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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 22 de julio de 2013

EN EL MAR DE TUS ESTRELLAS... CARMEN DE ANDUJAR.

Sin duda cuando llega el mes de febrero, marzo, abril… el alma se me altera, antes incluso de que como dice el dicho, llegue la primavera, aunque bueno aquello es con la sangre… es lógico, comienzan las vísperas de mi tiempo mejor, “es la hora pero no es la hora…”, comienzan los primeros contactos con el fabuloso arte de portar a Dios, porque para nosotros es eso, con alma de madera, barro o escayola, pero en los materiales están Él y Ella, aunque no sea en forma eucarística, para así lo sienten los sencillos. Cuando pasa la Semana Santa comenzaba siempre la eterna espera, más en estos meses que es cuando todo inspira a ver la semana de Dios lejos, ni las procesiones de gloria podían llenar ese vacío…
Pero en poco más de un año, para mí, todo ha cambiado bastante. El año pasado ya lo comenté, que julio solo sabía a feria, fiestas como decimos en mi pueblo y en todo caso a playa. Que lejos quedaba el aroma del incienso, que extraño hasta a veces solo pensarlo. Pero todo hasta la fecha ha cambiado para mejor. El año pasado fue la toma de contacto, este año, así lo he sentido, ha supuesto el asentamiento, como costalero de Ntra. Sra. del Carmen, de la humilde barriada de la Lagunilla, junto a la plaza de toros de la vieja Iliturgi, la ciudad, entre otras muchas cosas, “costalera”, de Andújar…
Con la “tranquilidad”, este año, de encontrarme en vacaciones forzosas, comenzaron los ensayos de los viernes veraniegos, donde las cañas de los pantalones remangás iban más allá de los típicos tópicos, dentro de esta vorágine estética de costalero de afición antepuesto al de devoción… tópicos y escusas, la cañas subían porque hace calor, mucho calor, y para ello aunque vaya en contra de la pureza estética –inventada hace dos días-, el ensayar en pantalones cortos e ir en tirantas sin camisa que te cubra de cualquier hipotético frio, se ha convertido en una nueva esencia de mi vida cofradiera. Una nueva forma y un nuevo tiempo de saborear la gloria, y por qué no, de seguir sintiendo que “es la hora y no es la hora…”
Pero llegó otra hora, la de sacar a la Virgen del Carmen, y como Ella me ha llamado por segundo año, comprendí que ya teníamos que ser más si cabe unos más, porque en esta nueva travesía me sigue acompañando mi amigo Félix, porque en si él fue el instrumento que utilizó la Carmencita para llevarme bajo sus plantas.



El y sin duda otro motivo, se quiera o no se quiera, aceptar, admitir… pero sin duda la Virgen del Carmen de Andújar tiene un eslabón enorme y grande unido a su caminar a su ya reconocida esencia –alguna publicidad también le damos-. Hoy día hablar y escuchar en cualquier lugar hablar de la Virgen del Carmen y su procesión del 16 de julio en Andújar, no puede ir desunido a la figura de su capataz y alma mater para que con humildad se pasee con categoría y elegancia suprema, y en este punto no estoy hablando de la excelencia costalera, yo sigo sin entender de eso, me refiero al sentimiento que desprende contemplar el esfuerzo sacado desde las catacumbas de la humildad para hacer algo tan digno y que a la vez provoque tanta envidia, sana para mí por supuesto, mala pues seguramente los halla que la tengan, pero así es el mundo, algo que aun a mi amigo Rafa, con tantas experiencias y años a sus espaldas es lo que le sigue agarrando el cuello de la decepción…
Pero él sigue de frente, como le gusta los pasos, con la puntera alta, comiendo calle al son de los palios, porque sin duda se palpa que los palios es lo que le mueven el alma, aunque claro, un capataz debe de saber mandar cualquier paso, y este paso, aunque de gloria lleva la esencia de los palios, y la alegría de las glorias. Alegría pero con finura, que disfruté cuando marchas como “Rocío”, “Coronación de la Macarena” o “Triana de Esperanza” se pedía una y otra vez elegancia, templanza, se intentó, seguramente se puede hacer aún mejor, pero se consiguió que la gente de abajo disfrutara lo que no se puede ni escribir, y lo que no se pude describir en esta vida es la elegancia, y me sentí bajo la Carmela, un elegante, como los buenos toreros, como dirían los más finos y refinados taurinos. Nos faltaba chaqué para que la faena hubiese sido digna de los más suculentos paladares.
Vestidos de blanco, que me gustó esta estética costalera, esa pureza para la que nació sin mancha, la que cierto día nos prometió su intercesión en el purgatorio del otro mundo, y del de este, porque Ella también nos hacía bajar demasiado, lo necesario, hasta podríamos encontrar un guiño a su misión celestial cuando la peana se introduce en las tinieblas, aunque las mismas sean las bodegas de la gloria donde los kilos, más o menos, qué más da,  caían como la misma gloria. Si el año pasado me pareció duro y muy sofocante sacarla por la rampa de la iglesia de Santiago, este parecía que la Virgen nos iba acariciando las rodillas para que el dolor apenas se sintiera.



