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Dijo un tal Jesús de Nazaret...“Quien se ensalza, será humillado, quien se humilla, será ensalzado…” (Mt 23,12)

lunes, 15 de agosto de 2011

ABRAZADO A TRIANA EN LA PLAZA DE SAN MARTIN...

La plaza de San Martin de Sevilla es una recoleta y coqueta plazuela siempre sumergida en una tranquilidad poco usual para estar emplazada en pleno centro. Su iglesia le da nombre, la iglesia de San Martin de Tours la cual en el imaginario cofradiero actual nos retrotrae a su hermandad de penitencia, la Imperial, Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad del Santísimo Sacramento, Inmaculada Concepción de Ntra. Sra., Santa Espina de la corona de Ntro. Señor Jesucristo, Ánimas Benditas del Purgatorio, San Martín de Tours Obispo, Ntra. Sra. de la Esperanza Divina Enfermera y Real Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Lanzada de Ntro. Señor Jesucristo, Ntra. Sra. de Guía, San Juan Evangelista y María Stma. del Buen Fin... en dos palabras La Lanzada... sin nombre que está. Imponentes pasos de trazas neogóticas, singulares en sus diseños emergen cada Miércoles Santo a esta bella plazuela, el enorme barco, de los más temidos en el mundo de abajo llenan con su imponente presencia el lugar. Una vez he vivido la salida del sereno crucificado de Illanes, con el luminoso sol tostando su piel morena siempre al compás de los músicos del ancla. El ancla de la Esperanza que vive en Triana marca el andar de la mole del taller de Jiménez Espinosa y su música dibuja chicotás de ensueño aunque ciertamente este en desacuerdo en que en un paso de estas características suenen cierto tipo de marchas, llenas de ritmo que no conjugan con un misterio de calvario. Pero yo he vivido el día y por esta razón traigo este fabuloso video de la recogía de este mismo año cuando la luminosidad se hace oscuridad bajo el oscuro dosel del universo, entre las añejas casas sevillanas que custodian la iglesia y las pocas luces lejanas sirven de complemento a los frondosos candelabros para darle un nuevo matiz a la piel del crucificado, para sumergir de embrujo el escorzo de Longinos y el acusado galope del equino mientras la portentosa figura de Juan sigue clavando su mirada en su maestro, aquel que lo comprendió hasta el final, sabedor de que no era un simple hombre, sabía que Él era el Cristo.
La banda del Santísimo Cristo de las Tres Caídas inunda el ambiente con sus sones, atravesando la multitud la talla neogótica al compás de “A esta es” y continuar con una marcha que antaño hacia que el respetable chistara silencio si hacías un mínimo ruido al respirar, eran los tiempos del largo solo de Julio Vera con la marcha “Enmanuelle”, que ya hoy no despierta tanto entusiasmo escuchar estos tipos de solos de corneta. Enorme chicotá de los hombres de Ismael Vargas, un capataz poco poquísimo idolatrado o eso me parece a mí por aquellos que parecen ver en los hombres del martillo los protagonistas de la celebración, los que murieron para redimir al mundo del pecado y que bajo mi poco valorada opinión sobre el mundo de abajo, imprime un bello y fino compas a los pasos que comanda. Ecos clásicos de Triana, anteriormente hizo su carta de presentación con la nueva música por la que está apostando la banda y nuevamente suena una nueva composición, estreno de esta misma Semana Santa, “Abrazado a Triana” pero con puntito retro, de la mano de unos compositores que han sido una parte esencial en la historia de la banda de la calle Pureza, José Manuel Reina y Rafael Vázquez que tras un periodo dejaron de componer para la banda trianera. Marcha de corte misterioso, de andaluzas maneras y sus inconfundibles aires aflamencados formando un perfecto dosel transparente de notas de oro para el mágico momento que se dibuja en San Martin, convertido en un Gólgota de sabor sevillano bajo la luna del Parasceve. Continua la eterna revirá con otra marcha de los citados compositores, compuesta en la línea temporal que marcaron los mismos y que dedicaron a la corporación bajo el título que resume la iconografía del misterio… tras clavarle la lanza en el costado emanó por la llaga “Sangre y Agua”… ultima arriá, y la escena hace reír al personal cuando se arrancan dos saeteros simultáneamente, mientras se baja la cruz del Señor para adentrar el barcazo de madera y oro en su ajustada entrada a San Martin de Tours mientras los ecos de la marcha real se elevan a la noche santa que sería el epilogo anticipado de la Semana Santa de 2011 en la antigua Híspalis.

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