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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 27 de agosto de 2013

BAILÉN 1990. JUEVES SANTO.

Rememorar aquel Jueves Santo de 1990 con estas imágenes del TELE CABLE BAILÉN lo primero que me traen a  los sentidos era un día especial, siempre soleado como diría Antonio Pradas, sin duda era un día que relucía más que el sol, uno de los tres jueves, si es que hasta entonces el día del Corpus era un día grande y esplendoroso en Bailén. Aquellos Jueves Santos comenzaban tras la comida del medio día visualizando en familia alguna película de tintes histórico-sagrados, de la que disfrutaba sin duda era con la interminable “Jesús de Nazaret” del director Franco Zefirelli, interpretada por el actor inglés Robert Powell, hoy gracias a esto del internet la puedo volver a disfrutar en muchas ocasiones aunque vea más conseguida la historia anterior a la Pasión, Muerte y Resurrección, a mi sin duda la que me toca el alma en las últimas horas trágicas es la más actual y polémica de Mel Gibson.
Pero tras esto tocaba la quizás gran procesión de la Semana Santa de Bailén por entonces junto a la de la mañana o “la de las seis de la mañana” del Viernes Santo, eso de la “Madrugá” es más reciente, término sevillano implantado por los que curiosamente me tachan de “sevillano” y la “Procesión General del Santo Entierro” en la tarde-noche del Viernes Santo. Viendo estas imágenes se puede palpar la grandeza de esta jornada, eso sí, una grandeza a la medida de lo que era y es la idiosincrasia cofradiera de la ciudad, que como he venido muchas veces diciendo, al evolución de aquel modelo está deparando resultados no tan esplendorosos como lo fueron aquellos. Curiosamente la imagen que abría el cortejo, porque salían por primera vez en la semana más de una cofradía en una misma jornada, pero formando un único cortejo como si se tratara de una sola cofradía, algo que los más jóvenes han venido a definir como el “trenecito”, sin duda una de las características de la Semana Santa bailenense, aparece en escena. La primera imagen era la del “Amarrao” a la Columna, tal como se le llama en Bailén, tal como hoy, es la imagen que sigue aguantando sin duda con más éxito su participación en el memorable jueves de la pasión y primera institución de la eucaristía. Por ello sus hermanos suelen defender que esta es la imagen principal de la jornada y la que le daba incluso denominación a esta procesión. Disputas absurdas aparte, los años están demostrando que aquel modelo vivía de la unión y participación de todas, o de cuatro de las cinco hermandades de penitencia del pueblo, y que hoy con la resistencia del Amarrao y la vuelta del Ecce Homo ya no prestan aquel aura que tenía el Jueves Santo de entonces, de mi niñez, hoy sin San Juan y la dolorosa, por lo más común, la Virgen de los dolores. Aunque pienso que estas decisiones no son desacertadas, creo que si se necesita nuevos “impulsos” para desde un nuevo modelo recuperar aquello que para mí, sin duda se ha ido perdiendo.
Salto del martes al jueves porque por entonces no existía un Miércoles Santo procesional como hoy día, aunque si fue la primera salida histórica del nuevo crucificado del Buen Morir, pero en un vía crucis que no fue captado en este documento videográfico. Pero el Jueves Santo se abre con la primera aparición de las populares túnicas moradas, escoltando en la “Cuesta de Jesús” al Amarrao esperando el arranque de su caminar envuelto en todas las características del trono que enumeré en la entrada del saludo. Me resulta curioso el exorno floral, lo que parece ser era un intento de recrear los populares montes de flor creados en Sevilla y que hoy en día se siguen manteniendo, salvando las distancias, pero muy tapados por exuberantes centros de flor que a mí personalmente no me encajan en la estética floral de los pasos, sobre todo los de Cristo, para una boda... Se puede ver que con el simple monte o “calvario” como lo llamaban aquí, sigue teniendo igual o más prestancia.
Tras Él, por cierto portado por la cuadrilla masculina –la femenina haría su primera aparición el Viernes Santo- bajamos hasta la Encarnación donde la imagen de San Juan evangelista salía en la primera de sus procesiones –la Sentencia y muchos menos la Amargura aun no eran ni siquiera un sueño imaginero…-, siempre como complemento del discípulo amado acompañando a la Madre de Dios en el tormento de la Pasión y Muerte de su hijo bendito tal como nos relatan las sagradas escrituras, esta fue la misión de esta cofradía desde que se erigiera en escuadra de la hermandad de la Santa Vera Cruz en el lejano año de 1660.