La Estrella de los Mares convertía los sembrados en un imaginario e inmenso mar. No hace falta la verdad el marco costero del mar para pasear a la “Stella Maris”, por “ese mar de sus estrellas”, como dijo en una levantá su capataz, que paradójicamente se convierte el embrujador barrio por donde se la pasea cada 16 de julio, que sin ser un día festivo, un día laboral cualquiera siempre llena su recorrido de los iliturgitanos que tienen quizás a su segunda gran gloria de la ciudad, gracias al nunca pagado trabajo de este grupo de personas con esta devoción, donde sin duda el insuflo de las ideas de Mondéjar se palpan por los cuatros costados, que envidia amigo que haya gente que confié en ti y te deje guiar, no solo a tus costaleros, por eso eres ejemplo para mí, por eso que poquitos pueden hacer callar, porque si no como diría nuestro Señor, hablarían hasta las piedras. Ya le distes un vuelco al día grande de la Morenita en mayo, con muchos más recursos, aquí con menos haces o hacemos también un día grande y especial.
Cómo explicar, cómo hacer entender que el alma costalera puede engrandecer tanto, el triunfo de la estética al servicio de la fe,  parecía que estaba premeditado cuando a la salida sonó ese himno al “Hermano Costalero”, o por qué no decirlo, al costalero de afición, cuando la Reina del Monte Carmelo reviró en busca de la cuesta con “Hermanos Costaleros” de Abel Moreno. Que sensación más dulce subir la cuesta con aires macarenos, Abel Moreno por partida doble y su “Macarena” y el maestro Braña con su genialidad para la coronación de la Señora de San Gil… que tendrás Macarena, que tendrás… que el ímpetu subió de tal forma que algunos parecía haber nacido en la calle Parras… Félix me decía que ahí sintió que ser costalero de palio también tiene que ser otra delicatesen… con el corazón les digo y no les exagero que en ningún momento sentí la pendiente de la empinada cuesta de Muñoz Seca, en todo momento tuve la sensación de caminar en llano, las cosas de Maria…
Es curioso que este año no han salido nadie bajo sus plantas venidos de Linares, cuando el año pasado estaban un buen numero, uno de ellos, es el amigo Diego Reche o Salvador Porcel, que por motivos de Salud este año no han podido disfrutar de ser costaleros, y de la gracia que supone que para ser costalero, además, y sin duda lo primordial, se tiene el privilegio de llevar en lo alto, sin duda rebosante la fe a, en este caso, a la Madre de Dios. Rafa como me sigue demostrando es un señor y una persona que si mandara pasos como desprende cariño, estaría hoy mandando los mejores pasos de Andalucía. Por ello hizo que le pegásemos uno de los grandes “bimbasos” a la Virgen en honor de un “carmelita iliturgitano” nacido en la tierras de las minas, sin duda fue de esas levantás que te hacen volar… para Diego Reche que eso si no falto a su cita cofradiera y fotográfica. La Banda de la Paz de Marmolejo, con su humilde pero preciado sonar, nos traían recuerdos de la “Palomita de Triana”, en la calle nueva caían los kilos en los costeros, que este año me ha tocado disfrutar de la caricia del faldón marrón de la gloria carmelita. Cuando el paso se plantó en una revirá de “tornillo” al compás de “Campanilleros” en la Corredera de Capuchinos, a Félix y a este servidor se nos preguntaba si el paso iba solo, sería que en Andújar se ve extraño a un costalero simplemente reponiendo fuerzas en un bar, y cenando algo, que aún no se había comido, bueno solo llevábamos un “néctar isotónico del costalero” que si recuerdan ya dije también es necesario para tirar de los kilos para arriba, con más brío y más alegría… si ya lo dijo hasta Bienvenido Puelles, que en su vida solo conoció a un costalero abstemio…






