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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 17 de septiembre de 2013

"CAVALLERÍA FRANCISCANA" POR SAN BUENAVENTURA...

Fue en aquellos años de mi niñez y mi más incipiente juventud, en esas Semanas Santas que les vengo mostrando a quienes quiera ver cómo fueron mis inicios, cuando conocí la música que marca el compás a la tan especial dolorosa que protagoniza el video que les adjunto. En este momento lo estoy escuchando solamente, no puedo escribir y ver el video en youtube claro está y mi memoria viaja como les digo a mis ilusionantes Semanas Santas de mi pueblo, cuando aún pensaba que cada “gloria” local era insuperable, como piensan hoy muchos, desde jóvenes a los más viejos, y de los que sigo pensando que mala suerte no sentir esta Effetá tan bendita.
Era subiendo la calle Silera, el Santo Entierro bailenense era el paso, cuando escuché aquella melodía que me embriagó y me llevó al éxtasis melancólico de la Pasión y sobre todo, de la Muerte, aunque dulce, del más bendito de los nacidos. Poco después supongo que investigaría cuál sería su nombre y algo de su historia, en los videos que les mostraré aun faltaría mucho para que la banda de Bailén la interpretase tras los tronos bailenenses. Conocería que su nombre era “Soledad Franciscana” y que su autor era la “estrella” de las marchas para banda de música, por aquí ese término de “de palio” aún no se destilaba y aun ni se ha terminado por asumir. Como decía, su autor era el onubense Abel Moreno, el cual dirigiendo a la banda de Soria 9 se alzaría sin ninguna duda como el compositor con más pellizco de finales de los ochenta de la pasada centuria, siendo el que acapararía todas las portadas en la década de los noventa, la década en la que me hice un “jartible” de las cofradías, porque aquella época sería en la que disfrutaría de mi condición localista y la pasada, la primera del siglo XXI, la que Sevilla y sus variantes ocuparían y terminarían por asentarse en mi corazón a la espera algún día de que mi localismo se afilie a esas “variantes”, como porque ejemplo hizo la última ciudad que me llevó a la Effetá… Córdoba, el pasado sábado, donde se alzó como la ciudad magna de las cofradías en el mundo.
Poco después conocería quien era esa Soledad Franciscana, una dolorosa bellísima, de mirada al cielo que procesionaba de una manera muy extraña, o dejémoslo en diferente a comparación de cómo lo hacen la gran mayoría de la dolorosas sevillanas, es decir, bajo palio. Un paso barnizado o color caoba como dicen en la vieja Híspalis, salpicado de plateada orfebrería y suntuosos candelabros  dibujaban lo que es un paso de cristo más común, en todo caso, el de una Piedad, pero no, aquí solo estaba Ella, la Madre de Dios tan sola que pareciese que tras el sagrado entierro de su Soberano Hijo, volvió al Gólgota para meditar su angustia al pie del madero que comenzaba a erigirse como el símbolo que los siglos grabarían a fuego en tantos corazones de aquellos que siguieron las enseñanzas, de aquel al que trajo al mundo en un humilde pesebre en la tierra de su marido José…
Seguramente esta escenografía tan peculiar, creo que implantada por su más similar “vecina” en estilo, la Soledad de San Lorenzo –y archicopiada en toda Andalucía, incluso en Málaga- tenga algo de alegoría, como la aceptación de los designios de Dios, de una Madre entregada a la causa de la Redención, la cual había triunfado sobre el santo árbol de la cruz, donde aún pende el sudario que descolgó a Dios hecho un simple cadáver. La Virgen de la Soledad de San Buenaventura, “apellido” que le da su sede franciscana, la talla de Gabriel de Astorga, el mayor discípulo del imaginero de la belleza mariana, Juan de Astorga –su padre-, es la protagonista de esta entrada en Campana, donde cada año, quizás desde el año 1987 en que fue compuesta, me enamora con su marcha.
Luego conocí decepcionado, porque es lo que trae el aprendizaje de este mundo, que muchas de las genialidades del músico militar onubense era en muchos casos auténticos plagios, si es que se le puede llamar así reinstrumentar y modificar otro tipo de música para crear sus marchas. La parte que me emocionó aquel Viernes Santo en la Silera, el trio, pertenecía a una ópera de Pietro Mascagni titulada como “Cavallería Rusticana” que adaptada a una melodía y una sonoridad inconfundible de su estilo calzaba a la perfección dentro del modelo de marcha fúnebre que extendió en sus más productivos años. Por curiosidad, dicen que Abel Moreno Pertenecía a esta hermandad, por lo que la actuación de su banda del Soria 9 le costaba a la hermandad el simbólico precio de una peseta.
Como pasa el tiempo, desde el Viernes Santo de 2010 llevo si contemplar esta singular cofradía en la tarde del Viernes Santo, cuando me aposté en su estrecha calle Carlos Cañal y las saetas luchaban contra los rallos del potente y añorado, en esta jornada, sol, para la Cruz de Guía y para la Señora que mira siempre al cielo. Sé que la obra de Abel Moreno no goza de la calidad de los grandes compositores, el mismo indica que componía para bandas donde las situaciones sociales de su época se enfocaban a un mundo de músicos aficionados que no podrían interpretar partituras escritas para profesionales, pero a veces también cuenta la banda, y aquella tarde Viernes Santo, cuando el paso de caoba y plata se levantó al cielo del luctuoso día, comenzó a sonar la marcha como nunca antes la había sentido y me hizo volar a emociones del pasado, de otra forma pero llenando de nuevo mi nueva vida, “Soledad Franciscana” o la “Cavallería Rusticana”, qué más da, se grabaron en mi alma allá por San Buenaventura…

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