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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 9 de marzo de 2013

REMEMORANDO EL TIEMPO DE LA FE... (VII)


Allá por la Campana, Ángel me volvía a mostrar su entusiasmo por el Dios del Beso, quizás, no sé, soñaba con ese especial canasto de caoba y oro, más bien uno de ese estilo, donde algún día podría pasearse su Cristo Sentenciado, no es mal modelo, no me extrañaría que el que reparte la Redención por Sevilla fuese su modelo… ojalá, arrastrar a tantos paisanos hasta la “universidad” es un gran primer paso. Y hasta Él nos indujo este grandote cofrade bailenense, a esa coqueta iglesia del patrón de España donde sobre un sorprendente barco, el Hijo de Dios recibía la traición del amigo… hace poco comentaba que en la Pasión, Jesús pasó por todas las inmundicias que por desgracia rodena al ser humano… para eso vino a hacerse hombre, para pasar nuestros tormentos y enseñarnos a afrontarlos como debería un ser humano, en la dulce traición de un beso comenzó su Redención...
“Canasto quizás algo <plano>, pero busca nuevos conceptos, ese es el camino no siempre imitar lo mismo” opinaba mi capataz, el autor de estas fotografías. Otro de los canastos colosales, enormes, de los que hacen pensar que como es posible que lo levanten hombres, y además con tanta categoría, otra de las penas de aquel triste domingo de fe diferente, para los  que además buscamos el arte del andar. Perfecto altar andante de caoba y oro que soportaba una de las genialidades de Lastrucci, por lo menos en lo que a escenificación se refiere, donde también se mostraba la peculiaridad de las túnicas bordadas en todas las imágenes menos en las del traidor, aunque al pobre de Judas le debamos el que hoy exista la Semana Santa, sin su beso, quizás todo no hubiese ocurrido. Una colosal dolorosa del siglo de oro, arrodillada  contemplaba al Señor de la Redención, quizás en un segundo plano para el resto, pero no para un loco del arte,  compungida de dolor aunque el Cristo se perdía en el llanto, frente a frente con su Madre del Rocío, la del perfil macareno aunque ese “vestido” de hebrea no me convenciese… en la coqueta iglesia, ante la magnitud del Getsemaní de Santiago, Ella en el altar te hacia dibujar en los oídos los siempre clásicos compases del flautín de la marcha del maestro Vidrie resonando en el siempre inigualable eco de las iglesias con solera…


























CONTINUARÁ…
Fotos: David Parra Luque.

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