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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

miércoles, 17 de octubre de 2012

ROSARIO, EL ESLABÓN DE NUESTRA VIDA...


Y me seguiré quedando en ese rinconcito tan lleno de sabor y tan lleno de Dios que es el Convento de las Hermanas de la Cruz. Ahora que estamos en el mes del Rosario, les dejaré con el simpar palio de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos de Sevilla, la dolorosa de la hermandad de Montesión. Se hace la noche del Jueves Santo, seguramente rasgando la primera hora de la Madrugá eterna, por que esta hermandad pisa ambas “jornadas”. Y la música se hace sublime, en ese aire fúnebre que quizás con más genialidad dio mi tierra para la música procesional. A esas horas se intuye el mar de capirotes verdes de las esperanzas en la llamada en infinidad de lugares la noche de Jesús, de “Nuestro Padre Jesús”, del nazareno…porque también es su noche en Sevilla. Da igual que sea para el de Jaén aunque su marcha invoca a los Cristos desgarrados sobre el peso del madero.
Por eso la Señora de la plaza de los Carros llega sobria, llena de presentimientos bordados en el aire, echándole un guiño a ese pasado enlutado que un día cambiaron los genios, entonces locos y atrevidos. De los que incluso se dijo que se estaban cargando la liturgia cuando implantaron para esta dulce Señora un nuevo concepto. Recuerden la entrada del cuadro de Sorolla, aire decimonónico donde lo sobrio y el negro dominico cubrían al Rosario de Montesión, la que enamoró al pintor valenciano, eligió a Ella porque precisamente no la procesionaban precisamente como lo que luego tendría que venir, así entendía la Semana Santa Sorolla, sin duda era un “mustio”. Por cierto, una nueva corporación del Jueves Santo con connotaciones similares. Me refiero a la hermandad que hace nada ocupó en estas páginas el protagonismo, la Quinta Angustia. Y me refiero a su arte, con documentos que desconciertan mientras su Cristo da señales “roldanescas” arrodillado en el huerto de la calle feria, porque en Jueves Santo, Getsemaní está en el emblemático barrio sevillano. Y su Virgen del Rosario, como aquella Quinta Angustia, de padre en la madera desconocido, que todos coincidían en señalar el siglo XVII como la época en que vivió y creó esta dolorosa hasta que otro gran erudito apuntó remodelaciones barrocas sobre una imagen quizás muy anterior, esa idea es la que a mi me surge ante aquella Quinta Angustia, hoy Salud de los linarenses.
Y la hermandad le dio un vuelco a todo en los tiempos en que todo más cambio, más que en todos los siglos anteriores. Un genio llamado Juan Manuel creaba el bordado sobre malla en la Señora que a esas horas están a punto de darse de bruces con su barrio y la Sevilla que busca su Esperanza. José Lecaroz, cogió aquel primer bosquejo y lo llevó más allá para su Rosario del alma y creó el primer palio “calao” completo de la historia. Eso trajo un nuevo concepto que se acuñaría con la “alegría” de las hermandades. Y su manto pasó del negro al blanco impoluto, el único de este color bordado de la ciudad, llegó el nuevo palio que es el conocemos aunque algunas veces reconstruido nuevamente respetando tan singular dibujo, la última por Paleteiro para su Coronación Canónica, por que Ella es una de las coronadas de Sevilla.
La hermandad llenó de “alegría” a su cofradía y fue una de las grandes culpables de lo que es hoy la Semana Santa en Sevilla y Andalucía. Por eso, tras la marcha del maestro Cebrián, vuelve la algarabía con la marcha de otro genio, dedicada a una de las grandes devociones de Sevilla, por cierto por su coronación “Hiniesta Coronada” del Albero Francés. Ella camina en un joyero teniendo por cielo, los bordados jugando con las estrellas del firmamento, mientras la oscuridad de la noche es el terciopelo de reminiscencias dominicas, las que llevan sin verse por Sevilla dos años, donde el Jueves Santo le está echando el pulso al viernes en eso de los días lluviosos. Y revira buscando esa puertecita por donde más sale el amor humano que tiene esta ciudad, y las monjitas la esperan de rodillas para cantarle, mientras un fraile cordobés muy capillita se pierde en la congoja del Rosario de Sevilla. Es Jueves Santo, no Domingo de Resurrección, aun no hay gloria y el rezo es más sobrio aunque los elementos del palio nos digan otra cosa, como debe de ser mientras podemos contemplar otra de las señas de identidad de este paso palio. El primer manto blanco que tuvo la Virgen del Rosario, se realizó demasiado grande y ante la premura de la salida se decidió recoger en la altura de la cintura, que curiosamente gustó a aquellos cofrades de otros tiempos como para convertirse en la seña de identidad del palio de Montesión.
Un gran capataz o eso me parece a mi, invoca a la gente de abajo, una vez más para recordarles cual es el eslabón de la vida mirando de frente a estas santa mujeres. Se alza el primigenio palio de malla, “calao” como dirían popularmente el pueblo llano, el de los colores letíficos que consuela a la Señora que más reza el rosario de Sevilla, al “a esta es” de Reguera. Y la música al corte llena la calle, la cornetería lo inunda todo mientras las notas de los músicos atraviesan la transparencia del palio. “Palomita de Triana” marca el compás de la despedida, reaviva el clamor y el jubilo tras la seriedad del intimo momento con las monjitas, la recogía está cerca y uno de los palios que lo cambio todo se marcha, sin que aquellos que lo presenciaron ni se imaginaran que no volverían a repetir aquel sueño por Sor Ángela, viendo perderse su cola recogida, en los dos años siguientes.

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