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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

martes, 8 de noviembre de 2011

REINA DE LA GLORIA...EN SEVILLA.

El pasado domingo tuve o tuvimos que entrar mis amigos Félix y Cristóbal mas un servidor en ese extraño grupo que denominaría un amigo de “raros”. A ese grupo pertenece el susodicho amigo mucho antes que yo, cuando lo llamaban “loco” por coger su coche en octubre o noviembre y cruzarse median Andalucía y asistir a una procesión de gloria en Sevilla, raro porque parece ser que si no es ir a ver un paso Cristo –si es con cambios más aun-, un paso palio o un macro-concierto de bandas –por supuesto de cornetas o agrupación- es que tu coeficiente capillita roza el “frikismo”.
Así y con la experiencia aun fresca de Córdoba, cogimos nuevamente el pasado domingo la nacional IV para pisar de nuevo y desde el Martes Santo la capital hispalense. En un año de secano a lo que se refiere a salidas extraordinarias de hermandades de penitencia, que mejor que visitar a unas de sus glorias más ilustres, la Madre del Amor Hermoso y Mediadora de todas las Gracias de la parroquia de Ómnium Sanctorum, la que todo el orbe cofradiero hispalense conoce como “Reina de Todos los Santos”. La ciudad se presentaba nuevamente esplendorosa con algunas nubes que querían ganarle la partida al sol que iluminó la ciudad que nadie podría imaginar y que Dios quiso crear para buscar el barrio de la Feria, esta vez la Cartuja y Triana quedarían para otra ocasión para adentrarnos por ese entramado de calles donde es difícil encontrar una sin referencias a sus devociones más universales, la Macarena. Y Ella nuevamente me hizo un huequecito en sus dominios para aparcar a los pies de la que fue su casa durante tantísimos años, la iglesia de San Gil, la ahora más callada iglesia que viviría la gran explosión de esta sin igual corporación y sufrir igualmente el ataque cobarde de las llamas en los tiempos del “anti-Dios”.





Gusta caminar por esas calles como Parras y rezumar historia popular de la cofradía cuando va devuelta y a su vez contemplar la suntuosa carreta del Simpecado de la hermandad rociera que al igual que la Esperanza recibe el eterno “apellido” del antiguo arrabal que al parecer llamaron los árabes de la “Macarea”. Pasar ante los Basilios, bajar la Feria con su mercado de abastos hasta la iglesia protagonista de la tarde y llegar hasta el centro para degustar en sus igualmente especiales bares su rica cerveza y tapitas para llenar el estómago antes de partir nuevamente al barrio donde vive la “Madre de Dios en Sevilla”, con paraita en la Alameda en la hora del café.
Tras esto había que pisar suelo basilical y perderse una vez más en los ojos de la Esperanza, revestida de luto y oro por el mes en el que nos encontramos, a su Hijo de la Sentencia con la túnica de Joaquín Castilla y con esa otra María con la que comparte estribillo del himno que realizara Joaquín Caro Romero… la Virgen del Rosario. La verdad que siempre que la veo me acuerdo del amigo Rafa Ríos y su “niño frito”, seguramente con su blog le estará dando la mayor de las publicidades al Divino Infante Macareno, el cual en la procesión pude ver y saludar acompañando a otra de sus devociones, la Reina de Todos los Santos.


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Al llegar a Ómnium Sanctorum comencé a palpar lo que es esta antigua devoción mariana para la ciudad de Sevilla. He visto ya algunas glorias de Sevilla pero creo que ninguna arrastraba la multitud que la siguió durante su recorrido y la salida no fue menos cuando aquello no tenía nada que envidiar a las salidas del Carmen Doloroso o los Javieres, corporaciones penitenciales y vecinas de la hermandad protagonista del día que como muchos sabrán gozan de más reconocimiento social o “tirón” por salir en Semana Santa. Porque hay que contar que habrá muchos cofrades y capillitas sevillanos que seguramente nunca se hayan molestado en ir a contemplar alguna vez esta Virgen –como a tantas otras-, que ni llora ni camina bajo palio… y ya para de contar de la afluencia de personas venidas de fuera como era nuestro caso, aunque dicen que esta es una de las glorias que consigue atraer visitantes foráneos. Uno de sus visitantes fue el capataz José Carlos Prieto que una vez más fue a deleitarse con la glorias sevillanas, caminando entre la gran bulla de cangrejeros –se podía igualar con la que llevaba el paso de misterio de San Gonzalo por la calle San Jacinto a la ida el pasado Lunes Santo- que quería deleitarse con el caminar de María y como no, del trabajo de la cuadrilla de Antonio Santiago. En este punto hago la reflexión de que buscan esas personas durante todo el itinerario más pendientes de no hacerse polvo, intentando no caerse para no ser arrollados delante del paso. Yo me he metido en esas bullas que ciertamente estropean la estética de la procesión engullendo en muchas ocasiones al cuerpo de acólitos y haciendo que el paso no pueda andar pero creo que llegar a las cotas de las que se forman delante de los pasos es rozar el absurdo, porque es que no disfrutas nada si no al contrario vas pasando un mal rato… creo que con un ratico detrás se tiene más que suficiente, aunque lo correcto es ponerse en la acera y si quieres acompañar hacerse hermano y sacar una papeleta de sitio…







