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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

viernes, 19 de abril de 2013

¿DE QUE VIENEN HABLANDO EL SOBERANO Y CAIFÁS?


Aunque aún me queda un poco para comenzar a desglosar mis vivencias por Sevilla, en un año complicado, donde temí que no volvería como en los últimos años, pero bueno que ahí queda para el gozo de la vida, les hablaré del Lunes Santo y un encuentro especial con San Gonzalo. Pero no será una vivencia mía, sino la de dos amigos, Óscar y su novia Fátima. Mi “alicates” querido me ha “salvado” la belleza de estas crónicas para este año, gracias a la gran cantidad de fotografías que fue realizando con la gran cámara que atesora su móvil, un regalo de Fátima por cierto. En el móvil quedaron los testimonios de este encuentro en Triana, que llegaron a mí pero que no me servirían… a esa hora, no sé, estaría por el Arenal o el Duque,  pero… ¿porque no contarles lo que pudieron vivir y lo que grabó en la memoria de este regalo de Fátima?
Oscar me ha acompañado en Sevilla hasta el Miércoles Santo, viviendo pues momentos dignos de alcanzar la gracia divina, quizás esto solo podemos vivirlo los cofrades o capillitas. Fátima por razones de cultura y el hábitat donde ha nacido, pues es evidente que alcanzar esta mística que sentimos los andaluces de manera tan especial, le resulta complicado e incluso hasta tenebroso, más de alguna discusión han tenido por esto. Ella amante de la tecnología como Óscar, hace que en este mundo se entiendan a la maravilla pero ¡ai! del cofradiero… pero él en valentía quiso regalarle un día cofrade y no en una plaza cualquiera, en Sevilla…
Seguramente algo negativo que se haya podido llevar esta madrileña sin duda ha sido las bullas y los agobios, y no es que Sevilla siempre sea así, es que fue con unos jartibles de cuidado. Pero creo, y así Óscar me lo confirmó que algo le había tocado en el alma, que ya habla de estas cosas desde otro “tono”. Su novio seguro que quiso incidir en que no se fuera el lunes con las “manos vacías”. Y como el lunes a media tarde salía el Ave que la devolvía a Alcalá de Henares, allá por el Polígono de San Pablo, Óscar tomó la decisión de partir hasta el Tardón, quería que no se fuera sin conocer al Soberano de Triana…
Y ya sabrán, y ya les contaré, fue un día valiente que acabó triunfante. Orgulloso esta mi buen amigo –y yo de él- de poder haber ido a los sitios solo, sin mi guía señalando el horizonte de la gloria. Y como son de paladar exquisito llegaron hasta San Jacinto para que Fátima se fuera con el especial sabor a adobo de Sevilla hasta las tierras del oso y el madroño. Y como la bulla no la convenció el día anterior, desistieron de acompañar a la legión de linarenses, Félix entre ellos, que buscaban el final blanco de azahar de Triana para encaramarse tras el dúo del bien y el mal por antonomasia en la vieja Híspalis…
Y como el año pasado si hicimos –yo desistí de ir por razones “meteorológicas”- se acomodaron  en la puerta donde vive el zapatero más sobrao de compás y de la Estrella más guapa del firmamento… esperaban saludo, pero aunque el día se salvaba, San Gonzalo decidió posponer, quizás demasiado, lo que les apretaba muchísimo el tiempo antes de buscar la estación de tren, pero el Soberano y la Salud salieron…
Y por ello Óscar le mostró a Fátima como esas “estatuas” llenaban la enorme calle San Jacinto de calor humano, mientras una serpiente blanca se aproximaba, y su cabeza, bendita cruz de la salvación saludaba a la “Valiente” del día de anterior, valiente de siempre. Y llegaron los nazarenitos y los diferentes tramos sorprendían a Óscar con su espectaculares insignias, quizás le decía que eran de Garduño, que ese señor fue el que la armó gorda, pero gorda de gloria en Linares… y al abrirse el portón vio como una bacalá la sorprendía y él se sorprendía cuando ella llamaba a ese “artilugio” de tela por su nombre… “pedazo de bacalá”.











