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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

domingo, 28 de abril de 2013

DOMINGO DE RAMOS SEVILLA (I).


DEL ÉXTASIS AL PARAGUAS...

Cuando se presentaba una placida espera cuaresmal de los días grandes, donde sin ningún tipo de temor y sorpresa poco deseada se esperaba el ansiado sueño de volver a adentrarnos en un reluciente Domingo de Ramos entre el reino de la diosa Híspalis, en un tiempo que recordaba la cuaresma de 2010 si no me equivoco, es decir días y días de lluvia que en aquella ocasión se abrieron en un sin cesar de llover sobre mojado pero que para el domingo más esperado para gloria del alma capillita, el triunfo del cielo color Purísima tan solo derramó la tranquilidad y la gracia de vivir una Semana Santa como gusta y merece, como las corridas de toros, con sol y moscas.
Esta cuaresma también llovió, más bien demasiado y me trajo la noticia de que Sevilla este año no iba a poder ser cuando quizás antes que nunca ya estaba todo más que atado. Incertidumbre y unos cuantos tirones al poco pelo que me queda en lo alto de las orejas hicieron que hasta el último momento este mero y simple capillita pudiese disfrutar de lo más grande que tiene en su vida junto al amor a los suyos, incluso a aquellos que no me “aman” como yo creía que yo los “amaba”… pero Dios me quiso conceder que paseara cogido de la cintura junto a la única “mujer” que hasta la fecha me ha entregado y  ha vaciado todo su amor en mí, y no sé si habrá que pagar un alto precio por ello, solo le pido al Galileo más bendito entre los carpinteros que con esto me conformo, que con tan solo vida y salud para poder ganar el pan de cada día más mi ración de esa bella moza con la que caminé las calles de Sevilla completamente enamorándome más si puede cada día… Yo no le pido más, los míos, quien me quiera querer y mi  Semana Santa de Sevilla.
Pero el Domingo de Ramos no amaneció azul y ni siquiera para ir en manga de camisa… por las tierras del Santo Reino era el Domingo de Ramos menos deseado, gris, lluvia, asfalto muy mojado y frio, pero había que partir hasta el otro extremo de esta tierra donde sin duda tiene que vivir Dios, porque Andalucía, aun con todos nuestros incontables defectos, me sigue sabiendo a gloria, y en ella es donde debe vivir el ser, si es que se le puede calificar así, más poderoso y maravilloso de todo lo que la mente humana puede llegar a imaginar.
Este servidor emprendió el viaje que quedará para la posteridad del año de la fe de 2013 con Cristóbal, Óscar y un nuevo fichaje para la historia de nuestras incursiones gloriosas por las calles de Sevilla en Semana Santa, si es que decir Sevilla solo me puede sonar siempre a Semana Santa, la que le intentamos mostrar a Fátima. Y este año ha sido el de las nuevas experiencias, como cambiar nuestro cuartel general, algo en lo que hemos ganado una barbaridad, desde Camas al epicentro de Híspalis, entre la plaza del Museo y una calle para sentirnos más en casa, la calle Bailén, por ello este año por ejemplo he pisado tan solo una vez Triana, pero eso fue más adelante, cuando acabe el desglose emocional de este primer día. Así el coche durmió todos estos días en el Duque y con ello cambiaban mucho los objetivos marcados con tal antelación que aun casi sonaban los villancicos.


















