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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 18 de febrero de 2013

PERO QUE CUARENTA DIAS...


Vaya semanita para comenzar la cuenta atrás, por fin he podido comprobar aquello que dijo, creo que Antonio Burgos, la magnitud que tiene la Cuaresma en Sevilla… “pero que cuarenta días y que cuarenta noches…” y eso que el domingo solo pareció que fuimos a una exposición de pasos, como aquella que montaron en los tiempos de la Expo´92. Ciertamente me cuesta resumir todo lo acontecido y la verdad veo absurdo aportar opiniones que no van a servir para nada… así que lo mejor es intentar relatar lo que mis ojos vieron y lo que mi espíritu sintió en estos casi dos días por las calles de la vieja Híspalis…
Una vez más, días de lujo, con soles resplandecientes que preludiaron la llegada del tan famosísimo Vía Crucis del año de la Fe… pero una vez más y así mi fe me lo indica, al de allí arriba no se le antojó pasos en la calle… pero no solo eso, sino que con esa libertad con las que nos deja sueltos por el mundo, se llegaron a vivir situaciones un poquito vergonzosas, o según se mire, así lo ve la idiosincrasia de un gran sector de su ciudad, con la que me puedo identificar en mayor o menor medida… pero bueno comenzaré desde el principio, y el principio fue en un arrojo de valentía de coger el coche a las 15:00h del sábado, sin nada programado, reservar un hostal en segundos por internet e ir a Sevilla y echar un gran fin de semana de ambiente cofrade del de verdad, aunque el domingo no saliese nada, de descargar las tensiones y cargar más aun las pilas para la semana que más esperamos del año. De ir no solo a ver pasos montados en sus iglesias, sino de saborear la cuaresma en todas sus vertientes y como no, de ver que aunque muchos digan todo lo contrario, esa ciudad puede presumir de fe bien orgullosa. Cada paso dado desde que bajamos del coche en la Cartuja y nos hospedamos en la calle Trajano, fue una nueva lección para la vida, otra nueva asignatura para seguir formándonos en esa Semana Santa que consideramos la universidad de todas y donde quizás más hay que intentar reflejarse.

Porque no fue solo visitar pasos, sino rezar ante aquellas imágenes que se encontraban en sus altares de cultos o capillas, las que pudimos visitar durante dos intensísimos días que una vez más me destrozaron los pies y me tienen aquí con unas agujetas de categoría… y eso que llevo cinco meses de gimnasio y carrera de hora diaria. Dos veces me crucé media Sevilla de “pe a pa”, solo Dios sabrá los kilómetros que anduvimos mi buen amigo Cristóbal y este servidor de ustedes. Les dejo mis siempre humildes fotografías de móvil, documentos testimoniales de todos mi relatos, de poca calidad pero perfectos instrumentos para hacernos una idea de lo que mi sensibilidad vivió este pasado fin de semana… si Dios quiere, en próximos días les pueda aportar grandes fotografías de la jornada del domingo que realizó mi capataz David Parra, acompañante de lujo en esa jornada.
Y les aseguro que tan solo con lo del sábado me quedo enormemente satisfecho, a Sevilla ciertamente no le hace falta celebraciones extraordinarias en tiempos de cuaresma para despertar el interés del cofrade o capillita de turno. Lo cierto es que en Santiago con la Redención me sobresaltó ese pellizco ante la mole del Beso… que creció en más intensidad cuando por primera vez vi al Dios Gitano de Sevilla “errante” sobre su paso… no puedo describir con palabras lo que sentí al contemplar al Señor de la Salud sobre su “apoteosis” de andas, sin duda Fernández-Andes se salió del compás gitano para tallar su figura y su porte señorial sobre ese altar de oro del genial Martín Fernández mientras en la megafonía se nos hacía volar a un sueño de Madrugá donde el paso se elevaba por los fuertes hombres de Juanma Martín y el repicar de la caja hacia callar a una multitud para que el Dios calé comenzase su lento caminar al trinar de “La Saeta”…
En el camino hasta Santa Marina, su moreno seguía grabado en el alma mientras buscábamos a ese Dios Cautivo de humilde barrio que pareció que quiso buscar por primera vez la Sevilla de siempre. Ciertamente lo busqué con ahínco, seguramente por la novedad, aunque también porque la hermandad de Torreblanca cierto día, siendo un niño me despertó un cierto interés mientras leía en el periódico que era eso de “hermandades de vísperas”. Iglesia rebosante para contemplar el paso de misterio, por desgracia lo más cerca que hasta ahora ha estado del primer templo de la ciudad, donde esa imponente Giralda siguió levantando el asombro de propios y extraños. He de admitir, y lo digo con todo el respeto del mundo, apartando la esencia que se quería celebrar, es decir la fe; en lo más puramente material y artístico al ojo de ser humano, el paso de misterio “ganaba por goleada” a todas las imágenes que sustentaba, las cuales contrastaban con la fuerza del Dios de la casa, el que precisamente le da razón a nuestra fe… Jesús Resucitado.


