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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 9 de octubre de 2012

DIOS TE SALVE... ENCARNACIÓN.


El pasado Domingo de Ramos uno de los rincones más emblemáticos, bellos y cofradieros de Sevilla se vieron vacíos de la gloria de la Semana Santa, de la gloriosa majestuosidad, clase y solera del cenáculo sevillano, de la sobria elegancia de la Humildad y Paciencia del Hijo de Dios y del desconocido para muchos, encanto del caminar de María del Subterráneo de los Terceros… unas primeras horas fatídicas de lluvia nos dejaron sin esa gran hermandad de la Cena aunque no aparezca en las quinielas de las “grandes”. Pero las puertas de octubre quisieron abrir los Terceros para que la Cena se quitara media espinita y sacara a su barrio, a Sevilla la elegancia de su gloria, la que acepta encantada la misión de engendrar a la segunda persona de la Santísima Trinidad, a Jesús de Nazaret. En la Calzada esta la Encarnación dolorosa y en los Terceros, muchísimo antes de que la Cena convirtiera a esta iglesia en uno de los puntos álgidos del Domingo de Ramos, ya estaba durmiendo el letargo de los siglos la Virgen de la Encarnación.



La imagen pertenecía a la antigua esclavitud fundada en su honor en 1617 dentro del contexto general de la religiosidad barroca, la cual como curiosidad guarda aun unos lienzos de su fundador. La misma le rendía culto a la Santísima Virgen en el misterio de la Anunciación, cuando el Ángel San Gabriel -que no aparece en la escena, plasmada eso si en otra corporación letífica dela ciudad- le encomienda la elección de Padre Eterno para que sea Ella la que traiga a Dios echo hombre al mundo, la cual humilde acata sumisamente el mensaje divino, proclamándose esclava del Señor –“aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra -, de ahí viene el titulo de esclavitud de sus hermanos, haciéndose el milagro de la Encarnación en su bendito vientre siendo siempre Virgen.
Por ello es una imagen letífica que no presenta la particularidad de portar en sus brazos al Divino Infante, si no que porta un libro como la Inmaculada Concepción llamada “La Sevillana” de San Buenaventura, la Virgen del Voto o la Virgen de la Anunciación de Juan XXIII, simbolizando así el cumplimiento de las profecías, siendo el tema de la Virgen Lectora ampliamente cultivado en el ámbito devocional mariano, aunque referido especialmente más a la faceta infantil de María. Los expertos coinciden en fijar sus miradas a la hora de buscarle un autor a esta imagen anónima, en las eternas manos del cordobés Juan de Mesa y Velasco del siglo XVII, destacándose grafismos del cordobés en su hechura e incluso según el profesor Gómez Piñol, destacando la similitud de sus manos con las de la dolorosa del Socorro de la hermandad del Amor, la cual muchos autores identifican con la dolorosa que se incluía en el contrato del crucificado de Juan de Mesa, aunque muy retocada en los siglos XIX y XX. La imagen aunque es de vestir no es de candelero, teniendo tallados sus propios ropajes aunque los mismos están realizados con tal maestría que pareciesen estar realizados adrede para que no interfirieran a la hora de vestirla. Hay un ejemplo de esta característica en la imaginería andaluza, en la Virgen de las Angustias de Córdoba (1627, su obra póstuma), obra documentada del mayor genio que dieran las entrañas de la ciudad califal. Un motivo más para atribuirla al maese Mesa, el cual inicio su andadura en solitario –seguramente en 1615- coincidiendo con el nacimiento de la esclavitud, la cual pudo encargarle el trabajo a un discípulo del considerado desde entonces “dios de la madera”, Juan Martínez Montañés. Además pudo coincidir en fechas con la ejecución del Cristo del Amor (1618-1620) y la dolorosa que se encargó simultáneamente, que como ha quedado dicho podría ser la actual imagen titular de la hermandad del Salvador.
Antes y después de la ultima restauración.
La esclavitud llegó a nuestros días languideciendo, con muy pocos hermanos en su nómina que le hizo plantearse la fusión con su nueva vecina en el templo de Ntra. Sra. de Consolación (vulgo de los Terceros), la hermandad de la Sagrada Cena, residente en el templo de la calle Sol desde que tuvo que abandonar su antigua sede, Ómnium Sanctórum tras ser asaltada en los primeros días de la Guerra Civil a la que no volvió más. Aquella fusión no llegaría a materializarse, ya que en 1997 según decreto del Arzobispado quedó extinguida la antigua esclavitud pasando todas sus posesiones y el culto de la misma a la hermandad de la Sagrada Cena, una muestra más del gran cambio de rumbo que dieron las glorias en nuestros días, gozando las penitenciales la “gloria” que las letíficas tuvieron en los tiempos en que las hermandades de pasión no gozaban de la gran fama actual en el estatus social.