Así con este panorama se echó a la calle la antiquísima Virgen que tallase en 1554 el flamenco Roque Balduque, sobre sus portentosas andas que igualmente me demostraron por que para algunos expertos se pueden considerar como las de mayor mérito artístico de la ciudad en esta temática en las que la singulares trazas de talla antigua se alzaban con cuatro altos candelabros y una suntuosa peana que sorprendía por su valentía compositiva y seguramente por su peso… la misma que sostenía a los santos de terracota atribuidos a Cristóbal Ramos unido al Arcángel San Miguel igualmente atribuido a Benito de Hita y Castillo y que viene a darle un poco más de sentido a la advocación de la Señora. Se intuía y se olía el buen gusto, el clasicismo de la hermandad por el impresionante recorrido elegido para la ocasión, porque si no me equivoco cada año lo cambian para acercar a la Virgen al mayor número de hogares de sus vecinos. Calles estrechísimas por donde se dibujaba la gran altura del conjunto rematado por la típica ráfaga tan presente hasta nuestros días en las glorias y como telón de fondo los casi insuperables sones de la banda del Maestro Tejera que dejó inolvidables momentos musicales, ya sean más letíficos o “alegres” con marchas como “Reina de Todos los Santos”, “Pasa la Virgen Macarena” –sin palabras para definir los contrastes conseguidos en el trio- o “Coronación de la Macarena” destacando la interpretación de la marcha “Glorias de Sevilla” del maestro Marvizón el cual fue acompañando junto a la banda durante el recorrido. Tampoco puedo olvidar momentos indescriptibles con marchas más serias cuando la categoría musical de la formación elevó más si cabe la memoria del eterno músico galduriense que entregó su alma en este mismo barrio hace más de dos décadas, d. Pedro Gámez Laserna con la interpretación de “Saeta Cordobesa” “Sevilla Cofradiera” o “Virgen del Subterráneo”… cada día comprendo más al amigo Mateo Olaya y su pasión por la obra de este hombre que comenzara su carrera en la capital de su tierra, Córdoba. Y desde allí vino igualmente una marcha que desconocía por completo y que gracias al buen gusto de la hermandad y la interpretación de la banda consiguió engancharme en una revirá – por cierto en ese momento iba debajo como costalero si no me equivoco el capataz cordobés “Curro”- entre las calles Divina Pastora y San Blas titulada “Virgen de las Angustias” del maestro cordobés Enrique Báez, su primera composición realizada en 1952 en honor a la Virgen que gubiase Juan de Mesa en 1627 para su ciudad natal. Una marcha muy en la línea del momento de su creación que igualmente recuerda a la música de Laserna o Melguizo. El bueno y medido ritmo de la procesión siguió su camino, me encantó el compás que le daba la cuadrilla al paso, haciéndome sopesar algunas ideas sobre los horarios que se podrían dar en otras procesiones…bueno este es un tema que no viene al caso.


La Virgen llegó a Relator, a los pies de los Basilios donde sonó “Madre Hiniesta” –esperándome sin éxito “La Sagrada Lanzada” de Font Fernández, como ocurriese en la extraordinaria del Buen Fin un año antes-. Nuevamente volvieron a sonar sonidos clásicos llenos de categoría mientras en la confluencia de Relator con la calle Feria y a petición de Félix, observábamos por el móvil como su “Barca” se llevaba por la “potra” un punto de San Mamés con gol en el descuento de Messi. Seguro que el astro argentino ni se imaginará el momento en el que nos informábamos de su gol “churretero” mientras Tejera seguía impartiendo clases de cómo se debe de interpretar una partitura regalándonos la genial marcha del maestro Farfán: “La Esperanza de Triana”. La procesión daba sus últimos coletazos para adentrarse en otra nueva estrecha calle, el Pasaje de González de Quijano a los sones de “Mater Mea” para llegar a Peris Mencheta y encaminar el último tramo que la llevaría hasta Ómnium Sanctorum. Curiosa la circunstancia vivida al contemplar en aquel momento en una parada como no salían de su asombro tres jóvenes, al parecer extranjeras ante lo que estaban contemplando. Un costalero les intento explicar cuál y como era su misión debajo de aquel… ¿cómo lo llamarían? Paso seguro que no, despertándonos la risa a los asistentes cuando vimos su reacción al contemplar el peazo levanta “gorda” que realizó la cuadrilla de Antonio Santiago… como para explicarles la fama que acarrea este hombre en este mundo por tan solo dirigir aquello que estaban contemplando desconcertadas.


Así la Virgen llegó nuevamente a la plaza con “Rocío” de Vidrié y realizar el giro completo con su marcha “Reina de Todos los Santos” del maestro José Manuel Delgado y adentrase “paso a tierra” como en la salida por la estrecha ojiva de la puerta del templo ante las ordenes de Antonio Santiago que nos volvió a demostrar que las puertas de Sevilla tan solo son engañosas… mereció la pena, el viaje y dio gusto ver el ambiente que rodeó a la Virgen en todo momento aunque los miles de cofrades y visitantes aquel día tenían como epicentro de sus sentimientos el Parque de los Príncipes.


















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