Estas circunstancias quizás surgieron así, porque el Señor quiso que lo hiciéramos quizás de la forma más acertada aunque el Domingo de Ramos se convirtiera en una jornada de indecisiones. Éste que quería ver salir La Hiniesta, decidió, aunque siempre consensuado con mis acompañantes, que van donde ellos más quieren aunque no lo crean, que había que volver al origen del año anterior, a la plaza del Salvador a ver salir la Borriquita. Se abría el cielo de Sevilla, que parecía querer emular ese lema allá por San Julián con aquello de “azul y plata”, el cartel de la Semana Santa de Nuria Barrera ya se había hecho realidad allá en el barrio del prospero Porvenir, La Paz estaba en la calle y los meteorólogos decían que podría haber un Domingo de Ramos sin problemas, aunque cuando llegaba la banda del sol a la sinigual plaza que preside el viejo maestro de Alcalá la Real comenzaba a caer unas escuetas gotitas de un cielo más azul que matizado de algodón de plata…
Hacía calor, y quizás el abrigo, la primera vez que me lo pongo allí en Semana Santa sobraba como debería mandar la tradición. Tras la Semana Santa me decía Félix, gran ausencia este año que como me extasié el año anterior en la recogía bajo la noche quería  verlo en el día, y el cómo debe de ser… no lo pensé así exactamente, los planes de ultimísima hora me llevaron allí, queríamos ver algo nuevo y la salida de la Borriquita aun no la había contemplado como manda el que baja la rampa sobre un borriquillo, el Cristo treintañero que entra a la Jerusalén de Sevilla hecho un chiquillo.
Este año fui preparado de radio para disfrutar del Llamador de Canal Sur, aunque luego está visto que como no sea para algo importante y extraordinario –que también ha habido por desgracia esta Semana Santa- la retransmisión a veces se convertía en aburrida y era mejor apagarlo. Así comencé a visualizar las áureas andas asomando a Sevilla, despertándola a su fiesta más grande, abriendo sus ojos que aún me tenía que pellizcar para sentir, que los años se hacen cortos y que ya estábamos en Semana Santa y en la que queríamos, metidos en esa burbuja que narraba hace unos días Félix Machuca. Las campanitas eran un preludio más cuando entre los arboles emergía los ciriales y la enorme palmera,  entre las hojas resplandecían los clásicos bordados tan afines a estas hermandades de solera desmedida. El capataz José María Rojas Marcos invitaba al reportero que le apartase el micro para no entorpecer su trabajo, y así apareciendo el dulce semblante del Dios de los niños, quizás ese Dios que prefería Machado en sus versos, mucho más que el que horas después debería caminar crucificado proclamando aquello que un nazarenito revelaría en el palquillo de la Campana… “a Dios por el Amor”. La retrasmisión hacia que pareciese que estuviese viendo más bien un video que vivir la realidad y por ello resolví quitarme el pinganillo al instante, para sentir el arte efímero que sólo queda grabado, y de la mejor manera posible en la memoria.
La esencial estampa se volvía a recrear, la Borriquita y el Sol marcando marchas clásicas para bajar la “rampla” donde juegan los niños, como manda la idiosincrasia del pueblo.  Los más enamorados del mundo de abajo, no me invitaban a esta experiencia vista tan solo desde la óptica costalera, pero he decir que a mí por lo menos me encantó, mereció la pena estar en esta estampa casi costumbrista de la Semana Santa de Sevilla. Ni culeó y el costero no se fue ni un ápice, y creo que bajar esa rampa haciendo eso no tiene que ser “moco de pavo”. “Cristo del Amor”, “Siete Palabras”, “Cristo del Perdón” marcaban el sabor a lo antiguo, mientras el astro rey hacia brillar el canasto salpicado de jacintos y clavellinas rosas. Detrás el Sol musical llenaba la plaza de la emoción de la primera y Óscar me invitaba a explicarles, mas bien a Fátima que comenzaba a sumergirse en la que ayer llamé la universidad donde se moldea la sabiduría, que o quien era el niño con hachita subido a la palmera. Zaqueo se movió al compás de la cuadrilla, ya encarando el paso en busca de Cuna sonó una nueva marcho de sonidos evocadores a la escuela del maestro Escámez. “Ntro. Padre Jesús Cautivo” era la siguiente marcha, que al llegar a una parte de la misma me indujo a comentarle a Óscar que se quedase con esa melodía. Esa melodía que las antiguas bandas de mi pueblo tenían como una de sus escuetas marchas y que quizás a él le podría reportar a nuestra niñez, como conmigo hizo, algo que dentro de un tiempo espero también poder hacerles revivir con unos videos que estoy preparando. Pero para eso aún queda, o eso creo, por ello sigamos por Sevilla…
Se había abierto la caja de los sueños, éramos partícipes del quizás “espectáculo” más grande del mundo que es pasear con arte mientras a la vez se le reza al Dios de todo lo creado hecho carne y a su Madre bendita. Había que seguir, había que volver a dibujar laberinticos recorridos buscando la gloria, y quizás corriendo como siempre si se quiere la gloria más intensa, para alcanzar siempre ese punto que deje huella en el corazón aunque a veces se haga imposible. Así ocurrió en nuestra siguiente estación, buscando la plaza de la Magdalena en busca de Jesús Despojado, porque hay que decir que el Domingo de Ramos comenzó como debiera comenzar, es decir La Paz, La Borriquita o más bien la primera parte del Amor, Jesús Despojado, La Hiniesta y La Cena estaban derramando arte y devoción por la vieja Híspalis. Al misterio del expolio y profanación mundana e humillante de las vestiduras de Jesús, es decir el Despojado, lo encontramos llegando a la que es en verdad en las oficialidades la plaza de Magdalena. Desde Méndez Núñez y algo alejados por la bulla llegó el misterio que poco a poco comienza a evocar estampas pasadas, las de los ochenta de la pasada centuria, mucha culpa de ello ha tenido la vuelta de la que en el génesis fue su banda, Agrupación Musical de Ntra. Sra. de los Reyes con su siempre e inconfundible estilo y apuesta musical más cercana a una banda de Semana Santa que a otras ideas más perfeccionistas de la interpretación musical. Se agradeció la corta chicotá, en tan poco margen de visualidad anduvo la marcha “Santa María de la Esperanza” el Cristo de los vecinos de Molviedro, que acertadísimamente le están “terminado” su paso, y digo acertadamente porque aunque desde mi posición poco pude contemplar, si he visto por fotos o videos lo que está ganado estas andas con la concepción inicial que ideó el maestro Antonio Martín Fernández, donde las partes de talla o no lisas deberían ir doradas. No fue el lugar más embrujador y ni la situación mas privilegiada, pero todo no puede ser, así que marchamos rápidamente a la plaza donde se alza la iglesia de la Magdalena para contemplar el primer pellizco que levanta la magia de la Madre de Dios…