Y ellos tan acostumbrados a ver famosos en Madrid, verían al famoso más famoso del barrio León, un año más Cesar Cadaval acompañando a su Soberano Poder, con su sonrisa, no me extrañaría que en alguna ocasión le cuente al Señor un chiste para hacerle reír, porque Él venía serio y a la vez dulce, su mirada se clavaba eterna y a la vez coloquial, como si fuera un vecino más que te saluda o te da los buenos días cada mañana, como dijo aquella señora al sinvergüenza ese alemán que vino a reírse de algo tan bueno…
Y las Cigarreras mostrarían que hay otro tipo de sinfónicas, que tocan de pie y al compás de una percusión. Y sus sones se alzaron al cielo de Triana, la genial marcha “Un cielo para mi Virgen” marcó el paso por la Estrella, pero al igual que el año pasado el saludo se tuvo que dejar para otro año, aunque este año el Soberano si quisiese pasearse como su Padre manda… por Sevilla.










Seguramente te preguntó, ¿Qué va hablando Jesús y el otro? Quizás le dijiste que el otro es Caifás y que puesto desempeñaba en aquella historia y que el sanedrita le preguntaba aquello de si era el Hijo de Dios y que el Señor le contestó: “YO SOY”, y que además esta frase la lleva grabada en la peana… pero no, quizás no escuchasteis lo que el Soberano y Caifás iban hablando, pero cosas del Dios del izquierdo por delante, te dejó una señal para que yo ahora os cuente de que iban hablando. La marcha con la que llegó es obra de Bienvenido Puelles, costalero veterano de la hermandad, gran culpable de la magnificencia que pasaba ante vuestros ojos y que os hizo prácticamente correr para poder llegar hasta Santa Justa a la hora estipulada en que salía el Ave. Ves Oscar, Dios aprieta pero no quiso que se fuera sin verlo…

 

Pues Bienvenido Puelles fue el pregonero del costalero, en su II edición en la ciudad de Oviedo y les vino a explicar a los amigos ovetenses que es lo que van hablando Jesús y Caifás… y no tiene desperdicio. Esto es un trocito extraído del pregón, copia que él mismo me envió.

Y entre los naranjos en flor, 
una tarde cualquiera en la
tranquila quietud de mi barrio,
 enmarcado por el cielo azul Purísima
de mi tierra, el viento susurrará
 quedamente una conversación, que
dicen que escuchan los pájaros
 y las almas impacientes.
Y aunque siempre es la misma,
 todos los años se me antoja diferente.
Y con los ojos de la ilusión 
expectante, se ven pasear dos figuras
que parece que vienen
 cogidas del brazo, conversando.
Solo hay que aspirar el 
aroma embriagador, sentir la calidez
del ambiente y escuchar,
 oír como solo lo hace el corazón...

...Otra vez la primavera,
¿y saldremos de paseo
entre el pueblo fariseo
con tu Pasión por bandera?
Y tú, firme como el cedro.
Si florecen como hiedra
en corazones de piedra,
las negaciones de Pedro.
Que las gentes no te quieren,
tu mensaje no es cobijo
y aunque se digan tus hijos,
a otros dioses prefieren.
Y en lucha fratricida
con semejante postura,
nunca tendrás por segura
ni su merced, ni su vida.

Y Jesús dice...
Mantén tu boca callada Caifás,
que es un plan divino
el que rige mi destino
y no una cabezonada.
No Soberano, te engañas...
No ves que es la avaricia
la que sus vidas tutela,
cambiando con cautela
generosidad por codicia?.
Que no merece la pena
que Sevilla recorramos,
y que te muestres cercano,
si prefieren la condena.

