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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

sábado, 22 de diciembre de 2012

PENTECOSTÉS NAVIDEÑO EN EL SALVADOR.


En este día de la nueva era, contando con el supuesto cambio de ciclo que predijeron los mayas y sin habernos tocado ni un “deuro” en la lotería, echaré el cierre si Dios lo ve conveniente a las entradas gloriosas, en este día lotero que es cuando en Sevilla definitivamente se cierra el ciclo letífico del año, aunque muchos “románticos” lo tengan en el noviembre del Amparo y Todos los Santos. Y curiosamente cuando el frio se hace más presente en la capital Hispalense, las luces de la Navidad inundan las calles del centro y el aroma a castaña asada se alza como las columnas de incienso en la gran semana de Dios… los ecos romeros de Almonte se apoderan en una inusual “romería” por las calles de la Sevilla eterna, cuando la Colegiata del Salvador se hace improvisado Santuario del Rocío.
Aunque aún no lo tengo muy claro, por lo que intuyo debido al final de un triduo de las cuarenta horas que se celebra en estas fechas en honor de la imagen titular de la que es llamada la hermandad del Rocío de Sevilla o el “Rocío del Salvador”, porque cabe recordar que en Sevilla hay varias hermandades filiales de la Blanca Paloma con similares connotaciones e iguales objetivos. Aunque esta tiene la peculiaridad que además de todos sus actos romeros, de contar con su Simpecado y carreta, también cuenta con una imagen, una de las mejores copias de una de las más universales devociones de la Virgen Santísima.





Aún recuerdo aquel año 1991, de aquella visita por primera vez a Sevilla por una boda y en concreto al Salvador. Nos preguntábamos que hacia allí la Virgen del Rocío, como si fuera el icono verdadero que se venera en la aldea de Almonte. Hoy gracias a Dios puedo responderme a aquellas preguntas. Curiosamente su llegada al segundo templo de la ciudad se debe a la propagación de la devoción en la feligresía a la Virgen del Rocío por el párroco Juan Luis de Cózar y Lázaro a partir de su llegada al Salvador en 1917, el cual había ejercido como párroco de la iglesia de la Asunción de Almonte. La historia en torno a la imagen es algo enigmática, posiblemente es donada en 1922 siendo su autor igualmente un tema confuso, unos dicen que es de Lastrucci y otros de Sebastian Santos, pero sin duda una de las mejores versiones sobre la Reina de las Rocianas. Una historia que conllevaría la creación de su hermandad, la segunda de la ciudad lo cual también trajo sus complicaciones al considerarse entonces que con una cofradía filial en la ciudad bastaba, la hermandad de Triana que entonces era llamada la hermandad de Sevilla y desde la erección de esta hermandad, ésta tomase el término de Sevilla y la del otro lado del rio, como la “de Triana”.
Así cada 22 de diciembre, la “lotera” como al parecer le llaman cariñosamente es procesionada por su hermandad en las puertas de la Navidad en un corto recorrido y que para ser una imagen la que es procesionada es de la pocas que no lo hacen como mandan los cánones sevillanos, a costal, siendo portada en unas andas también muy basadas en las originales de la Virgen del Rocío de Almonte. Curiosamente esta imagen también procesionó en la seguramente más peculiar salida de una hermandad rociera camino de la aldea para la romería de Pentecostés. Curiosamente en lugar de salir con el Simpecado en la carreta como hoy día y como hacen todas las hermandades, la corporación estuvo entre 1953 a 1961 saliendo y volviendo a Sevilla con su copia de la Virgen en la carreta del Simpecado, algo que les trajo las lógicas reticencias de la Hermandad Matriz, ya que obviamente qué sentido tiene peregrinar para plantarte a los pies de una imagen si ya vas con una copia de la misma. Aunque aquella circunstancia se hacía hasta San Juan de Aznalfarache como lugar más utilizado –en otras se quedaba en el barrio de los Remedios- donde quedaba depositada la imagen y de ahí hasta el Rocío ya si presidia la carreta el Simpecado, haciendo similar función a la vuelta, es decir de Sevilla salía y volvía la imagen a la que se iba a venerar en la romería más famosa del mundo.

Es la última gloria del año y seguramente la más diferente de todas, cuando remueva los corazones de los rocieros en la fría noche de diciembre invitándoles a una nueva experiencia ante la Reina de las Marismas aunque camine por los ancestrales adoquines de la plaza del Salvador, en su corto y evocador recorrido, observada por Montañés, sin marchas, solo el cantico de los coros rocieros aunque tan solo una vez decidió modificar su recorrido e incluso extenderlo en demasía, para llevar al Rocío sevillano hasta el altar de la pobreza, el convento de las Hermanas de la Cruz. Las Siervas de Dios continuadoras de la obra de Santa Ángela quisieron entonar sus canticos a la que es Rocío del Cielo en las fechas de Navidad, al igual que hacen en la mañana del Viernes Santo cuando son visitadas por la que es la Esperanza de Sevilla, la que bajaron los ángeles del cielo, aquello ocurrió en 1994 “por una vez y sin que sirva de precedente…”

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