Sol y mucho calor entre nubes de incienso traía el palio decimonónico del antiguo “Compás de la Laguna”. La singular y también bella, porque hay muchos tipos de belleza, de la Virgen de los Dolores y Misericordia nos llenaba el oído de la primera música de palio, el que se movía para deleite de nuestras miradas. Palio emergente de los últimos años, que casi peina los cien años su construcción desde que el techo y las bambalinas interiores de las Antúnez cambiaran de casa en el mismo barrio del Arenal. Palio de reminiscencias clásicas o de finales del XIX para una hermandad de barrio al estilo de los emergentes años ochenta como dije. Un trabajo que se veía finalizado con el estreno, este año si, del manto que se enredaba como al primavera, primavera romántica eso sí, entre la Virgen que es consolada por el discípulo amado que aún sigue cediendo su puesto a una hipotética María Magdalena… y digo yo, que después de lo del Plantinar, porque no plantearse la idea inicial como están haciendo en las andas cristíferas… llamaba poderosamente la calidad de banda que llegó como suele pasar por este enclave con “Virgen de Monserrat”, gran banda de Moguer –está visto que para estas el “ombliguismo” de Sevilla no actúa como con las bandas de los Cristos- que despertaba la curiosidad de todos por sus vestimentas, donde parecían que unos cincuenta o más, la verdad no los conté, novios iban en busca de sus prometidas o que se habían juntado todos los que sueñan en Sevilla en vestir de pingüino para el pregón de los pregones…
Dos cofradías que ya quedaban para los anales, hacía calor y el tiempo soñado, solo bastaba vivir el presente, el futuro se llamaba Puerta del Arenal y Hermandad de la Paz, para mí una corporación de categoría, digna de ser considerada de las grandes de la jornada y con un todo que se hace indispensable para mí en la Semana Santa. Pero al llegar hasta allí por Castelar el barco donde el Hijo de Dios comienza su Victoria recibiendo con los brazos abiertos los pecados del mundo, ya había pasado y un dato significativo, el sol se había marchado. Y vuelta a empezar, y a buscar el barco del Porvenir con su zancada poderosísima, también otro de los pasos abanderados de los agrupacioneros. Llegamos al andén del ayuntamiento, en la revirá donde ya habíamos vivido experiencias similares. Los nazarenos que levantan la pasión del primer encuentro con la explosión final de la espera llegaban acompañados de un cielo bastante oscuro, que nos oscurecía hasta la ilusión, eran las horas en que se anunciaba posibilidades de precipitaciones que podrían ser flojas, o, y como estábamos en las puertas de la primavera; devastadoras. Les digo que de una manzana a otra pasamos del sol y el calor al cielo encapotado y frio y comenzó a caer una gotas, y unas cuantas más gotas, y más y más que sin duda, en instantes se cargaron la ilusión de todos los que entusiasmados buscamos a Dios y a su Madre por las calles de Sevilla.




