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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 2 de agosto de 2013

SÁBADO SANTO SEVILLA (IV).

LA GLORIA LA TRAE LA TRINIDAD....

Los sietes puñales ante las monjitas se nos clavarían seguramente para siempre, los Servitas dibujarían una estela imborrable en nuestra retina, quizás quiso la Virgen de los Dolores, por la Providencia de Aquel al que llevaba muerto en su regazo, seguramente el hermano gemelo del antiguo Señor de los Gitanos, el que nos hace ver como seria aquel Cristo durmiendo el sueño de los justos, desencadenando su Redención en los infiernos, que en la tarde íbamos a tener más raciones de impronta servita hasta casi rallar el ocaso más triste, el nuevo adiós a una Semana Santa. Y así fue cuando nuevamente comenzamos a callejear más casco antiguo, ¿habrá alguno tan grande y tal bello como el Sevilla?, por el Pozo Santo sino me equivoco, por una estrecha calleja llegamos nuevamente hasta San Andrés, con similar objetivo al que llevábamos por aquel entorno la tarde del Miércoles Santo, aunque en esta ocasión pues buscaba un punto ya conocido del año anterior, la famosísima y televisiva revirá de la calle Laraña con Orfila.









Pero para mi sorpresa, ya se encontraba el entorno tan abarrotado por el público que buscaba la música de capilla que ya se aproximaba abriendo el lúgubre cortejo donde la Virgen nos muestra el amor más doloroso que puede expresar una madre, llorar el cuerpo fallecido de su hijo. Hace una semana, por desgracia la humanidad volvió a ver a la piedad llorando a sus muertos, este es el mensaje que intenta transmitir el pasaje de la Piedad, el que como ya dije en entradas pasadas, seguramente no se tuvo que dar tras la hora nona más trascendental de todos los tiempos. Allí en la misma confluencia donde contemplé al Cristo de Burgos y los Panaderos en el Miércoles Sagrado, esperaba en esta ocasión, porque ya no podía llegar al primigenio objetivo, nuevamente a los Servitas y a la “algarabía” del luctuoso Sábado Santo, la hermandad de la Trinidad.







Es lo que tiene esta jornada, cinco cofradías y buscar ya el Sol, casi emprendiendo el camino de vuelta se hacía harto complicado, pues por este motivo tocaba otra nueva ración de Servitas, más si queríamos contemplar a la Trinidad en algún punto que se pudiera convertir en algo especial, y una revirá sin duda te lo puede traer más cuando se pasa ante la capilla del Soberano Poder en su Prendimiento y Ntra. Sra. de Regla, los cuales abrían los portones de su escueta capilla para rendir pleitesía a los cinco pasos que iban a pasar ante sus puertas. Allí volví a reencontrarme con el compañero de fatigas de cada Martes Santo, Antonio Zambrano que igualmente como nosotros se disponía a consumir los últimos pétalos de esta margarita que es la semana más grande, en la que Dios se apodera de la ciudad… casi sin darnos cuenta, el azulejo del antiguo Cristo panadero contemplaba su triste destino  acurrucado sobre el regazo de la primera Virgen servita, que seguía su mismo compás, dejando su misma estela, con ese puntito especial que le da la cuadrilla a este paso de Cristo con música de palio… lo mustio se repetía y también pudimos contemplar cómo le sienta la “Quinta Angustia” de Font Marimont a la Piedad de San Marcos…


Como no, tras Ella, nos seguía viniendo la nacida limpia y pura, bajo el palio de cajón de la jornada procesional que por aquí en Jaén no se considera de tal forma. Los flecos de las bambalinas, similares a los de los Dolores de San Vicente, venían dibujando el aroma de la pasión, un dibujo que pronto comenzaríamos a echar de menos. Compás abierto, sin recrearse demasiado, en si esta hermandad casi camina como si no llevara música, nos pasó fugaz la enlutada dolorosa mientras sonaba la marcha “Dolor y Soledad”, la que resumía perfectamente el aura de la jornada… que no se me olvide, los tambores destemplados de la música en esta hermandad, es otro de los para mi geniales distintivos de la corporación que nos llega desde la capillita anexa a la iglesia de San Marcos…


Pero los contrastes de Sevilla tenían que llegar, casi ninguna jornada se salva, dicen que esto viene dado a que la hermandad hasta hace cuatro días era cofradía de Jueves Santo, aunque este día no es que digamos que sea una explosión popular de cofradías de barrio… lo cierto es que nos llegaba la hermandad de los barcos y palios alegres de la jornada, desde la basílica de María Auxiliadora Coronada, nos llegaba la antiquísima hermandad de la Trinidad, aunque uno contempla su patrimonio y poca cosa queda ya, que tenga más de cien años, una hermandad que calza quinientos a sus espaldas.