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Y tuvo suerte la Virgen de la Encarnación, porque formar parte de la hermandad de la Cena, para mí es un regalo del Dios Altísimo. No se sabe si la esclavitud realizaba un culto externo similar al actual – la última salida se produjo en el Corpus de 1927-, pero su adhesión a la hermandad de la Sagrada Cena hizo que esta antigua gloria sevillana volviese a gozar del reconocimiento del pueblo, cuando en 2006 su ya hoy hermandad decidió incluirla en el suntuoso programa iconográfico de las Glorias de Sevilla.
Para ello la hermandad restauró las piezas aun conservadas de lo que tuvo que ser su paso, donde se incluían la peana, crestería, jarras y los bellos y singulares candelabros de guardabrisas, que retrotraen a los mismos elementos románticos del misterio de las Siete Palabras o del Caído de San Isidoro. Su autor seria uno de los tallistas más destacados en la labores artísticas con andas para imágenes letificas y algunos ejemplos de Semana Santa, fue un gran cofrade sevillano y durante muchos años capiller de la esclavitud, D. Salvador Domínguez Gordillo. Nació en Sevilla en el año 1.877 en la collación de San Román. Hijo de un artista de la talla, que realizó numerosas y valiosas obras para nuestras cofradías, vio influenciada y decidida su vocación a la madera artística, tarea a la que dedicó la plenitud de su existencia, fijando taller en la calle Hernando Colón en los primeros años del siglo. Dibujante minucioso y detallista, realizó también estudios de Bellas Artes a finales del siglo XIX. Con todo no limitó sus posibilidades a las del arte sino que haciendo uso de la alternativa, propia de la época, que supone el estudio nocturno, llegó a adquirir el título de maestro que otorgaba la asociación de San Casiano, aunque nunca optó por hacer uso de él.
Corpus 1927.

Sobre todo, Salvador Domínguez Gordillo fue un cofrade ejemplar, cristiano practicante –de misa diaria sobrepasando el siglo de vida- de toda clase de austeridades, y miembro de la Orden Tercera Capuchina de la que fue su decano. Murió el día 26 de Noviembre de 1.979 a los ciento dos años de edad.
En aquella época formaba parte de la Esclavitud de la Encarnación en la que a la sazón se encontraba de capiller de la misma otro artista sevillano, el escultor Emilio Pizarro Cruz, quien fallecería unos años más tarde dejando por consiguiente vacante el puesto, que llevaba aparejado el beneficio y disfrute de casa y dependencias propiedad de la corporación. Manifestando deseo de ocuparlo, le fue confiado el cargo el día de Todos los Santos de 1.920, que desempeñó hasta el fin de sus días y a quien remplazó su hijo, D. Francisco Domínguez Ortiz.  Curiosamente, el actual paso de la Sagrada Cena se debe a la mano de Domínguez Gordillo (1920), paso que en estas dos ultimas Semanas Santas ha sido enriquecido con los candelabros del paso de la Encarnación, cosas del destino que hacen que calcen a la perfección en diseño y proporciones con el paso de corte decimonónico de la Sagrada Cena y que personalmente dejaría para siempre, guardando los faroles de Jiménez Espinosa (1966) en las vitrinas de los recuerdos… me vuelve loco la magia retorcida de un candelabro arbóreo rebosante de cera en los transparentes y vidriosos guardabrisas…


La hermandad restauró estas piezas, siendo dorados los candelabros por  Enrique Castellanos más la realización de nuevas piezas como los dos candelabros laterales debidos a Francisco Verdugo, tallista requerido últimamente por las cofradías sevillanas y que también dan luz al misterio de la Última Cena del genial Sebastian Santos y Luis Ortega Bru. Para aquella ocasión el profesor Juan Manuel Miñarro restauraría profundamente a la imagen, rescatando su primitiva policromía y afianzando más la hipótesis de Juan de Mesa como genio creador de tan devota y llena de gracia sagrada imagen de la Virgen de la Encarnación. Aunque quizás los bordados a máquina de los respiraderos –“Bordados Barber”, Onteniente u Ontinyent (Valencia)- le resten al poderío de las obras de talla. Un paso de muchos quilates, que en estos pocos años pareciese que llevase toda la vida paseándose por la calle Sol, barrio de Santa Catalina, por la actual calle de Manolo Santiago. Y es que como digo, la hermandad de la Cena es elegancia pura y la cuadrilla del Subterráneo es la encargada de darle el mismo mimo y categoría al caminar de la Encarnación de los Terceros, la que ya llaman muchos la “Encarnación de la Cena” mientras el broche de oro a esta nueva y a la vez con solera gloria se lo pone el magnifico repertorio y calidad interpretativa de la banda del “Maestro Tejera”, como esa recogía con “Maria Stma. Del Subterráneo” del maestro Laserna. Su caminar por Sevilla despertaría la invocación con la que Gabriel se presentó para anunciarle su mensaje… “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo…”

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