Pronto hizo falta la radio… ¿sería un susto o un amargo trance? Así vimos venir el portentoso paso de la iglesia de San Sebastian, con esta singular iconografía, y tristemente volvíamos  a ver al Hijo de Dios con un capote, el Cristo de Illanes se cubría de las aguas, que ¿Por qué no? Mandaba su Padre. En su demoledora mirada de angustia y resignación al cielo, pareciese que le iba contando a Dios que fuese su voluntad, pero porque otra vez… la lluvia iba “in crescendo” y resbalaba largos regueros por el desnudo torso de ese sayón que equivocadamente muchos definen como Simón de Cirene. El capote tapaba la nueva túnica bordada en oro y los hombres de Antonio Santiago buscaban una especie de arco que hay en el ayuntamiento donde refugiar el paso que venía al compás de “La Santa Espina” mientras el gorro se movía por el aire descubriendo la cabeza del Señor. había comenzado tan maravillosamente el Domingo de Ramos que ni pensé en echarme un paraguas, por ello cuando el Señor estaba ya a salvo comenzó verdaderamente casi a diluviar, éste que les habla sin paraguas y hasta los arbolitos llenos de personas que casi me hacían meter la cabeza en paraguas ajenos.
Que decepción, que incertidumbre, que no saber qué hacer, y encima estaba empapado mientras los nazarenos de la hermandad continuaban impasibles en su lugar poniendo su inmaculada túnica empapada, que ejemplo, ¿a quién se le puede borrar esa imagen? Una lección más de la universidad donde se moldea la sabiduría… aunque acertadamente me decía Cris que el nazareno es el gran olvidado en esta historia, y que estas cosas alguna día pueden hacer que nos lamentemos cuando se puedan volver a ver los Senatus junto a los pasos… para el que no me entienda: poca participación de nazarenos, ya que el Senatus es la insignia que abre los segundos tramos de las hermandades y por ende los más alejados del único o primer paso de las cofradías.
La radio volvía a ser imprescindible y nos comunicaba que La Borriquita volvía al Salvador desde Sierpes, que el Despojado atravesaba literalmente la Campana en busca de la Anunciación y que La Cena y La Hiniesta se volvían aun inmersas en sus salidas, siendo ésta última sin haber salido aun la Virgen a la calle… un año más no quiso derramar sus lágrimas por Sevilla esta bella moza de San Julián. La blanca entre alardes goticistas “Jardinera del Porvenir”, la Virgen de la Paz también se refugiaba bajo un arco, en esta ocasión en el del Postigo del Aceite. Todo se detenía, y solo nos quedaba incertidumbre salpicada de una espalda empapada lo que nos hizo volver al hotel para cambiarnos, he ahí el gran acierto en la búsqueda de nuestro cuartel general, si hubiésemos estado en Camas, nos hubiese costado más ir hasta allí y luego volver –con lo que podría haber acarreado echar todo el día mojados-. La comodidad en este sentido ha sido extraordinaria, tras el cambio de ropa nos hizo echarnos otra vez a las calles, solo nos quedaba eso, a ver que podría ocurrir con las hermandades que aún tenían que salir, si se volvería a salvar el Domingo de Ramos como el año anterior y de paso comprar, a nuestro pesar, un paraguas. Así se cerró esta primera parte del Domingo de Ramos, cuatro pasos de nueve posibles, si hubiésemos ido a San Julián o los Terceros hubiesen sido uno o tres, creo que las opciones fueron las más acertadas, pero la historia continuó y llegaron muchas más cosas que contar, porque la Valiente parece ser que nunca tiene miedo…


CONTINUARÁ…
Fotos: Óscar Ortega Padilla.

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