Cuanto ha cambiado la estampa desde entonces, cuando la imagen aun luciendo la impronta insuflada por Palma Burgos, con su dedo aun “levantado”, salía motorizado sobre su pasito de ruedas, con los anteriores candelabros de madera, todo ello creado por el carpintero local Juan Rusillo. Trono que tantos años lleva sirviendo a su cofradía, remodelado y ampliado en infinidad de ocasiones, incluso dicen que ahora le va a tocar convertirse en un canasto para procesionar a los titulares de su cofradía a la antigua manera de los gallegos del puerto sevillano… a costal. Esto es lo que ha deparado veintitrés años de ilusiones de sus hermanos, desde aquellos humildes años, aun a ruedas, la última en salir sin cuadrilla de anderos, pero que años después llegaría a ser la cuadrilla más nutrida y admirada mientras su banda aun sonaba a otra cosa, hasta que el estilo Eritaña-Arahal plantara sus magnificencia tras el santo de Cafarnaúm de la ermita de la Limpia y Pura, de la cual por cierto, seguramente en la mañana de aquel día “Carape”, el “Manchego” y otros tantos más o más bien pocos, lo bajarían desde el barrio de las Palmeras a la céntrica parroquia para comenzar aquella evocadora procesión de la tarde y las horas intensas que comenzaban a partir de ese momento. Aunque no estoy muy seguro que la ermita ya estuviese reabierta al culto tras la gran restauración de entonces, pero de esto hablare el Sábado Santo…
Aunque la segunda en nómina del “trenecito”, en aquella Semana Santa sin carrera oficial, en sí, todo el recorrido se le podría considerar así, entonces no tendría sentido y hoy poco más, era la Santa Vera Cruz en su tercera procesión en la Semana Santa, era la que más veces salía en la Semana santa, motivo que hacía que sus filas nazarenas fueran las más nutridas, pero volvemos a la evolución y al modelo, y el modelo ha deparado que aquello hoy sea completamente diferente… el aun rezumante a estreno, trono de Díaz Roncero cedía el testigo al otro cautivo de la hermandad, el denominado “Ecce Homo”, una de las imágenes que la verdad poco han calado en la cofradía y la Semana Santa, con aquella clámide que imitaba a un estofado en oro –dudo que una imagen de serie se le imprimiera tan costosa técnica de policromado, en sí, costaría más que dos imágenes iguales juntas si lo hubiese sido- en lugar de la clámide púrpura, que es lo más lógico, tal como luce hoy día, aunque la escasísima calidad de la nueva policromía halla hecho que goce aún menos de cierto “cariño” popular, el cual portando su caña real servía de perfecto complemento del Jueves Santo para que muchos como yo disfrutáramos un día más de nuestra cofradía… y aun nos quedaban tres más.
Y la Virgen de los Dolores sobre su trono de orfebrería, -vislumbrándose entre la muchedumbre a su veterano andero, mi vecino y amigo de esta casa Cristóbal Núñez, ejemplo de lo que debe ser un cofrade comprometido con el noble arte de pasear a Dios y su Madre bendita- hoy si, luciendo un tupido mar de flor – y su ya entonces bajísima candelería encendida-, rosas blancas para ser más exactos, un “derroche” como dirían en Triana que curiosamente años antes el exorno emulaba más a los frisos sevillanos que a este modo de exorno muy destilado desde entonces, acompañada por el Patronato Santa Cecilia, por ser una de las procesiones oficiales de la Semana Santa, una circunstancia que deparaba que la banda fuese pagada por el Ayuntamiento ya que el mismo iba representado en la procesión tras el último paso junto a la típica estampa de los cinco nazarenos, uno de cada cofradía como símbolo de aquella naciente Agrupación de Cofradías. No puedo dejarme en el tintero la interpretación de la referida banda de la marcha “Sevilla Cofradiera” de Gámez Laserna en la puerta del bar Piñero, se podrían retomar cosas de aquellos tiempos la verdad…Se pueden contemplar el paso de la “cofradía” del Jueves Santo por la calle Antonio Machado en su parte alta y la calle Real desde el balcón del edificio del bar Piñero.

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