Ahora quizás le tocaba disfrutar más a David, llegaba el turno de las más grandes bandas de cornetas y tambores del mundo… sonaba ecos panaderos por parte de las Cigarreras, “Soberano en Getsemaní” nos traía un nuevo alegórico, en la jornada de los pasos que son evangelios abiertos, tesinas teologales de pueblo. Con que sencillez, un poco madera, explica Sevilla el misterio de la Trinidad, cuando sobre los pies y con aires trianeros nos llegaba el Sagrado Decreto en que Dios vendría al mundo para redimirnos. Casi no daba tiempo a explicarle a Iván en que consistía este misterio tan “raro”, mientras precisamente la música nos evocaba el andar por antonomasia de Sevilla… “Sobre los pies te lleva Sevilla” levantaba el asombro de los que adoran las hermandades populosas… revirá larga, que encaró al primero de los pasos de la corporación trinitaria con Lasso de la Vega cuando justamente comenzó a sonar el solo o dúo de la marcha, que levantaba sin duda mi sonrisa, cuando el amigo Iván, músico él de conservatorio, no daba crédito hasta donde podía llegar una corneta… aquí se dio cuenta cual magia tiene hasta para la música la sevillanas maneras… costeros, largos, los tres pasos dibujaban la algarabía del día donde cosas de los contrastes del ser humano, más del andaluz, Dios se pasearía en su urna de muerte…


El “guauu” de Iván creo que no se me olvidará nunca, el me preguntaba si las Cigarreras era la mejor, algo complicado de explicar que aunque me parece las más perfecta interpretando y sus marchas son las más complejas de interpretar, había que hacerlo con permiso de lo que nos venía ahora… que le preguntasen a David, que ya comenzaba a alterársele el pulso y donde sin duda afirmaba que la mejor es la que paseaba el ancla tras el crucificado de las Cinco Llagas… nos llegaba el mítico calvario de la hermandad, aunque en los últimos años se le ha borrado casi toda esencia antigua… nuevo Cristo y ahora nuevo paso que ya espera las láminas de oro… pero tras Él venía aquello que nos faltó por la mañana, lo que más echó en falta David tras su Cristo del compás. Sus idolatradas Tres Caídas de Triana seguían el caminar del barco de la Ronda, o uno de los dos, aunque sus sones se hicieron a mi parecer; mustios, cuando la música clásica emergió de las cornetas –y demás instrumentos de viento- de la banda del barrio de la Cava. Seguramente hubiésemos deseado más un “El Abrazo de Triana” por ejemplo, la que el año pasado me traspasó la fibra de los sueños bajo las escaleras que se elevaban hasta el cielo, pero bueno, ya puede decir David que ha visto a su Triana tras un paso sevillano en Semana Santa.










Caminaban rápido las hermandades por este enclave, está claro que el arte efímero se lo dejaban en la anterior revirá, hasta que nos llegó, para mí, una de las dolorosas más bellas de la Semana Santa Sevilla, y por ende de Andalucía. La máxima expresión del inmortal arte de don Juan de Astorga bajo o más bien envuelta sobre uno de los grandes joyeros sevillanos, de los pasos de palio más espectaculares de la ciudad.
El palio de barrio de la jornada se levantaba poderoso, ¿cómo se vería hoy día si siguiera siendo blanco? La algarabía nos la podría traer la última Esperanza de la pasión hispalense, pero no, la música quitando el Decreto, nos quiso mostrar a una hermandad, que quizás por el día y sus pasos, debería ser algo más mustia, aunque solo fuera un espejismo en este enclave, en otros puntos la música quizás que más desentonaría… suena y suena. El maestro Cebrián nos traía ecos de San Gil, pero ese San Gil más clásico y evocador de otros tiempos, en los que nacieron obras de arte como la marcha titulada “Macarena” siempre apellidada “de Cebrián”. Compás abierto igualmente, con un movimiento de bambalina que no me desagrada, cobijando la limpia y clara belleza de la Esperanza de la Trinidad, que nos deslumbraba tras la limpieza de su reciente restauración.
Dos hermandades que pasaron muy fugazmente, por ello ahora quedaba buscar las otras dos hermandades que nos quedaban de la jornada, porque precisamente, tras una larga semana de viajes, no quería marcharme muy tarde de la ciudad donde además de disfrutar va uno a aprender, aunque cada día pienso más que al final tendré, algún día, afincarme allí y vivir la pasión como yo la siento y dejarme ya de tantos quebraderos de cabeza… por ello subimos Amor de Dios buscando el barrio de San Lorenzo por donde nos venía la dolorosa más antigua de la ciudad, la que para muchos cierra la Semana Santa sevillana. Pero las horas abarrotaban las calles de ansiosos de Pasión y el entorno de la plaza de San Lorenzo se encontraba tan colapsado que así no íbamos a poder disfrutar como merece el calvario suntuoso en que camina la Virgen de los Soléanos sevillanos.








Por ello buscamos el Duque, por donde llegaría el Santo Entierro desde la cercana San Gregorio y tras el oficial cortejo la Virgen de la Soledad. Tras el mantazo de Garduño de la Esperanza Trinitaria intentamos abrirnos hueco, pero aquello estaba incontrolado, allí no cabía un alfiler, y tras dudar mucho y perder tiempo buscamos un nuevo punto donde nos hartaríamos de esperar, y nos hartaríamos de pasos… buscamos , creo que para mí por primera vez en esta Semana Santa, el entorno más mágico de Sevilla, a los pies del epicentro de la celebración, la Santa Iglesia Catedral, allá por la calle Alemanes donde nuevamente habría más raciones de Servitas, Trinidad, Santo Entierro y daríamos el aldabonazo definitivo a la Pasión ante el silente caminar de los hombres de Ariza portando el triste vacío de la Virgen María… en aquel mismo enclave donde un vía crucis me abrió de verdad la cuaresma, el chispazo de la espera y la misma gloria, paradójicamente contemplando a un Cristo muerto, clavado en el madero…


Fotos: David Mira.

CONTINUARÁ…

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