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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

jueves, 6 de septiembre de 2012

EL SOBERANO DE GARDUÑO...


Este rotundo título es el que sin vacilación me ha inspirado la contemplación de esta simpar fotografía que abre esta nueva entrada. En ella aparece el inconfundible conjunto conformado por la imagen de Ntro. Padre Jesús del Soberano Poder ante, evidentemente el Sumo Pontífice, José Caifás. Una fotografía perteneciente a la enciclopedia “Sevilla Penitente” que tiene como telón de fondo la Catedral y su inmortal Giralda, ya con las “ultísimas” horas de sol, emprendiendo el camino de vuelta hasta los confines del Triana, esa otra barriada que emerge del antiquísimo arrabal de alfareros, marineros y gitanos, de casitas blancas, naranjos doblados en azahar que lo mismo se llama León, Tardón o San Gonzalo, como su parroquia, como su cofradía.
El misterio de la hermandad de San Gonzalo, el que procesiona desde su fundación en los años de postguerra, una vez más es impulsado desde el ímpetu cofradiero sevillano que escenifica a Jesús ante Caifás, en uno de los denominados “pasos de tribunal” de Sevilla. Aunque artísticamente este pasaje comience a representarse en el arte sacro a partir del siglo VI, en uno de los relieves de las puertas de Santa Sabina de Roma o en la famosa colección de grabados llamada “La Pequeña Pasión” realizada por el quizás mayor genio de todos los tiempos en estas lides, el alemán Albrecht Dürer, conocido en España como Alberto Durero, esta en concreto la realizó en 1511. Unos trabajos que sin duda se difundieron por el mundo hispano y que inspirarían muchas de las grandes obras que tiempos después realizarían los imagineros.
Grabado de Durero.
Pero el misterio de San Gonzalo se crearía tras la Guerra Civil Española, primero por Pires Azcárraga como ya mostré en entradas anteriores, posteriormente por Castillo Lastrucci hasta que llegó la época de Antonio Garduño Navas al frente de la hermandad donde hoy sus hijos son los capataces de la hermandad que sin duda comenzó a modelar su padre en torno a la época que pertenece la fotografía.
Aunque en la publicación no se indica el año de la instantánea, a mi me hace suponer que tiene que pertenecer al año 1977. Allá por el mes de septiembre de 1974 la hermandad comenzó a plantear la sustitución de la cabeza de su Cristo titular ante el mal estado que presentaba, al parecer por carcoma. Aquella sustitución seria el comienzo de un autentico lavado de cara de la hermandad, patrimonialmente hablando –aunque también institucional-, llegando a nuestros días pocos elementos de aquel punto de partida que supuso aquella sustitución, las imágenes secundarias es prácticamente lo que queda anteriores a 1975 que fue cuando se estrenó la nueva cabeza, el actual busto del “Señor del izquierdo por delante”, que tallase el imaginero de San Roque (Cádiz), entonces en su etapa madrileña antes de volver a Sevilla, Luis Ortega Bru, inspirándose en los rasgos de su hijo José Onésimo Ortega León, que trabajaba con él en su taller del madrileño pueblo de Vicálvaro.
El busto se adaptaría al cuerpo de Lastrucci sobre el que procesionaria en 1975. Según fuentes oficiales el proyecto consistía en una talla completamente nueva realizada en dos fases, primero el busto y después el cuerpo. Otras fuentes indican que el trabajo solo consistía en un busto nuevo y que ante el resultado poco agraciado del cuerpo y la nueva cabeza, Ortega Bru, intimo amigo de Garduño completó su genial obra, firmándola con la ya legendaria frase de “Mi Cristo para Sevilla. Luis Ortega Bru 1975” en la parte trasera del sudario, al parecer ejecutada con la punta de un destornillador. En el ensamble del cuerpo y el busto, repolicromó o oscureció la policromía de la cabeza, que al parecer había chocado en el pueblo ante los tonos tan claros que presentaba la imagen en piel, ojos e incluso cabello, adaptándolo todo más al gusto cofradiero sevillano, como tantas veces le ocurrió en su carrera, tuvo que adaptar su arte a la exigencias de una ciudad que difícilmente comprendía y comprenderá. En aquel trabajo también incluirá la peana con la famosa frase “YO SOY”, abandonando la anterior escritura en latín “EGO SUM” de las dos imágenes anteriores. Aquella especial manera de realizar la imagen completa le trajo consigo años después la necesidad de acometer varias intervenciones restauradoras posteriores – hasta siete- para salvaguardar la integridad de la imagen. La primera de ellas fue realizada por su autor en 1977, tras el incendio fortuito acaecido en el Viernes Santo de dicho año en la parroquia que supuso la perdida de la anterior imagen de la Virgen de la Salud, la imagen de la fundación de Lafarque. El Señor seria nuevamente repolicromado por su autor, de ahí que feche esta fotografía en aquel año de 1977, tan solo unos días antes del incendio, donde se vislumbra una apariencia en la tonalidad de la policromía algo diferente a la actual y que tampoco se asemeja con la original y la posterior al ensamblaje del nuevo cuerpo.
