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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 23 de julio de 2013

VIERNES SANTO GRANADA

DIOS SE MUERE EN GRANADA...

Este pasado Viernes Santo, estuvo casi a punto de quedarse sin gloria, paradoja del día más triste del año, el día en que matamos al Hijo de Dios, que a los capillitas nos siga sabiendo a gloria, pero al fin y al cabo, su muerte era para traérnosla. Anticipadamente ya sabría que no seria como quizás más hubiese deseado, por unos motivos personales volví a enfundarme el traje de la penitencia –no uniforme como para lo que está quedando-, ese de túnica negra y capa blanca en el que crecí, el que vestí después de más de una década por una simple promesa – a veces pienso que los meses en qué he estado corriendo para perder kilos, era premeditado por Él para que cogiese en mi vieja túnica-, no para mí, sino para alguien que no podía realizarla y quiso que yo lo hiciese en su nombre, espero que su alma se halla llenado más de paz si es eso lo que necesitaba con aquel al que siempre llamaré el “Mostrenco”, pero de esto quizás hablaré en otra ocasión…
Esto me trajo qué, mí siempre deseado objetivo se retrasara –creo que la penitencia no fue poca…-, en lugar de viajar temprano tras la gloria Soberana, lo haría al mediar la tarde para volver a reencontrarme con la diosa Híspalis. Pero por el Gólgota sevillano, un año más al Cachorro se le antojaba que seguiría sin expirar por Sevilla y que por ende el embrujador Viernes Santo sevillano, seguiría siendo una vez más en su dilatada historia, uno de los días más castigados por la lluvia… quizás es que Él se empeña en descargar su furia cuando vio que su Hijo, con cara de gitano de la cava se le ponían los ojos blancos y por ello descargar sus lágrimas por el dolor que siempre le producimos, no hay que olvidar que cada día seguimos matando a Jesús con nuestra poca humanidad…
Pero era Viernes Santo y a ver quién me sacaba de la burbuja, me negaba el irme a echar una copa como me invitaba Óscar, no quería que el Viernes Santo se convirtiese en un maldito día más. Consumiendo cada segundo del día, acudía a la tecnología, con el calor de la cera aun en mi mano, y contemplaba que Andalucía era prácticamente bañada por el agua que caía de los cielos, hoy Dios no quería gloria, parecía… pero me la jugaba, había una especie de claro sobre la ciudad de Granada, y sin pensarlo, prácticamente en una hora podría estar allí para conocer la Semana Santa que tanto le entusiasma a mis amigos Alejandro y Juan Pepe. Un whatsapp inesperado de David Mira, preguntándome por Sevilla hizo que se convirtiera en un nuevo acompañante para ir en busca de alguna Semana Santa, que según nuestras ideas nos tocara el alma, a nuestra manera… mira si fue precipitado que me fui con los zapatos negros del trajede chaqueta utilizados para vestir la túnica con vaqueros…
Y así, con poca lluvia por el camino entraba por esa entrada que tan buenos recuerdos le trae a mi amigo Pedro Soriano, por Recogidas, buscando un imposible aparcamiento hasta que callejeando di con un Parking a espaldas de los Escolapios desde donde saldría ese otro “Cachorro” que nos llenaría el alma. Curioso, cuando me acerqué a la ciudad de la Alhambra  intenté buscar alguna cadena radiofónica que nos guiara un poquito sobre la actualidad del día, porque solo sabía que Escolapios y Favores estaban derramando la fe por las embrujadoras calles de Granada a través de Twitter. Estaba entrando en Carrera Oficial el Santísimo Cristo de la Expiración, la portentosa obra de Domingo Sánchez Mesa, el que ya también ha ocupado un rincón de esta bitácora capillita y el locutor le impresionaba las trazas de su canasto, señalando que le recordaba al del Cachorro de Triana, un paso que curiosamente el otro día alguien me tildó de flojo hablando artísticamente… lo que está claro es que el paso de Bejarano marcó escuela, y el mismo taller volvió a seguir las trazas del mismo para este crucificado granadino… lo cierto es que este detalle pocas veces he leído o escuchado que se destaque, y me hizo pensar si mi entrada, en la cual con el mismo título incidía en ello, pudo inspirar a este locutor para enriquecer su retransmisión…
Otra curiosidad es que, la hermandad del Santo Entierro anunció en apenas minutos que suspendía su estación de penitencia y que volvía a salir, menos mal, podría extasiarme de la Soledad del inmortal José de Mora…







