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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 4 de octubre de 2013

MAGNA ES CÓRDOBA (III)

ÉXTASIS MANIERISTA...


He de admitir una cosa, quizás esos malagueños que no quisieron ver mi objetividad tras mi experiencia cofrade por su encantadora ciudad podrán comprobar que mi persona no está subvencionada por Sevilla, ni se me ve el plumero y ni soy partidista de mis solas ideas. Estábamos en Córdoba, prácticamente una gran “sucursal” de las sevillanas maneras, habíamos contemplado pasos de estilo sevillano portados a costal, grandes muestras de arte y soberbias bandas de música cofradiera, multitud de apasionados de este mundo saboreando cada momento, pero aún con todo no había sentido ese pellizco que da y ese “plus” que tiene Sevilla…
Pero había que seguir, que aun con esta reflexión, la tarde pintaba pero que muy bien, y simplemente había que seguir buscando la gracia y la magia que crea Dios con ese arte fugaz,  efímero como cierto día me refirió un mismo cordobés, el capataz, para mí, más mediático de la ciudad. Se marchó el barco de la Humildad y Paciencia con sones de la caleta y nos dejó libre una alfombra empedrada que nos llevaba hasta su inigualable casa y donde la fría y pétrea figura del Hijo de Dios sigue encogiendo las almas, siempre escoltado por sus inmortales faroles. Callejero de encanto, que como diría la canción, “llegando el día tú me enamoras”… para llegar a la Cuesta del Bailío, estampa emblema de la ciudad, donde curiosamente el grupo Medina Azahara aparece cantando en el video clip promocional su grandiosa canción dedicada a la capital califal. La descendíamos, como la desciende el Gitano y la Esperanza cada Domingo de Ramos, mientras a David e Eugenio le contaba la experiencia vivida en la escalinata hace ya unos cuantos años. Pero al llegar abajo, revirando la mirada al lado izquierdo, sones de gloria nos anunciaban un nuevo cortejo, prácticamente ya íbamos buscando lo que nos encontrásemos, aunque aún quedaba una cuenta pendiente y sagrada que no podría perderme. Pero nos encaminamos en la búsqueda de esa cofradía que se dejaba sentir en la distancia. La cruz de guía no la conocía pero si sonaba tras la esquina la marcha “La Pasión” que nos hizo pensar que se trataba del Resucitado que desde Santa Marina nos llegaba con el compás de las Tres Caídas de Triana, banda propietaria de esta marcha. Casi nos confundimos, merito tendrá la banda, cuando alcanzamos a ver unas de las melenas que mueve el corazón de los cordobeses tal como se balanceaba al compás de los costaleros, en doble revirá nos encontramos a unas de las grandes esencias de la vieja Córdoba, de la antigua Semana Santa antes de que Sevilla plantara su cruz definitivamente en esta vieja tierra de reminiscencias árabes. Llegaba ante nosotros Nro. Padre Jesús Caído, el Dios de los toreros en la ciudad, de hecho al parecer Manolete fue su hermano mayor y el impulsor de otorgarle grandeza, solera y señorío a esta corporación. Imagen anónima, soberbia, aunque no me termine de convencer  las imágenes con peluca, del que dicen es un hermano casi gemelo del Señor de la Oración en el Huerto, seguramente salidos de la misma gubia.




La verdad es que a mí me gustó el conjunto artístico, de la imagen de tintes dieciochescos, que como comentó Pedro Guerreo, había que buscar su divina diestra para contemplarle la faz como ocurre con el Señor de las Penas de San Vicente en Sevilla. Sabor cordobés sobre un paso que a mí me pareció un sucedáneo de uno sevillano, que por cierto se encuentra en pleno proceso de restauración, el paso del Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de los Estudiantes de Sevilla… es curioso lo que mueve Sevilla, este paso se creó con una idea de provisionalidad hasta que la hermandad universitaria pudiese acometer uno de mayor factura y pericia artística, que al final terminó quedándose para dibujar la estampa perfecta, aunque también los hay que siguen pidiendo el dibujo de Joaquín Castilla para el Señor de Juan de Mesa. Un paso al que no se quería dar mucho juego inicialmente pero que acabó convirtiéndose en modelo para otras cofradías foráneas. No sé si será el caso, pero el paso del Caído seguía mucho la esencia del sevillano, aunque algo más recargado de barroquismo, mezclado con el renacimiento de sus líneas y unos faroles, con un basamento muy original, que igualmente recordaban a un nuevo paso sevillano, el del Gran Poder. Los faroles sevillanos los cinceló en Córdoba el platero Rafael León en 1908, basándose en los que posee la Hermandad del Santo Entierro de Écija, del orfebre cordobés Damián de Castro, datados en el siglo XVIII. En 1948 se cincelaron los del Caído cordobés por otro orfebre llamado Rafael León, aunque no puedo aclararles si estamos hablando de la misma persona. También me gustó esa idea floral, con esa especie de jarras de madera barnizada elevándose el Señor sobre una peana de madera igualmente barnizada, siendo ayudado por un ángel cirineo a soportar el peso de la cruz. Andando sobre los pies, no es que me dislocase la cuadrilla, correcta, recuerdo a su capataz pidiendo la zancada más largo, pero la retenían, a mi entender le faltó poder a su andar y aunque iba magnifico con la banda del Caído-Fuensanta, este paso quizás le vendría bien el “estilo del Amarrao de Córdoba”, la esencia artística de esta hermandad apunta maneras a ese modelo, de  andar un Cristo con banda de música y música fúnebre.