De ahí a la calle Feria,  pasando por esos callejones que nos olían a gloria de noviembre, donde el barco del “gallo” también esperaba el momento de salir a explicarnos cual dolorosa es nuestra realidad, de falsedad y mentira, por desgracia, lee uno los foros y ve que en este evento ha salido a relucir sin duda esta lacra de nuestra vida coronada por lo peor, la envidia… si negamos al mejor de los nacidos, que podremos hacer con el “leño seco”… en el altar mayor contemplábamos lo que se hizo con el “leño verde”, los Javieres mostrándonos la grandeza de los cultos según Sevilla. Por cierto, el paso lucia el acabado completo del canasto y un exorno bastante peculiar que me retrotrajo a los de los años setenta… espero que no se ponga de moda.
Y más abajo vimos que el Hijo de Dios, también fue un simple humano con temores y dudas, pero que combatió como nadie para llegar hasta su trono de la cruz, tal como nos mostraba una vez más la portentosa imagen de Luis Ortega Bru, con su crucificado de la Salud allá por Montesión. Sin palabras poder contemplar estos pasos tan de cerca y las genialidades que desprenden, quizás de la mejor forma, la fe en Sevilla y por ende en Andalucía. Como no, podríamos rendir pleitesía a la Señora de la perfecta Amargura si su casa estaba abierta… de hebrea, como según yo veo magníficamente más propio para esta última cuarentena para la gloria… pero la gloria estaba a sus pies, y nos retrotrajo a nuestros orígenes cuando la Virgen de la Cabeza sevillana recibía lo besos de amor de sus convecinos, Sierra Morena se hacía sevillana para abrazar a la Morenita allá por la calle de la Feria. Y en el sagrario… un respeto señores y guarden silencio, que el Dios reluciente del desprecio seguirá por los siglos cayado e invitando a la fe… porque a veces no aremos como Él y guardar silencio ante palabras necias…