Con las horas cogidas por alfileres, subimos apresuradamente la Carrera de la Virgen, ante las Angustias, en busca de la zona de la Catedral, el objetivo era buscar la hermandad de los Ferroviarios, según el programita que busqué en tiempo record por la red e imprimí para poder contemplar todo lo que pudiéramos del Viernes Santo granadino. Era el objetivo, porque era la primera hermandad en alejarse del centro, y si la encontrábamos al salir de la Catedral luego tendríamos tiempo para contemplar el resto de jornada, eso sí, sin la curiosa hermandad de la “Chías” o Descendimiento, que fue la única que no se echó a la calle. Pero al subir hasta Reyes Católicos, antes había que cruzar la carrera oficial, a la desembocadura de la calle Ganivet por donde venía el “Cachorro de Granada” aunque debido a la masa que se agolpaba a un cruce muy diferente a los rancios de Sevilla - esto parecía más la entrada a un estadio en partido de Champions League-, solo pudimos contemplar la portentosa figura del crucificado alejarse al compás de las marchas clásicas que hacían sonar la banda de la Tres Caídas de Granada, la cual me sorprendió gratamente con su buen hacer, siguiendo esa esencia sobria que utiliza la banda donde se reflejan hasta la saciedad, las Tres Caídas de Triana cuando acompañan por ejemplo al Desprecio de Herodes o la Conversión de Montserrat. Pero el gran momento con la hermandad escolapia llegaría después…
Cruzamos y a los pies del genial monumento de Benlliure se encontraba otro cortejo, que venía obviamente de Santa Ana, a los pies de la calle “más bonita del mundo”, el del Santo Entierro e hicimos una parada para igualmente disfrutar de esta hermandad, pero un enorme parón, casi quince minutos parados nos hizo desistir y buscar al primigenio objetivo, la hermandad de los Ferroviarios… por Gran Vía de Colón llegamos hasta el primer templo de la ciudad donde por un cara Alonso Cano inclinaba la rodilla ante Dios y por otra Siloé besaba la mano de las dulcísimas dolorosas…
Los Ferroviarios ya buscaban su recorrido de vuelta y callejeando sin saber mucho dimos con un lugar para poder contemplar todo el cortejo… la verdad la menor afluencia de espectadores de estas ciudades a comparación de Sevilla des-estresaba bastante la búsqueda de cofradías… pero pronto reconocí el entorno, ante San Justo y Pastor, con el colegio de los “Bartolos” de imborrable recuerdo para mi amigo Pedro  o mi compañero de trabajadera Berna Culpián a dos pasos, llegó el crucificado contemporáneo del granadino Antonio Díaz Fernández, el Cristo de la Buena Muerte, acompasado de la música de la agrupación musical del Dulce Nombre de Granada, al cual interpretó, después de un rato sin reconocerla, la marcha “La Oración en el Huerto” de Agripino Lozano, y es que no entiendo estas “re-armonizaciones” que más bien son re-modificaciones completas de marchas que tal como ya son, son buenas… sobre su paso en restauración y creo que enriquecimiento de talla se marchó este paso, tras los nazarenos con farolillos en lugar de cirios, y portado al estilo del doble varal granadino con algunas ordenes que se alejaban de las más común forma que ha importado Sevilla igualmente a Granada… sin duda este paso me inspiraba a esa típica hermandad que intenta mezclar Sevilla, para mi sin éxito, con las formas que antaño gastaba la ciudad o prácticamente lo que el ingenio les trajo.
Tras Él la dulce Virgen del Amor y el Trabajo en un sencillo paso de palio al compás de la marcha “Rocío” atravesaba la calle San Jerónimo, una Virgen que por cierto portaba una prenda, un saya, realizada y diseñada por estos jóvenes genios que ya han trabajado para mi hermandad, el bordador Jesús Arco y el diseñador y vestidor Álvaro Abril.
Tras esta primera experiencia, buscamos a los Escolapios que también emprendían el camino de vuelta, en si veríamos a todas las hermandades ya de recogía, sobre todo por la hora a la que llegué a Granada, en sí creo que no estuve mucho más de cuatro horas en la antigua capital nazarí. Una plaza de gratos recuerdos para mí, junto a la catedral dibujaba otro marco incomparable del agónico e imponente Cristo de la Expiración bajo la torre de la Catedral… bella estampa, pero con una chicotá bastante lenta al compás de la palillera.




