Carolina, bueno a algunos más, bajo las trabajaderas de la Virgen del Carmen de Andújar, y que este año había sido la única incorporación a la cuadrilla, un privilegio en estas ocasiones si se es un “recortaito”, y las ganas mías que acaricié con los labios el caramelazo de ser uno de ellos, de una de las glorias que más me inspiran de toda Andalucía. Y es que nada más elevarse, siempre a pulso alivio, del paso de la “arteaguiense” imagen de la Virgen del Amparo, la banda de Écija no cesó de elevar los sentidos y nuestras almas, de aquellos que somos unos apasionados de lo rancio y la música seria.




















Gran regusto musical posee Curro y Federico, la verdad me sorprendió el interés que tiene por la música, algo quizás no tan extendido en el mundo de los martillos, algo que me despejó toda duda horas después cuando todo tocaba a su fin con una anécdota muy curiosa. Fue Curro costalero del palio que desprende los rezos de la calle Placentines, el de la crestería evocadora de otros tiempos, la Virgen de los Dolores de San Vicente de Sevilla… y su estilo y su música atraparon su espíritu, que quizás en esta su cofradía, en sus tiempos de hermano mayor, quiso transmitir, con todo el acierto sin duda, que hasta para un día de los Santos, creó una gloria mustia y rancia, similar al Amparo y la Reina de Todos los Santos de Sevilla, pero mucho más, aquí apenas se escucha la música de barrio. En el interior del templo podíamos sentir el primer escalofrío, inundándonos por primera vez del embriagador perfume del abundante incienso que gasta esta procesión, aunque a veces la verdad ya nos era un poco agobiante, es lo que tiene caminar junto a los artistas de lo efímero y el Amparo de la Virgen… sonaban sones de San Vicente, de Pantión. “Tus Dolores son mis Penas” levantaba los repelucos de este que les habla y sus acompañantes mientras el perfecto son de la que quizás pueda ser la mejor cuadrilla de palio de la ciudad comenzaba a enarbolar la bandera de lo grandioso y la gracia. El clima, la luz, el todo… parecía la primavera de la gracia en el otoño de la vida.
En el compás, la espera nos hacía intuir el otro o el quizás mayor “himno” de la corporación hispalense de San Vicente, pero nos llegó la sorpresa, un marcha de corte alegre, el primer gran giro de dirección en la genial mente de Gámez Laserna, pero como la tarde suena a triste, como la caída de las primeras hojas de los árboles, se optó por una sola parte, la del final en concreto con aquel evocador trio de “Pasa la Virgen Macarena”, mientras la Virgen ya inundaba a su tierra de su protección y Amparo, errante siempre de frente, dándole la gracia a los elegidos que sentimos la mística a través de esta esencia, quizás poco comprendida para los tiquismiquis de lo correcto, la verdad es que la música fúnebre y clásica, me hacía ver también mucha gloria en la sonrisa de la Virgen, y es que si lo pensamos, música más bullanguera podría despertar al “niño frito” de Córdoba, siendo quizás su primer caminar, con los ojos cerrados, dormido, escuchando la banda sonora de un entierro, para eso vino al mundo, para despertar de la tristeza más grande de esta vida, y curiosamente caminando a las órdenes del mismo capataz que luego lo paseará dormido entre magnificencias y llantos contenidos de elevado altar manierista.


Regusto de Curro con la música, cuando me sorprendió con la marcha “Refugio de San Bernardo” y su diferente sonoridad salida de la mano del ya muy olvidado José Albero Francés, con la que traspasó el arco de la gloria de los hermanos del Huerto, para seguir el mismo itinerario de siempre ¿es que habrá otro mejor? para llevar a una de la Señoras del barrio, porque el Amparo no es nada nuevo con la perfecta talla de sus grafismos, sino que Ella volvió a hacer renacer la historia del arrabal. La magia de las cofradías se volvían hacer realidad, y esta cofradía es muy buena o así lo siento yo mientras los músicos astigitanos seguían haciendo que no nos pudiésemos separar de la Virgen con otra marcha poco escuchada últimamente, siguiendo la línea compositiva del anterior compositor, aires de Santa Cruz por la calle San Fernando con “Misericordia Señor para mis Dolores”, marcando una revirá como Dios manda. En las apreturas, la bulla que no se quiere perder la estampa, casi fumando incienso siguió su caminar en busca de la plaza del Potro al compás de “Stmo. Cristo del Desamparo y Abandono” marcaba la senda a María, gloriosa en ese oasis tétrico del día de Todos los Santos y en la inmortal plaza cordobesa, incluso Cervantes se asomó en la gloria para ver a la Madre de Dios acunar al eterno dormidito al compás de una marcha que siempre que escucho sus compases iniciales me pone la piel de gallina, interpretada en dos ocasiones, sin pedirlo nadie, que la banda se portó de maravilla como así puede escuchar de boca de sus capataces… sonaba “Saeta Cordobesa” y el momento fue solo para los privilegiados que estuvimos en tan bello marco cordobés, casi sintiendo el aroma del rio Guadalquivir.