Con “La Macarena” de “Francisco Dolores” se reviraba, ya nuevamente debajo para entrar en San Lázaro, sin duda la calle del recorrido, bella, con sabor a pueblo andaluz, de luz tenue y piedras con sabor a Santuario del Cabezo. Emotivas palabras de Crespo para subir nuevamente a la Carmela al Reino del Niño que lleva en brazos, dándole más sentido a mis afirmaciones, hablar del Carmen de Andújar es sinónimo para muchos de Mondéjar, guste o no, pero solo les digo que estas palabras de este su costalero desde hace varios años, siempre eran para hacernos entender que Rafa nos intenta transmitir que un costalero no es un mulo de carga, sino el privilegiado de acercarnos a través del costal a Dios y a su Madre Bendita. Se hacia la música, y algunos se emocionaban, estos parecía más bien que habían nacido en la calle Pureza, recordando a la otra gran Marinera… sonaba “Triana de Esperanza”, “que Ella también es marinera” y mis sentimientos se elevaban a grandes cotas, me traía recuerdos que me erizaban el vello, seguramente una Baratillera quería trasmitirme lo que aquel día sentían sus costaleros bajo sus plantas, que tanto me emocionaron para que yo lo sintiera en otro sitio y con otra cara, pero la misma Madre al fin y al cabo. Llegó el momento del acto de proclamación del pregonero para el siguiente año y nuevamente se hizo los acordes almonteños de Joaquín Turina –por cierto, una marcha mustia, no le vendría mal como contra punto a la gloriosa salida- a través de los compases de Vidrié para enfilar el culmen de la travesía veraniega de este segundo tiempo mejor, que tal como dije del tiempo cuaresmal y semana santero, me volvió a introducir en esa burbuja donde se olvidan los pesares, los problemas y todo sabe a verdad, hasta que al final la vida nos vuelve a dar de bruces con su difícil chicotá a recorrer…
Como diría la canción del costalero, me tocó llevarla hasta su portal, en la fresca noche, porque este año a mí me dio la sensación de que Ella nos endulzó el ambiente, quizás con esos “Aires de Triana”, como nos inducia la música para llegar a la rampa que nos cierra, como digo nuestro ya segundo tiempo mejor, un tiempo que no nace en mi como simple afición de sacar y sacar pasos, por ello podría estar todo el año en la burbuja, pero es que a veces al ser humano, también le gusta eso de esperar para luego disfrutar más, y no hacer todo tan cotidiano, y que mejor que haber entrado en esta experiencia de ser costalero de la glorias y con una gloria que sabe que Ella podría conformar todos los ingredientes para sentirme como en familia y muy realizado. Subía el paso la rampa, rodilla a tierra y a mí me hacía soñar que ojala pudiese llevarme el paso y contar con la cuadrilla para la siguiente gloria de la que debería disfrutar, pero sin duda desde otra perspectiva muy diferente, y por qué no decirlo, no tan embrujadora, claro para mí, que todo hay que recalcarlo hasta la saciedad.






Acabó una procesión letifica, sin duda sobrada de gloria, todos coincidían en que este año había sido especial, la verdad no lo sé, pero sin duda se sentía eso, mientras nos comíamos unos aperitivos y unas “rubias de cuerpo curvado” charlando siempre con nuestro alma mater, nuestro mejor cicerone en Andújar, sin duda es un honor que un maestro nos reciba con tal entusiasmo, éste que les habla que no es nadie en este mundo, esa es la grandeza de mi amigo Mondéjar, aunque yo creo que de mandar pasos y algo más también sabe… con la sorpresa de conocer a su hijo, llamado Gonzalo,  enamorado de la Morenita del Cerro y que como su nombre indica, con orgullo para su padre fue presentado en su día ante el Soberano del Tardón, como Gonzalo que es ante el San Gonzalo más conocido del mundo, porque allí vive quien vive…
Gracias a todos, por llenarme este largo verano de espera, de Dios, de su Madre, de buen corazón, de hacerlo junto a mi amigo Félix y poder sentir que en la tierra hay más benditos “locos de los santos” como Rafael, sin olvidarme de Jesús Joyanes, nobleza a raudales bañado de una campechanería de las que a mí me gustan. El año que viene si Ella lo quiere más, y solo te pido Madre mía, que sea como mínimo como este año.



Fotos: Oscar Ortega y Diego Reche.

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