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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 24 de septiembre de 2013

BAILÉN 1990. SÁBADO SANTO

Cuenta mi padre que en sus años mozos, cuando la Semana Santa era tan humilde como las escuetas andas que portaban a las imágenes y los cuatro gatos que en gran parte del recorrido las seguían, y lo que es peor un, los cofrades que participaban, que cuando acababa el Viernes Santo y Dios dormía el escueto sueño de los justos antes de la gloria, era justamente en el sábado antaño llamado de gloria, en lugar de santo como hoy en día, cuando se celebraba la conocida como la “procesión de la Soledad”. Una procesión donde las imágenes de San Juan evangelista, o quizás sin él, pero sobre todo con la figura presencial de la Virgen de los Dolores, se venía a cerrar el tiempo de la pasión y muerte antes de la Resurrección con la triste soledad de la Madre de Dios. Era procesión tan humilde que apenas la veía nadie, y es que intuyo que aquello más bien era un traslado a la ermita de la Soledad, ya que la Virgen permanecía y aun lo sigue haciendo en la Encarnación desde el sábado de saludo y desde donde comenzaba y acababa –menos este- todos sus desfiles procesionales de la Semana Santa. Según me cuenta mi padre también volvía la imagen de San Juan, en una procesión matutina hasta la ermita de la Soledad, seguramente porque esta hermandad, heredera de siglos de austeridad, no fue hasta hace cuatro días cuando se asentó en su actual ermita de la Limpia y Pura, por lo que la imagen recibía culto tanto en la iglesia parroquial o en capillas como la del Santo Cristo o la Soledad y a veces, en el lugar menos apto para una imagen devocional, en casa de sus hermanos, normalmente en la del hermano mayor, que aquí en Bailén no es el máximo dirigente de la corporación –aquí se le llama “presidente”, un término que algún día habría que erradicar, eso suena a equipo de futbol o a una empresa-, sino un hermano que por lista de antigüedad como normal más generalizada ostentaba como un cargo de honor durante un  año, presidiendo las presidencias de la cofradía en todos los cultos externos u actos oficiales y en casos siendo el responsable de la manutención, limpieza y labores de sochantre de la sede de la cofradía.
La verdad que me es imposible a día de hoy analizar un bagaje histórico de la procesión denominada como de la Soledad, mi memoria alcanza solo a partir del año que nos muestran los videos, donde si no me falla mi memoria, de un niño de ocho años, aquel año y el siguiente fue como una nueva procesión más, que algo que se tuviese por costumbre. Era plena tarde cuando el trono de San Juan comenzaba nuevamente a deslizarse por las calles bailenenses, con su banda, germen de la actual agrupación musical que aunque con estilos y filosofías diferentes, puede presumir esta cofradía de tener una banda propia de las más antiguas de Andalucía. Por cierto no sé si lo he dicho en pasadas entradas de esta serie, pero vemos como aquellos músicos vestían la túnica de estatutos ¿Cómo uniforme? Para mi si se le da ese valor en estos temas, cuando aquello nunca fue la costumbre de vestir de los músicos bailenenses, una moda que se copió de Linares, que aún mantiene a sus bandas de cabecera vestidas de nazarenos.
Y como recuerdo de aquella desaparecida procesión - en la jornada de Sábado Santo, después volvió a las ultimas horas del Viernes Santo, unos años con itinerario establecido y otros con un mero traslado, así hasta nuestros días- vemos a la Virgen de los Dolores saliendo a los sones de “La Saeta”, de una adaptación de la música de Serrat, que ya comenzaba a triunfar en Andalucía desde Sevilla y que una banda que causó sensación en aquellos días interpretaba. Unas túnicas que no eran de Bailén llenaron de colorido la última procesión de la imagen que gubiase José Romero Tena, en aquel año, la banda de la hermandad de la Columna de Linares, que incluso se trajeron algo muy de las cofradías de Linares, “las ventas”, consistente en una serie de personas, vestidos de nazarenos, sin caperuz, con una especie de cajas vendiendo el merchandising de su cofradía: estampas, llaveros, pins y sobre todo los nazarenitos de barro que triunfaron entre las filas de público bailenense… no juegue ni ná con el que me compró mi padre. Repetitivas interpretaciones de “Cristo de la Presentación” de Abel Moreno dibujan las chicotás de la Virgen por un itinerario atípico como la calle Sevilla, Sebastian Elcano o la plaza General Castaños, largo recorrido para los desgastados hombros –ahora se están pagando aquellos excesos y sobradas ganas de procesiones- cuando curiosamente me percato que la música del gran Manuel Rodríguez Ruíz, padre de la banda de Arahal y casi por ende del estilo “agrupación musical” y recientemente fallecido, sonó su música, en concreto “Pasa la Virgen del Refugio” en la calle Real, en Bailén, antes de que este que les habla la escuchara por primera vez unos años después en aquellos videos del Correo de Andalucía mientras el cristo de la Salud de San Bernardo salía un Miércoles Santo más a Sevilla.
Terminaba la procesión en la ermita extramuros, como dirían las crónicas antiguas, en la siempre apagada y solitaria calle del cementerio en casi cualquier día del año, pero desde aquel entonces aquella noche se llenaba de júbilo, tristemente algo incorrecto, debido al sentimiento y carácter fúnebre de esta horas, que en cierta medida ya se ha extinguido, cuando la hermandad sacaba el paso del rezumante a estreno; Cristo del Buen Morir para recibir a su Stma. Madre y a San Juan, que entonces aun dormía el letargo de la espera junto a la Virgen de los Dolores en el espectacular camarín de la Virgen… como olvidar cuando mi abuela me llevaba a la capilla en el mes de mayo, al mes de las flores y contemplar esta especial sacra-conversación, algo que no estaría descartado recuperar, porque en viejos legajos de la historia cierto día leí e intuí que esta hermandad ya contó con una imagen de San Juan antes de que la actual hermandad comenzase su caminar, primeramente como escuadra, con una imagen donada a su cofradía “nodriza”, la de la Santa Vera Cruz en el lejano año de 1660.
Nuevamente comenzó a sonar algo muy de Linares, el solo de trompeta del castrense “Toque de Oración” tal como se le interpreta o se le interpretaba al Nazareno de la vieja Cástulo cada vez que realiza el acto de bendición. El primitivo sistema de subida y bajada de la cruz para salvar el cancel de la puerta o cables bajos, parecía conjugar con la música que levanta el silencio y el aplauso final, que echaba el aldabonazo a la pasión y muerte del año del Señor de 1990, un año que como dije en la primera entrada, no sé por qué, se quedó grabado como un punto de inflexión, como casi del origen de mis primeros recuerdos cofradieros, ya solo nos queda la Resurrección de la vida, que curiosamente no se daría en una mañana de luz…

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