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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 23 de julio de 2012

EL AÑO QUE SE QUEDÓ EN BLANCO...

Hace seis años cuentan las viejecitas de San Agustín que encontraban inquieto y con la mirada preocupada, desde el mes de julio al Soberano Redentor de Linares. Dicen que en el silencio de la iglesia se presentía un rumor todos los días del año, como de alguien refunfuñante. Dicen que parecía como si echara en falta, ante Él, visitando a su capilla a uno de sus mejores amigos, de los que más confiaban en su Soberano Poder y con el que se paseaba triunfal cada Jueves Santo por las calles de Linares.
Se preguntaba que le pasaría e incluso si se había olvidado de lo mucho que lo quería. Incluso se extrañó que ni en el Quinario ni en el besapiés no se le acercara a giñarle el ojo rodeado con sus peones que le limpian el pie con la recia arpillera, para que su dolor y su pasión sea más patente y dulce a la vez. Llegó las vísperas de su gran día, y su amigo no estaba allí para subirlo a su retablo andante, ese que con mucho esfuerzo y mucho amor trabajó para que refulgiera del áureo metal que representan su divina majestad, del material que dicen están hechas las puertas de su reino.
Ya mosqueado se le antojó vestir después de muchos años una túnica que no suele utilizar para su salida cuando sale en busca de prenderse de los corazones de su pueblo. Las reglas de sus hermanos se lo impiden, Él lo respeta, pero es que ese año ya era preocupante… "¿Dónde estará mi amigo? Así que este año me pongo esa túnica inmaculada que el, como buen amigo y hermano me regalo, para que todo no fuese purpura ni morado". Llegó el gran jueves, el que reluce más que el sol, pero la preocupación del Soberano era tal que hasta el cielo se cubrió como en aquella hora nona que ya se presiente por las calles de Andalucía. Desde lo alto de su cielo terrenal del sudor y el costal miraba como siempre hacia abajo, donde siempre se encontraba su buen amigo y seguía sin aparecer, estaban todos incluso un nuevo compañero en la terna de los hombres de negro, pero le faltaba su capitán… se temía lo peor y así que alzó la mirada al Padre para preguntarle: “Padre, ¿Por qué me ha abandonado?...
Al instante vio donde se encontraba, junto a los grandes cofrades de la gloria y Dios en medio de todos. Ya no recordaba que en aquella calurosa tarde de julio, hasta Él se dio la vuelta ante su despedida, para que nadie viésemos al Hijo del Hombre llorar. Y vio que estaba en buen lugar pero sufriendo porque la gran gloria de la tierra no la iba a disfrutar, así que el Soberano miro nuevamente para abajo y dijo: “llora amigo, que este año me quedo aquí, de blanco…”


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