Tras un refrigerio, porque vaya calor hizo todo el día, nos encaminamos esta vez sí, hasta el ayuntamiento, pasando ante las puertas de la taberna del capataz “Curro”. A los pies del consistorio y la iglesia de San Pablo el misterio de la Redención buscaba la calle San Fernando, mientras por la calle Carbonell y Morand bajaba el misterio de la hermandad de la Paz con una potentísima interpretación del Rosario de Cádiz de “La Valiente”, que nos dejó a Cris y a este servidor impresionados de cómo sonaba aquello, si parecía más que la misma Presentación al Pueblo de Dos hermanas… y me decían que esta banda no podría estar a la altura de las de Sevilla… y lo dice uno que en el pasado tuvo algunos “encontronazos” con algunos de sus componentes en estos mundos del “cibercapillismo”.
Caminábamos rápido, atravesando Claudio Marcelo, por un callejón por donde no había nadie… ¿habrá salido ya? me preguntaba. Pero no,  llegamos a la plaza de la Compañía, otro de los rincones de Córdoba para perderse las horas contemplando y allí si había una cierta cantidad de gente pero que no abarrotaba la plaza con apariencia romana, tal como me apuntó el amigo Guerrero. Seguramente como buscábamos a una cofradía que no llevaría banda y sus costaleros no meterían ni un izquierdo, la fiebre capillita, la de todos los colores, que inundó Córdoba pues ni se le pasaría la cabeza “perder su tiempo” contemplando el neo-manierista pasazo en el que camina Dios muerto por las calles de la ciudad del salmorejo. Buscábamos rancidez, la primera mustia de la tarde, en la que muchos ingredientes completaban un riquísimo guiso que no quería ni por la más mínima perderme de probar en esta magna cofradiera cordobesa…










Se abrieron la puertas de la iglesia y rápidamente este paso que pareciese salido de la noche de los tiempos, aunque tiene muy pocos años, comenzó a salir a las órdenes de alguien que me esperaba. Ya me aviso mi amigo Rafa Mondéjar, que su también amigo, el capataz general de esta hermandad, Luís Miguel Carrión “Curro” había invitado a su maestro o al hijo de su maestro y al nieto del eterno Manolo Santiago a que lo acompañasen en esta cita extraordinaria de Córdoba con la revalorización de la fe… Antonio Santiago dejaba su inconfundible voz, -para alguien que sienta la costalería como el arte más grande en toda la faz de la tierra, y los Santiago son estrellas inconfundibles en ese universo- para guiar la ajustada salida del paso de la urna. La verdad que hasta que no vi salir el paso, a “ojo” no concebía que por ahí cupiese un paso. He aquí que si comencé a sentir la esencia, se notaba la pureza de las hermandades de negro en el cortejo. Dos niños vestidos de servidores escoltaban la cruz de manguilla como mandan los cánones, con cara mustia y el cortejo se nutría de señores y alguna que otra señora de una cierta edad. La música de capilla, novedosa para mí la verdad en lo que se refiere a su instrumentación y al repertorio ponían el complemento a tan evocadora estampa, que aunque sin multitud, si daban muestras que haciendo bien las cosas, se pueden conseguir resultados impresionantes. Una adaptación de la marcha “Un Recuerdo” –tan explotada en la ciudad- llenaba la Compañía de un encanto de otros siglos mientras el incienso se adentraba por nuestra alma. Del paso que decir… cierto día hablé del mismo en esta mi casa y fue una de las entradas más valoradas. Sin duda que enhorabuena a los ideólogos y constructores de estas andas, porque nos dejaron sin palabras, donde destacaría la magnífica conjunción de policromía negra junto al pan de oro, los curiosos guardabrisas y la soberbia urna, donde por cierto la imagen del señor, con el paso algo alejado, se contempla perfectamente. Por ponerle un pero, es que la mesa hubiese sido algo más ancha y larga, pero no mucho, pero obviamente esa escalinata por la que tiene que salir no dará para mucho más centímetros.