La noche comenzaba a querer ser casi palio de luctuoso paso de gloria y la luz de la cera comenzó a dar su juego entre los recovecos de este altar errante de plata. La trasera ganaba en presencia con los dos nuevos faroles, sin duda que la hermandad acertaba en esta búsqueda de mejora estética. El paso parecía un ascua de gracia, mientras se arriaba y buscábamos su delantera por esas calles tan embriagadoras como Lineros. En ese momento podía saludar a Curro enfrascado en su misión, seria misión y le comentaba tal acierto luminario de la trasera del paso. Federico llamaba a los hombres de abajo y este que les habla se apartaba para no estorbar en algo tan serio como comenzar a guiar una nueva chicotá, pero Curro agarró mi brazo y me dijo; espera…
En ese momento sentí que Curro había pensado hacer algo que ni me podía creer, quizás así lo quiso la Virgen como para que Pedro Guerrero tuviese el móvil en mano para realizar fotografías y me diese tiempo para decirle que pusiese “modo video”, fue así, no había nada preparado, pero rápidamente percibí lo que estaba por llegar. Curro aproxima su cara al respiradero, con esa esencia tan de Santiago que lo envuelve y les habló a los elegidos de ser los pies del Amparo, que Federico experto en su papel a desempeñar calló para que hablara el jefe y les dijera lo que pueden escuchar y ver en el video…


Un nudo en la garganta me cortó por milésimas de segundos la respiración, y casi brotan las lágrimas, pero había que tener entereza y contestar siempre con una sonrisa. Nunca he querido hacerle daño a nadie, por eso me duele que me lo quieran hacer a mí y he tenido una afición que creo que más sana y más bendita no puede haber otra, y con ello siempre me ha costado soportar incomprensiones desde que tengo uso de razón, siempre ha habido gente que me ha hecho sentir mal por tan solo ser capillita… a nadie le guardo odio ni rencor por eso, porque Dios siempre, aunque siempre me doy cuenta tarde, me ha impulsado hacia delante, incluso para que algunos me tenga por más de lo que no soy… porque no soy nadie, ni busco serlo, pero a veces hacer las cosas con el corazón hacen que el capataz más importante de Córdoba y con un gran peso en Andalucía levante a la Virgen en honor de un desconocido bailenense que solo aspira en la vida a ser Simplemente Capillita… por esto le pido a Dios que me dé la humildad a la que siempre intento aferrarme para no olvidarlo nunca y estar a la altura del premio que Curro me concedió, fueron segundos pero todo esto pasó por mi cabeza en esos instantes mientras me abrazaba a él, con apenas unos minutos conociéndonos en la vida y la bendita frase del “A esta es” de Federico nos devolvía a la tierra, pero eso sí, caminante con un paz y una alegría interior que no se me desdibujó en toda la ya noche cordobesa…


La estela de belleza continuó su marcha, con otra genialidad de lo clásico, algo más alegre, pero con la esencia antigua donde la alegría no era por supuesto algo más parecido a pasodobles o rumbas. Marchón de Mariano Sanmiguel como “Rey de Reyes”, el que iba “fritico” en el regazo de la Madre, envidia del pueblo porque era Él, el más amparado de todos. Y ya con el tiempo se me pueden olvidar momentos, pero con tan sublime gusto como olvidar la chicotá con la otra saeta del maestro Gámez Laserna, la sevillana, la que allí subtitulan “Cachorro”, prima hermana de la cordobesa pero con su particular y propia esencia, con sus inconfundibles fuertes de bajos que me traspasan los sentidos, de una banda que no venía sobrada de instrumentistas, pero que le daba un sonido compacto magistral… me comentó Curro que el nuevo director viene de Tejera, así se puede comprender esta calidad…







Buscando la Virgen la iglesia donde fue bautizado uno de los más grandes artistas de todos los tiempos, pudimos departir sobre que monumento era más acertado, si el sevillano o el cordobés… que orgullo poder tener algo de la sangre de Juan de Mesa… entramos en San Pedro para visitar a su cofradía de la Misericordia, la cual no esperaba este año al paso en su puerta. Volvimos a por la Virgen que nos dibujó la revirá medida con “Macarena” de Cebrián y continuó con “Santa Cruz” de Marvizón, un marchón al principio y que quizás en el resto pierde un poco de magia. Allí pude saludar al amigo Manolo Olmedo, fiel seguidor de la esencia cofradiera de la buena, tal como le dije, pocos somos los que apostamos por viajar a buscar estas grandes cofradías y encima enseñándoselo a alguien muy especial para él, como mandan los cánones, desde la cuna, enseñándole la Effetá a su hija recién llegada a esta vida…
Como no había cofradía, el paso no paró, una pena, me quedé con la ganas de escuchar “Lágrimas y Desamparo”, pero bueno a veces también es bueno que se cambien las escenas, para que el arte efímero de la gracia nos conceda nuevas visiones que solo podremos captar con nuestras almas...

CONTINUARÁ…

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