La verdad no se a que se debió eso, si por la cercanía de la entrada de cofradías al templo catedralicio o por el paso de unos ajustado cables, la verdad hizo que buscáramos la plaza de la Trinidad -con dos quioscos, por Dios que demanda…-, es lo bueno de que la bullas no atosiguen… ahí la cuadrilla, de un capataz del que Mondéjar y Joyanes me han hablado bastante bien, José Carlos Torres Milena “Chiqui”, si nos hizo sentir la pasión que casi desesperadamente buscábamos en este aciago Viernes Santo cuando el enorme crucificado mirando al cielo nos pegó el pellizco, a David le decía como había que soñar, que viese un paso así con por ejemplo el crucificado de la parroquia de la Encarnación de nuestro pueblo, el de Palma Burgos mientras la Tres Caídas le rememoraban a las otras Tres Caídas que le dislocan el alma a este joven amigo que conozco desde que nació y que cosas de la vida, con lo “tábarro” que me consideraba su padre con “el tema de los santos”, le ha ido a salir otro simple capillita de cuidado. Que me pierdo, sonó “Silencio” y el Dios escolapio acabó por recordarme que hoy viviría un Viernes Santo como lleva ya años esperando, o casi la verdad… David con la estampa y el sueño en su cabeza resoplaba…. por cierto el exorno floral del Cristo me recordaba bastante al del Cachorro en el Via Crucis del Año de la Fe...
Tras Él me volví a reencontrar con su bellísima Madre del Mayor Dolor, el primer paso granadino que contemplé en mi vida en aquella salida extraordinaria, con su palio que embriagó hasta al ya beato Papa, Juan Pablo II ante las mismas puertas donde Pedro murió boca abajo, no se sentía digno ni de morir como Aquel que caminaba en la noche granadina en busca del Puente Romano del Genil, porque mira si hay paralelismos “cachorristas” que hasta éste cruza un puente para irse para Granada…
Pero Él aun va vivo, sin acabar de morir todavía, para eso había que cambiar de tercio y buscar nuevamente la Gran Vía de Colón por donde tomaría el camino de vuelta la que creo, perdonen pero aún me queda mucho por investigar, la hermandad que lo cambió todo para siempre cuando un tal Pepe Carvajal comenzó a sacar pasos en Sevilla con un tal Manolo Santiago… se permiten repelucos en el alma… casi ná. Curioso, este imponente crucificado, quizás salido de la mano del primer o quizás único maestro del “dios de la madera”, el apellido del arte por antonomasia para Granada… Raxis o más bien conocido como Pablo de Rojas… el maestro de Montañés en Granada. La esencia costalera de Sevilla la trajo el Cristo de los Favores y de aquellos años, la música hispalense se metió por los poros a través de la agrupación musical Jesús Despojado o Virgen de los Reyes –lo mismo da que da lo mismo-, la cual dedicó tres de sus más inmortales marchas a la Semana Santa granadina (Tercera Caída, Consuelo Gitano y Cristo de los Favores)… aquella fiebre agrupacional que vivió Granada en su génesis “sevillanista” se contrarrestó con la fiebre cornetera de los noventa hasta que ahora, en la nueva moda que se respira de mediar los estilos o de buscar aquello con lo que de verdad mejor caminaron algunos pasos, ha vuelto a agrupación musical.