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 Y a esas horas, sino me falla la memoria, se acabó de visitar templos, ya que comenzamos a esos de las seis de la tarde y decidimos buscar la Cuaresma de la calle, y para ello había que buscar la catedralicia iglesia del Sagrario, que el Dios de los toneleros salía más humilde aun, que el Viernes Santo, donde el rezo del vía crucis entremezclado con  la música de capilla era lo más parecido a la música cigarrera, y el barnizado de las sencillas andas lo más similar a la hojarasca de su portentoso canasto. Pero antes, en la calle Sierpes entramos en ese Círculo Mercantil que le da más esencia a la cuaresma sevillana con esas, según dicen, magnificas exposiciones. Pudimos contemplar la primera por primera vez y estaba dedicada a la Agrupación Parroquial de la Milagrosa de Ciudad Jardín. Impresionante el guardia judío del misterio y la bambalina otomana… me la esperaba con más volúmenes, creo que gran bordado, pero a mi gusto demasiado plano. Y de exposición en exposición cuando en el ayuntamiento nos encontramos el “barco” de la Cinco Llagas, vamos poco más que aportar a lo dicho en mis crónicas del Sábado Santo, pero con la imaginería policromada, para esto no es mejor ¿esperar a que este dorado? En ocasiones me dio la sensación que Sevilla, o cierta Sevilla quiso convertir este fin de semana en un parque temático de lo cofradiero… que en una heladería moderna, oliera a incienso y en la televisión pusiesen las retransmisiones de Semana Santa… ciertamente a Sevilla nunca le ha hecho falta hacer eso, si esa fue la intención, para enamorar con su Semana Santa … si es que incluso creo que ni le sentaba bien…
Y de ahí a la esencia, humilde sevillania, la que pocos conocen, incluso en Sevilla. Las bullas no apretaron pero el aroma que respiré por la calle Alemanes no os lo puedo narrar por desgracia con palabras. La formalidad en el cortejo, cuerpo de acólitos y los portadores de la andas me sobrecogió el alma, como se puede hacer tan parecido fuera y no llegar a esa sublimidad, quizás este vía crucis es el que quiso el Señor de la Salud de la calle Carretería para mover a la fe… y hasta su capilla marchamos, sin intención pero es que por allí nos encontramos una nueva lección de cómo se deben hacer las cosas. Por casualidad nos encontramos a los hermanos baratilleros trasladando a su conjunto de la Piedad con igual solemnidad tal como hicieron los hermanos carreteros, en busca de un templo mayor para la celebración de su función principal el día siguiente, ésta añadiendo un grupo vocal a la música de capilla, sin duda con todo esto mereció la pena ir hasta Sevilla aunque aquí no acabó la cosa.


Con la noche abrazando Sevilla, ante la Puerta del Príncipe buscamos Triana, donde entre los nublos quiso aparecer una Estrella. Tremendo ambiente se respiraba en Sevilla. En el puente parecía Domingo de Ramos, como ese donde reina la Virgen de la Estrella, la cual también salía a la calle, como se preparaba su Hijo de la Penas para el día siguiente. Y por ello buscamos la que llaman “Catedral de Triana”, donde vive la madre y abuela de la Virgen y el Señor respectivamente, la “Señá Santana”. Y los Marineros rebosaban, un concierto de marchas llenaba la capillita donde vive la Morena y el vecino más antiguo de la calle, por lo que no pudimos visitarlo. En Santa Ana aún se esperaba la llegada de la “Valiente”, tal como la definió mi amigo Rubén Gómez, el cual se encontró con nosotros acompañado del primo de su novia, el tallista Felipe Martínez Oliver, el cual fue un placer conocer. Con un gran refrigerio en el bar Santa Ana, siempre rodeado de esa esencia tan nula por estas tierras jienenses, llegó al final en pequeñas andas la siempre impresionante Virgen de la Estrella, para una vez más sorprender a este simple capillita, como en ese silencio sepulcral que nos acostumbra Sevilla llegó flotando por el adoquinado de la vieja Triana, que compás más sublime, parecía bordado como su rico manto que acabó con una levantá a pulso que jamás me hubiese esperado en un pasito de esas características para rematar la faena, porque aquello fue de torería, una revirá que llevó a la Estrella al encuentro de su madre, la abuela de Dios…
Recuerdos de Cuaresma...
La noche del sábado acabó con otra esencia de la cuaresma, un ensayo de costaleros, el primero que veía en Sevilla y como parecía que todo fue entretejido para ser perfecto. Fue allá por los confines de la nueva Triana, entre los Remedios y el Tardón, donde una parihuela hacia soñar a los adeptos al paso del “Caballo de Triana” donde reina cada Madrugá el Señor de las Tres Caídas. Envidia sana de muchas cosas que vi, trabajaderas llenas, ropas perfectas y un mundo de personas que no sé si para bien o para mal, pero le da a este mundo, el cofradiero, una importancia significativa… supongo que hay un camino para llegar a estas cosas, aunque en la técnica “trianera” prefiera a los otros dos que se quedaron sin salir el día siguiente… que sábado, más quisieran los profesores que sus alumnos aprendiesen disfrutando de verdad…
CONTINUARÁ… 

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