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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA GRACIA Y LA ESPERANZA... CON SUS "AMARGURAS".

La primera Esperanza que pisa las calles de Sevilla lo hace el Domingo de Ramos. Una Esperanza también muy especial, la que bajo el suntuoso dorado de su palio y la luz de su candelería hace que al compás hasta la cera llore… nuevamente nos pararemos ante una dolorosa que tallase Fernández-Andes en los tristes años de las dos Españas, en concreto 1938, esta vez para renacer de las cenizas la primera dolorosa de la hermandad del Señor de las Penas, más bien como es conocida en todos los estamentos cofradieros, la archicofradía de San Roque. Aunque ciertamente la imagen de Ntra. Sra. de Gracia y Esperanza de Andes vino a sustituir a otra del imaginero Manuel Vergara Herrera que no llegó a agradar a sus cofrades. Aunque ciertamente los dulces rasgos de la Señora que se pasea bajo el palio que mejor suena de Sevilla se deben a una importante restauración y remodelación de Sebastian Santos en 1961.
Hoy me he dado cuenta que todas las Esperanzas o sus “derivaciones” –como La O- están todas o casi, tampoco he hecho un estudio exhaustivo, coronadas canónicamente aunque en este caso fue una coronación especial y que por ello a mi parecer le resta la suntuosidad y motivos extraordinarios que acarrea tan insigne distinción a las imágenes de la Madre de Dios. En 1946 le es robada a la Santísima Virgen su corona, lo que contrajo la realización de una nueva, que sería bendecida e impuesta por el Cardenal Segura pero sin rango de coronación canónica. Décadas después, el llamado “cardenal coronador” Carlos Amigo Vallejo y previa solicitud de hermandad fue elevada y considerada a partir de entonces (1997) como coronación canónica en lugar de litúrgica.
Seguramente sea una de las hermandades según percibo del sentimiento generalizado menos “atractivas” el Domingo de Ramos, pero negándome a ello –por que sin duda aporta un sello personal y de gran sabor a Sevilla- y por ser otra de las Esperanzas que ha extendido su mano de amor en estos días, para repartir no solo Esperanza sino su Gracia he querido rendirle honores hoy a su figura y que mejor que saboreando una de las seguramente sobrecogedoras estampas que dibuja cuando en las últimas horas del primer día de la Semana Grande busca entre estrechuras salir a la amplia vía de la calle Recadero y sumergirse un año más entre los muros de esa menos conocida parroquia que como cualquier cofradía, le da rimbombancia en la sociedad sevillana, San Roque.
Se hace la primera enigmática de las noches de la Semana Santa, cuando a esas horas quizás una Amargura es la que detiene el tiempo en el centro. Algo más escorado, buscando la Puerta de Carmona, por Caballerizas y la iglesia de San Estaban, este palio jubiloso, de líneas de barrio con ese palio que en sus formas ha sido archirepetido, la Señora de verde -con otro “mantazo” dibujado por Antonio Garduño- , de la Gracia y la Esperanza se vuelve mustia y sobria. Tras la iglesia de San Estaban, en un recoveco de sus dominios, un ascua de luz comienza a dibujar momentos irrepetibles mientras los hombres de Villanueva hacen un guiño a la otra hermandad de la familia de la jornada. La Guerra Civil se llevó a los Font de Anta, y a la primera dolorosa de esta hermandad, pero quedó el legado universal de la música y la fe imperecedera que volvió al levantar el camino con la Gracia que solo nos da la Esperanza. Suena “Amarguras” por los músicos de Olivares –seguro que hace unos años mi amigo Vicente se sobrecogió por esos tramos del recorrido-  y el palio de los Santa Bárbara comienza a lamer los muros de la calle Medinaceli y superar la razón de lo que el ojo ve “ensanchando” la calle Imperial. Es la Semana Santa sevillana eterna, la que no entiende de sillas y palcos pero la que si te hace volar a momentos mágicos y embrujadores, esos que se clavan en el alma y la memoria, esos que hasta a los más agnósticos les hace intuir cual es esa magia y sensaciones a los que por gracia de María si nos ha impregnado de ese sentir. Cierto día, un capillita de ciertas dosis muy bajas, me dijo que él solo iría a la Semana Santa de Sevilla si tuviese una silla en carrera oficial… yo le dije: “quizás te enganche lo que vieras pero la Semana Santa que atrapa al corazón es otra”… a ustedes les dejo un muestra…



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