Una salida en el andar tras la maniobra de salida del templo, algo fallona hizo que David me comentase que si esta era la gran cuadrilla de la que la había hablado, pero poco tardó en darnos muestras de su elegancia los hombres de Curro, donde dicen es el paso donde más cuesta entrar de los que comanda… que un capataz fuera de Sevilla consiga esto, será por algo, y al parecer Córdoba en lugar de aprovecharlo lo destruye… afición o devoción, las dos cosas seguro, que el que iba muerto arriba por toda una humanidad es el mismo en cada casa, pero dando muestras de buen hacer, que la forma tan especial de ese paso, con ese centro de gravedad no lo tiene que mover cualquiera… así lo seguimos por el callejón que ahora si presentaba algo de gente, pero poca aun, aunque tras la revirá hubo que callar al poco personal que respondía a la emoción con aplausos. Los servidores comenzaron a encender la cera tiniebla –que disfruta pedro…- que se había pagado para que nunca cesara el encanto de esta obra de arte, con el juego de tonos y luces que desprenden las andas a la luz de cera, mientras comenzaba a oscurecer, un auténtico retablo visto con los ojos de otros tiempos, al cual no le hacía falta ninguna flor, como me señaló Eugenio, este si era un paso de verdad creado sin necesidad de exornos externos… la estampa que dibujó el paso emergiendo a Claudio Marcelo era de cartel de Semana Santa. La bulla creció considerablemente, lógico, más abajo había comenzado el rosario de pasos, uno detrás de otro, con sus bandas a adentrase por San Fernando en busca de la Cruz del Rastro, lugar de inicio del recorrido oficial. Bajo la presencia  de las columnas del templo romano, entre Claudio Marcelo y Capitulares bajaba el sobrio y silente, con la zancada poderosa y templada, cortejo del Santo Sepulcro, “El  Muerto” como se le llama en Córdoba, como le llamamos también los bailenenses al nuestro mientras algo alejados veíamos pasar a una de las hermandades con más solera y popularidad de la ciudad; el paso de la Mesina Virgen de las Angustias buscaba al igual que todas la Mezquita-Catedral, sobre su áureo paso y el compás de la fúnebre banda de música, al compás de “Soleá Dame la Mano”… fue fugaz el momento, Guerrero quería embelesare mejor con la Señora, antaño del barrio de San Agustín, pero habría que dejarlo para después. 


El problema en este punto, además de la aglomeración, fue que al llevarse cotejos muy cortos las músicas se confundía y se estorbaban, la verdad visto lo que paso después, en este punto se tendrían que haber quitado las bandas por no decir que las idas tendrían que haber sido sin bandas y si hubiese sido por la mañana, como ocurrió en a magna mariana de Granada, mejor… porque las Angustias se alejaba,  mientras nos despedíamos hasta otra ocasión del magnífico paso de la urna con la marcha “Señor del Compás” como si Triana fuese tras el mismo perfumándole el ambiente sobrio de los aires de su Cristo trianero… y es que se acercaba el último paso de esta catequesis plástica -no de la noche sino de las estaciones del vía crucis elegido-, el del Resucitado que como plato fuerte llevaba tras sus sobresaltados romanos, a la banda del Santísimo Cristo de la Tres Caídas de barrio sevillano de Triana.

Se quejaron muchos “banderos” de que Triana toco poco, la verdad que cuando yo los vi no pararon de hacer sonar sus marchas, que en este punto quizás por lo abierto del lugar, no me sonó como en otras ocasiones. Como dije, este Cristo con figura de Dios griego, que retrotraía al Señor de la Puente de Málaga, por aquello de ser del mismo autor, Juan Manuel Miñarro, nos llegó sobre un nuevo paso de misterio de rica talla y reluciente dorado, rodeado de misterio, curiosamente en una escena que no sé quién me indicó que es una invención artística, que no aparece en las sagradas escrituras, aunque yo no me quede muy convencido. Sonó “Pureza” y el personal hizo el silencio con un eco de emoción, hasta que se volvió a dibujar nuevamente la triste estampa, de estruendosos olés ante un solo de corneta o cambio de tono… y es motivo para maravillarse, la música es un arte espectacular, y Triana es un baluarte en este estilo que sorprende a los más eruditos musicólogos del mundo, pero también me lo pareció las impresionantes imágenes, con esos romanos asustados ante la Resurrección y el magnífico ángel de Antonio Bernal -y algunos se piensan que tienen unos de similares categorías y que les han salido más baratos-, la talla del paso, y no se pone uno como si estuviera en el gallinero del Arcángel apoyando al Córdoba de sus amores… lo cierto es que esta magna, nos dejó también muchos detalles para tenerlos en cuenta a dónde quiere llegar esta sociedad, por lo menos en el mundo de las cofradías que queramos o no también es el de la iglesia… basta contemplar la foto que le hizo Pedro, como otros objetivos ante el paso ya buscaban grabar a la banda, esto a mi sinceramente me da pena, pero quizás ese sea el precio a pagar para disfrutar de la calidad y cantidad de bandas que existen en nuestros días… como pasa con los costaleros, los vestidores, etc… por cierto, más cambios, alguno por ahí ha llegado a calificarlo públicamente que parecía una “cafetera”, creo que hay que tener más tacto, pero por tamaño de paso y maestría de la cuadrilla, y porque no termino de ver a Resucitados con cambios, andemos de frente por favor…



CONTINUARÁ…

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