Sobre un paso dorado, ya que estábamos en Granada lo remarcaré, por un nuevo artista para mi hermandad, por el taller de Cecilio Reyes, nos vino con otro gran compás el crucificado del Campo del Príncipe, rincón granadino igualmente de gran nostalgia para muchos de mis amigos, pero no precisamente por su belleza o sus movimientos cofradieros… y venia al compás de aquellos años soñadores en que Sevilla se adentraba por la simpar y genuina, de tintes árabes, ciudad de Granada, la música de Eritaña pero interpretada por una banda que reside lejos de Híspalis y que quizás sea la de su género más admirada en la cuna de las agrupaciones. Aunque a mí me choca muchas marchas de este género tras un crucificado, es de recibo admitir que la cuadrilla de los Favores le daba un sabor especial al sonar de la Pasión de Linares que nos regaló en la revirá una marcha que sin duda le encaja perfectamente a este paso… “Reo de Muerte” de Nicolás Barbero. Se alejaba el paso dorado, de altos candelabros –algunos eruditos opinan ahora que este tipo de candelabros restan visibilidad a un crucificado- y entre los músicos de Pasión vislumbraba a un paisano que según expresa él, Edu, está viviendo un sueño de ser componente de Pasión de Linares. Me alegré de verlo allí en esa burbuja a la que yo hace diez años marché, cuando él era apenas un niño que tocaba el tambor conmigo en la “banda de la cruz” y yo busqué un sueño que en nuestra casa no nos daban y que once años después sigue invitando a muchos a buscar por ejemplo en Linares este éxtasis que produce esta manera de hacer cofradías… sin duda abrí la senda, ojalá algún día sirva para algo…
Después llegó uno de los mejores pasos de palio de Granada, que curiosamente compartí con la compañía de un viejo amigo, que conocí curiosamente en mi etapa de músico en el Rosario de Linares. El amigo Chamorro me acompañó en la revirá de la “Greñua”, la Virgen de la Misericordia de vuelta al Realejo, una de las Reinas Coronadas de la ciudad bajo un espectacular paso de palio, diseñado si no me equivoco por Manuel Guzmán Bejarano. Ahí me prometí que la magna mariana de mayo sería un placer único para contemplarla, pero al final no pudo ser, seguramente me lamente de por vida…
Tras el discurrir de la hermandad de los Favores buscamos la puerta del Perdón de la catedral para contemplar salir a la hermandad del Santo Entierro de su estación de penitencia. Mientras salía el cortejo fúnebre comenzó a llover levemente pero casi sin cesar, lo que provocó otro parón como el de horas antes. Al final taparon el paso de la Urna y el de la Soledad al pie del Calvario con unos plásticos encaminándose rápidamente a su templo, lo que nos privó de contemplar los pasos en su magnitud y prestancia, solo vimos unos bultos de plástico andar… perdonen la calidad de las fotos, la prisas dejaron nuestros móviles como únicas cámaras para retratar los momentos de pasión y la calidad, la verdad, es pésima, pero menos es nada… y de videos, la verdad YouTube está escasa, aunque me llevé la cámara, estaba penas sin cargar la batería y solo pude grabar a Ferroviarios y algo de Escolapios.



Por lo vivido decidimos buscar alguna recogía de Escolapios o Favores, pero la lluvia hizo que las hermandades aceleran el paso. Por la televisión de un bar en la plaza de las Pasiegas veíamos al Cristo de la marcha de Antonio Velasco entrar apresuradamente en San Cecilio y a los Escolapios los teníamos que buscar por narices por el coche. Casi corriendo, con el deslizante suelo del Paseo de las Angustias que casi hace que nos la pegáramos, llegamos hasta San José de Calasanz donde ya estaba casi para entrar la Virgen del Mayor Dolor entre una triste estampa de paraguas abiertos, pero ante el gentío decidí poner fin a esta ajustada y ajetreada primera experiencia con la Semana santa de granadinas maneras, volviendo a realizar un viaje en la noche con rachas tormentosos, pero esta es la Semana Santa que me ha tocado vivir, porque es la que siento, que aun así me hacía quedar con David para en la mañana temprano hacerle cumplir un sueño, ver a su Moreno y Morena de la calle Pureza por las calles de Sevilla…

Este año, volví a vivir un Viernes Santo, y fue Granada donde Dios decidió morirse…


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