Y Jesús...
Me tientas como Demonio, Caifás,
pero aunque ellos no quieran
volveré cada primavera
para darles testimonio.
No, Soberano, te equivocas...
Florece una mala hierba
que vuelve loco a los hombres,
dando a su razón por nombre
el que el rencor les reserva.
Y enfermos por la envidia,
concederán a su hermano,
en vez de tu Amor, Soberano,
la negación y desidia.

Y Jesús...
Mira Caifás
que es mala locura,
vivir en la necedad
de renegar de la caridad
que mi Padre les procura.
No, Jesús, no te enteras…
No ves que al que es distinto
van tratando con recelo,
con el odio por flagelo,
sin controlar el instinto.
Y miran hacia otro lado
sin importarles la pena
del que sufre la condena
de sentirse desplazado.

Y Jesús...
Haz de ser paciente Caifás
que por mor de la paciencia
al final tendrán conciencia
de la necesidad de amar.
No Soberano, desvarías…
Que tienen orgullo malsano
y la soberbia absorbente,
de recibir reticentes
las razones de su hermano.
Y es siempre la lejanía
de la humildad penitente,
lo que les hace indiferentes,
de tu mensaje y tu armonía.

No merece ya la pena
seguir hablando Galileo,
mientras más razones veo,
más sin razón les condena.
Pues desde esa confianza
que creen ellos eterna,
veo la última Lucerna
que alumbra vuestra alianza.
Y Jesús... pero Caifás,
¿te vas a perder en Lunes Santo,
el reguero feliz de tanto infante
soñando con izquierdos por delante
y que cuanto han de esperar su sitio, cuánto?
Si crecen soñando ese día santo,
que al ceñir un costal, sean importantes
para llevarnos de forma elegante,
siendo costaleros sin quebranto.

Ven Caifás y aguanta la solanera
con un solo niño que me aguarde expectante,
valdrá la pena hacerlo otra vez a mi manera.
Y se alejarán, andando, preparándose
 para el día en el que las
ilusiones de tantos cofrades volverán
 a poner de manifiesto en las
calles de la ciudad, que creen en ese Jesús de
 Amor que por su Pasión nos redime.
Y por más que el mundo se empeñe
 en que su mensaje no es
actual, Él se ocupará y preocupará
 de demostrarnos, que sin su
mensaje de amor, el mundo es una
 mala locura, que estamos perdidos.
Él y solo Él es el motivo por el que he 
vivido mi ser Cofrade y Costalero.
Sólo su mensaje, merece la 
pena ser vivido y anunciado.
Por eso nuestra estación de 
penitencia, desde el sitio que sea, de
la forma que sea, tiene que
 empezar en Él y acabar en Él.
Y cuando sintáis que vuestras
 fuerzas debajo del paso, se van
convirtiendo un recuerdo
 lejano, fuerte p’arriba otra vez.

Mirad, cuando el Lunes Santo,
 una vez cumplida nuestra
estación ante el Santísimo Sacramento
 del Altar en la Catedral de
Sevilla, al iniciar la vuelta a casa, 
siempre hay un costalero de San
Gonzalo que dice: “Ea! vámonos p’a Triana”.
Y esta frase se convierte en una
 arenga que dispone nuestro
corazón para el principio del fin de
 nuestra estación de penitencia.
Recogiendo los retazos de
 nuestras fuerzas, volvemos a casa.
Ese es el momento en que siempre
 le he rezado íntimamente a mi Dios:
Vámonos p’a Triana Señor.
Tú con tu Soberano Poder,
yo con mi costal y a tus pies
que vamos cansados los dos.
Vámonos p’a Triana mi Dios,
cruzando el puente de la vida,
curando del alma las heridas,
con tu amor, que es bálsamo constante
y yo, yo con el izquierdo por delante
anunciando a los hombres tu venida.

Señor, que al final de mi sendero
contigo tu amor me lleve de la mano.
Ve con Dios Costalero.
Tú eres Dios Soberano.

Bienvenido Puelles Oliver.

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