La fotografía entonces es digna de la curiosidad y la observación, sobre el antiguo paso de la “balconada”, con ese para mi horroroso exorno floral –mezclando incluso la flor blanca- tan de moda de los setenta y casi ochenta, de centros de clavel de gran tamaño que ocultaba las imágenes en lugar de los más utilizados hoy día, frisos que dejan mostrar en un alarde de elegancia y medida a las imágenes y a su vez completan las obras escultóricas de los pasos, como a modo de una moldura o cornisa natural que perfuma el caminar de Dios… un paso sin flor para mi, va incompleto. La disposición de las imágenes es más frontal, menos estudiada seguramente por lo reciente de su estreno, en lugar que en la actualidad que están giradas buscando más teatralidad entre ambos personajes, más complicidad con los gestos y las miradas, e incluso las manos del Señor entrelazadas, están dispuestas un pelín algo más bajas que hoy día, algo que me recuerda un reciente intercambio de pareces con algunos hermanos de mi hermandad, sobre la conveniencia estética e iconográfica ante esta circunstancia con nuestro Cristo del Prendimiento de Linares. Unos apuestan con sus pareceres, apreciaciones y lógicas que deben ir más bajas, como debería ir un reo apresado y otros por ese pelín más elevadas ante unas manos de tanta tensión, como hoy en día podemos contemplar en San Gonzalo a su Soberano, donde sus manos están más altas y a su vez abrazan más los brazos, en ademán de fuerza física y anímica, ante unas manos que lejos de mostrar pesadez y vencimiento, se presentan poderosas y llenas de movimiento, con unos dedos largos y huesudos.
Unas manos poderosas las de Nuestro Cristo linarense, que en esta fotografía de San Gonzalo me hacen pensar que las manos de Caifás o más bien su modelo serian nuevamente aprovechadas años después por Garduño para la talla de las manos del Prendimiento de Linares –recordemos que en esta época Garduño dio cobijo a Ortega Bru, trabajó en el taller de Guzmán Bejarano y poquito después llegaron las intervenciones en todos los sentidos de Garduño en Linares-. Sin duda son unas manos que se podrían firmar en un 100% a la gubia del sanroqueño y su morfología y concepción se asemejan en demasía, según mi criterio a las del Sumo Pontífice - a excepción de los tonos y técnicas policromas-, pero Ortega Bru murió en 1982 y aquella intervención se realizó en 1986 con la dirección de Antonio Garduño.
Garduño Junto al palio del Rosario de Linares.
Volviendo a la fotografía protagonista y a la imagen de Caifás, vemos que la imagen realizada por Ortega Bru (1976-77), seguramente estrenando en ese año el cuerpo, para sustituir la anterior de Castillo Lastrucci se encuentra igualmente con una disposición más frontal en el paso, en lugar que hoy que esta girada hacia Jesús, hacia ese “blasfemo” que los irritó a los muy hipócritas, y que en Sevilla aclaman ante su desconcierto. La imagen se presenta en la fotografía si el “Camelauco”, es decir la Tiara que portaban los Sumos Pontífices de la época, símbolo de poder, sabiduría y que la Sevilla popular llama “el gorro del Caifás”. Además con una disposición muy diferente de los brazos y manos, quizá buscando más teatralidad en la escena, pero que acertadamente hoy día, con mayor simplicidad consigue un mayor efecto en el mensaje de la escena.
Como dije aquello seria el principio de un cambio, que quizás le haya traído a este hermandad la grandeza y fama que cada año va incrementando entre el pueblo sevillano y foráneo. Dicen que con aquellas actuaciones, Garduño se ganó el poco afecto de un sector de sus hermanos –hoy en día y seguramente entonces, ese busto de Lastrucci se podría haber restaurado sin problemas-, e incluso trajo tiempos difíciles donde tuvo que intervenir “Palacio” como ocurre hoy día en San Esteban o la Bofetá. Sobre todo la polémica suscitada en el incendio, donde la imagen de la Virgen desapareció, según fuentes oficiales en el fuego y otras extraoficiales y que aun hoy siguen coleando, se aprovechó la circunstancia para que Ortega Bru completase el juego de titulares con la Virgen de la Salud – el cuerpo del Señor de Castillo Lastrucci fue nuevamente aprovechado, siendo hoy el de San Juan con un busto y manos realizadas igualmente y donadas por Ortega Bru-. Lo cierto es que todo comenzó a cambiar, por aquellas fechas comenzó a nacer aquello del “izquierdo por delante” y el andar con “cambios”, algo que sin duda a la hermandad le ha dado mucho, una fama que se convertiría en devoción, o si no miren el Vía Crucis del Consejo de Cofradías del año 2011 o la vuelta a su iglesia el pasado Domingo de Resurrección, sin música y sin cambios. Después llegaría el nuevo palio, el nuevo paso, y seguidamente la orfebrería del palio es prácticamente nueva, la túnica bordada, etc… todo ha cambiado, hasta aquellas escuetas filas de nazarenos blancos que hoy son más de dos mil. Era la hermandad del barrio, hoy es el barrio y muchos más…

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